24 agosto 1978

El anciano político perdió la batalla interna del PNV frente a Carlos Garaicoetxea y la batalla por el Consejo General Vasco frente al socialista Ramón Rubial

Muere el histórico líder del PNV, Juan Ajuriaguerra Ochandiano, diputado y miembro del Consejo General Vasco

Hechos

El 25.08.1978 falleció D. Juan Ajuriaguerra Ochandiano diputado en el Congreso de los diputados por Vizcaya.

Lecturas

Juan Ajuriaguerra fue derrotado en su candidatura a la presidencia del Consejo General Vasco en febrero de 1978. 

Ramón Rubial (PSOE): «El País Vasco está de luto»

ramonrubial

El Presidente del PSOE, D. Ramón Rubial, que derrotó al Sr. Ajuriaguerra en la candidatura del Consejo General Vasco tras reñidas votaciones anunció tras la muerte de este que «Hoy, el País Vasco, está de luto por la pérdida irreparable de un hombre que le ha consagrado su vida con una enorme entereza de caracter y un corazón que no le cabía en el pecho».

Ramón Rubial cederá la presidencia del Consejo General Vasco a Garaicoetxea en junio de 1979. 

El Análisis

La despedida de Juan Ajuriaguerra, símbolo de la resistencia vasca doblemente derrotado en democracia

JF Lamata

La muerte de Juan Ajuriaguerra Ochandiano, diputado del PNV por Vizcaya y una de las figuras más emblemáticas del nacionalismo vasco del siglo XX, cierra una larga etapa de la historia política de Euskadi. Ajuriaguerra fue, ante todo, un hombre de convicciones firmes y de una lealtad inquebrantable a su país y a su partido. Nacido en Bilbao en 1903, desde joven abrazó la causa nacionalista con una fe que lo acompañaría toda su vida. Durante la Guerra Civil, fue uno de los principales colaboradores de José Antonio Aguirre, primer lehendakari del Gobierno vasco, y formó parte de aquel núcleo de dirigentes que trató de mantener viva la institucionalidad vasca en medio del desastre bélico. Tras la caída del frente del norte, sufrió prisión y exilio, convirtiéndose más tarde en uno de los grandes artesanos de la supervivencia del PNV durante las décadas de clandestinidad franquista.

Su nombre estuvo siempre vinculado al Enbata político del PNV, el Euzkadi Buru Batzar (EBB), del que fue presidente en varias etapas del exilio, garantizando la continuidad de las estructuras del partido, su cohesión ideológica y su conexión con el exilio americano. A diferencia de otros exiliados que se dispersaron o se diluyeron en la nostalgia, Ajuriaguerra mantuvo una disciplina casi monástica al servicio del nacionalismo democrático vasco. Su regreso a España, ya en los años de la Transición, coincidió con el despertar político de Euskadi, y su presencia en el Congreso de los Diputados simbolizaba ese puente entre la vieja resistencia y la nueva etapa democrática.

Sin embargo, su final político no fue fácil. Ajuriaguerra vivió sus últimos meses con la amargura de dos derrotas simbólicas. Primero, cuando en abril de 1977 el PNV eligió como presidente del EBB a Carlos Garaicoetxea, representante de una nueva generación más adaptada al tiempo político que se abría. Y después, cuando en febrero de este mismo año perdió la oportunidad de ser el primer presidente del Consejo General Vasco al ser derrotado por el  presidente del PSOE Ramón Rubial, elegido por un solo voto de diferencia. Pero incluso en la derrota, Ajuriaguerra mantuvo su elegancia, sin romper la unidad de su partido ni ceder al resentimiento.

Con su muerte desaparece un político de vieja escuela, austero, reservado, profundamente creyente, que simbolizó mejor que nadie la continuidad moral del nacionalismo vasco entre la República, la guerra, el exilio y la democracia. No alcanzó los cargos que pudo haber merecido, pero su autoridad moral y su coherencia lo convierten en una figura clave para entender la dignidad con la que el PNV sobrevivió a cuarenta años de dictadura. En una Euskadi convulsa y desgarrada por la violencia, su figura queda como testimonio de que la fidelidad a las ideas puede convivir con el respeto a las instituciones y a la vida democrática.

J. F. Lamata