29 septiembre 1918
Sorpresa entre la población civil alemana a la que hasta el último momento se le había asegurado desde el gobierno imperial que estaban ante una inminente victoria
Alemania se ve obligada a reconocer su derrota en la Primera Guerra Mundial frente a Francia, Reino Unido y Estados Unidos
Hechos
El 29.09.1918 el alto mando alemán reconoció la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.
El 11.11.1918 Alemania firmó el armisticio ante los aliados en el bosque
Lecturas
En un vagón de tren del mariscal Foch detenido en el pueblecito de Rethondes, en el bosque de Compiègne, se ha firmado el armisticio entre Alemania y los aliados.
El diputado de centro Mathias Erzberger encabezaba la delegación alemana, que se vio obligada a aceptar todas las condiciones impuestas por los aliados en 9 puntos fundamentales:
- ) Desalojo de los territorios ocupados en Francia – incluida Alsacia-Lorena – Bélgica y Luxemburgo.
- ) Desalojo del territorio de la margen izquierda del Rin.
- 4) Entrega de 5.000 cañones, 25.000 ametralladoras, 1.700 aviones, 5.000 locomotoras, 150.000 vagones y 5.000 camiones.
- 5). Inmediata libertad de los prisioneros aliados.
- ) Retirada alemana, en el este detrás de las fronteras existentes en el año 1914.
- ) Paso libre para los aliados a la ciudad de Danzig y al Vístula.
- ) Desmantelamiento de la flota alemana, supervisado por los aliados.
- ) Mantenimiento del bloqueo, incluido provisionalmente el de los alimentos.
Eran las condiciones de una capitulación en toda regla.
«El pueblo alemán – comentó Erzberger con amargura – que ha resistido durante 50 meses los embates de todo un mundo de enemigos, sabrá defender su libertad y unidad a despecho de cualquier violencia. Un pueblo de 70 millones de almas, puede sufrir, pero no muere nunca’.
A las doce del mediodía se publicó el último parte militar emitido por Alemania:
«Como consecuencia de la firma del armisticio, a partir del mediodía de hoy quedan suspendidas las hostilidades en todos los frentes’. Turquía había capitulado el 31 de octubre, los austrohúngaros, el 4 de noviembre. Con la rendición alemana, la guerra ha terminado en toda Europa.
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La primera consecuencia de la rendición de Alemania será la caída del Kaiser Guillermo II.
La Primera Guerra Mundial terminará formalmente con el Tratado de Versalles.
El Análisis
Septiembre de 1918 marcó un giro silencioso pero devastador para Alemania. Mientras los cañones aún tronaban en los frentes y la propaganda oficial seguía prometiendo la victoria, el Alto Mando alemán, encabezado por Hindenburg y Ludendorff, reconocía en privado lo que ya era evidente para los estrategas militares: la guerra estaba perdida. El colapso de los aliados austrohúngaros y otomanos, la contraofensiva imparable de la Entente —ahora reforzada por Estados Unidos—, y la moral rota en las trincheras alemanas hacían inviable prolongar el conflicto. Fue el principio del fin de una guerra que Alemania, hasta hacía pocos meses, aún creía poder ganar.
Este reconocimiento interno contrastó brutalmente con la retórica pública. Durante años, los medios, el gobierno y los mandos militares habían asegurado que la victoria estaba al alcance. Se hablaba del enemigo agotado, de la fortaleza del frente occidental, de un pueblo unido y resistente. De pronto, todo se derrumbó. La solicitud alemana de un armisticio, iniciada apenas semanas después de este diagnóstico militar, cayó como un jarro de agua helada sobre una población que no estaba preparada para la derrota. Para millones de alemanes, la rendición no fue la conclusión de una larga guerra, sino una traición sin explicación. Así germinó el mito de la «puñalada por la espalda».
El colapso no fue sólo militar, sino emocional y político. La credibilidad del ejército, la del káiser y la del sistema imperial se vieron arrastradas en la caída. La rendición, reconocida tarde y mal, abrió una herida profunda en el alma alemana que los tratados de paz posteriores solo agravarían. Una nación que se creyó invencible tuvo que mirar al espejo y aceptar que la realidad había sido ocultada por su propia cúpula militar. Esa disonancia entre la esperanza inculcada y la derrota real dejó un vacío que llenaría el resentimiento… y el extremismo.
J. F. Lamata