1 junio 2004

Durante el Gobierno Aznar rechazó cualquier tipo de debate televisado en comicios de ámbito nacional

Vuelven los debates televisados tras la llegada al Gobierno de Zapatero: Josep Borrell (PSOE) y Jaime Mayor Oreja (PP) se enfrentan ante los telespectadores de TELECINCO

Hechos

  • El 1 de junio de 2004 se emitió por TELECINCO un debate de D. Jaime Mayor Oreja (PP) contra D. Josep Borrell (PSOE).
  • El 3 de junio de 2004 se emitió por TVE un debate de D. Jaime Mayor Oreja (PP) contra D. Josep Borrell (PSOE), D. Bernat Joan I Mari (ERC), D. Ignasi Guardans (CiU), D. Willy Meyer (IU) y D. Alejandro Rojas Marcos (PA).
  • El 8 de junio de 2004 se produjo un último debate emitido por TVE entre los Sres. Mayor Oreja y Borrell.

03 Junio 2004

Ganó el debate

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Leer

El debate televisivo entre Josep Borrell y Jaime Mayor, que encabezan las listas del PSOE y el PP a las elecciones europeas, ha venido a recordar lo que se ha perdido en 11 años con la negativa de los populares a este tipo de confrontación. La audiencia (importante y con una cuota de jóvenes superior a lo esperable), el nivel de las intervenciones, la polémica y las buenas maneras justifican la repetición de esta cita el próximo martes. El verdadero vencedor ha sido el debate mismo, pese a que la falta de costumbre haya llevado a pactar un formato acartonado. Faltó alma, y sobraron mensajes prefabricados que restaron espontaneidad.

Era previsible que tras el vuelco electoral del 14-M y el trauma del atentado de Madrid ambos candidatos hicieran un repaso general y no se centraran sólo en Europa. Pero quedó de manifiesto que el PP y el PSOE tienen concepciones distintas no sólo de las instituciones comunitarias, sino de cuál debe ser el modelo socio-económico a escala continental y en España: para el PP, el anglosajón; para el PSOE, uno de tradición europea, con acento en la cohesión social.

Borrell fue hábil al sacar al PP de su espejismo sobre la realidad española. Pues si el acercamiento de la riqueza por habitante a la media comunitaria ha sido constante desde 1986, salvo el bache de 1993-1994, en los años del PP la distancia ha crecido en lo relativo a gasto social, inversiones en I+D o educación. El candidato socialista centró el debate en la actitud antieuropea del anterior Gobierno ante la guerra de Irak, posición que intentó eludir Mayor. El PP sigue sin percatarse de que o rectifica al respecto, o se distanciará cada vez más del sentir general. En este tipo de confrontaciones, casi peor que hablar de lo que no se sabe, es insistir demasiado en lo que se sabe o se cree saber, venga o no a cuento; y eso le pasó a Mayor con el terrorismo de ETA.

Lo que ha estado ausente en esta campaña, en España y en los otros países, es el resultado final de la Constitución europea, que llegará previsiblemente cinco días después de estos comicios. Pero, como afirmó Borrell, el cambio de Gobierno en España ha permitido al menos desbloquear su negociación.

01 Junio 2004

EL «FRACASO» DE JAIME MAYOR

Edurne Uriarte

Leer

Los detractores de Jaime M0ayor Oreja insisten desde hace tiempo en la tesis de lo que consideran su fracaso en el País Vasco. En el contexto del renovado protagonismo europeo de Jaime Mayor y en el ambiente postelectoral de un 14-M que también interpretaron como una derrota de su concepto de España, han vuelto con renovadas energías a su discurso descalificador de Mayor Oreja con esa idea de que el PP envía a Europa a un político que fracasó en su feudo electoral. La tesis es preocupante y va mucho más allá de la figura de Jaime Mayor porque demuestra que a estas alturas de la historia algunos no han entendido nada del País Vasco y ya no quedan esperanzas de que lo entiendan alguna vez, lo que no es un problema menor dada la centralidad de esta cuestión en la política española.

Los críticos de Jaime Mayor, sencillamente, son incapaces de comprender que cualquiera de los políticos electoralmente más exitosos de España sería lo que ellos llaman «un fracasado» en el País Vasco. José Bono, Juan Carlos Rodríguez Ibarra o Paco Vázquez, por citar a algunos de los que más triunfos electorales exhiben dentro del PSOE, también hubieran fracasado en el País Vasco. Pero, por si alguien pensaba en determinado concepto de España, lo mismo hubiera ocurrido con Manuel Chaves, o con el mismísimo Felipe González.

En el País Vasco, los mejores políticos, del PSOE o del PP, han sido siempre vapuleados por la opinión pública políticamente correcta y han ocupado las últimas posiciones en valoración de líderes aunque sus cualidades fueran obviamente superiores para cualquier inteligencia mediana. En el País Vasco fracasó un excelente político como Ramón Jáuregui, o el añorado Fernando Buesa, o Jaime Mayor, o Nicolás Redondo. Y es que, en el País Vasco, los buenos políticos, o han fracasado, o han sido asesinados. En el País Vasco, la política ha estado y está estructurada alrededor del etnicismo y de la violencia. El éxito y la popularidad política no dependen de la eficacia o de la capacidad de liderazgo. Dependen de la raza. Se valora y se vota con las definiciones de la vasquidad en primer plano, en el mismo plano en el que se tienen presentes las pistolas que apuntan y protegen determinadas definiciones.

Pero tras casi treinta años de convivencia de la democracia española con el nacionalismo étnico y con el terrorismo, algunos no sólo no han entendido los efectos de ambos elementos en la dinámica democrática, sino que han interiorizado los mismos mensajes que el etnicismo ha repetido durante todo este tiempo. Y ni siquiera son conscientes de que ellos mismos han sido colocados en el mismo lugar que el objeto de sus críticas.

La historia de Jaime Mayor y de todos los líderes populares y socialistas en el País Vasco es así de sencilla y desoladora para el País Vaso y para toda España. Y el broche inquietante para el futuro político de España es que todavía hay gentes que lo llaman fracaso.