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El Gobierno de Jomeini no pudo o no quiso impedirlo

Partidarios del ayatollah Jomeini invaden la embajada de Estados Unidos en Irán y secuestran a 100 ciudadanos de ese país

HECHOS

  • El 4.11.1979 una multitud de manifestantes iraníes – oficialmente ‘espontáneos’ – ocuparon la embajada de Estados Unidos en Irán tomando a todos los empleados como rehenes. Exigían a cambio de su liberación que Occidente entregara al sha al país para que pudiera ser juzgado.

El conflicto se inició el 4 de noviembre de 1979. Fanáticos seguidores del ayatolá Jomeini, el dictador de Irán como jefe de su religión y de la revolución, asaltaron la embajada estadounidense en Teherán, redujeron a los marines que montaban guardia, ocuparon el edificio y tomaron como rehenes a casi cien ciudadanos sin que la policía iraní hiciera nada para evitarlo.

La embajada fue saqueada hubo manifestaciones en contra de Estados Unidos calificándolo como el Gran Satán y se exigió la entrega del sha Mohamed Reza Pahlevi que estaba en Estados Unidos sometido a tratamiento médico.

Jomeini se mantuvo en un segundo plano durante las semanas que siguieron al suceso. Insistía en asegurar que los rehenes no estaban presos por el gobierno de Irán, sino por los estudiantes que eran quienes habían ocupado la embajada. Algunos de los retenidos fueron puestos en libertad – sobre todo mujeres – sin embargo se mantuvo la presión iraní sobre Estados Unidos. Se envió a Teherán una comisión de las Naciones Unidas; pero únicamente se permitió a sus miembros entrevistarse con los rehenes si reconocían ‘los delitos del sha y del Gran Satán, Estados Unidos’. En esas circunstancias, se ordenó la suspensión de todas las actividades de negociación.

Todos los esfuerzos del presidente Jimmy Carter por encontrar una solución diplomática al conflicto fueron inútiles. Mientras tnato, Joemini puso en marcha una campaña de difamación contra él. Ante la dura postura de Irán, el dirigente estadounidense optó finalmente por aplicar una solución militar.  

La operación Garra de Águila llevada a cabo por Estados Unidos el 25 de abril de 1980 para liberar a 53 ciudadanos de su país retenidos en Teherán supuso un estrepitoso fracaso. Jomeini no permitió la liberación de los rehenes hasta 1981. 

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Jimmy Carter puso en situación de alarma a la unidad de elite Delta Force, pero la operación Garra de Águila, comandada por el coronel Charlie Beckwith, tuvo que enfrentarse desde un principio a graves problemas, en parte, derivados de las rivalidades entre los distintos ejércitos. Además, la operación con bases de partida en Egipto y Omán, y planes para reunir a las tropas en el desierto iraní, se reveló demasiado compleja, principalmente porque los helicópteros previstos para el transporte de soldados no estaban preparados para terrenos desérticos. Con sólo cinco de estos aparatos militares, Beckwith se vio obligado a solicitar la interrupción de la operación.

La catástrofe se inició cuando uno de los helicópteros chocó con un avión cisterna y se incendió; ocho soldados perdieron la vida en el accidente. Sus cadáveres fueron abandonados en medio de los restos en llamas de los aparatos, trescientos kilómetros al sudeste de Teherán. Jimmy Carter, se vio obligado a comparecer ante las cámaras de televisión para reconocer que había dado la orden de liberar a los rehenes y decidió cancelarla después de que hubiera comenzado, la desastrosa operación incluyó el choque de dos aviones en Tabas y la muerte de ocho ciudadanos norteamericano. Este fracaso habría de costarle a Carter las sigueintes elecciones presidenciales frente a Ronald Reagan. Jomeini contribuyó todavía más a desacreditar la imagen del presidente estadounidense, al calificar el intento de liberación como un acto de estupidez que habría desembocado en un infierno para los rehenes.

Éstos no fueron puestos en libertad hasta enero de 1981. Jomeini hizo lo posible por dificultarle las cosas a Jimmy Carter hasta el último momento: retrasó la partida de los rehenes hasta que hubo finalizado su presidencia y Ronald Reagan estuvo instalado en la Casa Blanca.

15 Febrero 1979

Irán: un cambio histórico

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

EL ASALTO y toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán, el secuestro y asesinato del embajador en Kabul (Afganistán), podrían incitar al presidente Carter a tomar medidas militares en la zona. EEUU lo ha hecho en otras ocasiones (Bagdad, Santo Domingo, Vietnam  ) en los que el casus belli era de menor importancia y en los que los intereses económicos y estratégicos en juego eran menores. El cambio de régimen en Irán es probablemente el acontecimiento más importante desde que se estabilizó el mundo tras la segunda guerra mundial, y la peor derrota que ha sufrido Occidente (lo cual no quiere,decir que vaya a ser una victoria para la Unión Soviética). Unos movimientos velocísimos se han producido en el momento del asalto a la embajada en Teherán: el de alerta de tropas americanas en las bases próximas, dispuestas a acudir a liberar a sus diplomáticos (lo que hubiera ocasionado un enfrentamiento trágico), y el de Jomeini, al enviar las tropas «revolucionarias regulares» a liberar la embajada. Se han dado dos explicaciones exculpatorias: una, que los culpables han sido los contrarrevolucionarios clandestinos de la antigua policía secreta, la Savak, con ánimo de provocar una intervención de Estados Unidos; otra, que los culpables han sido afganos. En realidad, el misterio permanece todavía. Pero la decisión de Carter, al no disparar sus «marines» sobre Teherán, y la de Jomeini-Bazargan, al contener el asalto y dar satisfacciones verbales, son indicios de que todos tratan de evitar lo irreparable.En Kabul, el secuestro y asesinato del embajador de Estados Unidos ha sido realizado, según fuentes oficiales, por musulmanes chiitas. Sería el principio de la extensión revolucionaria despertada por el ayatollah Jomeini. Pero el tema no se puede reducir a los chiitas, más o menos iluminados. Afganistán acusa continuamente a Pakistán de hostilizar sus fronteras con guerrilleros afganos adiestrados y acuartelados en su territorio; y se dice que estos guerrilleros están siendo adiestrados por consejeros americanos. La inminencia de la ejecución de Ali Buttho, anunciada para este jueves -pero felizmente aplazada durante diez días para un nuevo examen por parte del Tribunal Supremo-, ha exaltado aún más los ánimos.

Todas estas circunstancias no deben ocultar el verdadero fondo del problema, ya expuesto aquí en otro momento: la efervescencia del complejo mundo musulmán, árabe y asiático la permanencia de una crisis que va desde la zona de Israel -y se extiende por el norte de Africa hasta la misma China. Hay una guerra de Asia en ciernes. Podría estallar en un conflicto local entre Afganistán apoyado por la URSS, Pakistán sostenido por Estados Unidos y China, o en cualquier otro lugar; puede no tener límites. La aparición del ayatollah ha dado rostro y refuerzo religioso a un complejo movimiento en el que se mezclan la miseria con el irredentismo y los agravios seculares con la sensación de una agresión económica.

El hecho de que Carter, después de una jornada nerviosa en Washington, haya salido hacia México -se pensó que interrumpiría su visita- parece indicar que la urgencia del tema está aplazada. Pero volverá a surgir a menos que una mentalidad nueva y una gran imaginación sustituyan a una política de tópicos y de incomprensiones.

En un sentido general, la situación favorece a la URSS y cambia enteramente las coordenadas de lo que Moscú había percibido como un cerco construido por la alianza Estados Unidos-China-Japón; pero la URSS tiene también mucho que temer de un incendio en una amplia zona fronteriza. Se sobreestimará la capacidad soviética si se cree que puede contener lo que está comenzando a suceder; sin embargo, una serie de concesiones mutuas entre la URSS y Estados Unidos sería muy útil. Sólo el entendimiento por parte de todos de la profundidad de lo que está sucediendo puede, si no es tarde, mejorar la situación y atajar un futuro grave.

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