El 30 de mayo de 1967, la región oriental de Nigeria, liderada por el teniente coronel Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu, se proclamó independiente como la República de Biafra, desencadenando una guerra civil que se convertirá en una de las más sangrientas de África. El conflicto, encabezado por Ojukwu como presidente autoproclamado de Biafra y por el dictador nigeriano Yakubu Gowon, tiene raíces en profundas divisiones étnicas y políticas que han fracturado a Nigeria desde su independencia en 1960. El golpe de 1966, liderado por oficiales igbos, y el contragolpe que instaló a Gowon, acompañado de pogromos anti-igbos en el Norte, empujaron a la región Este, dominada por los igbos, a buscar la secesión. La Guerra de Biafra, aunque eclipsada mediáticamente por Vietnam, promete ser una tragedia de proporciones globales, con la comunidad internacional dividida: Reino Unido respalda a Gowon, Holanda apoya a Biafra, y otras potencias toman posiciones ambiguas en un conflicto que expone las cicatrices del colonialismo y la Guerra Fría.
El origen del conflicto radica en las tensiones étnicas entre los igbos del Este, los hausa-fulani del Norte y los yorubas del Oeste, exacerbadas por el diseño colonial británico que unió a más de 250 grupos étnicos en una nación artificial. Tras el golpe de enero de 1966, liderado por oficiales igbos, y el contragolpe de julio que instaló a Gowon y desató masacres de igbos (entre 30,000 y 50,000 muertos), la región oriental, rica en petróleo, perdió la fe en un Nigeria unida. Ojukwu, un igbo educado en Oxford y exgobernador militar del Este, justificó la secesión de Biafra como una lucha por la supervivencia ante la persecución étnica. Gowon, un cristiano angas del Norte Central, formado en Sandhurst, busca preservar la unidad nacional, apoyado por el ejército y las élites del Norte y Oeste. La riqueza petrolera de Biafra, que aporta el 60% de los ingresos de Nigeria, hace del conflicto no solo una lucha étnica, sino económica, mientras Gowon impone un bloqueo que amenaza con hambruna a millones.
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La comunidad internacional está dividida, reflejando intereses coloniales y de Guerra Fría. Reino Unido, aliado histórico de Nigeria, apoya a Gowon con armas y diplomacia, temiendo que la secesión debilite su influencia en África Occidental y el acceso al petróleo. Holanda, junto a Francia y Sudáfrica, respalda a Biafra, proporcionando ayuda humanitaria y, según algunas fuentes, armas, motivada por intereses comerciales y una postura antiimperialista. La URSS, aunque tímidamente, apoya a Nigeria, viendo en Gowon un aliado contra el expansionismo occidental, mientras Estados Unidos, absorbido por Vietnam, adopta una postura neutral, aunque empresas petroleras estadounidenses operan en Biafra. Países africanos como Ghana y Costa de Marfil apoyan a Biafra, mientras la Organización de la Unidad Africana, liderada por Etiopía, respalda a Nigeria para evitar precedentes separatistas. La guerra, con imágenes de niños famélicos que empiezan a circular, conmociona al mundo, pero su cobertura mediática palidece frente a Vietnam, relegando a Biafra a una tragedia secundaria. En este mayo de 1967, Nigeria no solo se enfrenta a una guerra civil; se convierte en un campo de batalla de ambiciones étnicas, coloniales y globales, cuyo costo humano será devastador.
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JF Lamata