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El ascenso de Mónica García (Más Madrid) lleva al PSOE al peor resultado de la historia

Elecciones Madrid 2021 – El triunfo del PP con Isabel Díaz Ayuso causa el hundimiento de Ángel Gabilondo (PSOE) y la retirada política de Pablo Iglesias (Podemos)

HECHOS

  • PP – 65 escaños.
  • Más Madrid – 24 escaños.
  • PSOE- 25 escaños.
  • Vox – 13 escaños.
  • Unidas Podemos- 10 escaños.

PARTIDO POPULAR (65): MAYORÍA SUFICIENTE PARA GOBERNAR EN SOLITARIO.

Dña. Isabel Díaz Ayuso ha logrado una importante subida para el Partido Popular en la Comunidad de Madrid al subir de 30 escaños a 65 con el 45% de los votos). Aunque el PP no logra la mayoría absoluta, pero logra que el PP en solitario supere a la suma de los tres partidos de izquierda por lo que podrá gobernar en solitario. El PP ha dado la sorpresa ganando en el ‘cinturón rojo’

MÁS MADRID (24): LOS ERREJONISTAS LOGRAN EL SORPASSO POR LA IZQUIERDA

La candidatura de Dña. Mónica García, de Más Madrid, logró el sorpasso al PSOE y quedó en segunda posición con 24 escaños. La candidata a la que Unidas Podemos pidió su retirada para integrarse en la plataforma encabezada por D. Pablo Iglesias ha demostrado que su estrategia de campaña la colocaba por delante del ex vicepresidente del Gobierno. Ella liderará la oposición los dos próximos años en Madrid.

PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL (24): EL PEOR RESULTADO DE LA HISTORIA

D. Ángel Gabilondo que en las elecciones madrileñas de 2019 logró al frente del PSOE ser el partido más votado y no pudo gobernar por la alianza PP-C´s-Vox, ha visto como tan sólo 2 años después obtenía el peor resultado de toda la historia del PSOE en la Comunidad de Madrid que, por primera vez no será ni primera, ni segunda fuerza. El PSOE ha quedado por debajo del resultado del PSOE en Madrid en 2011 con D. Tomás Gómez que, hasta ese momento, era su peor resultado.

VOX SE MANTIENE (13) PERO NO LOGRA SU DESEADA SUBIDA.


El partido Vox encabezado por Dña. Rocío Monasterio logró 13 escaños (tenía 12). Les queda la satisfacción de no haber perdido votos con respecto al año 2019, pero el sentimiento agridulce de no haber conseguido su deseada subida a los 15 escaños y que su capacidad de influir en el Gobierno de Dña. Isabel Díaz Ayuso será mucho menos de lo que esperaban.

UNIDAS PODEMOS (10) PABLO IGLESIAS ANUNCIA SU RETIRADA POLÍTICA.


El secretario general de Podemos y ex Vicepresidente del Gobierno no logró que su presencia al frente de la lista morada en Madrid se haya traducido en un triunfo absoluto para su formación política. La carrera política de D. Pablo Iglesias Turrión y finaliza con una sonora derrota en Madrid al quedar en quinto lugar. El Sr. Iglesias dimite como Secretario General de Podemos y renuncia a su acta de diputado.

EL FIN DE CIUDADANOS EN MADRID.

Como preveían todas las encuestas la formación ‘naranja’ Ciudadanos ha pasado a 0 en la Asamblea de Madrid. El intento de D. Edmundo Bal de lograr como nuevo candidato de Ciudadanos fuera la muleta en la que se apoyara el PP no obtuvo el resultado esperado. El partido político que hasta hace dos meses tenía la Vicepresidencia de Madrid (D. Ignacio Aguardo) y otras cinco consejerías (D. Ángel Garrido, D. Manuel Giménez, Dña. Marta Rivera de la Cruz, D. Eduardo Sicilia y D. Javier Luengo, ninguno de los cuales tuvo especial protagonismo en esta campaña) ha pasado a la irrelevancia política.

05 Mayo 2021

Ayuso desata un seísmo político

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

El pésimo resultado del PSOE y la salida de Iglesias son un mensaje para el Gobierno

El resultado de las elecciones autonómicas en Madrid constituye un auténtico seísmo político lleno de consecuencias, inmediatas —sobre la Comunidad— pero también indirectas, sobre el conjunto de la política nacional. La ciudadanía madrileña ha otorgado un potente respaldo al proyecto que encabeza la representante del PP Isabel Díaz Ayuso, su modelo de gestión de la pandemia, su planteamiento económico ultraliberal, su actitud política polarizadora y con fuertes tintes demagógicos. Su propuesta ha logrado fagocitar a Ciudadanos —quizá irreversiblemente condenado a la irrelevancia— y contener el auge de Vox, el partido ultraderechista, dando un renovado vigor al PP tras años de sufrimiento. En el flanco izquierdo, se registra una derrota catastrófica del PSOE, un mensaje de rechazo que llega hasta La Moncloa y que requerirá una profunda reflexión. Los decepcionantes resultados de la izquierda se completan además con la dimisión de Pablo Iglesias, que anunció anoche su intención de abandonar la política.

Gana el proyecto de profundización del modelo socioeconómico del PP madrileño, que entre acción propia y circunstancias estructurales ha presidido un periodo de notable crecimiento económico, aunque mal repartido. Este modelo se agudizará, con las prometidas bajadas de impuestos —en contra de un creciente consenso internacional— y los consiguientes deterioros de los servicios públicos e incremento de la desigualdad. Gana un planteamiento de gestión de la pandemia. Gana además una actitud de confrontación y de cierta trivialización del discurso político. La victoria no llega a la mayoría absoluta, pero es suficientemente amplia como para limitar la peligrosa influencia de Vox, formación oscurantista, retrógrada y con derivas que desbordan el marco de los valores democráticos.

La victoria arrolladora de Ayuso trasciende, sin embargo, las fronteras de la Comunidad. Los resultados impulsan una reconfiguración del cuadro político nacional. En el centroderecha, sancionan el rumbo a la insignificancia de Ciudadanos. El PP cobra fuerza gracias a ese desplome e inicia la anhelada reagrupación de ese espacio político. Otros dirigentes regionales —especialmente en Andalucía— podrían sentir la tentación de repetir la táctica de Ayuso. El éxito de los planteamientos ultraliberales y demagógicos de Ayuso, la resistencia de Vox y el rumbo a la desaparición de Cs plasman un indudable desplazamiento a la derecha del centro de gravedad del bloque conservador. Pero la cúpula del PP haría bien en considerar que si Madrid influye en España, España no es Madrid. Ojalá la estrategia nacional no siga el rumbo madrileño y se mantenga en la senda de los más nobles referentes de la familia democristiana europea.

Las elecciones madrileñas desatan, por otra parte, un auténtico seísmo en el sector progresista. El PSOE cosecha un fracaso sin paliativos, fruto de errores pasados y presentes. El resultado certifica la incapacidad desde hace lustros de reconstruir una propuesta atractiva en la región capitalina, una campaña errática con una apuesta hacia el centro y un posterior incómodo seguidismo del marco y la retórica antifascista planteado por Podemos y también una fuerte señal para La Moncloa. El voto iba de otra cosa, pero sería ingenuo subestimar el componente de rechazo a la política del Gobierno de Pedro Sánchez como factor movilizador de la arrolladora victoria de Ayuso. El mediocre resultado de Unidas Podemos y el brillante éxito de Más Madrid, que supera al PSOE, configuran un escenario de evolución en este bloque. Una lección de peso para el espacio a la izquierda del PSOE, pero también un aviso a los propios socialistas de que, bajo nuevos liderazgos, ese espacio puede crecer en su detrimento.

En definitiva, el voto impulsa un desplazamiento a la derecha del centro de gravedad conservador y una nueva energía para el choque de polos que sacude España. Un desarrollo poco alentador para los partidarios de una política pragmática y dialogante.

05 Mayo 2021

Primer aviso para Sánchez

ABC (Director: Bieito Rubido)

Las elecciones de Madrid arrojan un resultado catastrófico para el presidente del Gobierno. Las urnas son un duro castigo a su gestión de la pandemia y de la crisis, y a sus mentiras

as elecciones de Madrid arrojaron ayer un triunfo incontestable de la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, que podrá reeditar su gobierno incluso con la abstención de Vox. Ayuso no solo dobló el número de escaños que tenía, pasando de 30 a 65, sino que ella sola superó a toda la izquierda. Su triunfo sirvió también para dar un aldabonazo liberal-conservador al discurso del odio promovido por la izquierda durante la campaña más cainita y pobre que se le recuerda. Y fue asimismo el refrendo mayoritario de una gestión política basada en la libertad frente al intervencionismo autoritario y el revanchismo ideológico. Con estos resultados se ha premiado la bajada de impuestos a los madrileños y, sobre todo, la capacidad de compatibilizar con éxito el binomio seguridad-sanidad en plena pandemia. Incluso, estas elecciones están llamadas a ser un indicio de reunificación de la derecha: si no una reconciliación a corto plazo, porque las diferencias entre el PP y Vox y entre sus líderes son elocuentes, sí apunta a crear al menos una primera conexión emocional entre sus electorados.

En segundo término, las elecciones suponen una severa advertencia a Pedro Sánchez porque no se han basado exclusivamente en el inusitado tirón de Ayuso. Analizarlo así sería incompleto porque el mensaje de cientos de miles de madrileños es de castigo a Sánchez, por más que el PSOE quiera atribuir el desastroso resultado a algo coyuntural. Hasta Más Madrid le ha superado como segunda fuerza. Madrid ha sido la constatación del brutal desgaste que están experimentando Sánchez y su coalición con Podemos, y necesariamente el resultado tendrá repercusiones en una legislatura en la que los socios nacionalistas y separatistas del PSOE tomarán nota de la creciente debilidad de La Moncloa. Al llegar a votar, Sánchez fue recibido con abucheos e insultos. Al concluir, ni siquiera recurrió al tópico de desear éxito a su candidato. Se limitó a presumir de las buenas cifras de vacunación, olvidando que los mítines habían acabado el sábado. Sánchez es un consumado maestro del engaño, pero el varapalo para el PSOE es absoluto y no toda la culpa de su peor resultado histórico es de Gabilondo. Madrid es hoy el motor económico de España y sus ciudadanos saben que el aparato de propaganda del PSOE se ha averiado, que el ritmo de vacunación es lento, y que las ayudas de Europa siguen en el aire porque Moncloa envía un mensaje buenista a Bruselas y otro opaco y falso a los españoles. Las medias verdades de Sánchez lo han convertido en el auténtico catalizador de un votante de la derecha harto y reactivo.

Las elecciones fueron también frustrantes, si no la puntilla, para los dos partidos que hace solo unos años encarnaron la ‘nueva política’. Ciudadanos, desde el centro político, ha comprobado cómo la tensión ideológica y el liderazgo sin credibilidad de Inés Arrimadas están terminando de desactivarlo como alternativa política. La inmensa parte de su electorado ha retornado al PP y su guión de formación bisagra se desvanece. A su vez, Pablo Iglesias apenas ha aportado tres escaños a los siete que ya tenía Podemos. Su estrella política y mediática al fin se agotó anoche producto de sus muchos errores, sus incoherencias y su desmesura demagógica. Iglesias creó Podemos, e Iglesias lo ha dinamitado, de modo que el proceso de sustitución en la extrema izquierda a manos de Más Madrid es ya una realidad. Y Vox, aún al alza pese a la influencia de Ayuso en la derecha, ha vuelto a recabar otro éxito electoral con 13 escaños que indican que aún no ha tocado techo. Con Ciudadanos fulminado y Podemos en decadencia, Vox y Más Madrid ganan puntos ante unas hipotéticas elecciones generales. Y todo, con dos añadidos favorables para la derecha: primero, que mientras la variable de Ciudadanos desaparece, el refuerzo de Pablo Casado y Santiago Abascal es notorio; y segundo, que Sánchez no arrastra ni un solo voto de Podemos.

Si el PSOE cree que este descalabro es solo achacable a Ayuso, se equivocará. Se ha votado contra su gestión de la pandemia, contra el miedo a la recesión, contra el infantilismo con el que Sánchez trata a la opinión pública, y contra los mantras oficiales de la izquierda porque ya se ha perdido el complejo a replicar a su guerracivilismo. Sánchez debe preguntarse si no le han penalizado el abuso de gobernar por decreto, los seis meses de alarma por capricho, el acoso al poder judicial, su sectaria ley de educación, los trucos patéticos del CIS o la eutanasia. Madrid debe ser el primer paso para que Sánchez salga de La Moncloa lo antes posible.

05 Mayo 2021

Ganó el alegato por la libertad

LA RAZÓN (Director: Francisco Marhuenda)

Isabel Díaz Ayuso ha conseguido una victoria inapelable en las elecciones autonómicas madrileñas. No sólo ha doblado los escaños que obtuvo en 2019, sino que ha conseguido algo mucho más trascendente, como es la derrota del discurso maniqueo de la izquierda, con un alegato por la libertad.

Un concepto de la libertad, sin embargo, muy alejado de los grandes gestos, vacuos en demasiadas ocasiones, que los ciudadanos han sabido interpretar en sus exactos términos y que han identificado en la figura de la candidata popular, en su manera de entender la política, de gestionar los intereses públicos en medio de una de las mayores crisis sociales que recuerda la historia, como es la provocada por la pandemia del coronavirus.

Frente a esta realidad, también inapelable, la izquierda madrileña se ha dejado llevar por el discurso de la catástrofe, casi del apocalipsis, dibujando un retrato de Madrid, que la mayoría de sus vecinos percibían como ajeno a su experiencia de vida cotidiana.

Una percepción que trascendía los límites de la comunidad para convertirse en reclamo en otras partes de España, que han visto en la rebeldía de Ayuso frente a los dictados erráticos y cambiantes de un Gobierno central siempre a remolque de los acontecimientos, que era posible otra estrategia para combatir la infección que no pasara inevitablemente por la destrucción del tejido productivo y de los puestos de trabajo.

Hasta qué punto este cambio de paradigma político, que desvirtúa la dialéctica de la izquierda, puesto que pone el acento en el derecho de las personas a desenvolverse social y laboralmente desde su propia libertad, puede extrapolarse al conjunto de España es pronto para saberlo.

Todo lo más, la constatación de que se está produciendo el proceso de la reconstitución del centro derecha español, con el Partido Popular como eje.

Con un aviso a navegantes que no se debería desdeñar. En lo ocurrido en Madrid no sólo cuenta el factor Ayuso, de indiscutible tirón popular, sino los graves errores de la campaña del PSOE, con un candidato que se ha dejado arrastrar por la dialéctica frentista de la extrema izquierda, y que ha provocado, como demuestra la alta participación electoral, una reacción del voto más moderado, incluso, socialista, agrupado en torno al candidato que partía con mejores posibilidades de triunfo.

Porque es un hecho, afortunado, que ya no tengan demasiada cabida, al menos, así se ha demostrado en Madrid, esas políticas divisivas, que extreman las diferencias y buscan el enfrentamiento de los ciudadanos. Y de ahí, que la victoria anoche de Ayuso, lo haya sido en nombre del derecho de cada uno a vivir su vida en libertad y sin imposiciones ideológicas sectarias. En definitiva, en democracia.

05 Mayo 2021

La victoria de Ayuso revoluciona el tablero político nacional

Ignacio Escolar

El triunfo de Ayuso, la dimisión de Iglesias, la desaparición de Ciudadanos, el sorpaso al PSOE de Más Madrid, el fascismo cada vez más estridente de Vox… La nueva foto que sale de estas elecciones demuestra que la política española dista mucho de estabilizarse

La libertad de las cañas ha triunfado en Madrid. Isabel Díaz Ayuso se lleva esta noche el mejor resultado en una década para el Partido Popular. 65 escaños, 44,4% de los votos. Hay que remontarse a 2011 para encontrar una victoria más amplia, y aquel era un mundo que hoy no existe: el del bipartidismo. Ayuso no solo duplica su resultado de hace apenas dos años sino que logra para la derecha uno de sus triunfos más holgados en la región.

La estrategia de Ayuso contra la pandemia no ha funcionado en la economía: los datos del paro, o del PIB, no son especialmente buenos en la comunidad. Tampoco en salud pública: Madrid es la autonomía española con más exceso de mortalidad. Pero sin duda esa estrategia ha sido determinante para la victoria arrolladora de este martes, un éxito que en gran medida se explica por su apuesta por abrir la hostelería, contra el criterio de todos, también de otros gobiernos autonómicos del PP.

No es tampoco una noticia inesperada: hace más de un cuarto de siglo que la derecha gobierna la región. Pero no es solo una cuestión de izquierda vs derecha. El discurso populista de Ayuso ha entrado a fondo en los votantes poco politizados, menos ideológicos, que se definen de centro y se mueven entre distintos partidos o la abstención. Es ese tercer bloque –alrededor del 20% de la sociedad– el que ha encumbrado a Ayuso con un resultado, para la derecha, excepcional.

Ayuso ha logrado aglutinar todo el rechazo de la derecha madrileña al Gobierno de coalición. Ha entendido mejor que nadie el hartazgo social frente a la pandemia, que ha aprovechado con enorme eficacia. Y se ha beneficiado de un sistema de medios que le ha reído las gracias y ha construido una realidad paralela sobre los datos económicos, sociales y sanitarios de Madrid.

Para el PSOE, el 4-M no ha podido ser peor. Ángel Gabilondo pasa de ser el más votado a verse superado por Mónica García, de Más Madrid. Su campaña arrancó con un intento de giro al centro, que abortó apenas una semana después de empezar. El resultado de esa maniobra a la vista está: Gabilondo no se ha beneficiado del colapso de Ciudadanos y ha perdido gran parte de los votos por la izquierda. Consigue solo 24 escaños. Es el peor dato de la historia del PSOE desde que existe la Asamblea de Madrid.

Más Madrid es casi el único en el bloque de la izquierda que tiene noticias que celebrar. El partido se consolida –más allá de Carmena o de Errejón– y demuestra hasta qué punto el candidato importa: Mónica García será la líder de la oposición. Su crecimiento es fruto de su trabajo previo en la Asamblea de Madrid, de una buena campaña y también de las expectativas: el llamado “voto útil”, del que se suelen beneficiar los grandes partidos, importa muy poco cuando desde la primera encuesta queda claro que tu bloque lo tiene muy difícil para ganar. Es el mismo fenómeno que, en Galicia, propició el sorpaso del BNG.

Unidas Podemos aguanta en la Asamblea de Madrid, y eso es algo que probablemente otro candidato distinto a Pablo Iglesias no habría podido garantizar. Logra tres escaños más que en 2019, pero el resultado sigue siendo malo. El salto del exvicepresidente del Gobierno a la arena de Madrid no ha supuesto ese revulsivo para la izquierda que quiso buscar. Más bien al contrario: Pablo Iglesias, el líder más odiado por la derecha, probablemente ha movilizado más voto en su contra que a favor.

La dimisión de Iglesias de todos sus cargos es coherente con su carrera y con el resultado electoral. Los datos de Madrid demuestran el enorme desgaste que sufre su figura política: por errores propios y también por el acoso brutal, permanente y sistemático que ha vivido desde que su partido emergió. Se da la paradoja de que su salida de la política ocurre el mismo día en que la izquierda a la izquierda del PSOE logra el sorpaso en Madrid, pero con una candidatura escindida del partido que fundó.

Vox gana un escaño, pero será prácticamente irrelevante en Madrid. Isabel Díaz Ayuso no necesita su apoyo para la investidura: le bastará con su abstención. La ultraderecha ha ganado en Madrid porque ha impuesto su marco, y porque gran parte de su discurso hoy impregna al PP de Madrid. Vox no crece como sí lo hace en otras autonomías… porque su espacio ya lo ocupa el PP de Ayuso.

Iglesias deja la política el mismo día en que Ciudadanos desaparece de la Asamblea de Madrid y queda herido de muerte, si es que no está muerto ya. El desplome del partido naranja, el auge de Más Madrid, los cambios en Unidas Podemos, el éxito de Ayuso, el fascismo cada vez más estridente de Vox… La nueva foto que sale de estas elecciones demuestra que la política española dista mucho de estabilizarse.

Madrid no es España, por mucho que lo repita el PP. Justo al contrario: hace años que la región vota a un compás distinto, siempre más conservador. La distancia política que separa a Madrid del resto es, cada día, mayor. Y pensar que esta victoria es la antesala de una reconquista nacional, como asegura Casado, puede ser un espejismo para una derecha tentada a cometer el error de apostar por un extremismo aún mayor.

Contra Iglesias –y la caricatura que han dibujado de él– la derecha y la ultraderecha lo tenían más fácil para el juego de la polarización. Con su salida, y el nuevo liderazgo de Yolanda Díaz, les costará mantener tan alto el diapasón sin pasarse de frenada, como ocurrió con la foto de Colón.

El Gobierno de coalición tendrá también que decidir qué estrategia va a seguir: si jugar a esa misma política trumpista que ha ganado en Madrid o construir una alternativa a la polarización.

04 Mayo 2015

Usar el BOE sin piedad

Antonio Maestre

"La derecha no concibe el juego democrático, pero la izquierda tiene el poder en el Estado y la oportunidad de callar y silenciar a los que con ruido quieren derrocar las leyes que emanan del Congreso. La derecha mantiene Madrid, que la izquierda la derrote de manera inmisericorde con España..."

Ayuso mantiene el BOCM, pero la izquierda tiene el BOE. Ayuso puso en riesgo lo que ya tenía para cuestionar el poder central y el de su propio partido y ha consolidado el envite. Una victoria que pone en la picota también a Pablo Casado y su liderazgo. Ahora es la izquierda la que con todo el poder central y, siendo consciente de que la derecha no concibe las reglas del juego democrático nada más que estando en el poder, tiene que comenzar a actuar sin contemplaciones ni piedad, y tiene las herramientas y el poder para hacerlo. La izquierda gobierna en España y tiene que hacérselo notar a una reacción que ha traspasado todas las líneas rojas posibles en esta campaña. Gritan mucho, pues a callarles con el BOE.

En Madrid se ha incardinado y hecho fuerte un nacionalismo esencialista neoliberal. Una ideología identitaria de desprecio al pobre, de soberbia, individualismo y sentimiento de superioridad sobre el resto de comunidades. Los movimientos nacionalistas son reactivos, y Madrid se ha convertido en el centro sobre el que pivota el nuevo orden nacionalista español después de que el eje nacional haya impregnado la política nacional de la última década. Un eje político y semántico que, mientras se mantenga, hará casi imposible que pierdan el poder, porque apela a emociones muy primarias de supremacismo sobre el más débil. Un sentimiento emocional que se ampliará y condensará sobre las cabezas de los colectivos más desfavorecidos ahora que VOX tendrá capacidad para influir sobre Isabel Díaz Ayuso. Madrid vive una guerra de clases que la clase trabajadora pierde por aplastamiento.

El adelanto electoral pilló a la izquierda con el pie cambiado, disgregada y sin un proyecto para Madrid. De la necesidad salió virtud y en solo un mes se armó un proyecto de cooperación sin ataques entre iguales, dejando a un lado la disputa para remar juntos desde proyectos diferentes. Ganar Madrid era una quimera en tan poco tiempo, pero se han puesto los cimientos de un proyecto con la suficiente fortaleza para empezar desde mañana mismo a pensar en asestar un golpe mortal a la derecha madrileña en 2023. La red se ha tejido y no puede deshilarse en estos dos años hasta las próximos comicios siendo consciente de que Madrid es cada vez más de derechas y costará mucho esfuerzo y lágrimas triunfar en Madrid en una deriva reaccionaria casi liberal.

Yolanda Díaz dijo que en mayo comenzaría la legislatura de verdad. Que no sea solo una declaración y si la reacción quiere el pin parental, que se instale la educación afectivo sexual en el currículum educativo. Si la reacción quiere bajar los impuestos a los más ricos, que se recupere el impuesto de patrimonio y sucesiones de manera estatal y que se persiga el dumping fiscal madrileño. La derecha no concibe el juego democrático, pero la izquierda tiene el poder en el Estado y la oportunidad de callar y silenciar a los que con ruido quieren derrocar las leyes que emanan del Congreso. La derecha mantiene Madrid, que la izquierda la derrote de manera inmisericorde con España. Sin complejos ni medianías, con todo el peso de la letra impresa en leyes y decretos.

07 Mayo 2021

¿Se puede criticar a los votantes?

Gerardo Tecé

Ser el único de la plaza de toros que piensa que lo que le hacen al animal es tortura no te quita razón, aunque a tu alrededor todos saquen un pañuelo. La democracia no va de aceptar que la mayoría tiene razón

¿Se puede criticar a los votantes? Es la pregunta en la que anda enredada estos días la izquierda. A falta de mejores cosas que hacer, como gestionar poder político, no me parece mal hobby. Una primera pensada rápida sobre el asunto nos lleva a intuir algo obvio: en la fila de la ventanilla para la crítica, uno siempre debe estar unos cuantos turnos por delante de los demás. Parte de la izquierda, sin embargo, generosa como siempre, ha decidido cederle el paso al resto y quedarse mirando la ventanilla de lejos. Lanzándose al cuello del currante que vota trumpismo de cercanía. Sin caer en la cuenta de que, si a Díaz Ayuso le ha funcionado plantear una guerra estúpida entre alternativas imaginarias –comunismo o libertad–, es quizá porque la izquierda no ha planteado una guerra seria entre alternativas reales. Tal vez con una derecha enfurecida por culpa de una valiente reforma laboral a la izquierda le hubiera ido mejor que llevándose las manos a la cabeza por las ocurrencias de Ayuso. Si el pulso por lo material no ocupa el espacio central del debate, gana quien controla los medios de comunicación. Y esa no es precisamente la izquierda.

Una vez ha desfilado uno mismo por la ventanilla de la crítica, ¿por qué no van a pasar por ella los demás? ¿Por qué no se puede decir que los madrileños han votado mayoritariamente políticas que son objetivamente irresponsables y letales para lo público? ¿Por qué un gran número de votos iban a ocultar que Ayuso, como decía estos días el bolivariano Financial Times, ha triunfado gracias a una estrategia grosera por lo infantil? ¿Por qué criticar lo votado iba a ser un ataque a la democracia? En este debate que tiene tan entretenida a la izquierda, parte de ella repite estos días algo que, aunque suena muy bien en las tertulias generalistas, quizá no sea del todo cierto: al votante no se le puede reñir como a un niño que se equivoca por haber votado a Ayuso. ¿Y si fuera justo al contrario? ¿Y si tratar como un niño al votante fuese en realidad observarlo como ser de luz sin responsabilidad y ajeno a la política? ¿No será tratar como un niño al votante presentarlo como un actor externo al día a día de la democracia que, de vez en cuando, es llamado a ponerle nota a la política? ¿No será el votante en parte culpable de los errores de la democracia? Julio Anguita, tan venerado como ignorado, pedía ya hace décadas cambiar el foco. Usted no es ajeno a esto, le decía Anguita al votante. “Yo le miro a usted a la cara y le digo que, si vota corruptos, usted tiene responsabilidad en la corrupción”. Creo que tratar al votante como adulto sería más bien eso.

Que el voto, como los trajes de Sergio Ramos o el punto de sal de las croquetas, sean objetos susceptibles de crítica, no nos quita calidad democrática, nos la da. Y no importa que la crítica se realice contra dos votos emitidos o contra dos millones. Ser el único de la plaza de toros que piensa que lo que le hacen al animal es tortura no te quita razón, aunque a tu alrededor todos saquen entusiasmados un pañuelo. La democracia no va de aceptar que la mayoría tiene razón. Las elecciones, el voto de la mayoría, te obliga a aceptar que en el sillón institucional se siente el más votado, pero nada más. Siento caer en la obviedad de Teo descubre la democracia, pero el debate obliga a explicar lo básico.

Hay que persuadir al votante en vez de regañarle, repite instalada frente a la ventanilla de la crítica esa izquierda tan enamorada de flagelarse que bloquea el paso del resto de la fila. Que si quiere bolsa, oiga. Llámenme radical, pero creo que el votante no debería ser un niño al que la izquierda deba persuadir. Para persuadir ya está Díaz Ayuso que, entre sacrificio necesario y Disneylandia, ofrece el castillo de Mickey Mouse. Aunque esto haya supuesto una irresponsabilidad sanitaria, como demuestran los brutales datos del paso de la pandemia por Madrid. La izquierda, como opción política, está obligada a persuadir, claro. Pero nunca en lo importante. En lo importante a la izquierda le toca ser responsable, aunque esto le reste votos. Cosa que no estaría de más que imitase la derecha de vez en cuando. Tiene ejemplos en los memes del móvil. Cuando Churchill le prometió al Reino Unido sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor en una Guerra necesaria contra el nazismo, no persuadió ni hizo cálculo político. Churchill le dijo a su pueblo lo que había y no ofreció la alternativa de seguir con sus vidas como si nada. Eso hubiera persuadido a muchos, seguro. Pero hubiera sido tremendamente irresponsable.

Repetimos hoy con el votante de Ayuso el mismo argumento que ya apareció cuando la extrema derecha llegó a las instituciones. No les diga usted a los votantes del fascismo que están equivocados, enamórelos con argumentos. Años después, aún nadie ha conseguido enamorar con argumentos a quien opina que no hay que rescatar una patera en el mar –pintando de blanco a los pasajeros, ¿tal vez?-, que los homosexuales son enfermos o que el feminismo es un atentado contra el hombre. La política necesita más dosis de responsabilidad y menos de persuasión. Para persuadirnos tenemos ya maravillosos publicistas que nos hacen comprarnos relojes que miden calorías. Ayuso ha hecho una jugada muy inteligente ofreciendo libertad cuando la gente estaba ya harta de restricciones pandémicas, repiten sesudos analistas, incluidos muchos desde la izquierda. Claro. Inteligente es. Inteligentísimo, diría. Tan inteligente como bloquear el gobierno de los jueces porque te beneficia. Tan inteligente como regalarle vivienda pública a un fondo buitre que controla cadenas de televisión que después hablarán bien de ti. Que la derecha es inteligente no debería ser motivo de debate: nadie lo duda.

Que el votante de Madrid ha premiado la irresponsabilidad es algo que no sólo se puede decir, sino que se debe. Y, puestos a hablar del votante como niños, Madrid, reconozcámoslo, sería ese hijo único acostumbrado a ser el centro de atención. El hijo premiado con regalos sin que las notas importen. A Madrid, después de suspender el curso, se le dio a elegir entre quedarse estudiando o irse a Disneylandia como si nada. Y la respuesta fue clara. Escribo esto desde Andalucía. Lugar gobernado por un PP que cerró bares cuando era necesario y arrimó el hombro con el Gobierno central como lo han hecho todas las autonomías independientemente de su color político. Todas, excepto Madrid. Un PP andaluz al que nunca nadie en este tiempo le recriminó que nos hubiera quitado la libertad. En Andalucía, hija de familia numerosa acostumbrada a no ser el centro de atención ni a recibir viajes a Disneylandia, se entendió que era lo que tocaba. Aunque nos guste un bar tanto o más que a cualquier habitante de la sagrada meseta. Pues claro que se puede criticar.

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