Search
Enfrentado al comunismo y al islamismo, era un aliado de Estados Unidos en la guerra de Afganistán

El General Zia, dictador de Pakistán, muere en un extraño accidente de avión. Estados Unidos pierde un aliado

HECHOS

En agosto de 1988 un accidente de avión acabó con la vida del Presidente de Pakistán, Zia Ul-Haq.

El diario español ABC en su portada del 19.08.1988 acusó a los servicios secretos de la URSS de estar detrás del atentado, algo que nunca se pudo demostrar.

19 Agosto 1988

La venganza de Benazir

Manuel Blanco Tobio

Los mecanismos constitucionales paquistaníes prevén la sucesión automática en la jefatura del Estado; pero no, claro está, en la jefatura del Gobierno, que es lo que era el general Mohamed Zia Ul-Haq, muerto en accidente o quizá sabotaje de aviación cuando se dirigía a ver un nuevo tanque norteamericano con cinco de sus generales y el embajador de los Estados Unidos allí. Pero Zia Ul-Haq era mucho más que un simple jefe de Gobierno de una democracia al uso occidental y su régimen – ya que podría hablarse, en efecto, de su régimen – tenía bastantes rasgos autocráticos, incluyendo su origen, pues Zia Ul-Haq accedió al poder por la vía rápida, es decir, mediante un golpe militar en julio de 1977.

Todo lo que siguió fue muy dramático, pues el general ahora desaparecido no sólo vino a salvar al país, sino también a ejecutar, una venganza casi bíblica todavía no del todo aclarada. Me estoy refiriendo al proceso, condena y ejecución de su predecesor al frente de Pakistán, Zulficar Ali Bhutto, hombre también de poderes excepcionales, y también de flaquezas excepcionales, al que se acuso de planear el asesinato de un adversario político. Como solía decirse, se removió Roma con Santiago para obtener el perdón de Zulficar, pero Zia Ul-Haq fue implacable.

La ejecución de Bhutto causó una fuerte impresión en el mundo y dejó un rescoldo vivo de venganzas ppendientes entre sus partidarios y sus familiares; entre estos, de una manera especial, su hija Benazir, una mujer muy bella, educada políticamente en ese dorado exilio de las grandes Universidades europeas, que después no garantizan nada si de vuelta al país nativo conquistan el poder, con frecuencia no democráticamente.

Benazir quiso ser la némesis de Zia Ul-Haq, quizá sin dar la talla, y en 1986 regresó a Pakistán, con la idea de reconstruir la organización política de su padre, el partido del pueblo paquistaníes, parece ser que los viejos partidarios de Zulficar no estaban satisfechos con ella, a la que acusaban de dirigirles con mano demasiado autoritaria. En cualquier caso, Benazir no consiguió crear la poderosa oposición que pensaba enfrentar al general, que no parece temerla demasiado. Ahora tal vez se presenta la oportunidad de realizar sus planes, pues el hombre que se ha hecho cargo del país, el presidente del Senado, dicen que piensa mantener en pie la fecha que Zia Ul-Haq había señala para las próximas elecciones en noviembre. Esa era la oportunidad que esperaba Benazir y el nuevo partido del pueblo paquistaní.

La renta actual ‘per cápita’ continúa siendo muy baja en Pakistán, pues no pasa de los 400 dólares, pero según los datos de los que se dispone, los once años de Zia Ul-Haq en el poder han conocido un buen nivel de desarrollo económico, hasta el punto de que hace pocos años el ‘New York Times’ hablaba de un ‘milagro económico’. Mucho milagro se necesita para sacar a Pakistán adelante.

Desde su fundación como país independiente, bajo Ali Jinnah, Pakistán siempre ha sido prooccidental y continúa siéndolo. Durante los largos años de la guerra-ocupación de Afganistán, Zia Ul-Haq dio refugio en su país a varios millones de mujahedines y sus familias, que ahora tienen que regresar a un país devastado por la guerra, cosa que están haciendo a sangre y fuego.

En noviembre, Pakistán tendrá una oportunidad para convertirse en un genuino país democrático, y no en una mera ‘democracia controlada’ como sólo decir Bhutto.

Manuel Blanco Tobío.

by BeHappy Co.