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El manifiesto está encabezado por Rafael Ávila, Ángela Diest y Antonio Robles

Un colectivo de defensores del castellano en Catalunya lleva al Tribunal Constitucional la ‘inmersión lingüística’ de la Generalitat

HECHOS

  • El 22.05.1994 se hizo público el manifiesto ‘En castellano también, por favor», firmado por 14.000 personas en defensa de igualdad de derechos entre la lengua catalana y la lengua castellana en Catalunya.

UN COLECTIVO PARA PRESENTAR EL PLEITO

Los promotores del manifiesto en defensa del castellano han constituido el colectivo Coordinadora de Afectados en Defensa del Castellano, Cadeca, entre los que destacan D. José Ignacio Allue, Dña. Ángela Diest, D. Antonio Robles o D. Rafael Ávila. El abogado que llevará el recurso al Tribunal Constitucional contra la Ley de Inmersión lingüística de la Generalitat en nombre de Cadeca será D. Esteban Gómez Rovira, abogado residente en Catalunya.

23 Febrero 1994

Un debate lingüístico

Javier Órtiz

A mi amigo Gervasio Guzmán le trae por la calle de la amargura mi defensa de la Ley de Normalización Lingüística de Cataluña. Ayer tuve una agria discusión con él al respecto.

  • _Sabes que soy un enamorado de Cataluña… _empezó.
  • _Es curioso _le interrumpí_: ¿por qué será que todos los que estáis furiosos con este asunto comenzáis vuestras diatribas con grandes declaraciones de amor por Cataluña? Excusatio non petita…
  • _Sabes que yo conozco bien la realidad catalana _prosiguió mi buen Gervasio.
  • _Sí, también Rodolfo Martín Villa conoce bien Cataluña. Como la conoció Martínez Anido, otro célebre gobernador de Barcelona. Pero conocer bien una realidad no impide maltratarla.
  • _¡No me compares con gente así! Si yo ataco la política lingüística de la Generalitat es en defensa de los derechos de los catalanes que hablan en español, que son gentes bien modestas. Tú, en cambio, te estás situando en el bando de la burguesía y de los obispos…
  • _Vamos por partes, Gervasio _le repliqué_. En primer lugar, resulta muy mosqueante el furor que os ha entrado a algunos por defender unos derechos que los interesados, salvo muy contadas excepciones, no consideran que estén en peligro. ¿No te parece chocante que aún no haya habido en Cataluña ni una manifestación _no ya de los millones de los que habláis; ni siquiera de unos pocos miles_ en protesta por esa situación? Y no me vengas con que me pongo del lado de la burguesía y los obispos catalanes: cuando Pujol estaba en la cárcel y el clero catalán acogía a los antifranquistas, muchos de los que hoy defienden lo mismo que tú vestían camisa azul.
  • _Lo siento, pero es que no soporto a los nacionalistas _me objetó Gervasio.
  • _Dí más bien que no soportas a los nacionalistas catalanes. Porque bien que estás yendo de la mano de los centralistas, que no son sino nacionalistas del bando opuesto.
  • _Quieren cargarse el español.
  • _Paparruchas: el castellano goza de excelente salud en Cataluña. Es el catalán el que aún corre peligro.
  • _Te digo yo que esto es una pieza más del plan para lograr la independencia de Cataluña.
  • _Sí, del vuestro.
  • _¿Del nuestro? ¿De cuál? _se indignó Gervasio.
  • _Imagínate que en una reunión hay una persona con la que los demás no paran de meterse. Si abre la boca, la ponen a caldo. Si se ensimisma, le reprochan su falta de interés. ¿Qué otra cosa puede hacer, sino largarse? Pues ni eso, porque los demás le dicen que su concurso es imprescindible. Estáis haciendo todo lo posible para que la reunión acabe a tortas.
  • _No sé de qué me hablas _se enfurruñó Gervasio.
  • _Eso es lo peor _le contesté.

Pero ya había colgado.

24 Febrero 1994

Irse de la lengua

Arcadi Espada

«El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla». Artículo 3 de la Constitución. La letra de este artículo es puramente insólita. Que alguien tenga el deber de conocer una lengua supone una aportación fenomenal al derecho recreativo. Y que ese deber se refleje en un texto fundamental es tan ocioso como establecer una obligación parecida en el plano fisiológico: «Todo español tiene la obligación de respirar e incluso tiene la obligación de alimentarse», podría especificar el punto 2 del artículo 3. Tan. insólito es ese redactado que entre todas las constituciones, y según mis noticias, sólo la de algún país asiático recoge algo vagamente parecido.Ahora el presidente del Tribunal Constitucional ha declarado que ningún ciudadano catalán tiene el derecho de desconocer la lengua catalana. Aplicando una hermenéutica elemental, supongo que de sus palabras se deduce que todo catalán tiene el deber de conocer esa lengua. Con lo cual volvemos a la estricta lógica constitucionalista. Una lógica a la cual el Estatuto se adhiere cuando habla de llegar a una igualdadplena de deberes y derechos entre castellano y catalán. (Aviso, al margen, para navegantes: quienes defiendan que la lengua es un derecho del territorio deben extender también ese derecho al territorio catalán). De modo’ que ambas coerciones legales hay que asumirlas indistintamente. Otra cosa es que la coerción sólo refleje, en el fondo, un estado de debilidad de la lengua o del pensamiento de los legisladores respecto a la lengua. Con señalar que una lengua es oficial en un territorio basta y sobra, y cualquier añadido a esa sustancialidad sólo hace rebajar, paradójicamente ‘ su potencia. Las lenguas legitiman su práctica en la necesidad y no en el deber. Por eso una lengua -el castellano, el catalán y lo que hablen en Malaisiaes un mercado.

26 Febrero 1994

Carta abierta a la caverna

Pilar Rahola

LA complejidad, la variedad, incluso la contradicción definen por naturaleza a los grandes políticos y, probablemente, las grandes ideas. Sólo las ideas simples, que articulan de manera maniqueísta la realidad, se pueden permitir el lujo de una sola lectura y una única interpretación: son esas ideas redondas y esos políticos redondos, sin fisuras ni errores, que resultan tan estéticos en los titulares de prensa -los titulares no conocen el arte del matiz-, como antiestéticos en el mundo de la inteligencia. En todo caso, un gran político se caracteriza por la dificultad de acotarlo en una sola definición, y, con perspectiva histórica, por la imposibilidad de responder a una única herencia. Azaña es, quizás, uno de los casos más emblemáticos en este sentido y las múltiples lecturas, interpretaciones o apropiaciones políticas a que ha sido sometido avalan precisamente su grandeza: fue un político complejo y, por ello fascinante. ¿Qué Azaña fue el real, por ejemplo, el Azaña que se mostró tolerante y preocupado por los problemas nacionales abiertos en este Estado, el Azaña que sedujo a tantos catalanes y vascos de la época, o el Azaña de los últimos tiempos, derrotado y resentido, que llegó a poner en boca de un personaje suyo esa frase temible: «Hay que bombardear Barcelona por lo menos una vez cada generación»? Por supuesto, todos los Azañas fueron reales y probablemente fueron tanto el resultado de épocas distintas como de distintos estados anímicos, que la componente personal también configura el ente político. Pero también son reales las distintas herencias que permite y es aquí donde la elección de una u otra define la persona que la escoge.

¿Sorprende que sea el Azaña resentido el que más ha fascinado a ese periodista del descontento permanente -y de la permanente agresión- llamado Jiménez Losantos? ¿Sorprende que un analista que intelectualmente vive casi en exclusiva del anticatalanismo -y del antifelipismo, el cual, a veces, coincide-, escoja como referente ideológico el político de la derrota y no el político de la construcción y el diálogo? ¿El político desmoralizado y destrozado por la guerra, que busca desesperadamente culpables, y no el político de los años 30, optimista y cargado de futuro, que quiere construir el diálogo? Sólo quien no haya leído nunca a este articulista -y tenga, por tanto, un hígado considerablemente sano- podrá mostrar sorpresa. Pero lo importante no está, creo, en la coherencia que muestra Jiménez Losantos en su elección, sino en el cuerpo ideológico que lentamente están generando algunos sectores de opinión, y que pretende tener Azaña -los muertos no pueden defenderse- como referente de lujo: el discurso de la caverna (la España eterna y esencial, permanentemente excluyente) pasado por el tamiz de la modernidad. Nada de lo que se dice o se oye desde algunos círculos de opinión es nuevo -los catalanes conocemos sobradamente el discurso de la caverna-, pero sí es sintomático que surja ahora y surja con tal virulencia. En la historia de las ya largas y siempre conflictivas relaciones de Cataluña con España, este discurso ha sido tan recurrente como, desgraciadamente, victorioso en más de una ocasión. ¿Qué fue, sino, el Decreto de Nueva Planta de 1714, que abolió por derecho de conquista los derechos nacionales catalanes, sino el triunfo de la caverna sobre el diálogo? ¿Y qué fueron la dictadura de Primo de Rivera o los 40 años de «gloria nacional», sino el triunfo de la caverna? Jiménez Losantos y su corte de pequeños inquisidores de lo catalán, son la reformulación moderna de un discurso eterno que siempre ha sido agresivo y que siempre ha tenido Cataluña como referente a la contra.

Análisis del momento y del discurso. Con una previa: me decía un amigo -y se lo he leído, también, a Manuel Vicent- que esta virulencia contra lo catalán va a favor de los que defendemos un proceso de soberanía para Cataluña, puesto que hace inviable un pacto sobre España.

Quizá tenga razón, pero personalmente abomino de este tipo de «ayudas»: los procesos históricos hay que basarlos en el sentido democrático y nunca en la confrontación. En el diálogo, y no en la barbarie.

Cataluña como referente a la contra, permanente, del discurso de la caverna. No creo que esto sea sorprendente. Primero porque los principales artífices de la modernización del discurso, Jiménez Losantos y Amando de Miguel, tienen una componente personal de resentimiento hacia Cataluña, producto de su incapacidad de integrarse y amar esa tierra, que ha llegado a ser patológico. Y por Dios, que no me saquen otra vez el tiro en la pierna: la inmensa mayoría de los catalanes hemos luchado y volveríamos a luchar para que cualquiera pueda defender en libertad sus ideas. Señor Jiménez Losantos, como dijo un parlamentario inglés, esta diputada nunca mataría por sus ideas, pero daría su sangre para que usted pueda defender siempre las suyas. Considero, pues, pornográfico que se intente utilizar políticamente contra Cataluña algo que los catalanes repudiamos unánimemente: la imposición no democrática de las ideas. Y Cataluña como referente, también, porque históricamente la conciencia española se forjó, sobretodo, frente a la conciencia portuguesa y catalana, con las que combatió y, en el segundo caso, ganó. Independiente Portugal, queda Cataluña como piedra en el zapato. Dejo aparte el caso vasco, porque creo que no es de la misma naturaleza social, aunque sí comparte los mismos derechos nacionales. Por decirlo gráficamente, Cataluña es el comodín de todos los males, el objeto de deseo de todas las obsesiones, el tonto útil de todos los problemas no resueltos, desde la situación económica de Andalucía o Extremadura, hasta el estado de la catedral de Burgos. Y en este discurso a la contra se dan cita todas las ideologías, es casi el único eje transversal que une a un Alfonso Guerra con un Anguita o un Aznar: se encuentran en el nacionalismo español y, por tanto en el «anti-Cataluña».

¿Por qué ahora y por qué la obsesión sobre la lengua? El nacionalismo español más irredente ha estado siempre obsesionado con el catalán, primero porque el eje central de ese nacionalismo es precisamente el idioma castellano -entendido como esencia del orgullo nacional- y la permanencia del catalán en Cataluña se entiende como una derrota. Segundo porque es un nacionalismo de exclusión que entiende las diferencias, no como una suma enriquecedora, sino como una agresión a lo propio. Algunas de las reflexiones de la caverna, desde las tertulias de la COPE hasta artículos de los Ussía, los Amando, etc., son de una gran transparencia en este sentido: ¡han llegado a teorizar la supremacía de unos idiomas respecto a los otros! Y la utilización de una materia sensible, como son los niños, para proyectar un discurso político me parece francamente poco decente. Como me parece demagógico hablar de censura a la libertad de expresión como reacción a las quejas de los obispos sobre las tertulias de la COPE: la libertad de expresión no se toca y, por tanto, que la COPE haga lo que quiera con sus tertulias, pero es lícito que los cristianos catalanes se nieguen a pagar una radio que alimenta los conflictos de convivencia en Cataluña y alimenta también el odio a Cataluña. Que lo hagan, pero sin nuestra aportación económica.

Pero lo más significativo es el momento escogido para resucitar las voces de la caverna. ¿Por qué ahora se reescriben los históricos y ya cíclicos ataques a Cataluña? ¿Por el pacto CiU-PSOE? No me lo parece, o, en todo caso, el pacto tiene sólo un valor coyuntural. Creo que la campaña va más allá, que parte de una situación estructural, y que tiene como punto de llegada la presumible alternancia política en La Moncloa. Es una campaña que intenta crear un clima de involución autonómica para cuando el PP llegue al poder. Que intenta, pues, crear el paisaje de fondo en el que se moverá el cambio político. El PP no me parece que inspire la campaña, sino que ésta intenta inspirar al PP. Y el objetivo es la involución autonómica. Fijémonos, sino, en los argumentos: el coste económico de las autonomías, el agravio comparativo, la «insaciabilidad» de la reivindicación catalana, la imposición del catalán sobre el castellano, etc… La España eterna que se revela contra la cultura de la pluralidad. Y que es la España que ha ganado siempre.

Es una campaña política, con un proyecto político y unos objetivos políticos, aunque haya encontrado en las materias sentimentales una auténtica coartada. Pero por suerte, en el diálogo abierto -y no resuelto- de España-Cataluña no sólo están como interlocutores las voces de la caverna. A los Jiménez Losantos se les puede contraponer los Aranguren, a los Ussía, los Delibes, a la COPE diarios como EL MUNDO que tienen una actitud francamente más dialogante, a De Miguel se le puede contraponer Javier Ortiz. Hay una España del diálogo con la que Cataluña puede negociar su futuro nacional -tanto si opta por mantener la dependencia política, como si opta por la independencia democrática- y hay una España de la exclusión, la incomprensión y el dominio, con la que ni catalanes ni vascos podemos establecer ningún tipo de diálogo. Optar por una u otra es optar por la convivencia o por el odio, por el diálogo o por la agresión. Que lo piense, pues, el PP cuando se decida a escoger.

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