25 marzo 1993

Revientan con abucheos un acto del presidente del Gobierno Felipe González en la Universidad Autónoma de Madrid

Hechos

El 25.03.1993 D. Felipe González fue a dar una conferencia en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

26 Marzo 1993

Jóvenes

José María Carrascal

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Los socialistas nos vaticinaban que iban a cambiar España de arriba abajo – Alfonso Guerra utilizó una frase más castiza – durante su paso por el poder. La verdad es que mucho no han cambiado como puede comprobar cualquiera que tenga dos ojos en la cara. Los viejos males hispanos, desde la envidia al amiguismo, pasando por el odio a la excelencia, se pasean por esta piel de toro como en sus mejores – quiero decir peores – tiempos.

Pero algo sí que ha cambiado en esta década socialista. Algo importante, significativo y novedoso: la actitud de los jóvenes. Sí se hubiera dicho a principios de los años ochenta que altos cargos socialistas iban a ser abucheados en las Universidades, no nos lo hubiésemos creídos. Pero eso exactamente es lo que está sucediendo. Los ministros no pueden acercarse a un aula magna porque les corren. Le ha sucedido a varios de ellos, le ha sucedido al vicepresidente Serra y acaba de sucederle al mismísimo presidente, Felipe González. Al Felipe González ídolo un día de la juventud, símbolo de la nueva España, modelo de una generación o dos. Aguantado el chaparrón de insultos, denuestos, acusaciones y cuchufletas, entre un coro de silbidos. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Nunca se había visto de una forma más plástica y sonora el desplome del Partido Socialista, el desprestigio en que ha caído entre los que teóricamente, tendrían que ser sus primeros seguidores. Porque que estén con él de uñas las generaciones veteranas, aquellas que hicieron la guerra, que sufrieron la posguerra, que crecieron con otros valores y se vieron postergados profesional e incluso vitalmente por ‘esos chicos’ como Tierno Galván llamaba al clan González-Guerra, era normal. Pero que sean los nietos de aquellos, los críos para quien la guerra del 36 queda tan lejos como la guerra de Cuba, que saben de Franco sólo por unas películas la mar de cómicas que no acaban de entender y que representan esa España que debe integrarse en Europa es muy duro.

Muy duro y muy lógico. El propio Felipe González nos ha dado la clave en su intervención de ayer en la Universidad Autónoma madrileña. El presidente del Gobierno anunció que iba a pedir responsabilidades no sólo jurídicas, sino también políticas. Prometió que habrá sanción para los que dentro de su partido hayan sobrepasado la norma legal y la ética. Juró que él está dispuesto a asumir la responsabilidad que le toque en todo el embrollo. Pero no hay la menor señal de que todo ello sea cierto. Una vez más, Felipe González es prisionero del embrujo de las palabras. Cree que basta invocar algo para que se convierta en realidad. Obra como el exorcista que se limita a hacer un conjuro. Menos todavía, pues el exorcista pone delante la foto o unos pelos del afectado, y Felipe González no hace ni eso. Se limita a hacer proclama generales, brindis al sol, ejercicios de retórica barata.

Donde hubiese tenido que ir el presidente de Gobierno no es a la Autónoma, sino a Ferraz, a la sede de su partido, y exigir que se aclaren todos esos líos que tienen con los jueces. A quien hubiese tenido que dirigirse no era a los estudiantes, sino a todos esos miembros y ex miembros del PSOE que han succionado cientos de millones de pesetas de forma tan anómala que tiene toda la apariencia de delictiva. Y hoy más que nunca vale aquella máxima de que la mujer del César no sólo tiene que ser honrada, sino también parecerlo. El partido del presidente – a efectos políticos, su esposa, con perdón de doña Carmen – puede ser honrado, pero desde luego algunos de sus ex altos cargos no lo parecen. Y que lo parezcan o sean expulsados es la única forma de que los miembros del actual Gobierno puedan volver a las Universidades sin armar los jaleos que hace veinte años causaban los políticos tenidos por conservadores. Los jóvenes son rebeldes, impacientes, idealistas. Justo lo contrario de lo que es el partido. A tenor del recibimiento que recibe en las aulas magnas, el PSOE no es el partido del mañana. Es el de ayer. O anteayer.

José María Carrascal

26 Marzo 1993

Las aulas contra Felipe González

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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QUIEN le iba a decir a aquel Felipe González, que hace 25 años seguía los sucesos de Francia, que iba a terminar siendo objeto de befa y escarnio en parecidos términos a como lo fueron entonces profesores y políticos en las aulas de Nanterre! Hace cuatro días, el informe de los técnicos de Hacienda ponía en evidencia la responsabilidad del PSOE en uno de los casos más flagrantes y emblemáticos de corrupción. Ayer, su secretario general, conoció la opinión, caliente, espontánea, de centenares de universitarios sobre ese caso, sobre el clima general de corrupción y sobre su falta de respuesta como dirigente político. El juicio no pudo ser más implacable y desmesurado: «chorizo», «ladrón», «Felipe, dimisión». El presidente fue a la Facultad de Derecho de la Autónoma a dar una conferencia sobre la transición política, remontándose nada menos que a Carlos I, pero los estudiantes le hicieron bajar a la cruda realidad con sus eslogans: «Esa, esa, esa, hablemos de Filesa», o «Erra, erra, erra, hablemos de Juan Guerra». La temperatura de la escena fue elevada y subido el tono de la reacción estudiantil pero reflejaba, sin duda, la indignación y el desencanto generales. Los aplausos al príncipe Felipe, presente en el aula, demostraron que la protesta no era contra el sistema, sino contra la gestión de un político y su Gabinete. Y ante la tormenta de insultos, que dejaron pequeñas las duchas que recibe Amato en el Parlamento italiano, González aguantó con un estoicismo digno de alabanza. Hace falta valor, en efecto, para no perder la sonrisa y aguantar el tipo ante tan incómodo foro. Pero hace falta, también, caradura para asegurar ahora, dos años después de que nuestro periódico desvelara el escándalo, que está dispuesto a depurar responsabilidades en su partido. Resulta bochornoso que el presidente pretendiera burlar toda evidencia hablando de «acusaciones sin fundamento»; y que, una día después de identificar la España actual con el ideal soñado por Miguel Hernández, invocara a Machado, para explicar que cuando deje la política «saldré de ella igual que entré» (isólo faltaba!). Como si robar para el Partido no fuera igual de inmoral que hacerlo en provecho propio. La cantinela de la criba interna es tan vieja como poco verosímil. Ya la anunció en enero y aquí no sólo no ha pasado nada sino que el PSOE ha negado la existencia misma de la trama de Filesa y la implicación de sus parlamentarios. Con su actitud pasiva, cuando no obstaculizadora de la acción de la Justicia, él y su Gobierno se han convertido en cómplices de los casos de corrupción. ¿Quién puede creerse, finalmente, su disposición a coger la puerta si se demuestra su responsabilidad en el caso Filesa? Ya sabemos en qué quedaron sus palabras tras el debate parlamentario sobre el despacho de Juan Guerra: «dos por el precio de uno». ¿Hasta dónde llegará en esta ocasión su solidaridad con el jefe directo de Galeote, Navarro, Aida Alvarez y Mangana?.