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En el programa 'Directísimo' de Íñigo

Polémica en TVE: el disidente ruso Solzhenitsyn elogia la dictadura de Franco y dice que es mucho mejor que la de la URSS

HECHOS

El 20.03.1976 en el programa ‘Directísimo’ de D. José María de Íñigo fue entrevista el disidente ruso Aleksandr  Solzhenitsyn

El 20 de marzo de 1976 el programa ‘Directísimo’ de TVE del presentador D. José María Íñigo Gómez entrevista al disidente de la Unión Soviética, D. Alexander Solzhenytsin. Durante la entrevista este elogia la dictadura del General Francisco Franco Bahamonde por considerar que era mejor que la dictadura de la URSS lleva a varios columnistas a publicar artículos contra TVE: D. Jordi Solé-Tura en Mundo Diario, D. Joan de Sagarra Devesa en El Noticiero Universal, editorialistas en Ya y Aragón Exprés. La entrevista también es criticada en radio, en el programa ‘Para vosotros, jóvenes’ de D. Carlos Tena en Radio Nacional de España (RNE) donde se califica al Sr. Solzhenytsin de ‘payaso’. La entrevista sí es defendida en el El Alcázar de D. Antonio Gibello García tanto en la página editorial como en las columnas de D. Rafael García Serrano y D. Antonio Izquierdo Ferigüela.

Las frases de Solzhenitsyn en el programa de José María Íñigo:

«Rusia defendió al mundo occidental de los mongoles y España defendió al mundo occidental de los musulmanes. Sin eso el mundo occidental no existiría. Ambos también defendieron el mundo de la invasión napoleónica».

«Mientras Franco ganaba la Guerra Civil española, en Rusia los comunistas fusilaban cada año a un millón de personas».

«Dicen que en la Guerra Civil española murieron medio millón de personas, pues en la Guerra Civil rusa murieron tres millones de personas. Pero al acabar la española se impuso una civilización cristiana, mientras que al acabar la nuestra se impuso un régimen que actuaba contra el pueblo».

«El régimen comunista en Rusia ha causado la muerte de 110 millones de personas».

«La izquierda española que dice que España padece una dictadura no sabe lo que es una dictadura. Los españoles son libres de viajar por su país. En la URSS estamos atados por la policía. Las autoridades hacen conmigo lo que quieren».

«En España la gente pueda salir del país libremente, en la URSS estamos encerrados como en una Jaula. En España se pueden encontrar periódicos extranjeros y comprarlos. En la URSS están prohibidos».

22 Marzo 1976

¡OLÉ LAS BARBAS!

EL NOTICIERO UNIVERSAL

Eso, ¡olé las barbas de Solzhenytsin! ¡Y olé los bigotes del Íñigo! ¡Y olé las cejas del Sr. Martín Gamerot. Porque, la verdad, hay que tener muchas barbas y muchos bigotes y muchas cejas para colarnos, así de improviso, un rollo de casi tres cuartos de hora en ruso – traducción simultánea, eso sí – no más empezar ese programa ‘ameno’ y ‘divertido’ de la noche del sábado que se llama directísimo.

A mí no me hizo ninguna gracia; me dio grima, eso es lo que me dio, grima. Me dio grima ver al ‘santón’ Solzhenytsin predicando su mensaje apocalíptico asmando a la pequeña pantalla. Y aún me dio más grima cuando dijo que puede que España, con su originalidad nacional, aporte una solución a la crisis ética que padece la Humanidad. Por lo visto, ya no somos los centinelas de Occidente: lo somos de oriente y Occidente. Así estamos. Francamente, los ‘santones’ están muy bien en las novelas de Dostoyevsky, e las óperas de Mussoriki y en las películas de Einstein, están más que bien, están impresionantes, pero en RTVE, en ‘Directívismo’, no.

Más aún; nuestro inefable RTVE hizo todo lo posible para que el ‘santón’ y su mensaje quedara lo peor que podía quedar. RTVE debía haber metido al ‘santón’ en un programa más ‘serio’ debía haberle rodeado de expertos, de gentes conocedoras de su pensamiento, de su obra y de su peripecia humana, que hubiesen canalizado, a través de sus preguntas, de sus comentarios, el mensaje del ‘santón’ hacia unos terrenos menos próximos al Palmar de Troya…

Pero, Solzhenytsin, meciéndose las barbas en ‘Directísimo’ más que un ‘santón’ de verdad, de carne, de sangre y de barba, me recordó aquellos dibujitos que hacíamos de chavales, ya saben: un 6 y un 4 y ya tienes tu retrato. Yo me hubiera puesto al santón Solzhenytsin el sombrero de Don Cicuta y le hubiera hecho asomar los ojos tras una de esas caretas de cartulina que venden de la Heidi, y después de haber soltado su piropo a la originalidad española hubiese perdido, a través de los bigotes y de las palabras de Íñigo, que todos los martillos y todas las hoces y todas las chapas de Coca-Cola y todos los long-plays de Frank Sinatra de España se acercaran a los televisores patrios para que el ‘santón’ los doblara con su sola mirada, con la misma facilidad con que Gurdjleff solazaba a las señoras y señoritas a varios metros, y kilómetros, de distancia. Entonces sí; entonces sí que no me habría dado ninguna grima la presencia del Nóbel ruso- uno más entre los muchos que parió y seguirá pariendo la patria de Rasputín – y no sólo no me habría dado ninguna grima, sino que hasta es probable que me hubiese divertido.

Joan de Sagarra

24 Marzo 1976

EL PROBLEMA POLÍTICO DE LA TELEVISIÓN

Jordi Solé-Tura

El fin de semana televisivo, con el desproporcionado espacio dedicado al Sr. Girón y el increíble número del Sr. Solzhenitzin (tan jaleado por los mismos que denuncian luego las ingerencias extrañas) pone sobre el tapete una de las cuestiones más importantes del actual momento político. Me refiero al problema político de la Televisión, es decir, el problema de la libertad de información. En pocas palabras; también aquí se plantea con enorme fuerza la cuestión de la ruptura democrática.

Creo que estamos ante un enorme desfase entre las aspiraciones mayoritarios de nuestra población y el uso político de TVE por los detentadores del poder. Como una expresión más de la distancia existente entre el país real y el país oficial, puede decirse que el país va por un lado y TVE por otro.

La causa de este desfase no es sólo el monopolio de TVE por el poder político, sino el carácter que hoy tiene ese poder. Por eso decía antes que se trata de una de las cuestiones clave por la democracia.

Porque el problema no es que aparezcan en TVE políticos como el Sr. Solzhenitzin, sino que no puedan aparecer los auténticos portavoces de los sectores mayoritarios de la población.

La semana pasada, casi todos los periodistas y colaboradores de prensa de Barcelona nos manifestamos en demanda de la auténtica libertad de información.

Pero la libertad de información no es ni puede ser una exigencia formal a la que sólo se dan respuestas formales (Cuando se dan).

Es una exigencia que sólo puede satisfacerse de una manera: creando las condiciones para que esta libertad sea factible. Y una de estas condiciones es la igualdad de acceso al os medios de comunicación controlados por el Estado, empezando por la Televisión.

Este es un aspecto de la democracia que el país exige. Y la democracia no supone excluir a nadie por decreto sino meter en el juego político abierto a los representantes auténticos de todas las fuerzas sociales del país.

En nuestro caso, el juego político democrático no sólo significa sustituir los actuales mecanismos antidemocráticos por otros basados en el sufragio universal y los partidos políticos.

Significa también establecer un control democrático de los grandes instrumentos públicos (es decir, estatales) de información y de comunicación. Sólo así se podrá asegurar un debate libre y abierto sobre las grandes opciones del país en un momento tan serio como el de ahora.

Lo que ha ocurrido este fin de semana con la Televisión es una muestra más de los tremendos límites de una situación como la actual, basada en un compromiso inestable entre los ultras y unos reformistas cada vez más encerrados en el círculo del inmovilismo.

También para recuperar la libertad de información es preciso, pues, cambiar ese bloque político que controla hoy el poder y forjar una coalición amplia que abra el camino a la irrupción democrático de la mayoría del pueblo.

Esta es, para mí, la principal lección de una triste velada ante la pantalla de la televisión.

Jordi Solé-Tura

25 Marzo 1976

DIETARIO PERSONAL

Rafael García Serrano

Solzhenitzyn ha organizado, como un novillero puntero, la escandalera. Cuidadosamente silenciada, en buena parte, por la prensa liberal-capitalista; es lógico. El escritor ruso ha tirado sobre las docenas, centenas y millares de kerenskis que han brotado en España como una primavera de amapolas rojas. Un escritor, cuyo padre fue asesinado por los rojos admite en cierto modo los hechos conocidos por Solzhenitzyn, pero esto no le parece suficiente ‘para que pueda juzgar lo que hemos conocido los demás”. ÉL conoció la derrota roja, claro la condena, la cárcel y la amnistía nacionales, claro de modo que salió de la cárcel poco menos que para estrenar en el Español y luego para ser académico, y además se lo merece. Todo: la derrota, la condena, la cárcel, la amnistía y la gloria literaria, aunque confiese que a mí me aburra personalmente por su vocación tragediante. Un humorista dice que nosotros no conocimos la dictadura comunista, aunque si otras que nos privaron de todo sistema constitucional”. Suupongo que quiere referirse a la dictadura de Primo de Rivera, porque el régimen de Franco siempre estuvo sancionado legalmente por la suprema razón, la de la Victoria, y por las leyes que el caudillo creó, igual que ocurre en Francia, en los Estados Unidos, en la URSS, en Inglaterra, en Italia, en China y en tierras que son garbanzos o que suelen no ser de garbanzos. EN este sentido me merece mayor respeto el tragediante que el humorista. Se muestra más fiel a sí mismo, más consecuente.

Lo divertido es que Solzhenitzyn habló en RTVE supongo que contratado por RTVE, que es estatal y en RADIO NACIONAL, según se me informa, una voz anunció la otra tarde – a las seis y siete minutos – el espacio ‘Vosotros jóvenes’ con esta frase: ‘Dedicamos nuestro programa de hoy a los más grandes payasos de nuestra TVE: Gaby, Fofó, Miliky, Fofito y Solzhenitzyn”. RADIO NACIONAL también es estatal, en cuyo caso, de ser cierta esta amable dedicatoria, se demostraría una falta de coordinación absoluta entre dos servicios igualmente estatales, lo que todos sabemos – que todo lo sabemos en punto a rapidez de chaqueteo – y una indelicada atención hacia un huésped en cierto modo oficial.

Pero todo esto es lógico. España ha entrado en la marabunta, hasta el punto de que alguien ha preguntado, desde RNE, al embajador de España en Buenos Aires, sobre el folklorico movimiento militar argentino. Una rebelión militar, con hombres dispuestos a morir, con razón o sin ella, con acierto o sin él, nunca puede ser folklórico. Solamente se lo puede parecer al irresponsable que ignora qué diablos es eso de jugarse el tipo por una idea, por un ideal, por una bandera, por disciplina.

España, hermanos, es un pueblo que Pedro Rodríguez calificaría de ‘descollonado’ porque es hombre fino. A mí, que soy muy basto, me apetece afirmar que nos aproximamos, trágicamente, al descojonamiento general. Es decir, al reinado del miedo, llave que abre las puertas de la catástrofe.

Rafael García Serrano

25 Marzo 1976

Un relato inoportuno

Antonio Izquierdo

La intervención de Solzhenitzyn en TVE ha originado muy diversas reacciones: desde el análisis sereno de sus palabras, hasta la protesta más airada por un informe que algunos llegan a considerar – ¡qué cosas! – como una injerencia en nuestros asuntos internos (?). Sólo a título de muestreo, he aquí algunos clamores tipográficos: “Sabemos que Directísimo agoniz. Pues bien, deseamos que cuanto antes descanse en paz, en su sepulcro, porque después del desmán que cometió el sábado con Solzhenitzyn, toda la tierra de España será poca para sepultarlo” (‘Aragón Expres’ de Zaragoza). A Joan de Sagarra (EL NOTICIERO UNIVERSAL) la réplica le ha inspirado este título: “¡Olé las barbas!”. Por su parte, Jordi Sole-Tura (MUNDO DIARIO) confunde al Premio Nobel – es natural – con un político y asegura que ‘lo que ha ocurrido este fin de semana es una muestra de los tremendos límites de una situación como la actual”. TRIUNFO titula ‘Escándalo en la televisión: Operación Solzhenitzyn…’

En vista de tantos reproches, me pregunto que cuál será el delito de Directísimo por llevar ante sus pantallas a un Premio Nobel de Literatura con la misma naturalidad con que llevó a Saura. Hay que absolver de toda culpa a Iñigo – el formidable presentador – y el programa ‘Directísimo’ de las afirmaciones hechas en torno al comunismo por una persona que, si bien tiene sobradas razones de conocimiento para exponerlas, tampoco ha sumado nada nuevo a lo que ya sabíamos del sistema político vigente en la URSS.

Lo más curioso de las reacciones que se esgrimen, es que se formulan por lo que suponen sus protagonistas que las palabras de Solzhenitzyn tienen de atentatorio para la democracia. Entiendo que es todo lo contrario: un aviso, certero, para salvaguardar la democracia y la libertad frente a quienes la desdeñan – “¿Libertad, para qué?, se preguntaba Lenin – y para prevenir a los países occidentales de lo que se les puede venir encima si descuidan la vigilancia de sus sistemas democráticos, entre los que, al parecer, figurará en breve, el español. Se ha condenado al comunismo, no a la democracia: aunque se haya advertido de los riesgos que sufre la propia democracia si deja participar en ella a quienes, por mística y doctrina, la destruyen.

Eso es todo: ¿a qué viene, pues, tanta escandalera? De hecho, el Premio Nobel ruso tiene, además de su experiencia personal para aseverar sus juicios, algo más de una docena de razones: la de los países que acaso por demasiada confianza, descuidaron su rigor en defensa de la libertad y hoy son dictaduras al servicio de una potestad extrajera o al servicio de una filosofía entre cuyos preceptos no figuran, que se sepa, el de tutelar el libre albedrío que Dios otorgó a los hombres o el libre juego de los partidos. En pocas palabras: no se ha dicho nada nuevo. Lo que ocurre es que se ha dicho ahora, lo cuál ha resultado inoportuno para muchos que esperan la democracia inorgánica, y que, a juzgar por el enorme sofocón que se han tomado, deben esperarla con su cuenta y razón. Yo, al menos, no encuentro otra explicación a tanta ira.

Antonio Izquierdo

 

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