7 octubre 2022

Escogieron un palacio de congresos usado por Podemos en sus últimas asambleas

Multitudinario acto de Vox en Vistalegre dispara su popularidad y la intención de voto del partido de Santiago Abascal

Hechos

  • El 7.10.2021 se celebró un acto político del partido político Vox en el palacio de Vistalegre de Madrid.

08 Octubre 2018

Vox, o los riesgos de un populismo desde la derecha

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

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LA FORMACIÓN de derecha extrema liderada por Santiago Abascal demostró ayer en un abarrotado Palacio de Vistalegre en Madrid que ha dejado de ser una alternativa marginal y que existe en España un electorado inconformista y desencantado que ya no se siente representado por el PP, el partido que históricamente ha aglutinado a la mayor parte de los sectores de la derecha sociológica y política. Abascal y su partido han sabido aprovechar el vacío creado por la torpeza de Rajoy a la hora de gestionar la crisis catalana y de descuidar los principios y los valores con los que se identifican una parte de las bases y de los votantes del PP, convertidos en huérfanos ideológicos por la incapacidad de los partidos tradicionales para afrontar la crisis migratoria y el desafío independentista, entre otros acuciantes problemas nacionales. Pero como todos los movimientos populistas, Vox está logrando encontrar su espacio electoral ofreciendo un diagnóstico de la crítica situación por la que atraviesa España que resulta certero en muchos aspectos pero que naufraga a la hora de aportar soluciones fáciles a problemas que son bastante complejos.

Porque es cierto que en el incompleto diseño territorial que se dibuja en la Constitución de 1978 subyace la crisis abierta por el independentismo en Cataluña, pero esto no justifica la supresión del Estado de las Autonomías, como se pidió ayer en Vistalegre. Según Abascal, la actual configuración territorial «nos divide y nos arruina» y la solución sería la de «una España, no 17». Esa propuesta es tan antisistema como la que propone la fragmentación del país. Las disfunciones del Estado no se solucionan con su voladura sino con su reforma.

También es cierto que la inacción del Gobierno del PP dio oxígeno a unos separatistas que ahora han sido legitimados por el Gobierno socialista, al cual chantajean con su apoyo parlamentario. El secesionismo es hoy más fuerte políticamente y solo encuentra una resistencia real en la Justicia, en parte gracias a que Vox ejerce de acusación popular contra los golpistas en el Tribunal Supremo. Sin embargo, medidas como la disolución de los Mossos d’Escuadra, la detención de Quim Torra o «la suspensión de la autonomía catalana hasta la derrota sin paliativos del independentismo» se antojan irrealizables.

Pero quizá lo más alarmante del discurso populista de Vox sea su actitud ante la crisis migratoria, inspirada en intolerantes movimientos xenófobos de extrema derecha europeos. La inédita proclama de «los españoles primero» no se corresponde con nuestra realidad, y alimentar el odio hacia los inmigrantes resulta del todo irresponsable. Vox debe reorientar muchas de sus propuestas para enmarcarlas en la Constitución y en la legalidad de la UE, nuestras dos irrenunciables referencias de estabilidad y prosperidad.

08 Octubre 2022

Vox resucita con Franco

Rubén Amón

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La extrema derecha se concede una kermés con la expectativa de entrar en los parlamentos

Es una desgracia que la iniciativa de exhumar a Franco no se haya resuelto con la eficacia y rapidez de una misión paracaidista. Tanto se demora la resurrección del caudillo, tanto se estimula el akelarre del oscurantismo y el fervor de una España “grande y libre”, hasta el extremo de que el tirano podría transitar del túnel siniestro de Cuelgamuros a la consagración catedralicia mientras adquiere verosimilitud el regreso de la extrema derecha al Parlamento.

Es el contexto “ultra” y emocional que Vox ha aprovechado para introducirse en la actualidad como remedio providencial a la unidad de la patria. Los medios de información deberíamos sopesar nuestro papel de incitación propagandística, pero tampoco podemos sustraernos a las evidencias informativas: Santiago Abascal, desprovisto de carisma y de cualidades telepredicadoras, abarrotó la plaza de Vistalegre; el CIS concede a su partido un 1,4% de margen electoral y los comicios europeos representan un escenario propicio a la homologación institucional de un partido xenófobo, confesional, antifeminista, anticomunitario, autoritario, anticonstitucional, que emula, todavía desde las distancias, la inercia de otros movimientos populistas —el Frente Nacional, la Liga, Alternativa por Alemania…— arraigados en los países vecinos.

España, como Portugal, parecía indemne al rebrote de la extrema derecha. No solo por la sobrexposición a una dictadura de 40 años —parecido al caso de Salazar en Portugal— sino porque la idiosincrasia de una sociedad tolerante y la hegemonía sin fisuras del Partido Popular en la derecha convencional subordinaban la expectativa de una radicalización patriótico-nacionalista.

No parece accidental que Abascal haya inaugurado su reino allí donde Pablo Iglesias erigió el suyo, el Masadá de Vistalegre, ni parece casual tampoco que Vox haya programado su “asalto a los infiernos” desde el mismo itinerario estratégico: las elecciones europeas —circunscripción única— como trampolín a la política nacional en un escenario desquiciado por la tensión soberanista, el miedo a la inmigración, la psicosis de la seguridad y la inestabilidad del sanchismo. La extrema derecha existía en su marginalidad, nostalgia y credulidad, pero no existía un partido corpulento que la representara ni parecía Abascal una réplica transpirenaica y verosímil de Le Pen. Vox está muy cerca de entrar en el Congreso y muy lejos de convertirse en una fuerza política relevante, pero su irrupción, una némesis del marianismo, es significativa y preocupante porque retrata la expectativa de un electorado xenófobo, porque incorpora un principio balcanizador de la derecha española y porque supone la tentación de un peligro mimético al discurso de sus rivales. Sería inquietante que Pablo Casado recuperara la adhesión y el desconsuelo de los votantes abstractos de Vox —podría ser hasta un millón— radicalizando sus propuestas de seguridad, inmigración y tensión patriótica en nombre del prosaico voto útil.

08 Octubre 2010

La gran reacción

Federico Jiménez Losantos

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SI LOS dos grandes partidos que defienden el régimen constitucional (PP y Cs) hubieran entendido algo de lo que, a sus espaldas, está pasando en España, habrían promovido para celebrar el aniversario del 3 de octubre manifestaciones masivas como la que el valeroso mensaje del Rey provocó el 8 en Barcelona. Y como el PP de Rajoy dejó sólo al Rey ante el Golpe, Cs mostró su lado atónito, y el PSOE corrió a ayudar a los separatistas según su costumbre, equidistando entre golpistas y golpeados, muchos seguirán hoy sin entender el enorme éxito de ayer de Vox, en Vista Alegre.

Un partido no triplica sus afiliados en unos meses si no hay un déficit de representación popular, sobre todo cuando una gran mayoría observa un peligro letal para su futuro y una parálisis en los partidos que ha votado. Es lo que sacó a la calle a un millón de manifestantes en Barcelona aquel 8-O, enarbolando cientos de miles de banderas españolas y sacudiéndose todos los complejos seculares –véase el libro/testimonio de Emilia Landaluce No somos fachas, somos españoles sobre el sentido de la gloriosa jornada–. Y como el golpe sigue, dirigido por la Barcelona de Torra y protegido por el Madrid oficial de Falconetti, la reacción nacional continúa. Y no va a parar.

Esa sensación, entre el barrunto y la encuesta, es lo que explica la improvisada concentración de ayer, en la que Rivera arengó a la resistencia contra el golpe en la plaza de San Jaime, o que alguien tan cauto como Inés Arrimadas enarbole una de las banderas del 😯 ante la napia dizque aria del catanazi Torra. Es, también, lo que explica el triunfo de Casado en el Congreso del PP y el sentido político de sus declaraciones de ayer en EL MUNDO, que suponen una rectificación en toda regla del PP de Rajoy.

Pero si hay un signo de esa gran reacción ante el proceso doblemente revolucionario que vive España, separatista y socialcomunista, es el del aplauso, anteayer, de una manifestación de Mozos de Escuadra ante la sede de la Policía Nacional en Barcelona. Es la Ley contra la horda, que incluye a la mitad de la casta política y la aplastante mayoría audiovisual forjada por ZP y Rajoy, dispuestas a doblegar a la nación española. Pero la nación en la calle y los medios constitucionales que aún quedan, no vamos a dejarnos doblegar. El que quiera entender, que entienda.