4 abril 1976

Ruiz-Giménez busca aliarse con la familia Gil Robles para crear una plataforma que, bajo la etiqueta democristiana, represente una hipotética 'derecha antifranquista'

El ex ministro franquista Joaquín Ruiz-Giménez constituye «Izquierda Democrática» como partido democristiano opositor al régimen

Hechos

Los días 3 y 4 de abril de 1976 se celebró el I Congreso del partido Izquierda Democrática presidido por D. Joaquín Ruiz-Giménez.

Lecturas

Aunque Izquierda Democrática, partido opositor al régimen en España, aún no ha sido legalizado, este partido ha decidido aprovechar el ambiente de apertura política en España del Gobierno de D. Carlos Arias Navarro y su ministro de Gobernación D. Manuel Fraga Iribarne para celebrar de cara al público su primer congreso abierto, el ministro Sr. Fraga lo ha autorizado. En el congreso será ratificado como líder D. Joaquín Ruiz Giménez.

El Sr. Ruiz Giménez lidera el partido desde la muerte de su fundador, D. Manuel Fernández Giménez, en 1968, que lo montó en la clandestinidad para intentar crear un equipo de opositores al régimen demócrata-cristianos.

Izquierda Democrática es uno de los partidos integrados en Coordinación Democrática, la ‘platajunta’ en la que también están los también ilegales PSOE, PCE y PSP que aspira a negociar con el Gobierno la celebración de unas primeras elecciones generales que marquen el paso hacia una nueva Constitución.

Para concurrir a las elecciones Izquierda Democrática se aliará con otro exministro D. José María Gil Robles Quiñones, que también ha creado su propio partido democristiano: la Federación Popular Democrática y que celebrará su primer congreso en enero de 1977.

Ambos partidos concurrirán juntos a las primeras elecciones de junio de 1977 como Equipo Demócrata Cristiano – Federación Democracia Cristiana. 

El Análisis

Ruiz-Giménez y la Izquierda Democrática: Entre el pasado y el futuro

JF Lamata

El I Congreso de Izquierda Democrática de 1976 fue un evento tan simbólico como paradójico: un exministro franquista, Joaquín Ruiz-Giménez, liderando a un partido opositor en plena gestación de la democracia. Con el beneplácito de Fraga y en un clima de apertura controlada, Ruiz-Giménez fue ratificado como líder de una organización que buscaba dejar atrás las sombras del régimen que en su día ayudó a construir. Para algunos, su evolución política era prueba de valentía y madurez; para otros, un legado incómodo.

Es difícil ignorar las contradicciones. Para la izquierda, Ruiz-Giménez llevaba la cruz de su pasado como procurador de Franco, mientras que para los nostálgicos del régimen, su liderazgo en la oposición lo convertía en un traidor. Izquierda Democrática intentaba navegar estas aguas turbias, integrándose en la «platajunta» y buscando coaliciones con otros exministros de eras anteriores como Gil Robles. El reto era titánico: convencer a un país polarizado de que alguien que estuvo tan cerca del poder podía ser el abanderado del cambio. Y es que en política, pocas cosas son más difíciles de superar que un pasado que parece estar siempre dos pasos por delante del futuro.

J. F. Lamata