18 mayo 1994
Fue presidente del PSOE Histórico entre 1976 y 1977
Muere José Prat García, que tras liderar con Rodolfo Llopis la escisión ‘histórica’ del PSOE regresó al partido y pudo ser senador y presidente de El Ateneo
Hechos
El 18 de mayo de 1994 se conoce en prensa la noticia de D. José Prat García.
Lecturas
D. José Prat García fue elegido presidente del PSOE Histórico [enfrentado al PSOE de D. Felipe González] en el congreso de este partido de octubre de 1976.
Después de la derrota electoral en las elecciones de junio de 1977, D. José Prat García dimitió como presidente del PSOE Histórico y se afilió al PSOE de D. Felipe González en el que ha permanecido hasta su fallecimiento.
19 Mayo 1994
El honor socialista
SE fue de esta vida en una fresca jornada de primavera, con su mirada inquisitiva que venía de la historia reciente de una España que le resultaba ahora sorprendente.
José Prat, ex senador socialista, miembro del Gabinete de Negrín, histórico del Partido, era enterrado ayer en el Cementerio Civil de la Almudena, en Madrid, no muy lejos de la tumba de Pablo Iglesias, «el abuelo» fundador del PSOE y la UGT, más de cien años de existencia de una cierta idea de justicia y libertad.
Se ha muerto José Prat, eslabón que ahora se pierde entre un pasado dolorido y un presente atormentado. Pero entretanto el senador socialista disfrutaba del respeto de todos y en los anales de la Constitución vigente quedan sus palabras sobre el «honor».
Parlamentario a la antigua usanza, de aquellos políticos de la Segunda República capaces de elevar el discurso político a literatura, Don José Prat se levantó un día en el Senado para darnos una lección sobre la ética tal como la entendía un socialista de bien.
Vestido de un terno sempiterno, de elegancia un tanto trasnochada, con sus gafas oscilantes en la mano, temblorosa y bien cuidada, mientras acercaba a los ojos cualquier libro, José Prat significaba una conciencia histórica de la izquierda que jamás debería morir. Con la voz entrecortada aquel día constituyente José Prat pronunció una especie de testamento político adelantado a propósito del derecho al honor.
Premonitoriamente recordé a don José Prat cuando en el último gran debate en el Congreso oí a Felipe González reclamar su derecho a retirarse con honor ante el acoso político de José María Aznar.
Y es que pienso que cuando en política se llega al punto del honor, algo grave ocurre porque es cosa del alma, allí donde radica lo más profundo de la persona. El honor debe habitar en el «almario». Y viendo al presidente González acusar el castigo y refugiarse en su derecho tuve la certeza de estar llegando al fondo de una herida.
José Prat era un krausista, laico, tolerante, del socialismo humanista que se pierde en una memoria histórica cada vez más desvencijada. Felipe González es de formación cristiana, intolerante, socialista pragmático, ansioso de futuro. Dos hombres diferentes pero unidos por una apelación al honor que no puede, no debe, ser negado a nadie por nadie.
El presidente del Gobierno, Felipe González, siente hoy que su honor está en juego y en su defensa se resiste con torpeza. El mismo tiene en su mano el defenderlo, ya que tanto le importa. Pero no así, de esta manera: que el honor no sabe de mentiras, ni de engaños, ni de miedos, porque el honor no se pacta jamás.
18 Mayo 1994
JOSE PRAT GARCIA
Con José Prat, murió ayer un socialista de rostro humano, un hombre profundamente bueno, un socialista de los pies a la cabeza, que debe ser el ejemplo a seguir en estos tiempos de dificultades para el PSOE, al que consagró toda su vida.
Yo sólo he llamado de usted a dos personas dentro del partido, a don Enrique Tierno Galván y a don José Prat.
Conocí al don José en el año 78, cuando se hizo cargo de la Presidencia de la Federación Socialista Madrileña, tras la fusión del PSOE histórico y el renovado.
Recuerdo que en las reuniones de la Ejecutiva no quería que fumáramos y para evitarlo llevaba los bolsillos llenos de caramelos para ofrecernos a todos porque no quería prohibirnos nada.
Su extensa biografía, murió ayer a los 89 años en Madrid, estuvo marcada por dos rasgos fundamentales: la política y la cultura.
Don José era un hombre profundamente culto, durante sus últimos años fue presidente indiscutido del Ateneo de Madrid y en su época juvenil estuvo muy ligado a la Institución Libre de Enseñanza, a cuyo líder Francisco Giner de los Ríos, profesaba una gran admiración.
El se definió siempre como «el último krausista». Su dedicación cultural y su obra como ensayista y crítico literario le hicieron merecedor, durante su exilio, de un sillón en la Real Academia Colombiana de la Lengua.
Don José mantuvo una activa dedicación parlamentaria en la época difícil de los años 30 y fue muy marcado políticamente por Juan Negrín, de quien fue jefe de gabinete. El destacaba en los últimos años de su vida la necesidad de reivindicar la criticada figura de Negrín, con quien, a su juicio, se había cometido en España una injusticia histórica. «Ha sido injustamente maltratado por la historia», decía de él.
Compartí escaño de senador con don José en varias legislaturas de la democracia y siempre me admiró de él, sobre todo, su bonhomía y su gran amor por la cultura, además del profundo sentimiento español que poseía. «¿Usted se da cuenta -me decía- de que ahora todo el mundo dice yo soy catalán, o vasco, o gallego?, pues yo soy español».
Sentimiento arraigado en sus largos años de exilio -casi cuarenta años estuvo fuera de España tras la Guerra Civil- que le hizo añorar la patria, cosa que los que siempre hemos vivido aquí no podemos captar en toda su importancia.
Le sustituí en la Presidencia de la Comisión Iberoamericana del Senado, cuando no obtuvo su acta de senador por Madrid en el año 89, pero nunca he conseguido cubrir su hueco.
Don José era, sobre todo, una persona venerable, un ejemplo a seguir por todos los socialistas.
Le vi por última vez en unas jornadas de la Fundación Sistema y ya, entonces, estaba muy enfermo.
A pesar de ello, siempre me sorprendía en él su lucidez mental, que conservó hasta la muerte. Tenía una memoria prodigiosa y la cabeza muy bien ordenada.
Hace poco tiempo, estuve con él tratando acerca del convenio que firmó el Ayuntamiento de Madrid, cuando yo era alcalde, con el Ateneo para su reforma y mejora. Se me quejaba de que el actual equipo de gobierno municipal estaba incumpliendo el citado acuerdo.
Don José ha muerto, pero en la vida política queda la huella indeleble de una vida dedicada en cuerpo y alma a la sociedad. Siempre vivió en el mismo piso modesto, siempre vivió de su trabajo.
Con él se va un socialista que debe ser ejemplo y un referente fundamental de nuestra acción política, especialmente en estos momentos. Un socialista que siempre dio testimonio de fidelidad a sus ideas en su conducta diaria, un hombre cabal, una persona que transmitía serenidad por todos y cada uno de sus poros.
Un hombre bueno.
JOSE PRAT murió ayer en Madrid a los 89 años.
18 Mayo 1994
In memoriam del senador José Prat
Estoy seguro de que en el Obituario del diario EL MUNDO de hoy figurará un espacio destacado en recuerdo de nuestro querido don José Prat, el Senador Prat como todos los madrileños nos habíamos acostumbrado a llamarle. Puedo asegurarle que para mí, si ha habido socialistas excelsos en todos los aspectos, humanos, culturales y políticos, entre ellos está, de manera señalada, nuestro desde ahora llorado don José. Le conocí a poco de regresar de su largo exilio en tierras hispanas de América, con su leve deje colombiano en el habla. Como senador, siempre fue notable por su amplitud de miras, por su visión reflexiva de las cosas, por eso que tantas veces se menciona, y que tan pocas veces existe, que es la hombría de bien. En medio de cualquier crispación, o de enfrentamientos ideológicos, don José tenía la palabra justa, un don de la equidad que ponía el acaloramiento en un trance bien distinto de civilizada convivencia. La última vez que vi a don José fue hace algunos meses, cuando pronuncié una conferencia. Después de mis últimas palabras, don José no pudo por menos de manifestar: «Qué tristeza nos ha traído usted, Ramón. No sabíamos que la cosa hubiera ido tan mal, económicamente hablando, en aquel reinado singular. Tendremos que reflexionar». Efectivamente, era un hombre que a sus casi noventa años, si es que no los había sobrepasado ya, aún estaba dispuesto a reflexionar ex novo sobre cualquier cosa que despertara su siempre juvenil interés. Si hubiera que dar algún título a don José Prat, yo propondría que fuera Senador ad aeternitate. Descanse en paz el viejo amigo.
RAMON TAMAMES
El Análisis
José Prat dedicó toda su vida al PSOE. En el momento de producirse la escisión pensó en serio que el PSOE Histórico era el auténtico heredero del PSOE de Indalecio Prieto y aceptó el reto de liderarlo a petición de Rodolfo Llopis y de encabezar lo que el entendió como la batalla final por el PSOE auténtico como cabeza de lista y cabeza de cartel de la Alianza Socialista Democrática en 1977, reivindicando su pasado como subsecretario del Dr. Negrín en tiempos de la II República y todos sus años de colaboración con el Sr. Prieto. De nada sirvió. Fue humillantemente derrotado sin lograr ni un solo escaño. Ante su derrota el Sr. Prat entendió que el electorado había identificado al PSOE Renovador de Felipe González y Alfonso Guerra como el verdadero PSOE, por tanto, en honor a su lealtad era él quien se había escindido al irse al Histórico y le tocaba volver a casa.
Llopis recibió la misma invitación que Prat para volver a casa, pero este no quiso, por eso Llopis murió apartado de todo en Francia, mientras que Prat fallecía en Madrid ocupando cargos en el senado y en El Ateneo y homenajeado por el partido.
J. F. Lamata