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Uno de los argumentos utilizados por el director de PUEBLO para desprestigiar al periódico suspendido era su vinculación con el Banco Popular

ABC critica a PUEBLO por apoyar la suspensión del diario MADRID y revela que Emilio Romero también mantuvo tratos con bancos

HECHOS

El 5 de junio de 1968 el director de ABC, D. Torcuato Luca de Tena y Brunet, dedicó su editorial a replicar al diario PUEBLO, que dirigía D. Emilio Romero.

La suspensión del diario MADRID por unos meses por el artículo ‘Retirarse a tiempo. No al General De Gaulle’. Desató una conmoción entre toda la prensa nacional en medio de la guerra que había entre la prensa opusdeista-liberal (con MADRID) y la prensa vinculada al Movimiento (contra MADRID)..

El diario conservador ABC, propiedad de la empresa privada Prensa Española dirigido por D. Torcuato Luca de Tena y Brunet, publicó un editorial en el que, aunque criticaba la línea editorial de un diario, pero a la vez solidarizándose con el diario MADRID y criticando su suspensión. Además permitieron que el director del diario suspendido, D. Miguel Ángel Gozalo, publicara una carta en el diario ABC, para denunciar su situación de suspendido, que les impedía contestar a los ataques.

El diario PUEBLO, vinculado al Movimiento (puesto que se financiaba por el Estado a través de la Organización Sindical), dirigido por D. Emilio Romero, que fue el primero en cargar contra el diario suspendido, aseguró que el apoyo del ABC al MADRID se debía a que ambos periódicos defendían la monarquía encarnada en el Conde de Barcelona (PUEBLO usa la expresión ‘Estoril’, lugar de residencia del aspirante a Rey)0. Ese hecho, aunque era rigurosamente cierto, molestó al Sr. Luca de Tena, que publicó un editorial contra lo que consideró una ‘osadía’ de PUEBLO.

 

05 - Junio - 1968

OSADÍA

ABC (Director: Torcuato Luca de Tena y Brunet)

“Nos hacemos cargo de que ABC” – escribe PUEBLO en el más desenfadado, confuso, difuso, profuso, arbitrario y sañudo editorial que hemos leído en los últimso tiempos – “trate de echarle una mano (se refiere al diario MADRID, recientemente suspendido) porque tienen una coincidencia: Estoril”.

Una afirmación tan osada, un ‘brindis al sol’ tan sencillo; un desconocimiento tan grave de la independencia de los criterios ajenos – a causa del concoimiento, quizá de sus propias dependencias – nos obligan a determinadas precisiones que han de ser ilustradas previamente, con una anécdota cegadora.

1931: El director ABC está encarcelado. Su periódico, suspendido. Desde la cárcel escribe aquél una carta abierta al director de EL SOL, polemizando con otro órgano de difusión, EL LIBERAL. “No tengo dónde expresarme” – viene a decir con estas u otras palabras el director de ABC – “Mi periódico está cerrado y yo en la cárcel. Apelo a la generosidad del colega para responder a las injurias que se me ha dirigido”. Entre uno y otro órgano de difusión no había la menor coincidencia política, táctica o ideológica. ABC era monárquico. EL SOL republicano. ABC estaba perseguido, EL SOL era gubernamental. ¡Y EL SOL publicó la carta al director de ABC! La única coincidencia es que ambos directores eran unos caballeros…

Olvida el editorialista de PUEBLO que YA, NUEVO DIARIO, INFORMACIONES y EL ALCÁZAR han publicado igualmente frases de simpatía hacia el diario suspendido y se han lamentado de la dureza de la sanción recaída contra él. si tuviera algo de lógica la gratuita afirmación de PUEBLO, habría que convertir o que todos esos órganos de opinión coincidían en lo mismo o que lo que les movía a expresa libremente su criterio eran otras razones de amistad y de solidaridad con el colega silenciado, del mismo modo que EL SOL, republicano, sirvió un día de portavoz al ABC monárquico, cuando éste carecía de su medio habitual de expresión. Leyendo los títulos de los periódicos que no han gozado con la sanción al colega y la de aquellos que han aprovechado la circunstancia para combatirlo sañudamente podría quizá llegarse a la conclusión de que en Madrid hay dos clases de Prensa: una libre y otra no.

El artículo editorial publicado en PUEBLO, diario de la tarde, con motivo de la suspensión del diario de la tarde MADRID, más que inspirado por la serena reflexión parece movido por irreflexivas pasiones: más que en tinta se diría que la pluma de quien lo escribió se hubiera mojado en jugos hepáticos. Una cosa es defender la ley – en cuya defensa estaremos siempre en vanguardia – y otra muy distinta… azuzar.

07 - Junio - 1968

NUESTRA OSADÍA

PUEBLO (Director: Emilio Romero)

Con el título de Osadía el periódico ABC replica a un artículo nuestro sobre la suspensión del periódico MADRID y, entre las calificaciones que le adjudica de ‘confuso, difuso, profuso,etc.’, solamente hemos echado en falta que no le llame también patidifuso, pues era una ocasión que venía rodada. Sobre una espectacular escalada de epítetos contra nosotros, dedica especial atención a contra la anécdota ocurrida en 1931 cuando aquel gran peiródico republicano que fué EL SOL, se aviso a publicar – justamente y acertadamente – una carta abierta del Director de ABC desde la cárcel, cuando no podía hacerlo desde su periódico, porque estaba suspendido. Tenemos que preguntar al periódico de la mañana el motivo de contarnos este episodio. El Subdirector del periódico monárquico MADRID – que está suspendido – no nos ha enviado ninguna carta abierta para su publicación, que lo hubieramos hecho con mucho gusto si no infringia el artículo 2º. Recuérdese que el único periódico español que abrió sus páginas a las manifestaciones que recomendaban votar negativamente en el Referendum de 1966 fue PUEBLO y ello por un alto sentido de la hospitalidad y del juego limpio. Pero ocurre una cosa que olvida ABC. El periódico MADRID que exhibe liberalismo y democracia, no se ha prestado jamás a dialogar o polemizar con nadie; incluso ha señalado clarmente que no haría otra cosa que informar y comentar, con un desdén absoluto a las ideas y a los criterios de los otros periódicos. A nosotros, que conocemos a los honorables personajes que dirigen MADRID, y que a través de sus libros y de sus comportamientos son lo más contrario a un liberal o a un demócrata, no nos extrañaba; pero pensábamos que debían guardar un poco las formas y probar la sincera adhesión a sus nuevas ideas prestándose a examinar con otros la situación política de la nación. El síntoma de su monólogo era mortal. Son personas que aspiran a pensar ellos solos, a imponer sus criterios. Dan la impresión de que únicamente desean hablar a una España silenciosa. Pero no importa; ahora están obligatoriamente callados, y este periódico les ofrece sus páginas para expresar sus ideas, o para defenderse; con dos condiciones: que se sometan, como todos, a la ley; y que se presten a dialogar con nosotros. Si lo que apetecen es el monólogo, su estino es un púlpito; y si quieren únicamente condolencias y aplausos, hacen muy en pedir la hospitalidad del ABC y de los otros periódicos coaligados por el parentesco político y espiritual. Seguramente lo que ha molestado a ABC para que salga por ese registro de inaceptable petulancia profesional han sido estas dos cosas que conisderamos nuestro deber repetir, para que los lectores tengan una información cabal sobre el trasfondo de las cosas, que son casi siempre las que justifican determinados actos.

Una de ellas es que el Director de MADRID, don Antonio Fontán y el Presidente del Consejo de  Administración, don Rafael Calvo Serer, son dos distinguidísimos miembros del Opus Dei pertenecientes ambos al COnsejo privado de don Juan de Borbón. ABC, como se sabe, es el periódico tradicionalmente monárquico del país, y abiertamente defensor de una sola persona para el Trono, la de don Juan de Borbón. Para ABC este es el eje de su trayectoria política, y esto nos parece muy respetable, pero ha de convenir con nosotros en que los vínculos de solidaridad con los personajes de MADRID han de ser muy grandes. Sin embargo, nuestra posición es bien distinta. Somos monárquicos por respeto a la ley. Pero por nada más. Y, dentro de este respeto, no tenemos otras preferencias que las que pueda imponer el pueblo español y no las que traten de colarnos desde la calle de Serrano o desde la de General Pardiñas sin el mecanismo popular.

A otra cuestión que señalamos fue cuando Azaña suspendió algunos periódicos de Madrid durante la República, entre ellos ABC, su discurso desde el Banco Azul dando cuenta de este hecho, tuvo un gran poder de convicción. Cuando nos referíamos al poder de convicción lo haciamos, naturalmente, situándonos desde la óptica de los gobernantes. La República tenía unas leyes, entre ellas la ley de Defensa de la República. Esos periódicos la infringieron, y Azaña los suspendió. A un periódico como ABC, que declara tan repetidamente su defensa de la ley, esto no puede extrañarle. Entonces lo que únicamente dijimos nosotros es que en un Estado de Derecho, los gobernantes tienen el deber inexcusable de procurar que se cumplan las leyes, e iniciábamos nuestro artículo lamentando lo que en este caso le pasaba a MADRID.

En esta circunstancias tenemos los profesionales del periodismo dos alternativas: o solidarizarnos, sin más, por espíritu de cuerpo, con cualquier periódico que sea suspendido justamente por el Poder; o pensar que las leyes hay que respetarlas, si queremos hacer un Estado de Derecho o una nación civilizada. ABC entonces hace el difícil malabraismo de decir que es partidario de defender la ley, pero al mismo tiempo muestra su inclinaciones por la impunidad en el caso de MADRID. Esto nos parece de una fragilidad y de un oportunismo que no tine nada que ver con la rectitud con que ABC blasona de su conducta. Mientras cae el peso de la ley sobre algunos obreros y estudiantes por haber realizado actos no permitidos, no se puede hacer un trato distinto contra otros infractores, porque tengan influencia en el Régimen, por uqe sean monárquicos o porque sean miembros del Opus Dei. La ley es para todos, incluso para los periodistas. Por lo demás, ahí quedan nuestras invitaciones al diálogo con nuestros compañeros de MADRID, si descienden de su Olimpo a nuestras páginas; al tiempo que sugerimos a nuestro colega de la mañana una más sobria administración de los epítetos.

Nuestra inexistente osadía se reduce a salir al paso de esa otra osadía verdadera que consiste en meter gato por libere a los españoles; imponernos sentimientos que no profesamos, personajes que no conocemos, ideas que no compartimos, proyectos de futuro en los que no participamos. Pero si al final esta osadía monáquico-bancaria embarcara en el riesgo exclusivamente a sus artífices y manipuladores, poco más teníamos que añadir como criterio, al margen de la cuestión. Solamente en cuanto el riesgo puede afectar a todos los españoles, es cuando nos resistimos al silencio o a la complicidad.

09 - Junio - 1968

En sus justos límites

ABC (Director D. Torcuato Luca de Tena y Brunet)

El director de ARRIBA publicó hace unos días n interesante artículo en las páginas de su periódico. La buena fe con que estaba escrito, la sensatez de no pocas de sus posiciones y la defensa de la Prensa que representa nos parecieron dignas de elogio y perfectamente razonables. No es, en modo alguno, nuestro propósito aprovechar aquel artículo de don Manuel Blanco Tobío para apostillar con determinadas discrepancias muchas de sus afirmaciones, sino para abundar en su criterio y en su tristeza respecto a las polémicas ácidas y a los turnos de vapuleos mutuos sin beneficio para nadie, que se promueven a veces de sde las páginas de los periódicos. Creemos que es muy digno de tener en cuenta est toque de atención que dirige el director de ARRIBA a sus colegas (muy concretamente a los de Madrid, y se refiere naturalmente a los de la capital de España; no a los del periódico suspendido) clamando por la cordura y buenos modos en la expresión de las discrepancias.

No obstante la buena calidad moral del trabajo que comentamos y la excelente intención que lo inspira, más de un lector no habrá podido dejar de sonreírse para su capote al leer su defensa de PUEBLO contra el que han partido desde diversos periódicos “con demasiada frecuencia la provocación, la incitación a revolverse, la insinuación maliciosa y el entredicho susceptible de interpretación denigratoria”. PUEBLO se nos aparece aquí como un cordero indefenso, cercado de lobos carniceros, y su director, como un arcángel de paz nimbado de todas las virtudes ciudadanas de convivencia, mansedumbre y paz. Lejos de esto, la atenta lectura cronológica de la polémica mantenida por PUEBLO a diestro y siniestro con casi todos sus colegas nos fuerza a preguntarnos de dónde ha partido realmente esta vez la provocación.

Estos días pasados – escribe ARRIBA – ‘asistimos a un loable gesto de compañerismo por parte de algunos periódicos provocado por el incidente de MADRID’. Exacto. Por nuestra parte, ABC se cuidó muy bien de precisar dos discrepancias. La primera, con la línea editorial del diario recientemente sancionado. ‘Hace mucho – decíamos – que los artículos de nuestro colega de la tarde nos preocupan tanto como nos asombran’.

La segunda discrepancia era respecto a la gravedad de la sanción impuesta. ‘Si esta es la máxima sanción prevista en la ley – escribimos entonces – ¿qué se reserva para otras infracciones infinitamente más graves, claramente delictivas, atentatorias directamente contra el orden constitucional y las más sagradas instituciones de la Patria?”

Ambas afirmaciones siguen siendo válidas para nosotros, y si las repetimos no es tanto por reafirmarnos en ellas como por situar la polémica en su punto justo. Ya que a partir de las réplicas de PUEBLO a éste y otros periódicos nadie sabe ya lo que ha dicho nadie, ni lo que uno defendía, ni lo que otro criticaba, pues insólitamente metió en un mismo cajón de sastre a la Banca, al ABC, al Opus Dei, a Don Juan de Borbón, a don Manuel Azaña, al debate… y a los discursos desde el Banco Azul del presidente del partido de Izquierda Republicana y futuro presidente de la Segunda República. La preocupación casi unánime de los periódicos madrileños por la gravedad de las sanciones impuestas no se interpretaba como un acto de compañerismo, ni se atribuía a la defensa de unas industrias lícitas, ni a la libre expresión de unos criterios, sino a contubernios políticos, bastardas alianzas y dependencias bancarias: ¿Es que los Bancos, además de ganar más dinero del que debieran ganar y de ser los grandes pulpos de nuestra economía – escribía PUEBLO en su edificante editorial – van a tener también periódicos para elegir el régimen que les guste?’ Osadía se llama esa figura – y así tituló ABC su réplica – cuando nadie desconoce las conversaciones mantenidas por el inspirador de aquel editorial con importantes instituciones bancarias españolas para la creación de un periódico que hubiera sido dirigido por él. Que la gente pueda o no interpretar tales palabras como una reacción vindicativa por no haber llegado a feliz término aquella operación es asunto que no nos compete, aunque tampoco puede extrañar a nadie que tal ligereza sea señalada.

¿Y qué otra cosa sino a ligereza y osadía pueden atribuirse las alusiones a las suspensiones de periódicos por la República para defender con aquellos ejemplos las actuales medidas?

Es verdaderamente lamentable que un periódico hable de lo que no conoce; que haga afirmaciones tan graves sobre lo que inexplicablemente ignora. Nuestro colega PUEBLO afirma que los periódicos suspendidos por la República fueron sancionados con este castigo máximo por haber infringido una ley, la de la Defensa de la República. Nos duele que un diario español de hoy ignore hasta ese punto la historia del periodista español y de la etapa republicana. En 1931 fueron suspendidos ABC y EL DEBATE por defender a la Compañía de Jesús cuando fue expulsada. ABC, a causa de haber circulado por Madrid el bulo disparatado de haber matado su director a un taxista. En ninguno de ambos casos se produjo sentencia judicial alguna. Y así como el proceso por el inexistente asesinato fue sobreseído por falta de pruebas y por falta de víctima, ambos periódicos permanecieron suspendidos simple y puramente por la arbitrariedad gubernativa. En 1932 ya existía la Ley de Defensa de la República. Pero no fue sólo ABC el suspendido. En Madrid lo fueron ABC, EL DEBATE, INFORMACIONES, LA NACIÓN y ‘El Siglo Futuro’. En el resto de España fueron suspendidos 109 periódicos más. Ni un solo de ellos contrariamente a lo que afirma PUEBLO, fue juzgado por l Ley de Defensa de la República.

Todo delito definido en una ley exige para un castigo de una sentencia, y ni uno solo de estos periódicos fue juzgado ni sentenciado. No obstante, PUEBLO afirma que los argumentos expuestos por Manuel Azaña desde el Banco Azul para justificar aquellas supensiones fueron a su juicio, convincentes. ¡Dios nos valga! ¡Muy convincentes debieron ser las palabras de aquel siniestro personaje o muy proclive ha de estar la mentalidad del editorialista de PUEBLO para que le resulten convincentes las palabras de Azaña respecto a las suspensiones de 11 periódico (el nuestro, desde agosto hasta diciembre), sin juicio ni sentencia que los condenaran.

Créanos don Manuel Blanco Tobío, director de ARRIBA, que la desorbitación de la polémica no ha partido esta vez del periódico que se propuso desorbitarla. Convenga también con nosotros el dilecto colega que defender la solución dada al caso de MADRID con las suspensiones de la República ni favorece a los sancionadores actuales ni creemos que éstos se la agradezcan. ¡Nunca se hubiesen atrevido a tanto los discrepantes de la sanción! Ni hubiese sido justo. Porque quienes hoy rigen la Prensa someten sus decisiones a una ley que ha de ser aplicada por los Tribunales de Justicia, sin olvidar la posibilidad de indemnizaciones, caso de no haber sido justas. Mientras que los prohombres – como Azaña – de la República, cuyas decisiones considera PUEBLO tan convincentes, no las sometían más que a sus pasiones y su rencor.

10 - Junio - 1968

Precisiones

PUEBLO (Director: Emilio Romero)

A la conocida petulancia profesional, une ahora ABC la especie insidiosa, en su lamentable artículo editorial de ayer, que naturalmente, no se va a quedar sin respuesta. Y nos duele, y nos extraña, porque la historia de este periódico es lo suficiente larga y prestigiosa para no recurrir ahora a procedimientos de periodismo insolvente y menor.

Dice que hablamos de lo que no conocemos respecto a Azaña y la suspensión de ABC durante la República. A la única suspensión que nos hemos referido fue a la decretada por Azaña y a la explicación que dio éste, desde el banco azul del Congreso, como Presidente del Gobierno y que fue textualmente la siguiente: ‘Cuando se ha promulgado la ley de Defensa de la República se ha comprendido en ella una serie de acos que las Cortes que son soberanas y a las cuales estamos todos sometidos seamos o no periodistas estiman peligrosos para la estabilidad, la seguridad y la respetabilidad del Régimen, y cuando estos actos se cometen dentro de los términos que la ley define, que es una ley hasta ahora de carácter constitucional transitorio, pero constitucional, el Gobierno en uso de las facultades que las Cortes le han conferido, los sanciona. El régimen a que está sometida la Prensa actualmente es de absoluta libertad; el régimen parlamentario de que S. S. habla (se refiere al señor Royo Villanova) es de absoluta libertad, pero de responsabilidad. ¿De dónde ha sacado S. S. que el régimen parlamentario, ni ninguna ley de Imprenta que se inventase, iban a establecer una libertad absoluta y sin responsabilidad para los que escriben? La responsabilidad quiere decir que el escritor o el periodista que incurra en alguno de los actos que la ley de Defensa de la República prescribe como punibles, sufra la consecuencia. Esta es la responsabilidad. ¿Qué la sanción impuesta por la ley de Defensa de la República, administrada por el Gobierno, causa daño? Pues evidente; claro que causa daño La privación de libertad, las multas o suspensiones de periódicos molestan y perjudican; claro está, si no molestasen y no perjudicasen, no se impondrían a nadie, porque se trata con el daño, con el perjuicio, con la privación de un derecho o de un interés de llamar la atención del culpable, por lo menos invitándole a la enmienda mediante el escarmiento. Este es el sentido que tiene la sanción y si no lo tuviese si fuese agradable la sanción, ¿a quién se le ocurriría imponérsela a nadie? El régimen de la Prensa actualmente es de absoluta libertad. Todo el mundo puede decir lo que quiera, siempre que no ataque a la República en los actos definidos por la ley.

Decíamos que desde la óptica de los gobernantes, el poder de convicción de esas palabras era grande y ahora lo reiteramos, sin que ello quiera decir que añadimos nuestra adhesión a los distintos avatares de la vida política de Azaña atreverse a decir ABC que las suspensiones de periódicos durante la República no tenían marco legal, sino que obedecían únicamente a las pasiones y rencor de los hombres de aquel Régimen, es de aurora boreal. La ley de Defensa de la República se promulgó antes de aprobarse la Constitución, y siguió vigente después de ella, como instrumentación de gobierno, con capacidad sancionadora, coexistente con la Constitución y con una vigencia que se extendería a lo largo de todas aquellas Cortes. Téngase en cuenta además, que en ese periodo no había una ley de Imprensa, y la libertad de Prensa tenía que estar limitada por una ley; precisamente por la ley de Defensa de la República. Refrescamos igualmente la memoria de nuestro colega recordándole que las suspensiones de periódicos en aquella fecha no se redujeron solamente en Madrid al os periódicos de derechas ABC, EL DEBATE, INFORMACIONES, LA NACIÓN y ‘El Siglo Futuro’, sino también a ‘Mundo Obrero’, órgano del Partido Comunista.

La intención de nuestro artículo – que tergiversa maliciosamente BAC –era bien clara. Decíamos que si un régimen liberal, democrático y parlamento tan inobjetable como la II República había suspendido periódicos mediante una ley aprobada por las Cortes no comprendíamos la extrañeza porque el Régimen actual pudiera suspenderlos de acuerdo con la ley de Prensa e Imprenta aprobada igualmente por las Cortes. Añadíamos que la simpatía de ABC por MADRID la encontrábamos lógica porque ambos periódicos se proponen la misma cosa: restaurar la monarquía en el heredero de don Alfonso XIII, con o sin, o contra, el pueblo español, porque ellos son respetuosos con la libertad popular, siempre que la voluntad popular coincida con sus opiniones. Entonces, como en este país hay, desde 1966, libertad de prensa, nosotros pensamos que no debe limitarse esa libertad a hacer exclusivamente la crítica del Régimen o del Gobierno – que a veces es necesario – sino también a usarla para aclarar quién es quién políticamente en este país y lo que se propone. Tenemos que ser una gran familia, no sabemos si bien avenida, pero suficientemente informada.

Pero la insidia, de triste factura personal, que acaba de circular el colega monárquico de la mañana contra nuestro Director, se refiere a una antigua negociación de Emilio Romero con un Banco de Madrid – y no con los Bancos como dice el colega – Dice ABC que “nadie desconoce las conversaciones mantenidas por el inspirador de aquel editorial (se refiere a nuestro artículo del viernes) con importantes instituciones bancarias españolas para la creación de un periódico que hubiera sido dirigido por él. Que la gente pueda o no interpretar – sigue diciendo ABC – tales palabras como una reacción vindicativa por no haber llegado a feliz término aquella operación, es asunto que no nos compete, aunque tampoco puede extrañar a nadie que tal ligereza sea señalada”.

Este párrafo es un retraso cabal del personaje que lo ha inspirado o lo ha escrito y refleja exactamente la escocedura sufrida ante nuestros últimos artículos textos que ha seguido la opinión pública con enorme interés y con espectacular y emocionante adhesión, que nunca agradeceremos los suficiente. Pero como Emilio Romero se aviene a explicar todo, porque lo considera como un deber, dado el lugar que ocupa en la vida política española, y en su profesión, ahí va el sucedido, aunque no sea más que para producir en el ediotiralista del colega el rubor que merece y el correctivo que se ha ganado con tanta insensatez como puerilidad.

Con la misma razón e idéntidos derechos que don Torcuato Luca de Tena (el abuelo del actual director de ABC), que don Juan Pujol, que don Víctor del a Serna – por referirnos solamente a ilustres periodistas de la generación anterior – nuestro Director ha tenido la esperanza – que seguramente no habrá cancelado – de fundar y dirigir una empresa periodística. Lo que en otro tiempo representaban de coste estas fundaciones eran cifras modestas en virtud de la simplicidad de los talleres de las rudimentarias técnicas de composición o impresión, de los escasos instrumentos de información y comunicación del discreto coste de las materias primas y de la insignificante partida laboral. Pero hoy no se puede fundar una empresa periodística con modernos talleres, con los medios actuales de todo tipo, y con autonomía, por menos de doscientos millones de pesetas. Si cualquier empresa industrial acude a los Bancos – y a esos mismos Bancos tuvieron que acudir los periodistas fundadores de periódicos que señalamos más arriba – ¿de qué se extraña ABC que solicitara un crédito o un préstamo Emilio Romero, en este caso concreto en el Banco Español de Crédito? ¿Pero en qué condiciones? Este es el aspecto más importante, y esta es la respuesta que vamos a dar a la insidia de ABC. El crédito fue convenido exactamente en las mismas condiciones de interés y de vencimientos que el otorgado a cualquier otra empresa que lo hubiera solicitado, y todo ello con arreglo a una norma estrictamente legal. Y, naturalmente, sin ninguna hipoteca política. En estos momentos quien pudiera considerarse principalmente mortificado por la especie de ABC es el Presidente del Banco, don Jaime González-Acebo, Marqués de Deleitosa, a quien nunca se le pasó por la cabeza la indignidad de hipotecar ideológicamente un periódico. Por el contrario, cuando otros bancos solicitaron su ayuda para financiar un periódico – y no precisamente para Emilio Romero – el Sr. Gómez-Acebo dijo a nuestro Director que lo había rechazado porque concretamente ese Banco no era partidario de involucrarse en empresas periodísticas. El Banco concedió sesenta millones únicamente al prestigio profesional y a la honorabilidad personal de nuestro Director. El Director de PUEBLO no fue avalado por nadie, sino por su propia ejecutoria. Eso honró por igual al Banco y a quien se concedía el préstamo. El resto del dinero pensó Emilio Romero en buscarlo en empresas no ideológicamente sometidas a nadie, y que en sí mismas tuvieran crédito popular por sus realizaciones, y por el número de trabajadores empleados en ellas, con el fin de hacer una verdadera empresa social, sin un empresariado político, o sometido a los grupos de presión. La pretensión era muy difícil, y por ello no prosperó. Sin embargo, a nadie puede extrañar que Emilio Romero, si no hubiera tenido estos escrúpulos de independencia al servicio del pueblo español, habría encontrado los doscientos millones con cierta facilidad. Esto es tan notorio que el propio Director de ABC ofreció amablemente en ese tiempo a Emilio Romero la dirección de un periódico de la tarde, que se disponía a fundar Prensa Española – entidad editora de ABC – prometiéndole nada menos que el 25% de los beneficios, y un sueldo considerable.

En resumen: nosotros sí sabemos las razones, la legalidad y las fechas de las suspensiones de ABC durante la República. Pero el periódico de la mañana queremos pensar que no sabía la negociación de Emilio Romero con el Banco Español de Crédito y ha preferid, en lugar de informarse – que es lo honrado y lo serio – hacer circular una especie insidiosa de descalificación. Un feo golpe bajo. Dejamos a los lectores que emitan su juicio sobre la ética profesional del colega.

Únicamente queremos concluir esta polémica – si es que nos dejan concluirla con una nítida apreciación: lo que empezó siendo en el Régimen la ambiciosa empresa política e histórica – acaso romántica e idealista en cuanto a querer hacerla en breve plazo – de un arevolución nacional y social (reforma de la empresa, economía al servicio del pueblo, igualdad efectiva de oportunidades, supresión de la lucha de clases, manumisión de los campensinos, ec.) no aceptaremos nunca muchos de los antiguos y casi todos los hombres de la nueva generación, el mágico escamoteo de que pueda desembocar en una Restauración monárquico-bancaria, con el despotismo de una nueva clase económica, con una promesa de libertades ficticias y un secuestro verdadero de las libertades esenciales.

11 - Junio - 1968

¿Simple ignorancia?

ABC (Director: Torcuato Luca de Tena y Brunet)

Airada y torpemente se revuelve PUEBLO contra ABC, como si le hubiéramos insultado al revelar que su director anduvo en tratos con un banco importante para financiar y dirigir él un periódico nuevo. No hemos dicho ni creemos que tales tratos fueran ilícitos. Lo que ya no es lícito, después de aquella negociación, es reprochar a otros periódicos, como lo ha hecho PUEBLO con dos colegas de la tarde, de estar financiados por un banco, cual si esto fuera un crimen, cuando el director de PUEBLO ha pretendido fundar un periódico con idénticos recursos económicos. ¿Qué el director de PUEBLO no se hubiese sometido nunca – como afirma – al poder del dinero por encima de sus ideales? Es posible. Pero ¿quién le autoriza a pensar lo contrario de sus colegas? De modo que cuando juegan a su favor los bancos son instituciones de financiación, y cuando juegan a favor de otros son ‘los pulpos de nuestra economía’.

En cuanto a las suspensiones de ABC durante la República escribe ahora PUEBLO que sólo se refirió a la decretada por Azaña (extendida a ciento trece diarios españoles más). Ahora dice eso, pero en su anterior editorial se refería no sólo a la gravísima y múltiple sanción aquella dictaminada por un Gobierno Azaña, sino también a la anterior de ABC. Puesto que, sobre ésta, no discute lo que dijimos, vamos a contestarle a la que únicamente nos replica, que justifica con un discurso de Azaña, que reproduce, pronunciado en el Congreso, a raíz de aquellas ciento catorce arbitrarias suspensiones de periódicos, que tuvieron como pretexto la sublevación del 10 de agosto de 1932, desaprobada públicamente por ABC, EL DEBATE y otros muchos diarios de los ciento catorce suspendidos.

Nosotros defendimos nuestras posiciones políticas con ahínco y sin desmayo, pero siempre dentro de la Ley, hasta 1936, en que ya no regía ninguna ley. Jamás en nuestras largas suspensiones fue ABC acusado ni, por lo tanto, sentenciado judicialmente, ni a quien dirigía entonces este periódico le fue siquiera tomada declaración judicial ni gubernativa durante su prolongada prisión, después de los sucesos del 10 de agosto. A José Antonio Primo de Rivera, también encarcelado gubernativo desde agosto a diciembre de 1932, sin que tampoco hubiera tenido la menor parte en aquella bien intencionada y errónea sublevación, le sucedió lo mismo. Y a otros miles de ciudadanos más.

Invitamos a PUEBLO a que reproduzca un solo texto de ABC que infringiera una ley, la de la Defensa de la República o cualquier otra.

A los que tuvieron la desgracia de vivir y sufrir aquellos tiempos ignominiosos y tiránicos de la República tiene que causar indignación que a los treinta y seis años un periódico de este Régimen califique aquel al que barrió, a costa de mucha sangre, de ‘liberal, democrático y parlamentario, tan inobjetable como el de la Segunda República’. Si lo hubiera sido realmente, la República subsistiría; no habría sido necesaria la Guerra de Liberación; el Régimen actual no estaría vigente hoy, ni PUEBLO podría hacer demagogia barata desde sus columnas.

El Análisis

DON EMILIO Y DON TORCUATO, ENTRE CABALLEROS

JF Lamata

A pesar de la dureza de pueda interpretarse de los editoriales que PUEBLO y ABC se dedican mutuamente, no se puede hablar de una guerra entre D. Emilio Romero y D. Torcuato Luca de Tena y Brunet, pues a lo largo de su larga carrera periodística, ambos profesionales se mostraron mucho respeto. Hasta el punto de que cuando en 1953 el Sr. Luca de Tena fue destituido temporalmente como director de ABC, el Sr. Romero firmó un manifiesto a favor suyo que causó que el también fuera destituido. Ambos retornarían a sus puestos años después.

Discrepaban en el tema de MADRID, pero era una discrepancia entre caballeros, como su contienda en 1967 por la forma de informar del Golpe de Estado de Grecia en la que ambos intercambiaron descalificaciones y, a la vez, halagos. Nada que ver por ejemplo con la actitud del Sr. Romero hacia el periódico opusdeista NUEVO DIARIO de D. Juan Pablo Villanueva, con el que PUEBLO y el Sr. Romero mantuvieron una encendida batalla.

J. F. Lamata

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