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Francisco Frutos y Nicolás Sartorius renunciaron a presentar su candidatura para el cargo una vez el ex alcalde de Córdoba se decidió a presentarla

12º Congreso del PCE – Julio Anguita reemplaza a Gerardo Iglesias como Secretario General a pesar de su renuncia inicial

HECHOS

El 21.02.1988 D. Julio Anguita fue elegido por unanimidad nuevo Secretario General del Partido Comunista de España (PCE) reemplazando a D. Gerardo Iglesias en el XII Congreso del PCE.

LOS RENOVADORES AUPARON A ANGUITA PARA EVITAR LA LLEGADA DE FRUTOS

francisco_frutos Tras conocer la decisión de D. Gerardo Iglesias de no presentarse a la reelección fue propuesto por dirigentes del PCE como D. Felipe Alcaraz para el cargo de Secretario General. Aquella decisión provocó reacciones de los sectores más aperturistas que consideraban al Sr. Frutos como ‘un ortodoxo dogmático’ y defendían para el cargo a figuras como D. Nicolás Sartorius o el escindido D. Enrique Curiel. Al final las principales figuras renovadores, los citados Sres. Satorius y Curiel, junto a D. Fernando Pérez Royo, Dña. Leonor Bornau y el líder catalán D. Rafael Ribó unieron sus fuerzas para convencer a D. Julio Anguita de que aceptara ser él líder del PCE forzando al Sr. Frutos a renunciar.

El ‘califa’ fue elegido por unanimidad. No obstante el Sr. Anguita ha advertido a los ‘renovadores’ que no aceptará ser tútelado y que piensa ejercer de secretario general con ‘plenos poderes’. Los renovadores son partidarios a volver a los pactos del PCE con el PSOE, algo que no parece claro que vaya a aceptar el Sr. Anguita.

DOLORES IBARRURI ‘LA PASIONARIA’ SEGUIRÁ DE PRESIDENTA

Ibarruri_Anguita Dña. Dolores Ibarruri ‘La Pasionaria’ seguirá siendo la presidenta del Partido Comunista de España (PCE) en la dirección de D. Julio Anguita

JULIO ANGUITA EN TVE

15 Enero 1988

IU, una etapa sobrepasada

Santiago Carrillo

La crisis de IU y la dimisión de Enrique Curiel han puesto sobre la mesa la inaplazable necesidad de la unidad comunista. Hoy nadie se atrevería a negar de frente lo que se presenta como una evidencia.

La unidad comunista demanda el comienzo de una negociación a tres cuya única condición previa podría ser que el partido reunificado conserve las siglas históricas. Por lo demás, no debe haber otras condiciones previas, ni vetos ni exclusiones de nadie. Hace falta un partido en el que quepan todos los comunistas.En un debate sin condiciones previas el tema que va a provocar diferencias es el de Izquierda Unida (IU). Yo espero que incluso este tema sea tratado con realismo. IU ha hecho sus pruebas; unos pensaban que iba a dar resultados, otros que no. No pretendo que los últimos, entre los que me cuento, vayamos a la negociación cantando victoria; todavía menos admisible sería que los primeros mantengan una consigna simplemente por amor propio, por no dar su brazo a torcer. Mirándolo bien, el tema de IU es un tema pasado. En lo que es el grupo parlamentario ya no quedan más que miembros del PCE o del PSUC. En algunas Cortes regionales o en ayuntamientos se ha producido ya una diferenciación política entre los que poseen una adscripción comunista y algunos aliados ocasionales en IU en el momento de las elecciones. Por ejemplo, en el País Valenciano, UPV piensa romper IU conservando dos diputados regionales obtenidos gracias al voto comunista. IU fue una combinación electoral, y aun como tal ha dado muy escasos resultados.

Ostracismo

Hoy cabe preguntarse de quién nació la iniciativa de IU: ¿del PCE o de Ramón Tamames, que pudo ver en ella la ocasión de salir del ostracismo y de dar músculo a su invento político, la Federación Progresista?

En todo caso, IU comenzó cometiendo un error fundamental: el del antisocialismo visceral. Y ha habido momentos en que la opinión pública tuvo la sensación de que la oposición al Gobierno de PSOE, la derecha, el centro e IU participaban de los mismos fines, se confundían. La campaña de IU se distinguió por resucitar los eslóganes de los tiempos del sectarismo comunista, que el partido había superado ya a partir de los años treinta. Socialfascismo, priísmo, franquismo fueron términos manejados con increíble ligereza. El PSOE era considerado, y no coyunturalmente, como un componente del sistema de dominación capitalista, abandonando toda concepción dialéctica. Hasta se llegó a lanzar la fórmula de que el PSOE era «el adversario en el primer plano», remedando lo que decíamos en otro tiempo del franquismo e innovando en esta incursión al sectarismo sobre todos los errores de un lejano pasado.

Es claro que la política del PSOE en el Gobierno merecía y merece una severa crítica desde un punto de vista de izquierda y de clase. Nosotros la hemos hecho sin ninguna concesión. Y un partido comunista reunificado tendrá que seguir haciéndola con severidad, pero con inteligencia y visión de porvenir. Los comunistas no podemos ignorar que detrás del PSOE está una buena parte de la izquierda y de los sectores progresistas, a los que no apartaremos de una política errónea con ataques que desafíen el buen sentido común de los trabajadores. ¿Acaso es concebible una auténtica unidad de las fuerzas de izquierda y de progreso excluyendo a las muy numerosas que con más o menos entusiasmo, más o menos reservas, apoyan hoy al PSOE? Por ese camino lanzamos a la abstención, si no al centrismo, a sectores con los que lógicamente, en un proyecto de futuro, tendríamos que ir aliados.

Una visión dialéctica de la realidad tendría que llevarnos a reconocer dos partidos distintos dentro del PSOE: uno, el de los Boyer o Solchaga, los beautiful people, surgidos del área de la banca, formados en los gabinetes de estudio, intercambiables con los cuadros de cualquier partido liberal burgués; otro, el de los Nicolás Redondo, con raíces profundas en la tradición clasista del socialismo español, salidos de las fábricas, ligados a los trabajadores.

Según las circunstancias, una veces pesa más uno u otro de estos dos partidos dentro del PSOE. Y hasta podrían llegar a enfrentarse como antagonistas; no es la primera vez en la historia que esto pasa en el PSOE.

Nosotros no podemos proponemos destruir al PSOE como podría deducirse es el deseo de quienes le han convertido en el «enemigo en el primer plano». El PSOE es una realidad que está ahí y nuestra política debe tender a favorecer el crecimiento de las corrientes de izquierda dentro de él, de modo que un día sea posible la convergencia entre socialistas y comunistas. Para eso es necesario que nuestras críticas al PSOE sean senas penetren en sus propias filas. Esa es una labor de tiempo. Es verdad que desde que comenzó la transición en las filas comunistas han surgido fenómenos de electoralismo, de política del día a día, de que -como ha dicho gráficamente un camarada- cuando se apunta al horizonte no se vea éste, sino simplemente la punta del dedo, poco más allá de la nariz.

Una concepción sectaria ha llevado al PCE a pensar que IU podía formarse con carlistas, humanistas, Izquierda Republicana, el PASOC, Tamames…, una serie de retales políticos sin consistencia real, al mismo tiempo que se ahondaba la desagregación del PCE.

Los resultados están ahí. ¿Por qué no constatarlos sinceramente y dar por terminada una etapa?

Se me puede decir que en este cuadro hay una excepción: Convocatoria por Andalucía. Sí; se trata de una experiencia específica que en las elecciones regionales obtuvo notorios resultados por condiciones que no son repetibles fuera de Andalucía. Pero en declaraciones del mismo Julio Anguita a un periódico regional se reconocía que Convocatoria está estancada. Ese estancamiento marca, a mi juicio, los límites del proyecto tal como está concebido, y quizá refleja la influencia del fracaso de IU a nivel de España. Sin embargo, nosotros no nos opondríamos a que algo que ha conseguido resultados se mantenga mientras la experiencia no diga otra cosa, máxime convencidos como estamos de que Convocatoria por Andalucía precedida por las siglas del PC en vez de las de IU tendría, cuando menos, las mismas posibilidades si no más.

A veces se cree que las siglas de IU son las que pueden abrir al PCE la vía hacia amplios sectores, las que pueden hacerle más permeable a las iniciativas y las críticas de las masas y convertirle en un partido abierto. Se ha vertido toda una arrolladora logomaquia en este sentido que nunca ha ido seguida de efectos prácticos y ha quedado reducida a un repetitivo bla-bla-bla.

Aun ahora se sigue insistiendo en la recuperación y la transformación de Izquierda Unida. Sé sigue llamando a las izquierdas nacionalistas, y en gaje de buena voluntad se les ha conferido un papel hegemónico en las CCOO de Euskadi puramente gratuito.

Pero la verdad es que Euskadiko Ezquerra, o Esquerda Galega, están mucho más cerca del PSOE que del PCE, y sin negar su nacionalismo difícilmente podrían articularse en un movimiento político social junto con partidos estatales. ¿Cómo es posible que cueste tanto trabajo comprender algo tan simple?

Con idénticos resultados se sigue llamando a movimientos sociales que en muchos casos son organizaciones esqueléticas, sostenidas con ayudas del Estado, que si se convirtieran en seguidores de un partido político, como en el fondo se pretende, perderían su específica razón de ser.

«Independientes»

Y quedan los independientes, a los que se repiten los llamamientos y a quienes se propone un papel casi predominante en IU. Pero cuando vemos a Solé Tura y a otros eminentes ex militantes comunistas ir como independientes en las candidaturas socialistas de Cataluña, ¿eso no nos hace reflexionar que son otros los polos políticos que pueden atraer a los independientes en esta coyuntura?

Se habla también de convertir a IU en un movimiento político social organizado, con formas y órganos propios. Aparte de que eso significa hacer otro partido, que ya no será el comunista, lo que torna muy dificil que los comunistas lo acepten, ¿quién va a organizar ese nuevo movinúento o partido: Izquierda Republicana, el PASOC… ?

Debemos abordar la realidad tal cual es: si los comunistas tenemos que hacer un serio esfuerzo de organización es para reconstruir nuestras propias organizaciones, que tras la división atraviesan una situación crítica. No es que haya entrado en crisis el concepto tradicional de mifitancia: es que existe una profunda desmoralización en las filas del PCE, que muchos militantes están en su casa, que se ha roto la confianza en que los sacrificios que se piden vayan a ser bien utilizados.

Digo esto desde el PTE-UC, donde sí hay una militancia activa y esperanzada, quiero pensar que por la razón de que desde el primer día nos ha visto abogar sin desánimos por la reunificación de la fuerza comunista. Pero eso no impide sentir dolorosamente el proceso de desvitalización del PCE, agravado además por ingentes dificultades financieras a las que sólo podremos hacer frente con éxito todos los comunistas unidos.

Si no podemos levantar nuestro partido, ¿cómo vamos a levantar otro nuevo?

Es hora de dejarnos de fantasías y quimeras y de abordar la realidad tal como es. Vamos a levantar el PCE uniéndonos y poniendo en común todas nuestras energías. Al sentarnos en la mesa de negociaciones hagámoslo no para recriminarnos mutuamente, sino para estudiar en serio cómo salimos de la quiebra actual.

Si reconstruimos un partido unido -y habrá que trabajar duro para lograrlo- tendremos aliados, seremos una fuerza seria y podremos trabajar de verdad para que un día la unidad de la izquierda y los sectores progresistas sea algo más que un sucedáneo desesperado.

Los trabajadores españoles, la causa de la paz, la democracia y el socialismo exigen de todos nosotros el olvido de las querellas, de las heridas de amor propio. Estamos ante una oportunidad que no podemos desaprovechar si no queremos contraer una tremenda responsabilidad histórica. El mantenimiento de una ficción como IU, a trancas y barrancas, no debería ser la piedra con que tropezase la unidad comunista.

Santiago Carrillo

22 Febrero 1988

La apuesta del PCE

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

EL 12º Congreso del Partido Comunista de España (PCE) ha consagrado el triunfo retrospectivo de los renovadores expulsados por Carrillo -y otros que ahora se cuentan entre los triunfadores- hace siete años. La entronización por los delegados de Julio Anguita como nuevo líder, venciendo las resistencias del aparato residual de los años gloriosos, simboliza el reconocimiento de que, como intuyeron losrenovadores, la reconstrucción de la izquierda pasaba en España por la superación de los rasgos que definieron tradicionalmente la identidad comunista. La incapacidad del PCE para construir una alternativa de izquierda en las condiciones teóricamente más favorables -con un Gobierno socialdemócrata que practicaba una política reformista moderada en momentos de crisis económica aguda- constituyó la prueba de la hondura de la crisis de la subcultura comunista forjada desde la clandestinidad.Como en otros países de Europa, la pérdida de referencia exterior que siguió al descrédito del modelo soviético -un modelo que era compatible con el golpe de Estado del general Jaruzelski en Polonia- dejó sin encarnadura a la identidad específicamente comunista. Rota esa referencia, los principios doctrinales y ejes políticos más característicos -centralidad de la clase obrera, nacionalizaciones, desconfianza hacia la democracia formal-perdieron su papel de elementos de cohesión interna. El nombre mismo de comunista, asociado a experiencias internacionales que nada decían a la juventud y poco a los adultos, se convirtió en un obstáculo. El ensayo de empezar por otro lado que supuso la experiencia de Izquierda Unida venía a ser el reconocimiento implícito de lo anterior, por más que el peso del pasado -incluido el legítimo apego sentimental a quienes habían dedicado su vida a la causa en condiciones heroicas- y las resistencias del aparato dieran al proyecto contornos contradictorios o confusos.

La mayoría de los delegados han comprendido que la pervivencia de una opción de izquierda capaz de determinar la política del PSOE mediante procesos de desbordamiento exigía cambiar definitivamente de carril. Sectores del aparato tradicional que en otras condiciones hubieran estado dispuestos a encabezar el giro trataron de controlarlo mediante un pacto de notables. Pero una vez lanzada públicamente la hipótesis Anguita, han sido incapaces de detener el entusiasmo que esa opción ha suscitado en sectores muy amplios de la base. El líder andaluz, cuya psicología de hombre. apasionado y mesiánico le hace muy apropiado para suscitar adhesiones en momentos de zozobra, ha jugado a fondo sus bazas. Su tenaz resistencia a dar por hecha su candidatura ha forzado la intervención directa de los delegados contra el reparto de poder planificado por los notables. Anguita no aceptó convertirse en rehén de un comité central resistente a la renovación. Triunfó en su apuesta. Ahora está por ver si la realizada por los delegados, que han identificado su voluntad de renovación con la fórmula populista encarnada por el ex alcalde de Córdoba, obtiene idéntico éxito.

22 Febrero 1988

La cuestión

Manuel Vázquez Montalbán

El PCE tiene que elegir entre el residualismo o la aventura constructora. Los partidos comunistas europeos se han ido gastando los ahorros históricos, y ahora, en su mayoría, viven con lo puesto, a veces muy dignamente, otras tratando de mantener las apariencias de antiguos esplendores. El PCE tiene que elegir entre utilizar los restos del naufragio para construirse una chabola de Robinsón o aprovechar lo poco que tiene que perder para ganar la batalla de una nueva conciencia crítica y una nueva estrategia de cambio.Ha de renovar su saber y recuperarse a sí mismo como medio de comunicación social. Los partidos de izquierda no pueden quedar a la espera de los regalos que les hagan los medios de comunicación regidos por las leyes del mercado. Siempre serán aportaciones interesadas para mantener el equilibrio entre mercancías, para que no se diga que no se respeta la pluralidad, para que no falte esa marca de sopas preparadas en la parte del supermercado dedicada a las sopas preparadas. Cualquier formación política de izquierda que se mueva en un horizonte cultural liberal tiene que saber tanto como .el intelectual colectivo orgánico antagonista y estar en condiciones de burlar el bloqueo de una cultura de mercado para actuar como conciencia externa de una sociedad bloqueada. El descrédito de la «conciencia externa» bajo la acusación de mesianismo ha sido un diabólico invento de la derecha neoliberal para sustituir a los profetas por los proxenetas.

El PCE tiene que olvidarse de esas sombras negativas del pasado que se proyectan como convidados de piedra que ni hacen ni dejan hacer, y dar respuesta a una pregunta previa. ¿Existo porque tengo un sentido hacia el futuro o existo porque aún no me he muerto? Nadie ayudará a la izquierda real a ser una necesidad artificial. A lo sumo, la ayudarán a ser enemigo menor que impide un enemigo mayor. La izquierda ha de hacerse necesaria, aunque el punto de partida sólo sea la evidencia de que el desorden existe. Codificar el desorden y ofrecer una alternativa. No instalarse en él como meros gestores, pero tampoco como Robinsones.

El Análisis

EL ‘CALIFA’, LA SOLUCIÓN DEL PCE

JF Lamata

 ‘Señores, cuando digo no, no insistan ustedes: es que no’. Así de claro se mostró D. Julio Anguita cuando le propusieron ser Secretario General del PCE. Pero llegó el XII Congreso y D. Julio Anguita fue elevado al liderazgo del partido de la hoz y el martillo. Al anunciar D. Gerardo Iglesias su decisión de no continuar al frente del PCE, la cosa parecía estar entre los más aperturistas, partidarios de una figura renovadora como D. Nicolás Sartorius, o los más dogmáticos que preferían a D. Francisco Frutos, propuesto directamente por D. Felipe Alcaraz. La mejor forma de evitar una nueva batalla interna del comunismo español que aún tenía reciente la guerra Carrillo-Iglesias, era una figura con suficiente prestigio como para logra la unanimidad y quién mejor que el ex alcalde de Córdoba, que había cosechado un importante ascenso en las autonómicas andaluzas.

La primera asignatura de D. Julio Anguita como Secretario General del PCE era ordenar un poco lo que a la coalición Izquierda Unida, a cuyo frente seguía – a efectos legales- D. Gerardo Iglesias.

J. F. Lamata

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