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Yolanda Díaz le sustituirá como presidente de Madrid

Pablo Iglesias anuncia su sorpresa su dimisión como Vicepresidente del Gobierno para ser candidato de Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid frente a Isabel Díaz Ayuso

HECHOS

El 15.03.2021 D. Pablo Iglesias anunció su candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid.



REAJUSTE EN EL GOBIERNO

El cargo de ‘vicepresidente segundo y ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030’ es suprimido como tal. La ministra de economía Dña. Nadia Calviño (PSOE) deja de ser vicepresidenta tercera para pasar a ser vicepresidenta segunda. Mientras la ministra de Trabajo, Dña. Yolanda Díaz (Unidas Podemos), pasa a simultanear ese cargo con el de vicepresidenta tercera y se crea el ministerio  de Derechos Sociales y Agenda 2030, para Dña. Ione Belarra (Unidas Podemos).

MÁS MADRID RECHAZA RETIRAR SU CANDIDATURA EN FAVOR DE IGLESIAS

La candidata de Más Madrid, Dña. Mónica García (la plataforma fundada por D. Íñigo Errejón y Dña. Manuela Carmena) se negó a retirarse en favor de una candidatura unitaria de la izquierda encabezada por D. Pablo Iglesias en respeto a la oposición que Más Madrid había estado haciendo desde la Asamblea de Madrid: «Las mujeres estamos hartos de tener que apartarnos para ser tuteladas por un hombre».

ÁNGEL GABILONDO RECHAZA HACER COALICIÓN CON PABLO IGLESIAS

D. Ángel Gabilondo, candidato del PSOE a la presidencia de Madrid, anunció que no pensaba hacer coalición con Unidas Podemos y que, sus primeras preferencias para pactar un gobierno de coalición eran Más Madrid y Ciudadanos, pero no el Sr. Iglesias por juzgarle extremista, algo curioso teniendo en cuenta que PSOE y Unidas Podemos gobiernan en coalición a nivel nacional.

TERESA RODRÍGUEZ (ADELANTE ANDALUCÍA) CRITICA A IGLESIAS.

Dña. Teresa Rodríguez, destituida como portavoz de Podemos en Andalucía en octubre de 2020, que consideró que D. Pablo Iglesias deja la vicepresidencia porque ‘se aburre’ y para ‘vengarse del Sr. Errejón’.

16 Marzo 2021

La izquierda, al asalto de Madrid

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

NO ES POSIBLE entender el inesperado movimiento de Pablo Iglesias sin tener en cuenta su visión de la política como una actividad dirigida esencialmente a la conquista del poder. Al asalto, por utilizar sus propias palabras. Nadie como él sabe que no se abandona un puesto de máxima responsabilidad en el Gobierno de la nación para optar a una parcela de poder autonómico, es decir, menor. A no ser que sea por necesidades ajenas a la responsabilidad política. Por eso, el primer acto de su campaña electoral emitido sin el menor rubor, como ya hiciera Salvador Illa, desde su despacho gubernamental ha estado dirigido a hacer de su debilidad una virtud. Tras el argumento del sacrificio de un militante que acude a la llamada del pueblo para frenar a la ultraderecha, se esconde su frágil posición en la coalición. Por eso ha optado por disputarle a Pedro Sánchez y al PSOE el poder desde la Comunidad de Madrid.

Con varios de los principales ministros socialista en su contra; perdidas algunas de sus batallas programáticas, como la derogación de la reforma laboral o la intervención del mercado inmobiliario; acreditada su incapacidad para la gestión en los dramáticos momentos de la pandemia, cuando no logró frenar la altísima mortalidad en las residencias de ancianos; con sus índices de popularidad en mínimos históricos y bajo la presión de tres causas judiciales abiertas Neurona, el caso Dina y la posible financiación irregular a través de una caja B, Iglesias ha decidido dar un paso al lado y ceder su puesto de vicepresidente a Yolanda Díaz la ministra morada mejor valorada por sus socios del PSOE, que pasaría no solo a liderar Unidas Podemos sino a ser cabeza de cartel en caso de un adelanto electoral por parte de Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno se limitó, desde París, a decir que tiene «la mejor de las opiniones de la ministra de Trabajo», pero sin aceptar de momento la exigencia de Iglesias, como le aconsejan algunos personas de su entorno.

Por otra parte, desde su nueva posición, el líder de Podemos volvería a lo único que ha demostrado saber hacer: polarizar el debate político y social a través de la demagogia ideológica, como dejó claro ayer al llamar «trumpistas», «delincuentes» y «criminales» a los líderes de la derecha, un anticipo del tono guerracivilista que tratará de imponer hasta el día de las elecciones. De esta forma, además, saldría al rescate de su partido, que se encuentra en sus horas más bajas. Fragmentado en Madrid y Andalucía Teresa Rodríguez no desperdició la oportunidad de reprocharle la inmadurez de abandonar su puesto, debilitado en País Vasco y Cataluña y desaparecido en Galicia, Unidas Podemos corre el riesgo de convertirse en una fuerza irrelevante en Madrid en favor de su escisión errejonista. No es casual que más que un ofrecimiento, Iglesias lanzase ayer una opa no demasiado amistosa a Más Madrid, que tendrá muy difícil zafarse del amenazante abrazo del oso.

Pero si hay algo que ha demostrado esta maniobra de Iglesias es la importancia que tiene para la izquierda hacerse con el control de la Comunidad de Madrid, el principal motor económico de España. Fracasado el frívolo intento de orquestar una moción de censura con la complicidad de Ciudadanos para derrocar a Ayuso, la izquierda está convencida de que solo un agresivo frente común podría poner fin al Gobierno autonómico que, junto con el andaluz de Moreno Bonilla, mejor representa una alternativa liberal a sus políticas de acoso fiscal a la clase media y de colaboración con los independentistas catalanes y vascos.

En una desesperada huida hacia delante, el líder de Podemos abandona su puesto para tratar de recobrar la iniciativa política o sencillamente sobrevivir en política. La increíble irresponsabilidad que supone desestabilizar al Gobierno en plena pandemia y con una brutal crisis económica vuelve a evidenciar la garrafal frivolidad de Sánchez al meterlo en el Gobierno y lo poco que a la izquierda le importa gestionar seriamente su país.

Al abandonar el Gobierno, Iglesias opta por disputarle el poder a Sánchez desde la Comunidad de Madrid

15 Marzo 2021

Iglesias se lanza a otra batalla imposible

Ignacio Escolar

Doble o nada. Como todo en la carrera política de Pablo Iglesias. El órdago constante de un líder del que se pueden criticar muchas cosas, pero no que se aferre a los cargos, que no asuma riesgos, o que pretenda vivir toda la vida de la política. Hay quien lo llama temeridad, o exceso de autoestima. Hay quien lo llama osadía. Hay que tener mucho valor, o estar muy loco, para lanzarse de esta manera al precipicio de los retos imposibles. Solo aquellos pilotos que no tienen miedo a morir se atreven a entrar así de rápido en las curvas.

Este año se cumplirán diez años del 15M. Nadie, una década atrás, habría podido pronosticar esta historia. Que el espíritu del “no nos representan” iba a dinamitar el bipartidismo. Que de esas plazas surgiría un partido que cambiaría para siempre la política. Que lo pondría en marcha un desconocido profesor universitario que, en 2011, tenía como único altavoz un pequeño programa en una tele local de Vallecas. Que estaría muy cerca de asaltar los cielos; sobrepasar al PSOE que Pablo Iglesias Posse fundó hace 140 años. Que este nuevo Pablo Iglesias aguantaría todo tipo de presiones, todo tipo de marrullerías, hasta lograr otro imposible: entrar en el primer Gobierno de coalición en España desde hace casi un siglo. Y que una vez logrado este objetivo, apenas 14 meses después, dejaría el sillón para lanzarse a otra batalla que hoy tantos dan por perdida.

En las últimas dos décadas, la derecha solo ha perdido las elecciones en Madrid en tres ocasiones.

La primera, en mayo de 2003, la solventaron con el Tamayazo. La segunda, en las generales de 2004, se la ganaron a pulso, con sus mentiras del 11M. La tercera, en mayo de 2015, fue una victoria pírrica de la izquierda, y Cifuentes gobernó por los votos perdidos en la candidatura de IU que se quedó fuera por no llegar al 5%.

La derecha, cuando se moviliza, alcanza los dos millones de votos en Madrid. La izquierda no supera los 1,7 millones desde 2004. Es un margen inmenso. Una distancia abismal entre ambos bloques. Unos bloques donde ya no hay matices: que serán en estas elecciones –¿la batalla del Jarama?– más nítidos que nunca.

El dominio de la derecha en Madrid parece imbatible. Un cuarto de siglo de gobiernos neoliberales ha cambiado la sociedad; la ha transformado a su imagen y semejanza. No es casual que Madrid tenga el menor porcentaje de educación pública de toda España. O el mayor porcentaje de ciudadanos en la sanidad privada, mientras la pública es de la que menos invierte por habitante. El PP ha fabricado a sus propios votantes, a los que primero ha expulsado de los servicios públicos y después ha convencido de que no merece la pena pagar impuestos por un Estado del bienestar que cada vez usan menos.

La derecha también ha aprovechado este cuarto de siglo en el poder de Madrid para construir su propia red clientelar, como todo gobierno que se perpetúa. Y una potente maquinaria de medios de comunicación afines, capaces de convertir a una medianía como Isabel Díaz Ayuso en la nueva Margaret Thatcher, en la futura Donald Trump castiza.

No desvelo nada que ya no sepan. Madrid es de derechas. Más de derechas que nunca. Una anomalía respecto a la mayoría de las grandes capitales europeas, que suelen ser más progresistas que el resto del país. Tiene también que ver con la paradoja en la que vive esta ciudad –la villa y sobre todo corte– que nunca ha sido tan fuerte económicamente como hoy respecto al resto de España, pero que manda menos que nunca antes en su historia.

Esa contradicción –ser el rico y no el que manda– ha generado una indignación reaccionaria, una pulsión autoritaria. El modelo autonómico ha dado mucha riqueza a Madrid, y también menos poder político. Son más fuertes y más débiles al mismo tiempo, y eso enfada mucho. Un cabreo de derechas que se ha agravado con esa coalición con ministros comunistas, donde los votos de vascos y catalanes también deciden quién gobierna; donde ya no solo mandan las élites madrileñas del barrio de Salamanca. ¡Qué se habrán creído!

A esa batalla perdida se lanza Pablo Iglesias. Como un piloto kamikaze contra el portaaviones, en la que probablemente serán sus últimas elecciones, gane o pierda. Para intentar frenar, como último servicio a su partido, el que apunta será el primer Gobierno de España de la derecha extrema de Ayuso con la ultraderecha de Vox. Dos siameses del aguirrismo, el árbol corrupto del que todos ellos han nacido.

Con Iglesias, solo parece haber dos opciones: o muy a favor, o muy en contra. O se le quiere o se le odia. También en la izquierda. Genera a su alrededor una polarización superlativa: por su forma de ser y sus errores, y también por las enormes campañas en su contra. En Madrid, los que le odian son amplia mayoría. ¿Su llegada a estas elecciones aumentará la participación? Eso es seguro, y también subirá la polarización. La gran duda es otra: ¿a qué bloque movilizará más? ¿A la derecha o a la izquierda?

La respuesta se sabrá dentro de apenas mes y medio. Si esas encuestas –que certifican que a Iglesias en Madrid se le odia mucho más de lo que se le quiere– permiten pronosticar que su llegada al tablero de juego en realidad favorece a la derecha, porque la enciende aún más; o si, por el contrario, esto sirve para activar a la izquierda, que llegaba derrotada a las urnas frente a una derecha que ya no podía estar más crecida.

Para Ayuso, si su bloque suma la mayoría, la llegada del líder de Podemos a la Asamblea de Madrid puede ser una estupenda noticia. ¿Acaso Vox y lo que quede de Ciudadanos –si es que queda algo– se atreverán a no darle ese gobierno en solitario que el PP anhela si la otra opción solo puede pasar por Pablo Iglesias?

Pero la decisión de Iglesias también le puede reconciliar con una parte del electorado que había perdido. Se decía de él que se quería aferrar al sillón –al contrario, ahora lo abandona–. Que haría cualquier cosa para seguir en política y enterraría en el camino a su partido –al contrario, hoy queda claro que Unidas Podemos ya no corre en Madrid riesgo de quedarse por debajo del 5%–. Que había convertido a Podemos en una empresa familiar donde su mujer heredaría el chiringuito –al contrario, señala como sucesora a la que objetivamente es la mejor candidata, Yolanda Díaz–.

Habrá que ver también qué hace después Iglesias, que ha anunciado que no repetirá como candidato a la presidencia del Gobierno. Si cederá realmente el liderazgo de su partido, con todas las consecuencias. Si con su sucesora ejercerá de Zapatero, y dejará equivocarse y acertar a Yolanda Díaz, o no sabrá retirarse, como Felipe.

El terremoto que se inició en Murcia aún no ha terminado. Ni en la derecha ni en la izquierda. Queda todavía por ver qué hará Más Madrid. Si la izquierda tiene una oportunidad en estas elecciones pasa por que no se pierda un solo voto.

Es un reto muy difícil, pero no completamente imposible. Porque Ayuso y Monasterio no solo movilizan a la derecha: también –y mucho– a la izquierda. Del colapso de Ciudadanos pescarán la mayor parte PP y Vox, pero el PSOE de Ángel Gabilondo también puede atraer a esos votantes moderados que no buscan la revolución, ni tragan a Iglesias, pero tampoco pueden con ese discurso del veto neandertal, la homofobia y el negacionismo de la violencia machista. Porque, al igual que ocurrió en 2015 con la candidatura de IU, puede ser hoy Ciudadanos quien reste una parte de sus votos a la derecha por no llegar al 5%. Hay partido, aunque para la izquierda sea en un terreno de juego tan difícil.

Con la decisión de hoy, Pablo Iglesias empieza su retirada de la política. Falta por saber si ganará su última batalla imposible o si es una misión suicida.

15 Marzo 2021

Pablo Iglesias resucita al muerto

Antonio Maestre

"La polarización ya existía antes de llegar Iglesias a la escena madrileña. Los marcos del lenguaje utilizados por Isabel Díaz Ayuso con el lema 'socialismo o libertad' habían planteado la campaña como un juego dilemático, o ella o el caos, solo que en el otro lado no había ningún candidato".

Las elecciones en Madrid tienen hoy una realidad opuesta a la que existía ayer. El simple hecho de plantear la incertidumbre con un solo movimiento de candidato en unas elecciones en las que todos los elementos apuntaban a una mayoría de Isabel Díaz Ayuso con VOX es un éxito que no se puede cuestionar. Las variables son tantas y tan diversas que no puede valorarse con precisión y conocer hasta qué punto serán favorables a los intereses de la izquierda, pero sí sabemos que mejoran de manera sustancial las posibilidades que hasta ayer eran nulas. La izquierda en Madrid era un páramo sobre el que la derecha cabalgaba desbocada hasta que Pablo Iglesias ha dejado la vicepresidencia para competir en el peor escenario posible. Un gesto audaz e inesperado que mueve a todos sus oponentes.

La candidatura de Pablo Iglesias a la Comunidad de Madrid supone un shock de dimensiones poco evaluables con tan poco tiempo transcurrido desde el anuncio, pero sí permite trazar algunas líneas básicas sobre cómo han cambiado las expectativas del espectro de la izquierda en Madrid y cómo transcurrirá la campaña. Pablo Iglesias ha resucitado al muerto que era la izquierda ante Ayuso. Un espacio político que llegaba a las elecciones como un ente catatónico incapaz de competir con la maquinaria reaccionaria que se activa cuando se trata de asegurar el poder y el dinero para las terminales mediáticas conservadoras.

Pablo Iglesias ha cambiado el marco de las elecciones. Su simple presencia ha hecho que Ayuso ya lo considere el rival a batir cuando ella era la pieza protagonista de las elecciones del 4 de mayo. “Comunismo o libertad”, fueron sus primera palabras, cambiando el lema que había sido su leitmotiv desde su convocatoria de elecciones. La protagonista ya no es Ayuso. Todos los movimientos a partir de ahora parten de una sorpresa, del movimiento inesperado de Pablo Iglesias que ha transformado la presencia de Podemos en las elecciones de agente marginal que luchaba por no desaparecer debajo del 5% a ser el elemento sobre el que pivotan toda la actualidad, la agenda y la acción política del resto de candidatos.

La polarización ya existía antes de llegar Iglesias a la escena madrileña. Los marcos del lenguaje utilizados por Isabel Díaz Ayuso con el lema “socialismo o libertad” habían planteado la campaña como un juego dilemático, o ella o el caos, solo que en el otro lado no había ningún candidato, sino un imaginario ficticio creado por la reacción para justificar sus políticas basado en un ilusorio gobierno socialcomunista. Ahora ese dilema tiene dos jugadores, Pablo Iglesias ha llegado para ocupar el polo vacante sobre el que Isabel Díaz Ayuso había planteado el relato.

La maniobra del líder de Podemos ha trastocado los planes de una derecha que navegaba apaciblemente, convencida de que sería un paseo militar y ahora balbucea a la hora de plantearse la posibilidad de encontrarse en una debate cara a cara con el candidato de Podemos. La presencia de Iglesias movilizará más aún a una derecha ya de por sí hipermovilizada en cada convocatoria electoral, pero con la novedad de que opera como un agente movilizador de una izquierda sumida en el hastío. Donald Trump perdió las elecciones movilizando más voto que el que le llevó a ganar a Hillary Clinton, pero se le derrotó al movilizar más voto para evitar su reelección. El problema de la izquierda siempre ha sido sacar a los suyos, tener al candidato más fuerte posible en su espectro ideológico es la única manera de paliar ese hándicap en un entorno social de decaimiento y desesperanza generalizada.

El movimiento de Iglesias no solo tiene una traslación local. De hecho tiene muchas más implicaciones a nivel nacional que regional. En el vídeo del anuncio el todavía vicepresidente del gobierno ha hecho una advertencia velada a Pedro Sánchez por su coqueteo con Ciudadanos y el rumor en la corte del adelanto electoral: “No se gana a la derecha con pactos con partidos de tránsfugas”. El mensaje de Pablo Iglesias busca cortar de raíz los deseos de Iván Redondo con un nombramiento que espanta en las filas del PSOE a nivel electoral, Yolanda Díaz como candidata de Podemos en unas elecciones es la peor pesadilla de Pedro Sánchez. Es la candidata mejor valorada dentro de las filas del electorado socialista incluso por encima del propio presidente. Todos los elementos de la decisión establecen un panorama que detiene de forma abrupta la percepción de caída del espacio electoral de Podemos, y aún sin jugarse la batalla de Madrid, porque ahora la posibilidad de ganar Madrid está abierta y es impredecible. Porque es cierto, Pablo Iglesias es un candidato que no gusta nada a la derecha madrileña, pero es que no es a ella a quien le tiene que gustar.

23 Marzo 2021

Soso, serio, formal, cobarde y mentiroso

Antonio Maestre

"Solo existe una posibilidad para que el candidato soso, serio y formal que nos presenta el PSOE en la batalla nacional en que se ha convertido Madrid no sea un mentiroso. Que no quiera ser presidente"...

Ser justo es mucho más complicado y duro que ponerse de perfil y mirar para otro lado confundiéndose entre la mayoría poderosa. Ser ecuánime y cabal ante la infamia no suele comportar beneficios y sí provocar heridas y sufrimiento, es doloroso ser solidario y ponerse del lado del aliado que más sufre los embates del frente que combates. Ángel Gabilondo aspira a ser presidente de la Comunidad de Madrid y vencer a Isabel Díaz Ayuso en su alianza con los posfascistas de VOX, y para eso tendrá que hacer un frente común con todo lo que se encuentra a su izquierda. En ese bando está Pablo Iglesias y Unidas Podemos, que ya se han convertido en el objetivo prioritario de la reacción. La lógica de la decencia indica que el catedrático tendría que evitar contribuir al marco discursivo que define a Pablo Iglesias como extremista en una dialéctica que busca confundirlo con la extrema derecha para hacerlo ilegible. Pero no, era demasiado osado para Gabilondo y ha preferido ser cómplice del relato que quiere hacer a Ayuso y Monasterio las lideresas de Madrid.

Ángel Gabilondo declaró en una entrevista en Al Rojo Vivo que no pactaría con Pablo Iglesias advirtiendo que no estaría cómodo en un gobierno con alguien tan extremista. Una afirmación que, como es lógico en el profesor, no es fruto de un calentón y la ha expresado de manera más amplia en una tribuna en El País. La expresión tiene múltiples problemas, algunos pragmáticos y otros conceptuales. Pero todos hacen de la afirmación una posición de difícil defensa para el que ha sido opositor invisible. Porque si Ángel Gabilondo quiere ser presidente de la Comunidad de Madrid tendrá que incumplir lo que ha afirmado.

El catedrático filósofo, serio, soso y formal no ha dudado a la hora de engañar a sus electores haciéndoles creer que existe una posibilidad de que el PSOE pudiera gobernar con Ciudadanos y Más Madrid, algo que fue posible en 2019 por números pero que es completamente imposible después del proceso de disolución de los naranjas. Es cierto que en filosofía el concepto verdad es muy debatible, no es lo mismo una verdad subjetiva que objetiva, pero no ha sido Gabilondo en su actividad política un firme defensor del subjetivismo hasta ayer. Ese arte en Madrid estaba reservado al trumpismo de Ayuso. Ni siquiera el señor Gabilondo puede acogerse al perspectivismo de Leibniz y defender que la verdad sobre la que realiza su argumento parte de su punto de vista cognitivo. Seamos prosaicos, señor Gabilondo, no hay teoría filosófica de la verdad sobre la que se pueda sustentar que usted no necesita a Pablo Iglesias para ser presidente. No engañe a sus electores, ni desde la metafísica.

El marco elegido por el líder del PSOE en Madrid es la negación de la legitimidad a Pablo Iglesias doblegándose al discurso dominante en los marcos del debate público fijados por los medios conservadores que solo aceptarán la negación del posfascismo en las instituciones si eso se lleva por delante al antifascismo. Con un agravante, nadie está negando la legitimidad a VOX para entrar en un gobierno con el PP, ya se ha aceptado como un hecho natural que ocurrirá sin mayor problema. Gabilondo ha virado a una posición cobarde considerando más aceptable los pactos con quien hasta ayer mismo gobernaban en Madrid con los votos fascistas que con quien considera los derechos humanos un bien inalienable.

Gabilondo ha pretendido engañar a los votantes de Ciudadanos temerosos del ruido, los pocos que en la sociología del votante naranja consideran a Ayuso un peligro, porque son muy pocos. Lo cierto es que si quiere ser presidente necesitará a Pablo Iglesias. No hay más. Le perturbe o no. Solo existe una posibilidad para que el candidato soso, serio y formal que nos presenta el PSOE en la batalla nacional en que se ha convertido Madrid no sea un mentiroso. Que no quiera ser presidente y solo aspire a no perturbar demasiado al PP para lograr ser Defensor del Pueblo. Un guerrero fiero para servir a la ciudadanía. Apañado está el pueblo, apañada está Madrid.

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