7 mayo 1954

Éxito del General Giap y Ho Chi Minh sobre los intentos de Francia de retener su dominio colonial en indochina

Guerra en Vietnam: los comunistas asestan un golpe mortal a Francia conquistando la fortaleza de Dien Bien Fu

Hechos

El 7.05.1954 la prensa de todo el mundo informó la conquista por parte de las tropas del Vietnam de la fortaleza francesa en Dien Bien Fu.

Lecturas

Ho Chi Minn proclamó la República Democrática de Vietnam, en Vietnam del Norte.

La fortaleza de Dien Bien Phu, construida por los franceses en la jungla de las tierras altas vietnamistas, fue tomada por el Vietminh (Liga para la liberación de Vietnam) en el curso de la guerra de Indochina. El 7 de mayo de 1954 los franceses tuvieron que capitular, concluyendo así su dominio en Indochina.

A partir de 1949 el Vietminh abandonó la guerra de guerrillas para organizarse en grandes unidades, lo que finalmente le valió la victoria frente a los franceses en Dien Bien Phu. El Vietminh consiguió cortar los suministros a la fortaleza francesa situada en un valle, mediante la ocupación de las sierras cubiertas de bosques que lo rodeaban. De esta manera el aprovisionamiento desde el aire era prácticamente imposible.

Esta derrota supuso la retirada del dominio francés en la región. El armisticio firmado el 21 de julio de 1954 trazaba una línea de demarcación militar que separaba el Vietnam en dos partes: el norte industrial y el sur agrícola. Pero a Estados Unidos le interesaba conservar el sur para seguir luchando contra el comunismo. POr ese motivo impidió la celebración de las elecciones para la unificación del país previstas para 1956; su apoyo al dictador militar survietnamita Ngo Dinh Diemm que tomó el poder el 26 de octubre de 1955 forjando una partición del país en dos y causando una guerra civil que en los años 60 sería la ‘Guerra de Vietnam’. Diem gobernará hasta 1963.

LOS GANADORES

1953_hochimin 1953_giap  El líder de la guerrilla comunista en Vietnam, Ho Chi Minn, ha visto uno de los mayores éxitos que le da prácticamente todo el control de la zona norte de Vietnam hasta el paralelo 17 para establecer en esa zona su República Democrática de Vietnam bajo un sistema de dictadura comunista. El General Giap, fiel a Ho Chi Minn, ha sido el artífice de la victoria contra las tropas francesas.

LOS PERDEDORES

indochina_7_5_1954  ministroexterioresfrances1953  El primer ministro de Francia, el socialista Guy Mollet, tuvo que anunciar a la cámara el día 7 la caída de Dien Bien Fu que puede suponer la caída de todo su gobierno. También es una derrota moral para su ministro de Exteriores,  que intentó en vano convencer a Estados Unidos de que apoyara a su fortaleza de Dien Bien Fu para reconquistar a partir de ella a Vietnam como colonia del Imperio Francés.

08 Mayo 1954

La lección de Dien Bien Fu

ABC (Director: Luis Calvo)

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Los nueve mil europeos que a las órdenes del general francés De Castries defendían la fortaleza de Dien Bien Fu han caído ayer en manos de loas agresores comunistas. El origen próximo de esta posición ahora perdida para el Occidente lo acaba de revelar con todo detalle el general Gilles, jefe de las fuerzas paracaidistas de Indochina. El 21 de noviembre de 1953 un batallón aerotransportado se lanzó en la retaguardia de las fuerzas vietnamitas y reconquistó la localidad de Dien Bien Fu. La maniobra cuidadosamente preparada, se consumó en cuatro días con sólo 17 bajas. El fin pretendido era permitir la retirada de las fuerzas cercadas al norte del Estado de Tonkin, en las riberas del río Negro. Estas tropas, concentradas alrededor de Laichau, pudieron replegarse sin graves pérdidas hasta la posición de Dien Bien Fu, casi fronteriza con Laos. La segunda finalidad perseguida era dividir a las fuerzas vietnamitas que avanzaban hacia Luang-Prabang, corazón del Estado de Laos. Al propio tiempo se obstaculizaban seriamente los comunicaciones entre China y las fuerzas comunistas que atacaban el delta tonkinés, en cuyo vértice se asienta Hanoi. La audacia estratégica de la operación de Dien Bien Fu, verdadero islote en el Tonkin ocupado por los comunistas, es evidente.

Desde el 21 de noviembre, en que aterrizaron los primeros paracaidistas franceses sobre Dien Bien Fu, hasta que el ejército comunista inició el cerco, transcurrieron tres meses y medio, meses empleados por la guarnición en organizar el poderoso sistema defensivo que les ha permitido resistir cincuenta y seis días de asedio. Pero al fin se ha producido lo inevitable. Roto el puente aéreo, convertidas las trincheras de riachuelos de fango, los últimos reductos de Dien Bien Fu han sido ocupados por el númeroso ejército sitiador. Sería, sin embargo, un error calificar de derrota la jornada de ayer. En lenguaje militar, el general De Castries ha cumplido una misión. El ejército del Vietnminh ha interrumpido su avance hacia el sur, detenido por un puñado de valientes. Las fuerzas comunistas que atacan la zona del delta aminoraron su ímpetu, y, lo que es decisivo, Europa ha plantado en un difícil rincón de Asia la bandera del más alto heroísmo. Los efectos que la gesta ha producido sobre la moral del Ejército francés son evidentes. El soldado europeo, que en esta guerra corría el riesgo de confiar demasiado en la supremacía técnica y en la ilimitada posibilidad de retirarse, ha vivido casi dos meses pegado a la tierra, a merced de las hazañas individuales. Esta experiencia, generalizada, podría cambiar el rumbo de la guerra en Indochina.

Pero mientras en Tonkin occidentales y comunistas se empeñaban en un cuerpo a cuerpo sin cuartel, representantes diplomáticos de agresores y agredidos se sentaban a una misma mesa a orillas del tranquilo lago Leman. Y en París, toda la política exterior se sentía amenazada de muerte por un voto de confianza. Mientras el gran problema occidental consiste en coordinar los puntos de vista de las tres potencias, Rusia, que tiene en el campo de batalla el privilegio de escoger el lugar de la agresión dicta impertérrita sus condiciones de paz. En puridad, la triste pero gallarda caída de Dien Bien Fu no justifica el día de luto nacional decretado por el Gobierno francés. Lo que lo justifica en la triste gestión de sus gobernantes. Frente a la interpretación derrotista y morbosa de la caída del baluarte que cerraba a los comunistas la puerta de Laos y del delta tonkinés, proponemos una interpretación heroica, la de la misión cumplida y la lección dolorosa. Si a las estériles lágrimas de los diputados franceses que escuchaban el comunicado de Laniel y a la depresión de los delegados occidentales en Ginebra sigue la fecunda reacción que en todo gobernante debe provocar el convencimiento de su error y las virtudes egregias de un grupo de ciudadanos, la derrota de Dien Bien Fu puede ser, como la de Dunquerque, el principio de un salvador reflujo político y militar. Así lo deseamos en esta hora adversa para Francia y, en definitiva, para todo el Occidente. Todos estamos en el trance amargo interesados. Podríamos computar las responsabilidades – las de la propia Francia en primer término – el silencio, si no el olvido, nos parece más elocuente. Los defensores heroicos de Dien Bien Fu han fijado un camino. Ese es el camino que hay que seguir para triunfar. Porque triunfo ha de haber, y en los campos de batalla, si queremos que queda asentada la civilizaciones del Occidente.

09 Mayo 1954

El equívoco de Dien Bien Fu

Mariano Daranas

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Supuesto que haya llegado la hora de repartir equitativamentela mención que por su constancia y su heroísmo merecen los defensores de Dien Bien Fu los defensores de Dien Bien Fu, bueno sería recordar que entre la guarnición caída resistían bajo una bandera que no era la suya, alistados en la Legión extranjera, polacos, italianos, alemanes, españoles, japoneses, etc., y que la mayor parte de los sitiados eran hombres de Germania, más claro, supervivientes del ejército de Hitler. Por donde el Estado, que trató de rehabilitarse contra los vencedores de 1940, acusando a éstos de crímenes atroces y sometiéndoles a terribles represalias, llamó, apenas ingleses, norteamericanos y rusos derrotaron al invasor y la guerra prendió en latitudes asiáticas, al enemigo aborrecido y demostrado para que al precio de su sangre y de su vida le protegiera en Extremo oriente. Ni el dinero a ojos del doctrinarismo democrático de Frnacia ni la carne de cañón tienen olor.

En el frente antibolchevique de Indochina combaten criaturas de muchos países, si bien el mando y la oficialidad, una y otro dignos del heroísmo de la tropa innominal y heterogénea son, en efecto, de naturaleza galorromana. Mas si no sería justo ni leal omitir este segundo elemento de juicio, no me parece tampoco equitativo ni prudente que, en general, se hable de la guarnición francesa de Dien Bien Fu ni de los heridos franceses de Dien Bien Fu. ¡Como si allí no quedaran cautivos o de cuerpo presente, voluntarios de otras procedencias, especialmente como si allí no quedaran exánimes o prisioneros hermanos nuestros de historia, sangre, idioma y geografía! Equívoco tanto más subversivo y pernicioso cuanto que si entre los combatientes abanderados por la IV República en Indochina, algunos, los franceses, que son lo menos, se sacrificaban por el pabellón tricolor, los restantes, que son lo más, porfían, sobre todo, contra las proposiciones asiáticas de la internacional soviética. Y mueve a incredulidad el supuesto luto, el duelo pretenso, la condolencia figurada de la metrópoli occidental a raíz de la pérdida de Dien Bien Fu. ¿Cómo se entiende, si los diputados comunistas de la Cámara (¡la tercera parte de la representación constitucional y paralmentaria de Francia!) permanecieron sentados en sus bancos y a ninguno se le devolvió el salivazo con que pretendían embalsamar cadáveres de franceses muertos por los colores de su pabellón nacional? ¿Cómo se entiende, si la guerra de Indochina era y sigue siendo, desde el Canal de la Mancha el golfo de Lión, eludida e impopular? ¿Cómo se entiende, si el proletariado? ¿Cómo se entiende, si el proletariado, y aun el personal de la Administración pública, tan propicios a dejar el trabajo horas, días y aun semanas consecutivas, no han dedicado siguiera un solo minuto de silencio a los héroes de Dien Bien Fu? Loor a unos héroes y a otros, es decir, a quienes pugnan en Indochina por el imperio tricolor y a quienes allí combaten el incremento del poderío comunista. Y, entre éstos, loor a quienes habiendo nacido y vivido en la España progresista del siglo XXX, se revolvieron ayer contra sus lares genuinos y arriesgan escarmentados, y pierden hoy, su existencia en Extremo Oriente por un objetivo contra el cual habían luchado hace lustros en el suelo de su propia patria. Loor a unos legionarios que, habiéndose distinguido desde 1941, bajo una enseña extranjera, entrando los primeros en Bir Hakein y entrando también los primeros en París a la cabeza de la columna Lecrerq (antes mucho antes, que el grueso expectante, de la llamada resistencia) cancelan sus culpas guerreando en Indochina, al otro lado de las barricadas. Un recuerdo para ellos, sean mucho o pocos, un batallón o una escuadra porque si pecadores en la guerra civil se rehabilitan arrepentidos en 1954 y porque si fraticidas en 1936, rescatan sus abominaciones de antaño, inmolándose por el ideal que habían denostado en oscuras y cenagosas regiones, allí donde no ven, pero trasueñan, el gualda y el rojo de una patria que el regazo de ella negaron y en la emigración sangrienta recuperan.

Mariano Daranas

El Análisis

Adiós a la Indochina francesa

JF Lamata

El 7 de mayo de 1954, en un rincón selvático de Vietnam que hasta hace poco nadie fuera del Estado Mayor francés podía ubicar en un mapa, cayó Dien Bien Phu. Con ella, cayó también el último bastión del colonialismo francés en Asia. La fortaleza, concebida por los estrategas de París como un anzuelo perfecto para atraer y aniquilar al Vietminh, se convirtió en una trampa mortal para sus defensores. Desde las colinas, las tropas de Giap, general de confianza de Ho Chi Minh, impusieron un cerco férreo, cortaron suministros y, tras semanas de asedio, obligaron a los orgullosos oficiales franceses a rendirse. El imperio francés en Indochina no fue derrotado por ejércitos occidentales, sino por campesinos con fusiles y una tenacidad inquebrantable.

Dien Bien Phu no fue sólo una derrota militar; fue una humillación colonial y un aldabonazo geopolítico. El mensaje fue claro: el tiempo de los imperios europeos había pasado, y los pueblos colonizados, hartos de ser meros peones, reclamaban su historia y su destino. Pero si Francia empacaba maletas, Estados Unidos preparaba las suyas. Porque si los franceses perdían Indochina, los americanos no estaban dispuestos a entregársela al comunismo. Así, de las ruinas de la fortaleza nacerá una nueva línea divisoria en el paralelo 17: al norte, la República Democrática de Vietnam bajo la férrea batuta de Ho Chi Minh; al sur, un experimento pro-occidental sostenido por Washington, con el dictador Ngo Dinh Diem como marioneta en funciones.

La Guerra Fría se calza las botas en Asia, y lo que comenzó como una guerra de liberación colonial mutará pronto en el conflicto más largo y envenenado del siglo. Francia sale derrotada, Ho Chi Minh se fortalece, y los EE.UU., aún sin desplegar tropas, ya han tomado asiento en un conflicto que aún no tiene nombre… pero sí muchos muertos por venir.

J. F. Lamata