6 octubre 1933

El bloqueo del PSOE, Acción Republicana y los Radical-Socialistas impidió cualquier otra solución

Tras la caída del Gobierno Lerroux y varios fiascos para reemplazarle, Martínez Barrios forma gabinete y se convocan elecciones

Hechos

El 7.10.1933 D. Diego Martínez Barrios formó un nuevo Gobierno cuya primera decisión fue la disolución de Las Cortes para la convocatoria de nuevas elecciones.

Lecturas

El 3 de octubre de 1933 D. Alejandro Lerroux García, líder del Partido Radical, renuncia a la presidencia del consejo de ministros. El Sr. Lerroux había asumido la jefatura de Gobierno el pasado 12 de septiembre, al ponerse fin al bienio azañista de D. Manuel Azaña Díaz, pero no ha podido gobernar con una composición en Las Cortes en la que siguen siendo mayoría los aliados del caído Sr. Azaña.

El 5 de octubre de 1933 el Sr. Alcalá Zamora nombra presidente a D. Felipe Sánchez Román, pero este renuncia por entender que no era posible formar un gobierno con la composición que él deseaba. Después de él, también el día 5, el Sr. Alcalá Zamora designa presidente a D. José Manuel Pedregal, que también renuncia al cargo. El día 6 de octubre de 1933 el Sr. Alcalá Zamora ofrece la presidencia del gobierno al Dr. Gregorio Marañón. Tras unas gestiones, esté también renuncia, El día 7 de octubre de 1933 D. Niceto Alcalá Zamora encarga la presidencia a D. Diego Martínez Barrio, del Partido Radical.

El jefe de Estado opta, además, por disolver Las Cortes y convocar elecciones legislativas para noviembre, hasta entonces el Sr. Martínez Barrio será el responsable del Gobierno.

  • Presidente de la República – D. Niceto Alcalá Zamora
  • Presidente del Gobierno – D. Diego Martínez Barrio (Partido Radical)
  • Estado – D. Claudio Sánchez Albornoz (Acción Republicana)
  • Gobernación- D. Manuel Rico Avello (Independiente)
  • Hacienda – D. Antonio Lara Zárate (Partido Radical)
  • Justicia – D. Juan Botella Asensi (Izquierda Radical-Socialista)
  • Guerra- D. Vicente Iranzo Enguila (Independiente)
  • Marina – D. Leandro Pita Romero (Independiente)
  • Obras Públicas- D. Rafael Guerra del Río (Partido Radical)
  • Agricultura- D. Cirilo del Río Rodríguez (Partido Republicano Progresista)
  • Industria – D. Félix Gordón Ordax (Partido Radical-Socialista)
  • Trabajo- D. Carles Pi i Sunyer (ERC)
  • Instrucción Pública – D. Domingo Barnés Salinas (Partido Radical-Socialista)
  • Comunicaciones – D. Emilio Palomo Aguardo (Partido Radial-Socialista)

Las elecciones a Cortes se celebran en noviembre asestando una severa derrota a azañistas y marxistas y un triunfo a la derecha y los lerrouxistas, lo que permitirá configurar un nuevo Gobierno el 16 de diciembre de 1933.

CRONOLOGÍA DE LA CRISIS:

3.10.1933 – Acción Republicana y Partido Radical-Socialista retiran su apoyo al Gobierno causando que el Presidente del Gobierno, D. Alejandro Lerroux (Partido Radical) presente su dimisión al jefe del Estado, Sr. Alcalá Zamora.

4.10.1933 – El Sr. Alcalá Zamora designa a D. Felipe Sánchez Román nuevo Presidente del Gobierno, pero no logra el apoyo suficiente de Las Cortes

5.10.1933 – El Sr. Alcalá Zamora designa a D. José Manuel Pedregal nuevo Presidente del Gobierno, pero tampoco este logra el apoyo mayoritario de Las Cortes.

6.10.1933 – El Sr. Alcalá Zamora designa a D. Gregorio Marañón nuevo Presidente del Gobierno y tampoco este consigue un apoyo suficiente de Las Cortes.

7.10.1933 – El Sr. Alcalá Zamora designa a D. Diego Martínez Barrios (Partido Radical) nuevo Presidente del Gobierno provisional y anuncia la disolución anticipada de Las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones legislativas.

04 Octubre 1933

Hacia la disolución

EL SOL (Director: Fernando Vela)

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Dos cosas afirmaban los defensores de estas Cortes. Una, que podría prolongarse su vida indefinidamente: otra, que podrían engendrarse varios Gobiernos más. Ellos mismos han demostrado todo lo  contrario. No han permitido la constitución de ningún Gobierno más. Ya en la crisis de junio impidieron que se llegara a los primeros trámites de formación de otro Ministerio que el suyo, monopolizador y vampiro de la República. En la de septiembre, como no pudieron repetir el golpe, acudieron a un procedimiento más sinuoso: aportar ministros con la única intención de poder derribar, retirándolos, al nuevo Gobierno. La promesa de colaboración fue tan insincera como desleal. En el debate político cada vez que ha hablado un jefe de grupo, ha sido para derribar a su propio representante. A veces con sarcasmo. Como ha hecho el Sr. Azaña con su amigo el Sr. Sánchez Albornoz, calificándolo de náufrago. En algún caso, ni siquiera ha precedido la desautorización. Ayer hemos visto el caso asombroso de que el Sr. Casares Quiroga y sus amigos votasen contra el Gobierno al que habían prestado un representante sin haber declarado la discrepancia ni desautorizado al ministro. El Sr. Casares lo explicó después, de cualquier modo.

No nos sorprende esta conducta informal que asquea hoy a la opinión pública, hasta la nausea. Habíamos anunciado aquí que los partidos de la antigua mayoría buscarían esos u otros pretextos. Habíamos dicho también cuál debía ser el papel de las Cortes en esta etapa: darse cuenta de sus situación, de su debilidad de agonizante y no pretender prestar i quitar vida, promover crisis, derribar Gobiernos y, sumirnos a su destino, prepararse a bien morir esperando momentáneamente su disolución en el momento oportuno que pudiera elegir la superior previsión presidencial, ya que su conducta y la política de sus directores ha convertido en arriesgada, peligroso, el acto del cual derivan todos los Poderes en el Estado republicano: las elecciones generales. Han preferido, faltas de fuerza, el empleo de la baja zancadilla parlamentaria. Ayer han escrito su última página. No ha sido ciertamente muy brillante y honrosa.

08 Octubre 1933

La República está de enhorabuena

EL LIBERAL (Director: Francisco Villanueva)

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A las nueve de la noche el horizonte político presentaba señales de una tormenta desoladora. Toda la electricidad acumulada en los cinco días de crisis parecía dispuesta a estallar en relámpagos fulminantes.

La concordia republicana habíase alejado, hasta quedar fuera del horizonte visible. Sólo se preveían actitudes revueltas, palabras enconadas y posturas rebeldes. Parecía como si los republicanos se hubiesen olvidado de la República. ¿Era esto posible, tratándose de hombres cuya abnegación y fe todos conocemos? No; no era posible. De repente, apenas los adversarios de ayer expusiéronse lealmente los motivos de sus quejas, surgió la palabra mágica que a todos debía unir: la República. Poco trabajo les costó deponer ante el interés supremo de ella las menudas diferencias que los habían separado. ¿Y los socialistas? ¿Es que los socialistas no son republicanos? Lo son. Y prestos a demostrarlo estaban coadyuvando a la inteligencia, a la concordia necesaria. Había una labor que hacer; había que continuar la obra interrumpida, y las manos de todos se encontraron en un arranque cordial, prestos a sacar el ‘carro del Estado’ del bache donde había caído.

¿Tendremos necesidad de decir nosotros, que tanto sufríamos con las desavenencias, la alegría que en este momento nos invade? Nuestros lectores saben que no tenemos que hacer nueva profesión de una fe que no nos ha abandonado nunca. ¡Adelante, a continuar la obra común por España y por la República!

08 Octubre 1933

Editorial

ABC (Director: Juan Ignacio Luca de Tena)

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La quinta jornada de la crisis tomó el mismo rumbo que las anteriores, y dejó en la Prensa unas páginas marcantes, reflejo de la situación caótica en que han colocado el régimen sus partidos. Todavía el doctor Marañón perdió muchas horas en el viacrucis de las gestiones inútiles y en el profuso visiteo del tropel izquierdista. Le sustituyó en el encargo de formar Gobierno el catedrático Sr. González Posada, que no tardó en desengañarse y desistir del cometido. Y aún se había pensado en requerir al presidente del Tribunal Supremo para continuar la tarea como fórmula in extremis del agotamiento de recursos a imitación de lo que se ha hecho en alguna de esas Repúblicas americanas, no más revueltas que la española. Cuando, por la prensa de hoy, sepa el país que la crisis ha terminado, que se ha resuelto de verdad y con la mayor sencillez, en cinco minutos, se asombrará doblemente de lo que ha presenciado estos cinco días, y se perderá en cavilaciones para explicarse lo que no tiene explicación. El desenlace de la crisis, tal como se anuncia, es lo más asombroso de cuanto ha ocurrido: hace pensar si nos gobierna un manicomio suelto, y corrobora vigorosamente la frase del Sr. Alba: “¡Da miedo ver en qué manos ha caído la República!

Se ha encargado de formar Gobierno probablemente lo tendrá formado al publicarse estas líneas, uno de los ministros dimisionarios: el de la Gobernación, figura destacada del Partido Radical. Tiene para ello la venia, la inspiración y la ayuda del Sr. Lerroux, cuyo apartamiento del futuro Gabinete es una concesión a las interpretaciones abusivas del famoso artículo 75. El Sr. Lerroux y su partido asumen la responsabilidad, y el jefe de la dirección, de la obra que suscribe el Sr. Martínez Barrios: es una concentración, pero no es la única que aceptaban, no la que defendían con criterio intransigente, no la de tipo y estructura semejante al Gobierno caído, sino la que les imponían sus adversarios. En esta concentración entrarán todos los que quieran. El Sr. Azaña, la ORGA y la Esquerra le darán al Sr. Martínez Barrios, es decir, al Sr. Lerroux, los ministros que le retiraron para ofenderlo y hundirlo con un voto de censura que ahora se convierte en agua de cerrajas. El Sr. Azaña ha tenido el pacer de negociar personalmente el acuerdo con el viejo león, que, acusándole de informalidad y de otras cosas, había roto con él todo trato político. Los socialistas, que se negaban a colaborar con los partidos republicanos y opinión veto implacable al Partido Radical, también ofrecen un ministro a la concentración y el Sr. Lerroux, que había hecho eje de toda su política la exclusión del socialismo, lo acepta con reconocimiento. Al pugilato de odios difamaciones, intrigas, emboscadas y ataques ha seguido repentinamente el pugilato de las abdicaciones, inconsecuencias, renegaciones y apostasías y no se sabe quién pone más celo en facilitar la inconcebible conchabanza, porque todos rivalizan en desdecirse y rebajarse. Así son los hombres y los partidos de la República, y así van a comparecer ante el sufragio de la nación.

El Análisis

Una República en vilo

JF Lamata

La crisis de octubre de 1933 demostró la fragilidad de la joven II República Española, cuando Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical, renunció a la presidencia del consejo de ministros apenas tres semanas después de asumir el cargo. Con una mayoría azañista en Las Cortes, Lerroux no pudo sostener su gobierno, marcando el inicio de una sucesión de fallidas tentativas por formar un nuevo ejecutivo. Felipe Sánchez Román, José Manuel Pedregal y Gregorio Marañón, todos rechazaron el encargo, hasta que finalmente Diego Martínez Barrio fue designado presidente del Gobierno provisional, acompañado de la decisión de disolver Las Cortes y convocar nuevas elecciones en noviembre.

El editorial de ABC, bajo la pluma de Juan Ignacio Luca de Tena, no ocultó su desdén por la caótica situación. Luca de Tena criticó la ineptitud y las disputas internas que, según él, reflejaban un manicomio político suelto, cuestionando la capacidad de los líderes republicanos para gobernar. Por otro lado, El Liberal, con Francisco Villanueva a la cabeza, mantuvo una postura optimista y conciliadora, destacando la necesidad de unidad republicana y la esperanza de que las divergencias fueran superadas en favor del bien común. Esta disparidad editorial revela la profunda división en la prensa española, con ABC subrayando la descomposición y El Liberal llamando a la concordia y la acción unitaria.

J. F. Lamata