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Muere Ignacio Gallego Bezares, referente del apoyo a la Unión Soviética en España

HECHOS

El 23 de noviembre de 1990 falleció D. Ignacio Gallego Bezares.

Detrás de D. Ignacio Gallego Bezares se vió siempre dinero de la dictadura de la Unión Soviética y de su policía secreta: el KGB.

24 Noviembre 1990

Ignacio se nos ha ido

Julio Anguita González

Ni qué decir tiene que el fallecimiento ayer en Madrid de Ignacio Gallego, miembro de la Comisión Política del Partido Comunista de España y de la presidencia de Izquierda Unida, ha sido una dura, triste noticia no sólo para los comunistas, sino, estoy seguro, para todos los demócratas de nuestro país. Ignacio pertenecía a esa generación de luchadores que, encabezados por Dolores Ibárruri, tomaron conciencia política en una España que intentó desembarazarse del atraso con todas sus fuerzas; que trató de establecer, a través de la democracia, una sociedad más justa y solidaria. Una generación que peleó en la guerra, obligadamente, y que plantó cara al fascismo durante varias décadas; una generación de hombres y mujeres a los que debemos la enorme gratitud de la democracia en la que hoy vivimos.

Ignacio Gallego conoció el exilio y las entradas clandestinas durante el franquismo; su convicción comunista ha sido firme y hasta el final. Una convicción profunda, racional, renovada, que le llevó a participar en la constitución y desarrollo de un proyecto de izquierdas alternativo: Izquierda Unida.

Yo conocí a Ignacio Gallego desde bastante antes de ser elegido secretario general del PCE. En concreto, fui su «secretario particular» durante su etapa de diputado por Córdoba, compartiendo muchas horas de trabajo, de diálogo.

Ignacio se nos va, a su PCE, a su IU, a la democracia española; pero su recuerdo lo vamos a mantener vivo para que nos siga ayudando en nuestra lucha cotidiana, para alcanzar los objetivos a los que dedicó su vida: la libertad y el socialismo.

26 Septiembre 1999

Un desertor asegura que Ignacio Gallego recibió financiación del KGB a espaldas de Carrillo

Juan Carlos Gumucio

'El archivo Mitrokhin' revela que el dirigente comunista espiaba al PCE e informaba a Moscú

Ignacio Gallego, estrecho colaborador del ex secretario general del Partido Comunista de España (PCE) Santiago Carrillo, recibió dinero del KGB soviético a partir de mediados de los años setenta y, a espaldas de su jefe, se convirtió en el principal canal de financiación soviética a los comunistas españoles. Ésta es la tesis que mantiene el más reciente y controvertido libro sobre las actividades clandestinas de Moscú en Europa y Occidente, El archivo Mitrokhin, escrito por el académico británico Christopher Andrew en cooperación con el desertor Vasili Mitrokhin, ex agente del KGB.

Según el libro, en marzo de 1976 el servicio secreto soviético decidió prescindir del Partido Comunista Francés (PCF) como intermediario para enviar dinero a España y eligió a Gallego, cuyo nombre clave era Kobo, para este tipo de operaciones financieras.El libro afirma también que Gallego, miembro destacado de la dirección del PCE, recibió hasta 1980 unos 30.000 dólares anuales (4,8 millones de pesetas al cambio actual) de los servicios de espionaje soviético a través de la residencia soviética en Madrid para el comité ejecutivo del PCE y para el propio Gallego. El archivo Mitrokhin no ofrece más detalles sobre esta última afirmación. Gallego murió en la pobreza en Madrid en noviembre de 1990.

Ésas y otras aseveraciones no sólo ilustran la intimidad entre el KGB y las altas esferas del PCE, sino que revelan el hecho de que Moscú confiaba más en Gallego que en Santiago Carrillo, especialmente después de que éste comenzara a dar señales de distanciamiento a raíz de la intervención soviética en Checoslovaquia en 1968 y su creciente afición por la tesis del eurocomunismo. La expulsión del PCE de los máximos aliados de Moscú -Agustín Gómez, Eduardo García y el general Enrique Líster en 1969-70- marcó el momento álgido en el distanciamiento entre la Unión Soviética y Carrillo.

Hacia finales de 1976, «sin informar a Moscú», Carrillo regresó a España de su exilio en Francia. Eso puso en guardia al KGB. «El 6 de diciembre, el centro [del KGB] envió un telegrama urgente» a la residencia en Madrid instruyendo que se investigaran «rumores de que Carrillo estaba de vuelta en España y, de ser veraces, que averiguaran si lo había hecho por iniciativa propia o después de un pacto secreto con el primer ministro demócrata cristiano Adolfo Suárez», dice textualmente el libro.

«El 6 de diciembre de 1976, el buró político aprobó que se enviaran 20.000 dólares a Gallego (decisión P37-39-OP) para la compra de un piso en Madrid. Aunque Gallego no criticaba a Carrillo en público, la residencia informó de que lo atacaba agudamente en privado, denunciándolo como un peligro para el PCE y para el movimiento comunista internacional», añade el libro.

Un año después, Gallego, a través de su esposa, Lora, hizo llegar hasta la residencia soviética el borrador de una declaración conjunta que debía ser aprobada durante una cumbre del PCE y los partidos comunistas de Francia e Italia. Y envió también las galeradas del libro Eurocomunismo y Estado que Carrillo estaba a punto de publicar y que supuso el distanciamiento sin equívocos del comunismo español y la ortodoxia soviética.

«La cúpula quedó escandalizada por las críticas que ambos documentos contenían hacia la URSS, aunque al final Georges Marchais y Enrico Berlinguer, líderes del PCF y el PCI respectivamente, se distanciaron de los pasajes más agudos del borrador». Gallego también informó al KGB de que el diario izquierdista (sic) Pueblo planeaba enviar a un corresponsal a Moscú para entrevistar a disidentes. «Fue a raíz de esa advertencia cuando la Embajada soviética en Madrid se negó a darle el visado al periodista».

El distanciamiento entre Carrillo y Moscú fue in crescendo, aunque menos público, especialmente después de que el primero declarara en privado que la Unión Soviética no era sino «un estado semifeudal, dominado por una burocracia privilegiada y sin contacto con el pueblo», con un estilo de vida «menos democrático» que el de Estados Unidos. Ese punto de vista fue hecho público después de la invasión soviética de Afganistán, a finales de 1979, apunta el libro. «Mientras tanto, Gallego continuaba recibiendo del KGB 30.000 dólares anuales», dice.

Un agente del KGB en Madrid identificado como Víktor Mikhailovic Filippov informó a la central de que, a pesar de los esfuerzos de Gallego por atenerse «de la mayor manera posible» a la línea oficial de Moscú, «poco podía hacer para galvanizar la oposición sin verse aislado él mismo de la dirección». Filippov expresaba su convencimiento de que Carrillo mantenía el control de su partido. La realidad, dice el libro, era otra: «Entre los eurocomunistas y los comunistas de la línea dura, y con los comunistas catalanes que perdían la fe en el liderazgo de Carrillo, el PCE comenzó a desintegrarse».

Tras la victoria socialista de Felipe González en 1982 y la renuncia de Carrillo a la secretaría general del PCE, el KGB culpó principalmente a Carrillo del descalabro electoral y de la pérdida de apoyo popular a la causa comunista. Según el libro, en 1984, Moscú apoyó «y probablemente financió» la fundación del Partido Comunista de los Pueblos, promovido por Ignacio Gallego, que nunca llegó a tener presencia en el Parlamento.

El archivo de Mitrokhin es el libro que ha revelado la existencia de Melita Norwood, alias Hola, la bisabuela de 87 años ex espía del KGB que todavía vive en Inglaterra.

20 Enero 2003

El niño que no quiso morir en Rusia

Rodrigo Fernández

Un nieto del líder comunista Ignacio Gallego narra su drama en un orfanato

«Soy un niño. Es de noche. Invierno. Necesito ir al baño. Es inútil llamar a la niñera. La única solución es arrastrarme hasta los lavabos. Lo primero es bajar de la cama. Hay un modo de hacerlo; se me ha ocurrido a mí. Sencillamente, me arrastro hasta el borde de la cama, me doy la vuelta hasta quedar sobre la espalda y me dejo caer. Tras la caída llega el golpe. Y el dolor».

Así comienza el español Rubén González Gallego, nieto del fallecido dirigente comunista español Ignacio Gallego, su novela autobiográfica Blanco sobre negro, escrita en ruso y que se ha convertido en un fenómeno literario en este país. González Gallego, de 34 años, sufre parálisis cerebral, y no sólo consiguió sobrevivir a la muerte segura a la que le condenó el régimen comunista: logró escribir este libro, que en España será publicado por Alfaguara, con el dedo índice la mano izquierda.

El relato prosigue: «Me arrastro hasta la puerta del pasillo, la empujo con la cabeza y salgo de mi habitación, de un lugar relativamente cálido, al frío, a la oscuridad. Por la noche dejan abiertas las ventanas del pasillo. Hace frío, mucho frío. Estoy desnudo. El trayecto es largo. Cuando paso por delante de la habitación donde duermen las niñeras, intento pedir ayuda. Nadie responde. Grito. Nada. Quizá no grito lo suficiente. Cuando llego al baño estoy helado. En el baño las ventanas están abiertas. Hay nieve en el alféizar. Alcanzo el orinal. Descanso un rato. Necesito descansar sin falta antes de emprender el camino de regreso. Mientras lo hago, la orina empieza a cubrirse de hielo».

Rubén nació en la privilegiada clínica del Kremlin, gracias a que su madre, Aurora, era hija del dirigente comunista Ignacio Gallego. Pero Rubén tenía parálisis cerebral y al año, después de que las autoridades de la clínica aseguraran a Aurora que había muerto, fue enviado a un orfanato especializado en retardados mentales. Rubén estaba condenado a la cama o a arrastrarse. El humanitario régimen soviético escondía a los minusválidos como él y, a los 18 años, los internaba en asilos para ancianos, donde eran colocados en la sala de los moribundos. Y con ellos morían al poco tiempo.

Es esa realidad la que describe Rubén en su novela, publicada en Rusia por la editorial Limbus-Press, de San Petersburgo. Cuando a Oleg Pávlov le preguntaron poco después de recibir el último Booker, el principal premio literario de Rusia, a quien daría él galardón, respondió sin vacilar: «A Rubén González Gallego». «Es una obra despiadada, tozuda y honesta. Está repleta de sufrimientos y dolor, pero al leerla no te pones a llorar. No llora su desgracia, sino que muestra su gran fuerza de voluntad, que no pudieron quebrantar», señala el conocido escritor. «Blanco sobre negro ha constituido un auténtico shock para mí», confiesa el crítico Alexéi Makroúsov. El libro ha encadilado a miles de lectores rusos y ha sido elogiado en los suplementos culturales rusos.

La historia de Rubén es el relato de una lucha por vivir: después de pasar por varios orfanatos, tuvo la suerte de ser enviado a Novocherkassk. «De Novocherkassk se contaban leyendas. Contaban que en el orfanato de Novocherkassk comían patatas todos los días. En aquella fabulosa ciudad crecían tomates, albaricoques, sandías y melones, nueces y maíz, pimientos y calabacines He nacido en Moscú; tuve mala suerte, muy mala suerte al nacer en esa ciudad. Donde sí tuve suerte es en Novocherkassk. Yo hubiera muerto, no hubiera existido», ha escrito Rubén. Fue allí donde Rubén se casó, tuvo su primera hija, y allí se volvió a enamorar y a casar y tuvo otra hija.

En Novocherkassk le encontró el realizador hispano-lituano Algis Arlaukas Pinedo, que decidió rodar un documental sobre Rubén, y junto con él emprendió en 2001 el viaje en busca de su madre, que encontró en Praga, tras pasar por Moscú y París. Sólo cuando apareció en su casa, hace dos años, Aurora Gallego descubrió que las autoridades soviéticas le mintieron -nunca pidió que le enseñasen el cadáver de su hijo- y que Rubén estaba vivo. Ahora residen juntos en Madrid.

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