Search
Apoyó al PSOE electoralmente y llegó a comparar al PP con el franquismo, a Aznar con Franco y a anunciar que si la derecha gobernaba se exiliaría

Muere el prestigioso humorista izquierdista Miguel Gila, y desde la derecha mediática recuerdan su pasado franquista

HECHOS

El 13.07.2001 falleció D. Miguel Gila Cuesta.

28 Julio 2001

Gila

Ángel Palomino

Deliberadamente he dejado pasar los días de duelo y lágrimas por respeto al difunto Miguel Gila, a quien tanto admiré por su talento y su enorme capacidad para transmitirnos ese humor limpio, sorprendente e inteligible en cualquiera de las edades del hombre. Un humor tan mondo y nítido que ni siquiera parece intelectual. Y lo es: surrealista.

El primer libro de Gila – una antología editada por Taurus – lo prologué yo. Y en él referí que en las noches de España, un día de cada semana, las calles quedaban desiertas como si un ángel-escoba hubiese pasado llevándome por delante automóviles y peatones. El ángel era la radio y estaba anunciado:

  • Hoy toca Gila.

Miguel Gila se  ponía ante el micrófono y metía a la gente en casa. A toda la gente; nadie quería perdérselo.

Este es mi homenaje a la memoria del actor-humorista (sí, era humorista; no contaba chistes) con mi reconocimiento por el bien que nos ha hecho en su larga carrera, y por un pequeño cuadro que tengo en mi despacho. Uno de médicos: el paciente metido bajo la campana de campanario. El médico, caraboniato narizotas, con un martillo picapiedra entre manos, dice: “Ahora vamos a ver si de verdad es ordo”.

Durante los días de duelo se han producido las habituales manifestaciones de simpatía ya admiración, afecto, miradas a lo alto – “se que estás por ahí, Miguel Hermano” – y chistes telefoneando a Dios para preguntarle a Gila, o a Gila dándole recados para Dios.

Pasadas esas horas de dolor y panegírico, los biógrafos y documentalistas de prensa, radio y televisión deberían ahora, sin prisas, estudiar la asignatura: han creado un Gila tan virtual como las guerras, las operaciones quirúrgicas o los diálogos telefónicos que nos contaba.

A Gila nadie – ni borracho ni sereno – lo fusiló, nunca estuvo en la cárcel y nunca fue exiliado político. Como él, en uno de sus monólogos más divertidos, Radio Nacional y TVE podrían haber iniciado sus necrologías con estas palabras:

“Miguel Gila nació sólo porque su madre había salido a pedir perejil a una vecina. Bajó y se lo dijo a la portera: “Oiga, que he nacido y mi madre no está en casa. Soy niño”.

Apenas tenía diecisiete años cuando empezó la guerra y no ha contado formalmente lo que hizo en aquellos días. Nunca se alistó en el 5º Regimiento, el de Líster, aunque lo haya dicho o haya dejado que lo digan, pero puestos a ubicuar con ocasión de un homenaje a Dolores Ibarruri “(Informe Semanal 14-7-01) declaró “Fui a alistarme a las Milicias Populares y me destinaron, afortunadamente, al 13º Regimiento, Batallón Pasionaria”. No consta.

Terminada la guerra, los mozos que habían estado en la zona republicana y no eran prisioneros acusados de presuntos delitos fueron movilizados y a Miguel Gila lo destinaron al Regimiento de Infantería Toledo, en Zamora. Cayó muy bien; pronto era chofer del coronel, cargo de confianza en el que se ganó muchas amistades y simpatías. Allí empezó a colaborador en Radio Zamora y en el periódico ‘Imperio’ (Prensa del Movimiento), lo que aumentó su popularidad. Ingresó en la Organización Sindical como funcionario del sindicato relacionado con el trigo y el pan.

Se ha dicho en la Televisión del Estado que esos años los pasó en diversas cárceles franquistas y desde una de ellas empezó a colaborar en La Codorniz. Justamente, en esa época de periodista y funcionario sindical inició su colaboración en el semanario de humor, lo que le animó a buscar trabajo en Madrid, a donde se trasladó acompañado de su primera esposa. El zamorano Carlos Pinilla, subsecretario que fue de Girón, le ayudó proporcionándole trabajo en el diario EL ALCÁZAR. Sus amigos y compañeros de Zamora le despidieron con una comida-homenaje: el diario ‘Imperio’ informó del acto en crónica titulada “Adiós al camarada Gila”. Durante su época zamorana pronunció un pregón de fiestas, y en la Semana Santa participaba como penitente en la Cofradía de Excombatientes. Esta fueron sus prisiones.

Nunca fue exiliado político. Marchó a América en pleno éxito, cuando su primera esposa dio en perseguirlo acusándolo de adulterio, tan mal visto entonces. Durante esos años venía libremente a España, donde su fama crecía gracias, entre otras cosas, a la televisión y al famoso anuncio de Filomatic y el gustirrinín. Cuando acá llegó la democracia siguió viviendo allá hasta 1985.

A los biógrafos no les salían las cuentas, ignoraban los años de Zamora; peliaguda incógnita; si no estaba en Madrid, en algún sitio tenía que estar. Solución: en la cárcel.

En ‘La Codorniz’ sí estuvo preso: en la ‘Cárcel o La Comisaría de Papel’, motivo por el cual quedaron lamentablemente rotas sus relaciones con el semanario y con Álvaro de La Iglesia.

Vivimos una época de escaso rigor informativo y a Miguel Gila se le ha premiado su brillante carrera artística con alabanzas justas – que no necesitaban disparatas biografías – sin que nadie, absolutamente nadie añadiese a los normales y merecidos elogios alguna rectificación.

Me sumo a los elogios, pero sugiero que se corrijan en los archivos de agencia EFE y RTVE – que son del Estado – los errores que en los días pasados dieron lugar a historiales tan chapuceros. Estas biografías sí parecen balas disparadas por beodos.

Un respeto. A Gila y al lector.

Ángel Palomino

24 Agosto 2001

Los curricula

Jaime Campmany

En un artículo tan respetuoso como implacable y publicado hace unos días en estas mismas páginas, Ángel Palomino corrige algunos datos falsos del currículo de Miguel Gila. El propio interesado se ocupó en insertarlos dentro de su biografía, y nos ofreció la vida de un excombatiente del ejército rojo, nada menos que en el mítico 5º Regimiento, un cautivo en las cárceles de Franco, perseguido político y exiliado por fin en América. Bueno, pues no. Miguel Gila jamás luchó a las órdenes de Enrique Líster, aquel cantero que emigró a Cuba y luego se convirtió en comunista y soldado legendario, ni fue soldado del 5º Regimiento a no ser en exaltación poética, cuando recitaba los famosos versos de Rafael Alberti «¡Soy del 5º Regimiento!», y ni siquiera perteneció a las Milicias Populares.

Lo del cautiverio franquista es otro invento. Jamás estuvo en la cárcel, sino colaborando en el diario «Imperio» (Prensa del Movimiento) de Zamora y luego en aquel inolvidable semanario de humor «La Codorniz», junto a Miguel Mihura, Tono, Enrique Herreros y tantos otros grandes del mejor humor del siglo XX. Son inolvidables aquellos personajes suyos de grandes narices, narices como berenjenas, que aparecían en las páginas de «La Codorniz». No sólo es falso que fuese un perseguido político, sino que en varias ocasiones (y este dato corre de mi cuenta y no de la de Ángel Palomino) actuó en los festivales de variedades que se organizaban en La Granja todos los 18 de julio, y dicen los que allí lo vieron actuar que Franco se desternillaba de risa con sus chistes del teléfono. «Oiga, ¿es el enemigo?», etcétera. Hacer reír a Franco, un mérito, eh.
Es cierto que se fue a América, pero no empujado por la política sino por su enfurecida mujer, que le acusaba de adulterio, y lo que ya no sé es si en aquella cuestión de faldas intervino también el marido de la chorba, si es que lo tenía. Pretende Ángel Palomino que se rectifiquen las falsedades en las biografías de Miguel Gila que se conservan en los archivos de agencias de prensa, diarios y revistas, y eso por respeto a la verdad, a los lectores y al propio Miguel Gila. Pero esa es una propuesta inquietante. Si hubiese que rectificar todas las mentiras que la transición política ha deslizado en el currículo de personajes públicos o famosos, tendríamos trabajo suficiente para acabar con el paro en el sector. Con esas mentiras podríamos llenar un archivo tan grande y casi tan interesante como el de Simancas.
Repasando las biografías ahora utilizadas en los periódicos o en las presentaciones de políticos, pájaros de plumón, gentes de la farándula, famosos, famosillos y famosuelos de vario pelaje, académicos del jardín o a la violeta, profesores, eruditos, pretendientes, cucañistas y paseantes en Cortes, cae uno en la cuenta de que toda la España notoria desde el año 39 en adelante fue combatiente de los ejércitos republicanos, estuvo cautiva en las cárceles franquistas y tuvo que exiliarse a América para salvar el pellejo o para vivir al sol y no en el trullo. Todo eso, al modo y manera de Miguel Gila, el humorista genial que quiso darnos, con su amañada biografía, uno de sus más divertidos chistes. «Oiga, ¿es el quinto regimiento? ¿Sí? Pues dígale a Gila que se ponga al aparato».
Una legión de batuecos, celtíberos y carpetovetónicos arrepentidos y avergonzados de sus propias vidas, pretende borrar su pasado y convertirlo en un mérito para el futuro. No tienen la gallardía de confesar lo que ahora, después de haberle visto los testículos al toro, creen que es vergonzoso. Acuden en legión a remediar la historia de su vida pasada, como esas mozas acostaderas y maritornes que iban después a la buena madre Celestina para que les remendara el virgo.
Jaime Campmany
by BeHappy Co.