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Socialistas, democristianos y monárquicos partidarios de Don Juan de Borbón intentan crear una plataforma de oposición que sea respaldada internacionalmente

«Contubernio de Munich»: reunión de opositores a la dictadura franquista encabezados por Rodolfo Llopis (PSOE) y Gil Robles

HECHOS

El 5 y el 8 de junio de 1962 un total de 118 se reunieron en el llamado Congreso del Movimiento Europeo para analizar la situación política española.

Del 5 al 8 de junio de 1962 se celebra en Múnich, en la República Federal de Alemania un congreso del llamado Movimiento Europeo (IV Congreso) en el que participan el primer secretario del Partido Socialista Obrero Español D. Rodolfo Llopis Ferrándiz y el líder monárquico democristiano D. José María Gil-Robles Quiñones, en el que vuelven a presentarse como líderes de una plataforma transversal que pretende representar a la “verdadera España” frente a la de la dictadura, que aspira a instituir en España una nueva monarquía parlamentaria encabezada por Don Juan de Borbón Battenberg.

Al congreso de Múnich asisten junto a los socialistas D. Rodolfo Llopis Ferrándiz, D. José Federico de Carvajal, D. Félix Pons Marqués, así como D. José María Robles Quiñones, D. Carmelo Cembreno, D. Jesús Prados Arrarte, D. José Vidal-Beneyto, D. Fernando Baeza Martos, D. Fernando Álvarez de Miranda, D. Jaime Miralles, D. Jesús Barros de Lis, D. Joaquín Satrústegui Fernández, D. Íñigo Cavero Lataillade, D. José Luis Ruiz-Navarro, D. Alfonso Prieto Prieto, D. Joan Casals Thomas y el ex fascista D. Dionisio Ridruejo Jiménez. Los asistentes del ‘congreso de Múnich’ funcionan de manera alternativa al cada vez más debilitado ‘Gobierno de la República en el exilio’ y también el Partido Comunista de España (PCE), que actúa por su cuenta.

La prensa española informa del congreso el día 10 de junio de 1962 presentando el acto como ‘el contubernio de Múnich’ o ‘el pacto de los fracasados’.  Internacionalmente ninguna institución otorgó capacidad de representación alguna a los Sres. Llopis Ferrándiz y Gil-Robles Quiñones.

Sectores monárquicos encabezados por D. José María Pemán Pemartín trataron desvincular a Don Juan de Borbón Battenberg del congreso de Múnich asegurando que el Sr. Gil-Robles Quiñones había actuando por su cuenta en Múnich y no representando a Don Juan de Borbón Battenberg.

10 Junio 1962

RECONCILIACIÓN DE TRAIDORES

ARRIBA (Director: Sabino Alonso Fueyo)

La ultrasecreta reunión de Munich ha sido el reencuentro de todos aquellos elementos de derecha e izquierda que, hace ahora veintiséis años, llevaron a España a la guerra civil más dura de su historia; aquella guerra que gracias a los tradicionalistas, a los falangistas y al Ejército, auténticos representantes del pueblo español, se transformó en Cruzada Nacional, y bajo el caudillaje de Franco, salvó a España del hundimiento y de lo que parecía inevitable dominio de los rojos, los separatistas y de la anarquía.

La presencia del Sr. Gil Robles en Munich – representante, con Satrústegui, de los monárquicos liberales – equivale a la representación de todos aquellos elementos cobardes y reaccionarios, sin horizontes y con egoísmos, los del mal menor y el bien posible, que, por haber aceptado la República, sin convicción y por conveniencia inmediata, enturbiaron las aguas turbulentas de la revolución roja, sirviéndole de utilísima cortina de humo en su avance hacia el Poder. Gil Robles, el que pactó con lo más florido de la masonería nacional en aquellos años que ya son historia, pacta ahora, atrincherado en los tópicos más manidos, en los que ya nadie cree ni puede creer, con las mismas fuerzas negativas que ahora dominan de manera absoluta los comunistas. Este reiterado traidor a su Patria, de quien José Antonio dijo “que merece el desprecio de todos los españoles”, aparece ahora en Munich unido fraternalmente a Rodolfo Llopis, destacado líder socialista, persona de máxima influencia en las Juventudes Socialistas Unificadas y figurón destacado de la UGT, aquel que dijo a los campesinos en Jaén en 1934:”Las hoces sirven para segar las mies, pero deben servir también para segar cabezas de burgueses”. Entre la tontería derechista y la demagogia sangrienta de los comunistas y ‘socialistas unificados’ parece que se quiere salvar a España.

France-Soir del día 8 del corriente divulga a toda plana el máximo slogan de la reunión de ir todos contra la Patria, pero con Suavidad. Y esto de la suavidad, esta sutil manera con que se pretende actuar anuncia bien claramente a los españoles la presencia de un contubernio paradójico, pero posible de los grandes enemigos que ha tenido y tiene siempre nuestra Patria: el amaneramiento acobardado de aquellas masas que dirigía un jefe incapaz y grandilocuente “que no se equivocaba nunca”, pero que fracasaba siempre, Gil Robles, y esa ora sucia y también suave manera comunista que responde a una bien estudiada táctica que quiere esconder la meta bestial de su dictadura con la sonrisa hipócrita que tan sólo puede cautivar a ese lamentable rebaño de amanerados, cobardes y traidores.

En los salones del Gran Hotel de Munich, han parlamentado ampliamente durante cuarenta y ocho horas, unos y otros, rojos y reaccionarios, los que creen que hemos avanzado mucho y los que creen que no hemos avanzado nada en lo social, acompañados del coro grotesco de los llamados progresistas de todas las procedencias. Intelectuales menores, poetas de bien medido sonetos sin alma, tránsfugas que gozaron y adularon al Poder hasta que éste les devolvió a su nivel de mediocridad, cuando demostraron que eran menos que mediocres; jugadores de ventaja con cartas marcadas, que quieren seguir jugando su partida contra el pueblo español, no importa bajo que bandera; compañeros de viaje de los comunistas, que creen que viajan por propia voluntad.

Los españoles deben saber que en esa reunión derechistas adinerados, nostálgicos de oropeles pasados, demócratas, liberales monárquicos, resentidos fracasados, y a su lado, con paso y voluntad propia, comunistas fríos y conscientes. Han estado allí, entre otros, como se diría en una crónica de sociedad, los señores don Salvador de Madariaga, profesor y jugador de todas las vacilaciones políticas; don Joaquín de Satrústegui, Prados Arrate y Dionisio Ridruejo.

Unos y otros han llegado a un pacto, en el que, además de todos los tópicos liberales más desfasados se han aprobado fórmulas separatistas, la ruptura de la unidad española y también la recreación de partidos, que en nuestro tiempo y forzados por la situación que creía el cambio y por las circunstancias de la anarquía universal que estamos sufriendo, serían muy pronto no partidos, sino partidas que llevarían el país al caos.

La máscara de nuestro ingreso en la Comunidad Europea, tópico de la reunión, no puede ocultar la averiada mercancía que se amontonaba en los lujosos salones del hotel bávaro. Sucia traición a nuestra Patria en orden y en forma, para atarla, en los turnos posibles, al carro del capitalismo, de la masonería y del comunismo. Sucio contubernio de los responsables de la muerte de un millón de españoles; de los que asaltaron el Estado y de los que no lo defendieron, con los snobismos enfermizos de gente menores que sueñan con poderes que jamás tendrán, con gente que siempre serán objetos manejados por los enemigos de España, de ayer y de hoy. Triste mascarada de demagogos, de tontos y de traidores.

Afortunadamente ha fracasado la maniobra. Gracias a ello la moción redactada por estos chamarileros no fue ni siquiera considerada por el Congreso del Movimiento Europeo.

10 Junio 1962

LA ALIANZA CON EL DIABLO

Manuel Aznar Zubigaray

¡Valiente consulta, señor, la primera de las cuatro que somete usted a nuestra consideración! ¿Qué si puede un español discrepar del Régimen vigente? ¡Valiente consulta de Perogrullo! ¿Pues no ha de poder? Se trata de un problema de conciencia política o religiosa o económica o social. Incluso de las cuatro conciencias a un tiempo.

Si su honesta convicción le aparta de las doctrinas o de las prácticas del presente Estado nacional, no sólo puede sino que debe organizar la dialéctica de su discrepancia. Eso es lo honrado.  A condición, por supuesto, de que las impugnaciones y los distingos estén construidos con materiales limpios, nobles; es decir, con razones, advertencias correspondientes a un examen serio de nuestras realidades; con sentimientos elevados; con modos dignos de una decorosa convivencia civil.

Suponemos que al Régimen nacional, del que no somos definidores, le acontece de tejas abajo lo que a la Iglesia católica le sucede en su cimera y trascendental jurisdicción, o sea, de tejas arriba; que no quiere creyentes a la fuerza, ni fieles por obra de la coacción.

Pero, si el discrepante en cuestión utiliza insultos en vez de razonamientos, emplea ultrajes en lugar de advertencias, o moviliza escarnios y no artes de un diálogo civilizado, se sobreentiende que renuncia a los derechos propio del dialogante y confía el triunfo de sus propósitos a la agresión. No podrá quejarse si le pagan en la misma moneda. ¡Lamentable y triste moneda!

Hay una norma que no falla, una regla de oro para saber cuándo la discrepancia se ha convertido en tumultuoso fanatismo. Consiste en averiguar la opinión del comunismo internacional. La operación es fácil. No hay sino repasar con cuidado las gacetas oficiales u oficiosas de la inmensa y diabólica intriga marxista. Si ellas vituperan y condenan al que discrepa, es seguro que éste no lo han abandonado los caminos del honor nacional. Si le ensalzan y llenan de flores, podemos tener la seguridad de que ha entrado en alguna siniestra alianza con el diablo; bien porque le inspira una ambición ilegítima, bien porque le mueve el odio o bien – y este caso suele ser frecuente – porque le guía la soberbia.

La alianza con el diablo trae siempre, como usted comprenderá, consecuencias infernales.

Manuel Aznar Zubigaray

11 Junio 1962

EL PACTO DE LOS FRACASADOS

PUEBLO (Director: Emilio Romero)

Conocen ya todos los españoles los datos fundamentales de la reunión de Munich. Conocen los nombres que encabezan la lista de los reunidos y conocen también sus principales propósitos: ir contra el régimen español “con suavidad”, romper la unidad política española, recrear los partidos políticos, permitir o alentar el separatismo, etc, etc.

¿Qué importancia, que trascendencia tiene ese turbio pacto de Munich, en el que se han unido aparentemente tendencias tan dispares como la monarquía liberal y la socialista, los separatistas y los demócrata cristianos? La única respuesta cierta se puede expresar con el laconismo de una sola palabra: ninguna. Ninguna, si se excluye naturalmente, el perfil moral del hecho por lo que entraña de traición. En la política cuentan ante todo dos cosas: el triunfo y el tiempo. Y si a la luz de estos dos factores analizamos la lista de protagonistas del pacto, ¿A qué queda reducido este? A un pacto de fracasados, de acabados políticamente, de ‘muertos’.

La monarquía liberal, la CEDA; el socialismo, los demócratas de una y otra banda, los separatistas…, todos tuvieron, por desgracia su oportunidad de poder. Todos, más o menos tiempo, monopolizaron o participaron en Gobiernos. Y ¿qué de bueno, de estable, de constructivo aportó su acción al país, qué mejora de vida proporcionaron al pueblo?

Desde comienzos de siglo hasta el 18 de julio de 1936 – con Monarquía y con República, con Frente Popular y con mayoría cedista en las Cortes – vivió España la peor, quizá, de sus etapas históricas:  desorden y desintegración, crisis económica y subversiones revolucionarias; fracaso de las instituciones y de los políticos. El Alzamiento Nacional no se produjo porque sí; surgió como un tremendo y arrollador ‘no’ a todo aquello. No a la ineficiencia de la monarquía liberal; no a la tiranía comunista; no a la incapacidad de lo que se llamó Acción Popular; no a la locura del separatismo; no a la coactiva intervención del socialismo. Y en el mismo rotundo no sigue viviendo el espíritu de la mayoría absoluta de los españoles. ¿A quién representaban entonces los reunidos en Munich? ¿A quién puede representar, frente a u país en marcha, un reducido conclave de políticos fracasados, un heterogéneo manojo de ideas políticas y fracasadas?

Sería muy curioso hacer una encuesta entre la juventud actual, entre los españoles que tienen hoy de 21 a 25 años, y preguntarles quiénes eran y qué representaban en la política española los reunidos en Munich. Seguramente se descubriría una verdad alentadora: que para la mayoría, los nombres y las posiciones personales y de partido de los reunidos en Munich no significan nada y están tan alejados y borrosos en su perspectiva histórica como Ruiz Zorrilla, Ríos Rosas o Salmerón.

El pretexto de la reunión de Munich encierra, además, una contradicción grotesca: un grupo de españoles ‘europeista’ enmarcados en un Movimiento Europeo, se opone precisamente a la incorporación de España a una superestructura de ámbito europeo. ¡Sería cosa de reírse, si no se percibiera tan próximo a las espaldas de los reunidos en Munich, el eco estremecedor de las jornadas vividas bajo el cruel tríptico del fango, la sangre y las lágrimas!

La historia es irreversible. La política no perdona los fracasos. El político a quien se le pasa su tiempo queda fuera de juego. El pacto de Munich por todo ello no pasa de ser un lamentable episodio antiespañol, un pronunciamiento de nostálgicos fracasados, una concordancia en la impotencia política. Frente a la reunión no representativa de un grupo de pasados se alza el diario plebiscito nacional de todos los españoles del presente, de todos los que se gnaan la vida – cada uno en su profesión y estamento con esa naturales y  e inevitables esterencias e incluso dificultades – en el ancho orden y la paz estable del Régimen.

13 Junio 1962

POCO O NADA NUEVO

ABC (Director: Luis Calvo Andaluz)

El llamado ‘Pacto de Munich’ ofrece pocas, por no decir ninguna novedad. La única, en todo caso, el escenario elegido con meticuloso estudio para que el espectáculo tuviese público cosmopolita y resonancia. En la elección del lugar y momento se descubre la intervención del experto en intrigas internacionales, don Salvador de Madariaga, ágil todavía para estas travesuras, a sus setenta y cinco años, pronosticador que nunca acierta. Hace quince o diecisiete años, el redactor de un diario inglés dispuesto a entrevistarle encontró al diplomático rodeado de maletas y con el pie en el estribo, camino de España, con la duda de si llegaría a tiempo, porque el acontecimiento esperado iba a producirse de un momento a otro. Ya puede suponerse cuál era el acontecimiento. Los muchos desengaños de este género no le han desanimado al pertinaz enredador encanecido en los aerópagos internacionales, donde ha pasado la mayor parte de su existencia, por lo que bien puede considerársele como un desconocedor de la actual vida española.

A él se debe como decíamos, la elección del lugar; él se preocupó de relacionar a los de allá con los de aquí e incluso arbitró recursos para el viaje y las dietas a quienes hubiesen menester de auxilio.

Se eligió para el lanzamiento del grotesco globo de la ‘solidaridad nacional’ el IV Congreso Internacional del Movimiento Europeo, organización no oficial creada para promover la unidad europea, que congrega en Munich, anualmente, a varios centenares de delegados de muchos países del Continente.

Ahí acaba la novedad. Todo lo demás es viejo o fiambre. La mayoría de los personajes han presentado la ocmedia en Tolouse, París y Londres casi con las mismas palabras y trucos hace doce o catorce años. Los términos del acuerdo de Munich se encuentran en el Memorandum de la conversación celebrada en el despacho del Foreig Office, siendo a la sazón ministro Mr. Bevin y sus interlocutores los señores Gil Robles e Indalecio Prieto. Al líder socialista le ha sucedido su correligionario Rodolfo Llopis, que durante la República ganó triste notoriedad como director general de Primera Enseñanza por su furor antirreligioso, que culminó con la expulsión de Crucifijo de las escuelas. “La escuela – decía su circular – ha de ser laica. Por tanto, no ostentará signo alguno que implique confesionalidad, quedando igualmente suprimidas del horario y del programa escolares la enseñanza y las prácticas confesionales. La escuela, en lo sucesivo, se inhibirá en los problemas religiosos”. Gil Robles era entonces su implacable adversario, y a él y a sus correligionarios les marcaría más tarde a fuego con palabras proféticas: “Llegará un día en que la misma violencia que habéis desatado se volverá contra vosotros. Dentro de poco seréis el Gobierno del hambre y de la miseria, como ahora lo sois de la vergüenza, del fango y de la sangre”.

Los discursos pronunciados en Munich son una repetición de los que se dijeron en el Congreso Socialista de Toulouse y antes en el ‘Círculo Pablo Iglesias’, de Méjico, en pro de la creación de un frente de solidaridad nacional, integrado por elementos heterogéneos coincidentes únicamente en la impaciencia; frente reforzado en esta ocasión con algunos pimpollos advenedizos que a toda costa quieren ensayar sus enormes talentos de gobernantes, que no les caben en el cerebro. Se han repetido las mismas cosas que en aquellas conjuras se dijeron sobre las ventajas de la unión, sobre la oportunidad del momento y disposición de las gentes. Elementos participantes en el conglomerado de Munich han sido también ciertos residuos del exilio, que han hecho de su enemiga a España una profesión lucrativa. Cuentan más de veinte años de práctica en su oficio difamatorio y habrán experimentado tanto gozo como estupefacción al ver – cosa para ellos insólita – que unos compatriotas les brindaban ocasión de gala para segregar sus venenos.

El frente de solidaridad, compuesto por náufragos o derrotados, se ha exhibido en función pública cuantas veces sus cómplices y aliados, nuestros seculares y cordiales enemigos, les prestan sus tribunas, su trompetería y sus resonadores. Para los estragados, habituados al contubernio, insensibles al pudor o a la dignidad, que han perdido la altivez personal, y el respeto a sí mismos, los de Munich habrá sido un recreo proporcionado a su holganza de vagabundos. Nos apena, en cambio, ver que hayan aceptado la invitación para mezclarse en tal turbia compañía quienes siempre debieran sentirse deshonrados en la alianza con tan despreciables gentes cuyo pasado político conocen para mendigar ante una asamblea extranjera adhesión y apoyo a una petición que si no quiere significar demanda de intervención extranjera en nuestros asuntos internos, no significa nada.

"Mis conversaciones con Franco"

23-06-1962

Le doy cuenta de los comentarios oídos referentes a la actuación de Gil Robles en Munich Casi todos condenan su alianza con los socialistas, pero se discrepa de la decisión de no dejarle entrar en España. Hay quien cree que se le tendría más vigilado en su actuación política dejándole en España, sin dar gran importancia a lo sucedido, pues a la opinión públican o se le oculta que él se llevaba muy bien con Prieto, y lo mismo haría con el sucesor de éste, Llopis. Franco me dice:

“El señor Gil Robles prefirió marcharse y nadie se opuso a su deseo ni se le molestó lo más mínimo, pudiendo descansar tranquilamente en la noche que pasó en Barajas. A mí no me ha sorprendido el contacto de católicos con los socialistas, porque ya existe en varios países de Europa, entre ellos Austria, Bélgica e Italia. Pero lo que yo no esperaba de su actuación es que se reuniera en el extranjero con estos socialistas para proyectar un plan de derribar al régimen que él sabe muy bien que salvó a España del comunismo y por el que tantos españoles se han sacrificado dando su vida. ¡Qué pronto ha olvidado que una de las víctimas señaladas, después del asesinato de Calvo Sotelo, iba a ser él, que se libró de milagro! Si pudiese triunfar esta alianza, no pasarán muchos meses sin que España fuese sovietizada. El enemigo no ceja y hay que estar muy prevenidos”.

Le doy a leer un artículo del Herald Tribune del 13 del actual titulado ‘Dictadores sitiados’, del que es autor Julián Marías. En él se dice que los profesores tienen que prestar juramento de fidelidad al régimen de Franco, y como él no está conforme con el mismo, no quiere jurarlo. Dice también que es la primera vez desde que terminó la guerra civil que España está cambiando. Cree que la monarquía es la mejor solución si es liberal y parlamentaria, pero que si es reaccionaria sería peor, ya que llevaría a una revuelta que implantaría una forma de castrismo en España. Termina diciendo que el heredero de la Corona, Don Juan, que vive en el exilio, podría ganar una mayoría en España, pero lo malo de Don Juna es que ‘es un pretendiente que nunca pretende”. Franco comenta el artículo diciendo:

“La monarquía liberal que el preconiza trajo la república y ésta el comunismo. Todo esto haría estéril el triunfo de la Cruzada y esta vez ya no cabría la esperanza de una lucha. Sería la mayor traición que se pudiera cometer contra la Patria y los que lincharon por librarla de la tiranía de Moscú”.

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