26 julio 1989

El antiguo inmigrante judío, Steve Ross, emerge como uno de los hombres más poderosos de la comunicación en Estados Unidos

Nace el grupo Time Warner, de la fusión entre el grupo cinematográfico Warner Brothers y el grupo editorial Time

Hechos

  • El 25.07.1989 el Tribunal Supremo del estado de Delaware autorizó la fusión de las empresas Time Incorporated y Warner Communications.

Lecturas

El 4 de marzo de 1989, dos mundos hasta entonces diferentes de la industria norteamericana decidieron unir sus fuerzas: Time Inc., gran imperio editorial presidido por Richard J. Munro y dirigido operativamente por Nicholas J. Nicholas Jr., propietario de Time, People, Fortune, Sports Illustrated y otras publicaciones —Life, aunque histórica cabecera del grupo, había dejado entonces de publicarse como semanario y funcionaba como mensual—, pactó su integración con Warner Communications, el conglomerado de Steven J. Ross, propietario de Warner Bros., importantes compañías discográficas, televisión, cable y otros activos de entretenimiento. El proyecto, valorado inicialmente en unos 18.000 millones de dólares mediante intercambio de acciones, pretendía crear el mayor conglomerado mundial de comunicación y entretenimiento y competir con grupos internacionales como el de Rupert Murdoch, Bertelsmann o Hachette.

Pero apareció un tercer gigante: Paramount Communications, la antigua Gulf & Western presidida por Martin S. Davis, lanzó en junio una OPA hostil de 10.700 millones de dólares, 175 dólares por acción, posteriormente elevada hasta unos 12.200 millones y 200 dólares por título, para quedarse con Time e impedir la operación con Warner. Time rechazó el dinero de Paramount y modificó precipitadamente su acuerdo: en vez de una fusión mediante intercambio de acciones que requería votación de sus accionistas, Time compraría directamente Warner, ofreciendo inicialmente 7.000 millones en efectivo por una participación mayoritaria y asumiendo una formidable deuda para completar una operación de unos 14.000 millones. Paramount acudió entonces a los tribunales alegando, en esencia, que los administradores de Time estaban privando a sus accionistas de la posibilidad de aceptar su oferta; pero la justicia de Delaware respaldó la facultad del consejo para continuar con su estrategia empresarial de largo plazo. El 24 de julio de 1989, el Tribunal Supremo de Delaware rechazó el último intento de paralizar la operación y Paramount se retiró. Time pasó inmediatamente a controlar Warner y nació Time Warner, con Ross y Munro inicialmente como copresidentes y coprimeros ejecutivos; la adquisición del resto de las acciones de Warner quedó completada el 10 de enero de 1990. El resultado era un monstruo hasta entonces difícil de imaginar: revistas, libros, cine, televisión, música, HBO y cable dentro de una misma corporación.

Time Incorporated aporta a la nueva empresa Tima Warner las publicaciones TIME, SPORTS ILLUSTRATED, PEOPLE, FORTUNE, MONEY y LIFE. Editoriales como Time Life Books y Book of the Month Club Incorporated y el canal de televisión por cable HBO (especializado en películas y acontecimientos como conciertos de rock y combates de boxeo) mientras que Warner Communications aporta una productora de cine y televisión (Warner Bros) y un negocio de grabación y venta de discos.

DOS MARCAS RECONOCIDAS MUNDIALMENTE.

La revista TIME fue fundada en Estados Unidos en marzo de 1923 y es uno de los semanarios de información más conocido del planeta.

Logo_Warner Los estudios cinematográficos Warner Bros, fundados en Estados Unidos en abril de 1923 por el magnate judío Jacobo Warner produce películas que son emitidas en todo el planeta.

Ahora ambas marcas están unidas en una misma empresa bajo la dirección de Steve Ross.

El Grupo Time Warner aumentará todavía más en 1995 al integrarse en él la Turner Broadcasting Systems (TBS)

DERROTA DE LA PARAMOUNT

Logo_Paramount La autorización de la fusión supuso una derrota para la productora Paramount, que hizo todo lo posible para bloquear la fusión en el terreno legal en un litigio que se prolongó meses entre 1987 y 1989.

 

19 Junio 1989

La batalla por Time

DIARIO16 (Director: Enrique Badía)

Leer

Ha llegado de lleno al sector de la Prensa la loca carrera de las fusiones y adquisiciones que recorre las Bolsas de todo el mundo occidental creando y deshaciendo ‘superconglomerados’ – que a menudo quedan abrumadoramente cargados de deuda como producto de la operación de tiburoneo – y enriqueciendo a los directivos y accionistas de las empresas afectadas. En efecto, la empresa multimedia Paramount – nacida en el cine pero con muchas ramificaciones en la edición y la comunicación – ha hecho una oferta hostil – y sobrecogedora – por el grupo Time Life, nacido de la prensa, pero metida en la televisión por cable: 1,4 billones de pesetas.

Time-Life estaba preparando una fusión amistosa por el viejo y caballeroso sistema del intercambio de acciones con la Warner, otro gigante de Hollywood con interés en la Prensa, la edición y la televisión. La pugna es feroz, y nadie sabe si Time-Life acabará casado con Warner, raptado por Paramount o víctima de quien sabe qué nuevo tiburoneo. Pero, sea cual sea el desenlace de esta gigantesca operación, se pueden extraer ya algunas consecuencias interesantes, y quizá inquietantes para el mundo de los medios informativos.

Quienes defienden la creación de un enorme conglomerado comunicación-espectáculo en Estados Unidos afirman que sólo así se podrá resistir el embate de otras macroempresas del sector, todas ellas foráneas pero con muchos intereses en Norteamérica: Maxwell Communication, de Robert Maxwell (Gran Bretaña); News Corporation, de Rupert Murdoch (complejo entramado británico-australiano-norteamericano), Bertelsmann (Alemania), Hachette (Francia) y hasta Sony (Japón).

La obsesión del momento es fusionar todo lo fusionable en el campo de la comunicación y el espectáculo, creando gigantes en cuyo seno se pueda producir una cosa bastante etérea y ambigua llamada ‘sinergia’. Nadie se arredra por el hecho de que en la práctica el maridaje parezca funcionar mal; nadie se acuerda del primer gran ejemplo de empresa de esta clase, la CBS, que ha acabado vendiendo todas sus filiales en diversos campos y volviendo exclusivamente a lo que hacía bien: la televisión.

Esta manía, ilustrada por la persecución de Time-Life, suscita muchas inquietudes. En primer lugar, está el riesgo de desaparición de las empresas de comunicación nacionales o locales en muchos países, ante la voracidad de estos superconglomerados. Y, en segundo lugar, el papel decididamente minoritario que las filiales dedicadas a la información parecen condenadas a desempeñar dentro de esas empresas gigantescas.

Es el gran riesgo de las empresas multimedia: la televisión, el cable, la radio, el videotex no son exclusivamente – a diferencia de la Prensa escrita – medios informativos, sino esencialmente canales de entretenimiento y servicios diversos. Cuando se agrega a ello, además, la producción cinematográfica, la vertiente puramente espectacular del negocio adquiere una primacía aún más abrumadora. Y las exigencias de veracidad, de fiscalización de los distintos poderes públicos y privados, de servicio al lector, que son tradicionalmente las condiciones peculiares en las que se mueve la empresa periodística, pueden fácilmente ceder terreno ante otras exigencias, puramente comerciales.

¿Llegaremos a ver grandes revistas como Time, Fortune o Sportes Illustrated – entre las mejores del mundo en sus distintos géneros – gestionadas según los mismos criterios con que se produce la última película de Indiana Jones? Es la inquietud que hoy pueden sentir todos – los profesionales, los lectores – quienes se preocupan por el papel decisivo de la información en un sistema de libertades.

El Análisis

Cuando Hollywood compra la imprenta

JF Lamata

Sería tentador presentar Time Warner como el momento en que Hollywood conquista el periodismo, aunque la realidad empresarial resulta algo más paradójica: técnicamente ha sido Time quien ha comprado Warner, pero culturalmente es inevitable preguntarse qué ocurrirá cuando la compañía propietaria de algunas de las revistas más influyentes de Estados Unidos comparta intereses con uno de los mayores estudios cinematográficos del mundo. Y la tendencia empieza a resultar evidente. General Electric, una multinacional industrial que fabricaba desde motores hasta electrodomésticos, había adquirido en 1986 por 6.400 millones de dólares RCA y con ella NBC, bajo el formidable presidente y consejero delegado de GE John F. “Jack” Welch Jr.; Welch asumió además la presidencia de NBC y colocó a Robert C. Wright como máximo ejecutivo de la cadena. Ahora Steven Ross, el hombre que había convertido Warner Communications en un imperio de cine, televisión, discos y cable, une ese universo al de Time y People.

Es casi el recorrido inverso al realizado por Rupert Murdoch: el australiano construyó su poder empezando por periódicos en Australia y Reino Unido, desembarcó después en Estados Unidos —donde adquirió, entre otros, el New York Post en 1976— y en 1985 compró el estudio 20th Century Fox, antes de lanzar la cadena Fox. Ross parte fundamentalmente del entretenimiento y ahora comparte imperio con uno de los grandes grupos periodísticos norteamericanos. La pregunta importante no consiste únicamente en si un estudio cinematográfico condicionará mañana lo que publique Time, sino en si estamos contemplando el nacimiento de un nuevo modelo empresarial donde resulte anticuado hablar separadamente de prensa, cine, televisión, libros, música y cable. Paramount también posee Simon & Schuster, de modo que su intento de hacerse con Time demuestra que Davis había entendido exactamente la misma tendencia. Quizá el futuro no pertenezca al dueño de un gran periódico, una cadena o un estudio, sino al propietario capaz de tenerlos todos a la vez. Y ahí reside también el peligro: cuanto mayor sea la concentración, más difícil será saber dónde termina la lógica periodística y dónde empiezan los intereses comerciales del conglomerado.

Murdoch llegó al cine desde los periódicos; Welch llegó a la televisión desde la industria; Ross llega a las revistas desde Hollywood. Distintos caminos parecen conducir al mismo destino: el nacimiento del gran imperio multimedia.

J. F. Lamata