22 marzo 1918

El Rey pudo conseguir que Dato retirara su rechazo inicial, pero no Besada

El Rey Alfonso XIII encarga al conservador Antonio Maura un gobierno de concentración con los principales políticos monárquicos

Hechos

El 22.03.1918 se formó un nuevo gobierno en España presidido por D. Antonio Maura.

Lecturas

Casi diez años después de su destitución tras la campaña del ‘Maura, no’, D. Antonio Maura Montaner, líder del Partido Conservador, acepta el 22 de marzo de 1918 volver a ocupar la presidencia del consejo ministros de España a petición del Rey D. Alfonso XIII con el objetivo de tratar de controlar la situación crítica que afronta España en una Europa devastada por la Primera Guerra Mundial. El gobierno lo presidirá, por tanto, el Conservador Sr. Maura, estará también el Sr. Dato, líder de otra facción del Partido Conservador, figuras liberales como el marqués de Alhucemas y el Conde de Romanones y figuras regionalistas catalanas como D. Francesc Cambó o D. Juan Ventosa.

  • Presidente – D. Antonio Maura Montaner
  • Ministro de la Gobernación – D. Manuel García Prieto, marqués de Alhucemas.
  • Ministro de Estado – D. Eduardo Dato e Iradier
  • Ministro de Gracia y Justicia – D. Álvaro Figueroa Torres Mendieta, Conde de Romanones.
  • Ministro de Hacienda – D. Augusto González-Besada y Mein
  • Ministro de Fomento – D. Francesc Cambó Batllé
  • Ministro de la Guerra – D. José Marina Vega
  • Ministro de Marina – D. José Pidal Rebollo.
  • Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes – D. Santiago Alba Bonifaz
  • Ministerio de Abastecimientos – D. Juan Ventosa Calvell

El Gobierno de concentración durará 8 meses, hasta el 9 de noviembre de 1918.

Tras la crisis del verano de 1917 nació el primer gobierno de concentración con la colaboración de liberales, conservadores y regionalistas catalanes presidido por García Prieto. Las elecciones de febrero de 1918 mostraron la incapacidad de obtener una mayoría estable. En estas circunstancias Maura intentó impulsar el régimen mediante un gobierno ‘nacional’ que lo integraban los jefes de los grupos parlamentarios afines o próximos a la Corona. El intento sólo duró 8 meses.

La situación política española se dirige rápidamente a un callejón sin salida. Mientras por todo el país se suceden las manifestaciones en demanda de mejoras sociales, laborales, económicas y de una amnistía política, el gobierno se muestra ineficaz para solucionar los conflictos. El pasado 19 el gobierno del Sr. García Prieto presentó la dimisión a Su Majestad el Rey D. Alfonso XIII.

Al día siguiente se iniciaron las consultas regias con los líderes políticos, de las que salió encargado de formar gobierno el Sr. Maura. Sin embargo, ayer dicho político declinó el ofrecimiento, haciendo necesarias nuevas consultas.

El Sr. La Cierva llegó a proponer un gobierno de militares. Por la noche. Su Majestad reunió a los principales líderes políticos y les conminó a formar un gobierno allí mismo, o él se expatriaría. Ante la presión regia, a las 0.30 horas de esta madrugada se ha anunciado la composición de este nuevo gobierno.

  D. ANTONIO MAURA (PRESIDENTE)

 D. EDUARDO DATO (MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA)

 D. ÁLVARO DE FIGUEROSA ‘CONDE DE ROMANONES’ (MINISTRO DE GOBERNACIÓN)

 SR. GARCÍA PRIETO ‘MARQUÉS DE ALHUCEMAS’ (MINISTRO DE HACIENDA)

 D. JOSÉ SÁNCHEZ GUERRA (MINISTRO DE LA GUERRA)

 D. SANTIAGO ALBA (MINISTRO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA)

D. FRANCISCO (FRANCESC) CAMBÓ (MINISTRO DE FOMENTO)

Con este nuevo gobierno el Sr. Maura vuelve a la jefatura del Gobierno, tras su destitución por los graves sucesos de la Semana Trágica barcelonesa de 1909, pero no lo va a tener fácil. Su mandato será breve, hasta el 9 de noviembre de 1918.

22 Marzo 1918

Impresiones del día

ABC (Director: Torcuato Luca de Tena Álvarez Ossorio)

Leer

El exceso del mal ha traído el remedio. La nación respirará hoy tranquila, consolada de sus congojas y con el corazón abierto a las mejores amenazas. Repentinamente, cuando el desaliento culminaba en todos los espíritus, se ha producido en la política española una rectificación inesperada y admirable. Bien está todo lo sucedido, ya que tan espléndida compensación ofrece a las pasadas amarguras con la realidad de un gran Gobierno y con la promesa de una íntima concordia nacional, prólogo de nuestra restauración.

Transcurrió la jornada de ayer, en incidentes lastimosos, Veíase extendido el contagio de las rebeldías, y, en tal momento paralizada, la función del Estado: no había Gobierno, ni manera de formarlo, ni de oponer al peligro siquiera una ficción o una sombra de autoridad. Los hombres públicos voluntariamente dedicados al oficio de gobernarlos, los que han hecho en la política su nombre, su representación, su relieve y su influencia, añadieron una nota sombría al triste espectáculo en que vivíamos. No encontró el Sr. Maura las colaboraciones que necesitaba para encargarse tardíamente del Poder, cuando nadie lo quería. Negáronse los Sres. Dato y Besada a formar Gobierno. Hubo antes y después de estos fracasos consultas de la Corona con los personajes de la Monarquía, conferencias, negociaciones, idas y venidas, y en todo este fatigoso laboreo de la crisis no resultaba más que una desoladora negación: parece que, vueltos de espaldas a las angustias del país, los políticos seguían como si nada ocurriese, litigando sus querellas y manteniendo su parcialidad y sus personalismos.

A última hora de la noche reunió el Rey en su despacho a los ex presidentes del Consejo, jefes de las agrupaciones monárquicas. Todo el mundo adivinó en esta junta una postrera apelación de la Corona que denunciaba la crítica gravedad de las circunstancias, y a medida que se prolongaba la deliberación crecían en las gentes la expectación y la zozobra.

El Rey, la Patria por boca del Rey, no habían llamado en vano a la conciencia de los personajes reunidos. El Gobierno nacional, formado anoche en la Cámara de Su Majestad, no sólo representa el término rápido y el desenlace feliz de una crisis peligrosísima, la solución de todos los conflictos que nos amenazaban; es también, como decimos, una rectificación admirable y halagüeña de nuestra política, un gran ejemplo de cordialidad y abnegación de los hombres de Estado, la verdadera renovación porque suspira España. Al principal obrero de esta obra nobílisima al Rey elevamos el tributo de nuestra gratitud. Nuestro aplauso fervoroso al patriotismo de los nuevos gobernantes, que devuelven al país la paz y la esperanza.

El Análisis

El breve regreso de Maura (atado)

JF Lamata

¡Oh, los giros de la política española! Casi una década después de ser destituido tras la campaña del «Maura, no», Antonio Maura vuelve al ruedo político el 22 de marzo de 1918. Pero no nos engañemos, su retorno es más un pequeño desquite que una verdadera restauración. El rey Alfonso XIII ha decidido darle una segunda oportunidad, quizás con la esperanza de que su mano firme pueda estabilizar un barco que parece estar siempre a punto de zozobrar. Sin embargo, Maura no tiene el control absoluto. Está atado políticamente por ser este gobierno «de concentración», que incluye figuras tan variadas como Dato (conservador, pero de una facción rival a la de Maura), García Prieto y el Conde de Romanones, del Partido Liberal, y regionalistas como Cambó, parece más un artilugio temporal que una solución duradera.

Desde el diario ABC, Torcuato Luca de Tena Álvarez-Ossorio no puede contener su entusiasmo, proclamando que «el exceso del mal ha traído el remedio». ¡Qué optimismo! Pero la realidad es que Maura está presidiendo una alianza frágil, destinada a durar apenas ocho meses. Esta breve gestión, que terminará el 9 de noviembre de 1918, solo resalta el descontento y la inestabilidad de un sistema de La Restauración que cada vez se parece más a una tragicomedia política. Con una partitocracia que cambia de gobierno como quien cambia de sombrero, uno solo puede preguntarse: ¿cuánto tiempo más puede España soportar este vaivén sin un verdadero liderazgo?

J. F. Lamata