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El enfrentamiento entre el director y los principales profesionales de la COPE, Luis Herrero y José María García

José Mª García gana su jaque a la Cadena COPE al lograr la destitución de su director, Pedro Díez

HECHOS

El 18.11.1998 se confirmó la destitución de D. Pedro Díez como Director de la Cadena COPE.

sanchez_teran De momento, D. Salvador Sánchez Terán seguirá siendo presidente de la COPE, aunque a él también lo ha puesto en la picota D. José María García.

22 Noviembre 1998

Se fue, venció y volvió

Elena Pita

Vencedor.- JOSE MARIA GARCIA , 54 años, director de deportes de la Cope, en el enfrentamiento que ha mantenido con el director y el presidente de la cadena y que le hizo ausentarse durante dos semanas.

A José María García le salva siempre el corazón. Lo dicen quienes le aman y lo dicen los otros; la indiferencia es un terreno estéril para García (el encefalograma plano del comunicador). «El corazón más grande de la radio» -en palabras del periodista Luis Herrero- ha salido una vez más a flote del maremoto radiofónico. Hace hoy dos semanas que García pidió la dimisión de Pedro Díez y Salvador Sánchez-Terán, director y presidente de la Cope, y se tomó unas vacaciones. A su juicio, había que modernizar la cadena. Otros dicen que el enfrentamiento se debe a los recortes que Díez y Terán habían empezado a aplicar al contenido deportivo de la emisora. Y en medio de la crisis, García suelta la frase: «Quiero a la Cope». Y la Conferencia Episcopal, claro, enternecida; también quiere a García. Sea como fuere, Díez ha rescindido su contrato, cobrará su indemnización, y Supergarcía vuelve a antena. Lo explica Herrero: «Con García no se puede competir, es el número uno, y para trabajar con él hay que aceptar las reglas del juego». Más elocuente se manifiesta Ferrand: «A la gente le apetece meter un tigre en el salón y luego se enfada porque el tigre araña las alfombras y se caga en los sofás. J.M.G es un tigre de gran alzada, que nadie intente convertirle en un gatito».

Lo aprendió jugando de centrocampista en el club juvenil, el Atlas, madridistas de los arrabales del Bernabéu. Un verdadero líder. A los 12 años ya le nacía esa vocación suya de «contador de cosas». Así se define («no soy un periodista, porque no tengo la cultura mínima, ni soy locutor, porque mi voz es mala… Soy sencillamente un contador de cosas»). El mejor comunicador, dicen de él. Su éxito, a juicio de Ferrand, se sustenta en un binomio decisivo: «Personalidad y noticias». Lo explica Herrero: «García ha demostrado que la radio es un fragmento de la vida cotidiana. Para comunicar no se necesita una voz modulada, sino una personalidad capaz de conectar. Sustancia y no envoltorio». José María García ha movido los cimientos de lo uno y también de lo otro. Personalísima su revolución de los atributos, y no menos de los soportes: «Hay un antes y un después de García: los banquillos, las transmisiones en directo, los comentaristas invitados eran impensables antes de él», lo dice Roberto Gómez, a los pechos de Supergarcía desde los 18 años. En cuanto al contenido, convence a una audiencia que ronda siempre el millón. «García no es un hombre plano», dice Herrero. Otros dicen que cuando García pregunta ya tiene decidida la respuesta. Contrataca Ferrand: «Lleva 25 años dando la primicia, y eso no se conoce por anticipado, sino con mucho afán de búsqueda y mucha habilidad en las preguntas». «Olfato y constancia en el trabajo»: la síntesis es de Roberto Gómez, que lleva 20 años acostándose a las tres de la madrugada. «Aunque haya empezado la jornada a las 10 de la mañana, García no se marcha nunca sin hacer el guión del día siguiente». ¿Duro? «No, es un placer. Lo que te pide te lo devuelve en cariño. Lo mejor de García es su calidad humana. Es capaz de discutir contigo violentamente en antena, cerrar el micro e invitarte a una cena. García no tiene rencor». Eso cuando no mordisquea una galleta mientras su equipo disfruta un merecido condumio en el descanso de las 10. Dicen los otros que García sigue siendo el niño del Atlas, un consentido. Para Martín Ferrand, no; «Sus problemas no son de infantilismo: García es una estrella que se sabe estrella y quiere que le pongan la estrella en la puerta de su camerino, como en Hollywood». ¿Entonces, por qué todos le perdonan? «Por su convicción -responde Roberto Gómez-, él obra en conciencia». Son las suyas broncas de justicia.

Empezó su andadura en el diario Pueblo y fue Butanito, de ahí («un lamentable lapsus») a TVE y, disparado ya Supergarcía, batió récords de audiencia: 10 años en la Ser, 10 en Antena 3 y seis en la Cope. Y va y dice: «Quizá sean los últimos». Y enternece, claro: «Tiene por delante otros 25» (Ferrand). «Morirá en el micrófono», dice su fiel Gómez «porque no sabe divertirse, sólo sabe trabajar». Queda una incógnita: si el corazón de García podrá con la presidencia de Terán. O si la presidencia renovará los polos para la Vuelta: llevan dos años gastando el mismo.

De la Noche a la Mañana

Federico Jiménez Losantos

En realidad, García había dicho tantas veces que se iba para, al final acabar quedándose, que muchos creían que iba de farol. En la temporada 1998-1999 la primera sin Antonio, García ya había abandonado los micrófonos en el mes de julio, a pesar del ultimátum de la empresa, y sólo de milagro en una gestión a la desesperada de Luis y Abellán que acabé rematando finalmente yo, conseguimos convencerlo de que siguiera al menos un año más. En los mentideros periodísticos, auqella fue la historia de la bruja de la COPE.

EL problema de fondo en la crisis de la bruja de julio de 1998 venía de muy atrás y era el enfrentamiento de Antonio, García y Luis, las ‘estrellas de la casa’ con el presidente de la COPE, Salvador Sánchez Terán, y el director general, Pedro Díez. Antes de morir Antonio, la salida de ambos estaba decidida; sólo quedaba elegir el momento.

El cargo de presidente de la COPE, era sólo de adorno, una especie de relaciones públicas. Si en vez de suavizar las relaciones exteriores de la COPE resulta que azuzaba las querellas interiores, reñía con Antonio y luego con García y Luis; estaba claro que o sobraba el personaje o sobraba el cargo. En cuanto al director general de una radio que se enfrenta a quienes tienen en sus programas el 80% de la audiencia y el 90% de la publicidad, o los echa pronto o se despide así mismo.

Lo que sucedió es que una mujer – esposa, amiga, secretaria – ligada al director general de la COPE había ido a pedirle que les echara mal de ojo, les hiciera vudú u otra operación mágico lesiva a García y a Luis, porque les hacían la vida imposible a Díez e impedían su feliz desarrollo profesional. Lo que no sabía esta inquieta mujer es que la bruja – llamémosle así – iba a encontrarse en la clínica Incosol de Marbella con una cuñada de García que era amiga suya. Y allí, a orillas de la piscina, le contó preocupada el caso. Y esta, naturalmente, se lo contó a su hermana Monste Fraile, la mujer de García; ésta a su marido y ahí ardió Troya.

Era la de Monste una preocupación muy justificada, porque si alguien estaba dispuesto a pagar por utilizar maia negra contra García y Luis, no cabía descartar que, fracasado el aojamiento pudiera emprender contra uno de ellos o contra ambos acciones algo menos especulativas.

Llovía sobre mojado, porque Díez, en plena escalada de hostilidades, había suprimido la repetición nocturna de cuatro y media a seis de la mañana del programa Agropopular de César Lumbreras, difícilmente podía mejorar los índices de audiencia, ni cambiar los hábitos de los españoles forzándolos a levantarse a las cinco de la mañana para saber lo último sobre el subsidio de la alcachofa; pero lo que sí podía era indignar a García al que siempre perjudicaría un descenso en el EGM que bastante lo castigaba ya.

También, y esto fue clave, porque Lumbreras se había significado como enemigo público de García hasta el extremo de que el día en que el EGM dijo que el programa de deportes de la SER había superado en audiencia al de García se presentó en la COPE con una camiseta de El Larguero. Es decir, que, ante la impavidez, estolidez o complacencia de la empresa, se producía una provocación tras otra del director general y otros personajes de menor entidad para hacer saltar a García, que era el principal activo comercial de la cadena.

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