29 septiembre 2016

Los dimitidos consideran que la ejecutiva está disuelta y el poder debe ser delegado al Comité Federal, mientras que Sánchez asegura que su poder sigue vigente

Revienta la Ejecutiva del PSOE: 17 miembros dimiten en bloque para, de acuerdo con ‘los barones’, forzar la caída de Pedro Sánchez

Hechos

El 28.09.2016 dimitieron 17 miembros del Comité Ejecutivo Federal del Partido Socialista Obrero Español.

Lecturas

La derrota electoral del PSOE en las elecciones autonómicas celebradas en Galicia y Euskadi el 25 de septiembre de 2016 en las se produjo un doble sorpasso (adelantado por En Marea en Galicia y por Elkarrekin Podemos en Euskadi) y ante la negativa del actual secretario general del PSOE, D. Pedro Sánchez Pérez-Castejón a que su partido se abstenga para acabar con el bloqueo parlamentario, España podría afrontar una segunda repetición electoral, Si no hay investidura del Sr. Rajoy Brey antes del 23 de octubre, se celebrarán unas ‘terceras elecciones’ en las que el PSOE podría padecer un sorpasso a nivel nacional.

CRONOLOGÍA DEL ENFRENTAMIENTO:

La mañana del miércoles 28 de septiembre de 2016 el exsecretario general del PSOE y expresidente del Gobierno D. Felipe González Márquez, asegura que D. Pedro Sánchez Pérez-Castejón se había comprometido a abstenerse en la investidura a D. Mariano Rajoy Brey para acabar con el bloqueo parlamentario: “Me siento engañado, debe dimitir”. El Sr. González Márquez comenta que el PSOE debe fijar su posición ante la nueva imbestidura en el Comité Federal previsto para el 1 de octubre de 2016 y que si D. Pedro Sánchez no asume la posición del Federal deberá dimitir

 En esa misma mañana D. Pedro Sánchez Pérez-Castejón responde esa misma mañana en una entrevista en ElDiario.es en la que mantiene su defensa del ‘No’ y considera que el Comité Federal del 1 de octubre no debe debatir sobre la posición del PSOE ante la investidura sino convocar un nuevo congreso.

En los Estatutos del PSOE figura que si causan baja en la Ejecutiva del PSOE la mitad más uno de los miembros todos sus cargos, incluyendo el secretario general, quedan cesados. La ejecutiva del PSOE está formada por 38 personas. Y ya se habían producido tres bajas (los Sres. Gómez Besteiro y Abreu que fueron forzados a dimitir por respectivos escándalos de corrupción y el Sr. González Zerolo por fallecimiento).

A primera hora de la tarde del 28 de septiembre de 2016 el secretario de política Federal de la ejecutiva del PSOE, D. Alfredo Pradas Torre, presenta en la sede del PSOE la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva, incluyendo la suya propia y la de la presidenta del PSOE Dña. Micaela Navarro. Entre los que dimiten están todos los fieles a Dña. Susana Díaz Pacheco, los presidentes de la Comunidad Valenciana, D. Ximo Puig y de Castilla la Mancha, D. Emiliano García-Page, y los miembros que representaban al presidente de Extramdura, D. Guillermo Fernández Vara y de Aragón, D. Javier Lambán, evidenciando que todos estos ‘barones’ participan de la operación contra D. Pedro Sánchez. También han respaldado a los críticos dimitiendo viejos enemigos del Sr. Sánchez Pérez-Castejón: D. Tomás Gómez Franco y Dña. Carmen Chacón. Con la que de los 38 miembros iniciales, sólo 18 siguen en la dirección. Un miembro había fallecido [D. Pedro Zerolo] y dos habían dimitido [Sres. Abreu y Gómez Besteiro].

El secretario de Organización D. César Luena López comparece para asegurar que la ejecutiva sigue en vigor y prohíbe el acceso a la sede del PSOE a todos los 17 miembros dimitidos a los que acusa de haber querido dar un ‘golpe palaciego’.

D. Alfredo Prada Torre denuncia ante los periodistas de la puerta de Ferraz que le prohíben entrar en su despacho y que ni el Sr. Luena es ya secretario de Organización ni el Sr. Sánchez es ya secretario general, dado que al dimitir la mitad más uno la ejecutiva queda disuelta.

El periódico El País del 29 de septiembre de 2016 se posiciona del lado de los críticos y anuncia que D. Pedro Sánchez Pérez-Castejón ha quedado cesado como secretario general del PSOE, algo que niega este que sigue considerándose en el cargo.

Esa mañana del 29 de septiembre de 2016 la presidenta del Comité Federal, Dña. Verónica Pérez Fernández, se presenta ante la sede del PSOE considerando que, estando disuelta la ejecutiva, la única autoridad del partido es ella, pero la dirección del PSOE también le niega la entrada y, tras dos horas de espera, opta por retirarse.

Los críticos solicitan que el Comité de Derechos y Garantías del PSOE evalúe y vote si ha quedado disuelta o no la ejecutiva. Este órgano está formado por cinco miembros, sólo 2 afines a D. Pedro Sánchez (la presidenta Dña. Isabel Celaa Diéguez y D. Féix Bolaño García) frente a tres críticos (Dña. María Jesús Montero, D. Wilfredo Jurado Rodríguez y Dña. Inés Ayala Sender), por lo que a sabiendas que perderían la votación D. Pedro Sánchez ordena al Comité de Derechos y Garantías que no se reúna.

El 29 de septiembre de 2016 Dña. Susana Díaz Pacheco se pone a la cabeza de la oposición a D. Pedro Sánchez diciendo que la situación es grave y que está poniendo por delante de anteponer intereses personales con los intereses del partido y de estar encadenando derrotas.

 El 30 de septiembre de 2016 el presidente de Asturias, D. Javier Fernández Fernández, uno de los barones que aún no se había posicionado, se une a la oposición a D. Pedro Sánchez alejando en la cámara asturiana que para el PSOE sólo hay dos alternativas: o se abstienen y permiten que gobierne el Sr. Rajoy o fuerzan unas terceras elecciones, algo que tal como está el PSOE no puede afrontar.

El 1 de octubre de 2016 se celebra el Comité Federal en medio de una gran discusión sobre si tiene o no legitimidad D. Pedro Sánchez Pérez-Castejón para seguir hablando como secretario general del PSOE.

EL COMITÉ DE GARANTÍAS ‘SECUESTRADO’

comitegarantias El Comité de Garantías y Ética que preside Dña. Isabel Cela es el órgano encargado de mediar conflictos. Cualquier votación en el mencionado Comité jugaría en contra de D. Pedro Sánchez y a favor del Comité Federal, ya que los críticos tienen mayoría en ese órgano, tres de cinco: D. María Jesús Montero (andaluza afín a Dña. Susana Díaz), D. Wilfredo Jurado (madrileño afín a D. Tomás Gómez) y Dña. Inés Ayala (aragonesa afín al Sr. Lambán). Pero el ‘Comité’ sólo puede ser convocado por su presidenta y la Sra. Cela, afín al Sr. Sánchez ha anunciado que no convocará ninguna reunión para que los tres críticos no puedan aprobar un dictamen contrario al Sr. Sánchez.

28 Septiembre 2016

Un partido secuestrado

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

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El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se ha sacado de la manga una carta tramposa para eludir las responsabilidades que le corresponden por la sucesión de gravísimas derrotas electorales. Consiste en convocar a los militantes a unas primarias, concebidas en realidad como un plebiscito en torno a su persona, en plazo tan perentorio como el 23 de octubre; y a un congreso en los primeros días de diciembre bajo el siguiente chantaje político: o se está contra Rajoy, o se está a su favor. No se trata de discutir a fondo sobre ideología y estrategia, sino de forzar la alineación de los socialistas entre los partidarios de un “proyecto autónomo” respecto del PP y los sospechosos de entregarse a la derecha. Semejante reduccionismo sería meramente absurdo si no fuera porque se produce además en pleno bloqueo político de España y en medio del difícil proceso de formación de Gobierno.

Olvidadas todas sus afirmaciones previas, en el sentido de que resolver la gobernabilidad era prioritario a solventar los problemas internos del PSOE, Sánchez se enroca para anteponer la necesidad de conseguir “una voz única” en el partido. Se comprende que no le hayan gustado las críticas crecientes a su gestión e incluso que sienta su cargo amenazado por ellas; pero ni se puede hurtar a una fuerza política el análisis profundo de las causas del hundimiento electoral ni se le puede escamotear la discusión seria de ideas y estrategia. Sánchez maniobra para mantenerse en su puesto, acortando al máximo los plazos mientras trata de reconducir todo el debate a la simple cuestión “Rajoy sí, Rajoy no”.

Para dar la impresión de que hay algo más en juego, Sánchez ha confirmado su voluntad de intentar un Gobierno alternativo al del PP. Solo ha precisado que debería ser “de ancha base parlamentaria”, mencionando de nuevo a Podemos y a Ciudadanos como los llamados a ese pacto, y sin descartar a los nacionalistas. A estas alturas, parece un insulto a la inteligencia hacer creer a la militancia y a miles de personas de buena fe que tal fórmula de gobierno es realmente posible y que el PSOE tiene la fuerza como para liderarla. En todo caso, si Sánchez está convencido de que ese debería ser el camino, lo lógico es que pidiera autorización al comité federal del próximo sábado para recorrerlo y atenerse a lo que allí se decida. Pero no es eso lo que plantea al comité federal, sino que intenta el órdago de que convoque ya un congreso en un partido secuestrado por el falso dilema del sí o no a Rajoy.

No se puede organizar nada menos que la elección del líder del partido y un congreso que elabore la estrategia para varios años con un calendario tan traicionero. Porque lo es: Sánchez pretende reelegirse en unas primarias ocho días antes de que venza el plazo para evitar la disolución de las Cortes y la convocatoria de las terceras elecciones generales en un año; y celebrar el congreso de su partido dos semanas antes de esa hipotética e indeseable elección general, pero con él ya reelegido, de forma que pudiera mantenerse en el cargo a pesar de la nueva y previsible derrota. Esto no es preocuparse por España ni por los problemas de los ciudadanos. Esto es la marrullería de un dirigente contestado internamente y decidido a continuar la fuga hacia adelante sin causa que defender.

26 Septiembre 2016

Sánchez: matar o morir

Ignacio Escolar

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Algo de historia reciente para entender la guerra civil en el PSOE de hoy. Madrid, junio de 2014. Susana Díaz, Ximo Puig y Tomás Gómez se reúnen con Pedro Sánchez en un hotel discreto de la cadena AC en las afueras de Madrid. A la reunión entre el candidato a las primarias y los líderes del PSOE en Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid también asiste –entre otros dirigentes– el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, que en la práctica ejerce de avalista de esa reunión.

Los tres barones clave del partido, los que más militantes tienen detrás, están ya de acuerdo en algo: apoyar a Pedro Sánchez frente a Eduardo Madina en las primarias. Su apoyo no es gratis, ponen una condición: que si Sánchez gana se conforme de momento con ser el secretario general y que el debate sobre quién será el candidato se aparque hasta dentro de un año y se decida entonces, en función de cual de los posibles –Susana Díaz o Pedro Sánchez– tenga más opciones.

Sánchez acepta el trato, y los tres principales barones le dan su apoyo. De los tres, el más reacio es Tomás Gómez. “Te voy a apoyar, a pesar de que después me vas a matar”, le dice el líder del PSM al futuro secretario general. Pedro Sánchez le niega la mayor: “No solo no te voy a matar, sino que mañana en público te voy a respaldar”.

Tres meses después de aquella reunión, según la versión de sus críticos, Pedro Sánchez incumplió la primera parte del acuerdo. En septiembre de 2014 anunció que se presentaría a las primarias para ser el candidato socialista a la presidencia.

Y siete meses después, Sánchez también incumplió la letra pequeña del acuerdo. Tomás Gómez tenía razón y en febrero de 2015 Sánchez le cortó la cabeza, nombró una gestora y hasta cambió la cerradura de la sede del partido en Madrid.

La reunión del AC y lo que pasó después es clave para entender por qué arranca la guerra entre Pedro Sánchez y Susana Díaz. No solo por los incumplimientos del acuerdo que denuncian sus críticos. También por el pacto en sí. Fueron unas primarias, sí. Votaron los militantes, también. Pero Eduardo Madina no perdió solo contra Pedro Sánchez. También contra los aparatos de las principales federaciones del PSOE.

Sánchez ganó esas primarias con la ayuda de los mismos dirigentes que ahora lo quieren matar. Fueron algunos de los que le llevaron hasta alli quienes también pensaron que así sería su rehén. Y quienes, si no hubiese cambiado a Tomás Gómez por Angel Gabilondo –evitando así el sorpasso de Podemos en la Comunidad de Madrid en esas autonómicas–, probablemente habrían hecho responsable del desastre electoral al propio Sánchez. Como hacen ahora en Galicia, olvidando que el mismísimo alcalde de la primera ciudad gallega, Vigo, –el socialista Abel Caballero, otro de los críticos con Sánchez– dinamitó las opciones de su propio partido anunciando que no respaldaba al candidato del PSOE en la víspera de que arrancase la campaña electoral porque Ferraz había modificado las listas. Por si había alguna duda del mensaje, Abel Caballero volvió a repetirlo tres días antes de las elecciones.

Cabe preguntarse también cuál habría sido el resultado electoral en Galicia y Euskadi si antes el PSOE hubiese permitido la investidura de Mariano Rajoy. ¿De verdad algún dirigente socialista cree sinceramente que así les habría ido mejor?

Los rivales internos de Sánchez no son pocos. No se recuerda un secretario general del PSOE que en tan poco tiempo se haya ganado tantos enemigos internos tan poderosos; nadie que haya unido más a los dirigentes del partido… pero en su contra, incluso con alianzas hasta ahora inimaginables. Ha logrado poner de acuerdo a Eduardo Madina con Susana Díaz, a Alfredo Pérez Rubalcaba con Carme Chacón, a Felipe con Zapatero, a seis de los siete presidentes autonómicos socialistas… a casi todos contra él. Incluso dos sus primeros mentores en el partido –José Blanco y Miguel Sebastián– le quieren hoy fuera de la secretaría general. Todos ellos argumentan frente a Sánchez una larga lista de supuestas traiciones e incumplimientos de la palabra dada, como la promesa a Tomás Gómez en el hotel AC.

Este lunes, Pedro Sánchez ha lanzado un órdago que solo puede acabar de dos maneras: con una victoria absoluta o con una derrota estrepitosa. En seis semanas, Pedro Sánchez puede entrar en La Moncloa por la puerta grande o salir con los pies por delante de Ferraz; escribir una página importante de la historia de España o convertirse en un pie de página. Ser el tercer presidente socialista de la actual democracia, con Felipe y Zapatero, o ser el nuevo Josep Borrell.

La determinación de Sánchez por dar la batalla hasta al final es completa. Incluso si le cortan la cabeza esta semana y nombran una gestora tras un golpe de mano en la ejecutiva socialista o el comité federal, Sánchez pretende mantenerse como diputado para más adelante volver a presentarse a las primarias del partido.

Desde su equipo, están convencidos de que hay opciones reales para lograr un Gobierno alternativo al de Rajoy y aseguran estar dispuestos a intentarlo por todos los medios, sin descartar ninguna opción y empleándose a fondo en la negociación. Creen que a Albert Rivera le pueden temblar las piernas en el último momento porque Ciudadanos es el partido que más tiene que perder ante una repetición electoral. Y también están dispuestos a saltarse el veto que hasta ahora había puesto el PSOE y el propio Sánchez a negociar la investidura con los partidos independentistas; hoy el propio Sánchez abrió la puerta a esa posibilidad. Incluso abordando un gobierno de coalición con Podemos. La línea roja del referéndum sigue estando ahí, pero aseguran que van a explorar todas las opciones para sacar de La Moncloa a Mariano Rajoy.

Su calendario es claro, y eso no significa que en el camino, este mismo sábado, no pueda descarrilar. Primero, necesitan que el Comité Federal apruebe la convocatoria de un Congreso para diciembre y no está claro que esto vaya a pasar. Después, se convocarían las primarias con dos fechas clave: el 12 de octubre, donde estaría ya cerrado qué candidatos hay y con qué avales, y el 23 de octubre, donde se conocería quién sería el ganador.

En el mejor de los casos para Sánchez –si se aprueban las primarias pero no hay más candidatos que consigan 9.000 avales–, el 12 de octubre tendrá las manos libres para negociar y tendrá que encontrar un pacto en 18 días. En el más difícil –si gana el 23 de octubre–, tendrá que lograr una investidura en solo una semana. Es cierto que la negociación no tiene por qué empezar tras las primarias –sí su ratificación– pero aún así los días van muy justos incluso si todo marcha bien.

El plazo es tan ajustado y la misión tan difícil que los críticos con el secretario general del PSOE cuestionan que llegar a La Moncloa sea el verdadero objetivo. Unos aseguran que busca otra cosa muy distinta: huir hacia adelante y aguantar a cualquier precio en Ferraz; que se repitan unas elecciones que probablemente vayan a dejar a Mariano Rajoy aún con más fuerza, todo con tal de resistir como líder de la oposición. Otros no dudan de la voluntad de Sánchez de llegar a La Moncloa “hasta con Bildu” –según sus propias palabras–, pero argumentan que un acuerdo con Podemos y los independentistas sería inaceptable para el PSOE.

Pero los críticos tienen un punto débil que Pedro Sánchez este lunes ha sabido explotar: si quieren cortarle la cabeza, alguien acabará manchado de sangre. Si quieren que el PSOE abra paso a Rajoy, deben decirlo abiertamente. Y si este sábado sacan de Ferraz con un golpe interno al primer secretario general del partido elegido por primarias y encima lo hacen para abrir la puerta de La Moncloa a Mariano Rajoy, habrán creado un mártir a costa de la credibilidad del PSOE.

Es una lástima que el PP borrase el tuit con “palomitas” con el que tan finamente analizó la crisis interna del PSOE. Es un buen resumen: la izquierda se desangra en guerras civiles, incapaz de pactar una alternativa, mientras Rajoy y los suyos se ríen de ellos en su cara.

27 Septiembre 2016

Sánchez es un peligro público

Juan Carlos Escudier

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Lo del enemigo común lo pusieron de moda los griegos en las Guerras Médicas frente a los persas, que eran muchos pero tontos, e igual se les ahogaba medio ejército cruzando un río que un puñado de espartanos les paraban los pies en un desfiladero. Hoy día el enemigo común es Pedro Sánchez, en torno al cual se ha suscitado una unánime animadversión y al que la prensa unida jamás será vencida pide su cabeza por inconsistente, secuestrador de su partido, loco y megalómano, que es como loco pero en plan pirámide de Keops.

El pecado del sujeto, que tiene muy turbadas a las madres que le veían como el yerno perfecto -¡quién lo iba a decir con lo alto y guapo que es la criatura!-, es plantear que los militantes del PSOE decidan cuál es la voz que ha de representarles y si están por intentar formar gobierno para echar al PP, como pretende el Jerjes de Ferraz, o dejar que Rajoy siga decidiendo sobre las cortinas de la Moncloa y la tapicería de la casa en general.

Su pretensión ha sido juzgada como un disparate que pone en peligro a España, al PSOE, al Mercosur y a la ONU, ya que es de dominio público que los afiliados de un partido son gente poco preparada que no tiene conocimientos ni de geoestrategia ni de geopolítica, y su misión en la organización ha de limitarse a pagar las cuotas, pegar carteles, aplaudir en los mítines, dejarse besar si procede y, sólo en el caso de los tecnológicamente más avanzados, poner tuits favorables y complacientes. La militancia es un rebaño que ha de ser pastoreado porque tiene menos lecturas que el manual de instrucciones de una Smart TV y únicamente entiende frases cortas y con gracejo, estilo en el que destaca Susana Díaz, que en este sentido es una lideresa inconmensurable.

A Sánchez le quieren montar las Termópilas en el comité federal de este sábado y para ello han dispuesto un equipo de fontaneros al teléfono para que no haya escapes en las tuberías. Con el mono puesto están Juan María Cornejo y Máximo Díaz Cabo por Andalucía, y Jesús Fernandez Vaquero, que es el operario de García Page, por Castilla-La Mancha. Su misión, llave inglesa en mano, es convencer por lo civil o lo militar a los indecisos de este órgano de que el partido es cosa de los cuatro que conforman la aristocracia baronil que sabe lo que es bueno para el populacho. Es de suponer que Ferraz tenga también trabajando a su propia contrata, que en esto de los desagües hay una competencia profesional durísima.

La aritmética, como ocurre con la formación de gobierno, es una ciencia complicada. Sánchez está convencido de que tiene la mayoría para convocar el congreso y los amotinados, para impedirlo, también lo creen, pero con dudas. De hecho, una de las bazas que tienen sobre la mesa es presentar ante el comité federal la dimisión de la mayoría de los integrantes de la Ejecutiva federal para forzar una gestora que se lleve por delante al secretario general. ¿La duda? Pues que la mayoría del comité rechace por extemporáneas las dimisiones o las acepte y monte una gestora controlada por los sanchistas, que es un término recién acuñado y que refleja que la marioneta que era el inconsistente le ha dado un tajo a las cuerdas para convertirse en un peligro público.

Los críticos más civilizados han expuesto que adelantar el Congreso impedirá el debate ideológico que el PSOE necesita, como si ello les importara realmente. De hecho, hoy el partido se guía por la misma senda que trazó Rubalcaba, que consistía no tanto en girar a la izquierda como en poner el intermitente, porque las maniobras hay que señalizarlas aunque nunca lleguen a realizarse. Todo la hidalguía socialista estuvo de acuerdo y, lo que es peor, lo sigue estando.

Sánchez, que ha visto que el camino se le cortaba abruptamente, quiere ahora consumar el giro aunque sea derrapando o haciendo trompos como el Vaquilla. Se le culpa de mantener la herencia en los mismos términos que se acordaron, que es la que ha provocado los sucesivos fiascos electorales, y se le quiere culpar también de intentar cambiarla, lo que les pondría en evidencia. En la eliminación del yerno perfecto, los conjurados se juegan su propia supervivencia. He aquí el meollo del debate ideológico. Salamina está a la vista. Acabáramos.

28 Septiembre 2016

“Este chico no vale, pero nos vale”

Jesús Maraña

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No hay odios más enconados que los que surgen en el seno de una familia. Ni disputas más autodestructivas que las que crecen en un partido político. Especialmente en la izquierda, un partido es una gran familia, unida por el principio de fraternidad (entre los liberales unen más los intereses crematísticos: nada personal, se trata de negocios). El PSOE afronta estos días un proceso fratricida en el que no resulta exagerado pensar que se juega su propia supervivencia, y con ello la posibilidad de que la derecha neoliberal se mantenga en el poder durante muchos años. En medio de la batalla, se alimentan y exigen relatos y perfiles nítidos, sin matices, conmigo o contra mí, desde dentro y desde fuera de la familia política, lo cual conduce a conclusiones parciales o simplemente falsas. Sobre Pedro Sánchez, sobre los llamados barones, sobre la abstención o la posibilidad de un gobierno alternativo. Veamos.

1.- PEDRO SÁNCHEZ Y LA RESISTENCIA

Viene Sánchez dibujándose como el representante de las bases socialistas frente a los aparatos del partido. En el retrovisor del PSOE no puede obviarse el hecho de que Pedro Sánchez fue bendecido como secretario general frente a Edu Madina en un cónclave celebrado en junio de 2014 en un hotel de Pozuelo (Madrid), al que asistieron el propio Sánchez, Susana Díaz, Tomás Gómez, Ximo Puig, José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero, entre otros referentes del organigrama socialista. Se trataba de evitar una pugna entre Díaz y Madina (ya retirada Carme Chacón de la carrera) que podía poner en peligro el gobierno andaluz sin garantizar un futuro éxito a escala nacional. Sánchez era el tipo que pasaba por allí a iniciativa de Pepe Blanco, que le animó a recorrer España en un utilitario para que lo conocieran delegados de todas las federaciones. Alguno de los presentes cuenta que, a la salida de aquella reunión en un salón del Hotel AC, se le escuchó a Susana Díaz comentar: «Este chico no vale, pero nos vale». Porque se trataba de guardar la silla mientras se esperaba a una mejor coyuntura para el salto de Díaz desde Sevilla a Madrid. Como ya se sabe, Sánchez cogió postura en la silla, anunció en otoño que aspiraba no sólo a la secretaría general sino también a la presidencia del Gobierno y, unos meses después, respondió al adelanto electoral decretado por Díaz en Andalucía con la ejecución de Tomás Gómez al frente del partido en Madrid para imponer una gestora y un nuevo candidato, saltándose a la torera las primarias como modelo de democracia interna (al margen de que Ángel Gabilondo fuera mejor opción que Gómez como cartel electoral).

2.- BARONES ARMADOS

Tres meses después de la elección de Sánchez como secretario general, y tras su ratificación en el congreso extraordinario celebrado los días 19 y 20 de julio de 2014, quienes lo auparon al puesto sacrificando las promesas de apoyo que le habían trasladado a Edu Madina ya se percataron de que Sánchez no actuaría como un guiñol. La misma ambición que le llevó a hacer kilómetros para recoger avales entre gente que no lo conocía de nada, también le animó a crear en Ferraz una especie de burbuja que le aislaba de las influencias de los dirigentes territoriales a quienes debía el puesto. La ruptura real fue tan temprana como tardío ha sido el estallido de la misma. «Ni Rodolfo Llopis generó tanta unanimidad en su contra», reconocía este martes un dirigente histórico socialista. Las formas de su secretario de Organización, César Luena, y la arbitrariedad con la que Sánchez hizo valer sus criterios y ocurrencias en la conformación de listas para las generales del 20D, especialmente en Madrid, fueron echando gasolina al fuego de la irritación de sus supuestos valedores. Y hasta Madina, «víctima» de aquel cónclave de Pozuelo, coincide desde hace tiempo con Susana Díaz y con cualquiera que esté dispuesto a defenestrar a Sánchez.

3.- AMAGOS Y AMENAZAS

Sánchez sostiene ahora que es imprescindible celebrar un congreso del PSOE para que «el partido hable con una sola voz», y se queja de que ha venido sufriendo las zancadillas permanentes de barones territoriales, encabezados por Susana Díaz desde la federación más poderosa del partido. «Quien esté dispuesto a dar un paso al frente, que lo dé», proclama Sánchez. Y no han faltado razones para que ese paso se diera. El PSOE cosechó el 20 de diciembre el peor resultado electoral de su historia tras el franquismo. No se le pasó por la cabeza dimitir ni nadie le exigió que dimitiera. El Comité Federal se limitó a trazarle unas líneas rojas de negociación para formar gobierno: no a cualquier acuerdo con los independentistas y no a Rajoy. Se abrazó Sánchez a Ciudadanos como si ahí se acabara el mundo, aprovechando además las estridentes exigencias de Pablo Iglesias para un gobierno de coalición con Podemos. Desde las federaciones críticas ya se puso en entredicho el pacto firmado con Ciudadanos, «un corsé muy arriesgado cuando no garantiza gobernar». Pero toda situación calamitosa es susceptible de empeoramiento, y la repetición de elecciones el 26 de junio supuso un nuevo suelo histórico en el apoyo al PSOE: 85 escaños. Sánchez se escudó de nuevo en la ley de las expectativas, así que defendió como un éxito el hecho de que «pudo ser peor», puesto que todas las encuestas pronosticaban el sorpasso de Podemos, que perdió más de un millón de votos fugados a la abstención o disconformes tras la alianza con Izquierda Unida. Nadie reclamó tampoco entonces que Sánchez dimitiera. Los resultados del PSOE este último domingo en Galicia y Euskadi han agotado las reservas de paciencia en el partido.

4.- LA PRESIÓN EXTERNA

No hay nada que peor soporte una familia que las injerencias, de ahí la pésima fama de los cuñados. Si Felipe González sigue figurando en la memoria socialista como un abuelo respetable aunque a menudo disparatado, Juan Luis Cebrián es ese cuñado rico y molesto empeñado en marcar las decisiones familiares y hasta en administrar la venta de la herencia común al mejor postor. Un serial de artículos y editoriales de EL PAÍS han contribuido claramente a convertir a Pedro Sánchez en la víctima perseguida por el establishment español. Muy especialmente en los últimos meses. Desde que las encuestas de finales de 2014 ya anticipaban la fuerza de Podemos y el fin del bipartidismo, la cabecera que durante más de dos décadas fue referente del progresismo en España defendió la necesidad de un acuerdo PP-PSOE, con gran coalición o por consentimiento mutuo, con la bienvenida asistencia de la muleta de Ciudadanos. Desde el 26J y tras el «no es no» de Pedro Sánchez, el diario presidido por Cebrián ha venido definiendo al secretario general socialista directamente como un peligro público, capaz de lanzar la Marca España por el despeñadero (incluso con más responsabilidad que un presidente de Gobierno en funciones responsable político de la mayor pestilencia de corrupción en un partido conocida en Europa). Como los lectores fieles de un diario desde 1976 no son (somos) imbéciles del todo, recordamos que se trata de la misma cabecera que el 21 de noviembre de 2011, al día siguiente de la (hasta entonces) más dura derrota electoral del PSOE, tituló un editorial exigiendo la dimisión de… Zapatero (que ya había anunciado su retirada y no se presentaba a las elecciones), y no del candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba (por cierto recientemente incorporado al consejo editorial de EL PAÍS). Se trata del mismo medio que, tras la debacle electoral en las europeas de mayo de 2014, tampoco exigió la renuncia de Rubalcaba, que sin embargo la anunció por sí mismo de inmediato, abriendo precisamente el proceso que llevó a Pedro Sánchez a ocupar su silla. Lo cierto es que la fijación de EL PAÍS, ejerciendo como portavoz del establishment económico y financiero, para trasladar a la opinión pública que los votantes del PSOE prefieren una abstención de sus representantes (y por tanto un gobierno del PP) antes que unas terceras elecciones, ha facilitado a Sánchez autoproclamarse como la voz genuina de las bases socialistas, obviamente contrarias a que el PP continúe en la Moncloa.

5.- CRÍTICOS PERO NO TRAIDORES

La ausencia de una iniciativa interna contundente tras las derrotas del 20D y del 26J han permitido a Pedro Sánchez esquivar cualquier responsabilidad sobre las mismas, así como sostener el «no es no» a Rajoy desde julio a septiembre sin que se moviera una sola hoja en el partido. Se mantuvo desaparecido casi tres semanas a la espera de que Rajoy sufriera la derrota parlamentaria que le correspondía en su intento de investidura. Algunos barones, especialmente el extremeño Fernández Vara, lanzaron muy pronto la recomendación de que el PSOE permitiera gobernar al PP si conseguía que Ciudadanos pasara de la abstención al sí para sumar 170 votos y quedarse a seis de la mayoría absoluta. El propio Rajoy transmitió a otros líderes políticos que Sánchez le había manifestado que, si lograra el apoyo de Rivera, no tendría «problemas» para gobernar. El caso es que, a día de hoy, las fuerzas internas enfrentadas han sido retratadas con brocha gorda adjudicando a Sánchez y sus fieles el rol de portavoces de las bases y los votantes socialistas y a todos sus contrarios como defensores de un gobierno del PP. Lo cual es falso. Decenas de miembros de la dirigencia socialista, y también del Comité Federal que forman casi trescientas personas, se muestran tan irritados con Sánchez como en contra de permitir un Ejecutivo del PP. Este mismo martes, en una reunión del Grupo Parlamentario socialista, once de las quince intervenciones escuchadas se pronunciaron contra la convocatoria de congreso que plantea Sánchez. Sin embargo, según ha podido contrastar infoLibre, decenas de diputadas y diputados socialistas fueron en su momento sondeados por algunos barones acerca de la posibilidad de que protagonizarán un motín contra la dirección de Sánchez. La mayoría de los aludidos respondió que no era esa su función, y que quien quiera dar la batalla al secretario general, lo haga desde el Comité Federal del partido y no desde su representación parlamentaria.

6.- SÁNCHEZ NO ES CORBYN

De alguna manera, conscientemente o no, Pedro Sánchez pretende ahora imitar el fenómeno protagonizado por Jeremy Corbyn en el laborismo inglés. Este mismo miércoles lanza el veterano político las líneas maestras de su proyecto para enfrentarlo a los conservadores después de haber derrotado al aparato de su partido y haber conquistado a la militancia y los simpatizantes más jóvenes. Pero Sánchez no es Corbyn. No tiene 67 años ni una biografía de activista en los movimientos de protesta cívica. Sánchez ha tirado más de argumentarios y gestos que de argumentos. Hasta el punto de que, incluso entre dirigentes socialistas que han simpatizado con él, no se entiende la casi absoluta ausencia de un relato consistente. Se le reprocha haber pasado del «no es no» a Rajoy, sin solución de continuidad, al ejercicio de un victimismo impostado. Para hacer creíble su apuesta por una alternativa de gobierno a la derecha, posible aritméticamente aunque muy compleja políticamente, tendría que haber defendido desde el primer minuto un relato capaz de cautivar –si no a los barones críticos– al menos al electorado más dinámico que le disputa (y le come) Unidos Podemos. ¿Quién le impedía sentarse con Pablo Iglesias una o veinte veces para intentar unas bases de acuerdo y colocar el foco en la abstención de Ciudadanos, tan empeñado (por autoproclamada definición) en facilitar la gobernabilidad del Estado? ¿Qué margen de credibilidad se puede otorgar a su intención de negociar en una semana (entre el 23 y el 31 de octubre) una alternativa de gobierno en caso de que siguiera entonces como secretario general? ¿Quién le impedía proponer en el PSOE flexibilizar las líneas rojas para sondear si hay fuerzas nacionalistas dispuestas a facilitar un gobierno de progreso sobre la base de abrir un diálogo sobre el modelo territorial sin saltarse la legalidad vigente? El PNV expresó con claridad su disposición a colaborar para sacar al PP del Gobierno. Puede que con ERC sea imposible, pero al menos quedaría claro quién o quiénes bloquean la formación de gobierno.

7.- ¿Y AHORA QUÉ?

La tensión familiar en el PSOE ha llegado a ese punto en el que ninguna solución es buena y se precisa una larga terapia para superar rencores. Este mismo martes, Sánchez ha declarado que no piensa dimitir, ni por los resultados electorales ni tampoco si el próximo sábado sale derrotada en el Comité Federal su propuesta de convocar un congreso acelerado. Hasta en su entorno ha sorprendido, puesto que reconocen que una derrota dejaría a Sánchez en una situación «enormemente complicada». Mientras tanto, los barones críticos recuentan los nombres dispuestos a la rebelión, ya sea para tumbar esa propuesta el sábado o para dinamitarla incluso antes. En cualquier caso sale perdiendo a corto plazo no sólo el PSOE, sino todo el movimiento ciudadano que aspira desde el 15-M (incluso antes) a un cambio que conduzca a una democracia más justa y menos desigual. La socialdemocracia tiene proyecto alternativo a esa modalidad salvaje del capitalismo que nos ha llevado a donde estamos. Hay referencias sobradas en el pensamiento político, económico, jurídico y cívico para contraponer a la globalización financiera pura y dura. Lo que faltan son apuestas creíbles en los partidos «del cambio» capaces de superar intereses personales o cortoplacistas para pilotar un proyecto tan riguroso como seductor entre las clases medias y desfavorecidas. Con el peculiar añadido de que en España no ha surgido (de momento) un populismo xenófobo y de ultraderecha, sino un movimiento en la izquierda (Unidos Podemos) que debería servir para sumar fuerzas hacia una regeneración del sistema.

Si el arriba firmante se atreviera a plantear una salida concreta al laberinto del PSOE podría ser descalificada como otra injerencia «insoportable» para la familia socialista. Sólo una modesta reflexión: el rechazo social a los aparatos de los partidos no se resuelve con la imposición de soluciones que interesan prioritaria y casi exclusivamente a esos mismos aparatos. Pero tampoco mediante la manipulación descarada de los resortes de democracia interna con el único fin de perpetuar posiciones de poder.

29 Septiembre 2016

Salvar al PSOE

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

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La salida del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, forzado por la dimisión este miércoles de una mayoría de su comisión ejecutiva, es imprescindible. En circunstancias normales en la vida de cualquier partido político, el revés recibido por el PSOE en las elecciones autonómicas celebradas en Galicia y el País Vasco el pasado domingo, que se suma a las derrotas cosechadas en las dos elecciones generales del último año, donde el PSOE ha obtenido los peores resultados de su historia, deberían haber supuesto la dimisión automática de su líder. Cualquier dirigente político cabal lo hubiera hecho sin dudarlo. Pero Sánchez ha resultado no ser un dirigente cabal, sino un insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido antes que reconocer su enorme fracaso.

La sucesión de acontecimientos ocurridos desde el pasado domingo, empezando por su incomparecencia en la misma noche electoral y terminando por la cobardía de enviar a su número dos —tal vez el único que le queda al lado— a dar explicaciones en su lugar, son prueba del nivel de degradación en el que Sánchez ha dejado el cargo de secretario general del PSOE. En medio quedó una rueda de prensa, el lunes, en la que lejos de asumir con humildad la derrota y felicitar democráticamente a los vencedores, se lanzó en tromba contra sus críticos, acusándoles —en la mejor tradición sectaria— de desviación ideológica y de trabajar para beneficiar al principal rival, el Partido Popular.

Pero la gota que sin duda ha colmado el vaso ha sido la decisión de adelantar el congreso del partido con el exclusivo fin de hacerse reelegir y blindarse frente a una segura derrota en unas próximas elecciones, faltando así a los compromisos adquiridos con sus compañeros de partido, que supeditaban cualquier movimiento interno a la formación de un Gobierno.

Ahora, los órganos competentes del partido han dejado sin funciones a la ejecutiva de Sánchez y, de esa forma, ha quedado anulada la secretaría general. Una gestora debería conducir el partido hasta la celebración de un congreso extraordinario, que de ninguna forma debería tener lugar antes de que quede despejado el horizonte de la gobernabilidad de España.

El enrocamiento del que hizo gala Sánchez al negarse a aceptar su cese por la pérdida de confianza por parte de la mayoría de su ejecutiva y su pretensión de seguir adelante con la convocatoria de un congreso aboca al PSOE a un proceso de destrucción a la vista de todo el mundo. Su empecinamiento en seguir con esa hoja de ruta insensata es el que de verdad refuerza al PP y a Podemos, debilita al PSOE y aleja a su partido de cualquier posibilidad de gobernar en un futuro próximo.

Ni Felipe González, ni Joaquín Almunia ni José Luis Rodríguez Zapatero se aferraron al argumento populista de convocar a los militantes para atrincherarse en el cargo. Supieron elegir el mejor momento para irse por el bien del partido. No es el caso de Sánchez, dispuesto a hundirlo en las urnas por años.

Hemos sabido que Sánchez ha mentido sin escrúpulo a sus compañeros. Hemos comprobado que sus oscilaciones a derecha e izquierda ocurrían únicamente en función de sus intereses personales, no de sus valores ni su ideología, bastante desconocidos ambos. Admitimos no tener gran confianza en su capacidad de rectificar. Pero queremos hacer, pese a todo, un esfuerzo final y llamar a Sánchez a recapacitar: que medite sobre el daño ya causado a su partido y que se vaya para no causarle todavía más.

29 Septiembre 2016

Asesinato en la ejecutiva federal

Ignacio Escolar

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No hay precedentes. No se olvidará muy fácilmente. Aún no ha terminado la guerra total desatada en el PSOE y el partido y su credibilidad están ya heridos, muy gravemente. Hará falta perspectiva, algo de tiempo y una sonda de gran tamaño para medir la profundidad del agujero que ha dejado en el PSOE, en su militancia, en sus votantes y en toda la izquierda española el cañonazo de los críticos del partido contra el secretario general agonizante.

Pedro Sánchez no es completamente inocente en todo lo que está ocurriendo. Tiene especial mérito conciliar un rechazo tan visceral como transversal entre dirigentes del partido tan distantes como Madina y Susana, como Chacón y Rubalcaba, como Felipe y Zapatero. Es cierto también que, de considerarlos injustos, Sánchez debería haberse rebelado mucho antes contra los criterios que impuso el comité federal para las negociaciones durante la investidura. Es falso que el ‘no’ a Rajoy sea el único motivo del incendio. Y es igualmente criticable la estrategia negociadora que llevó a cabo en la pasada legislatura, empezando a pactar con Ciudadanos cuando su único aliado imprescindible era Podemos.

Puede también que Sánchez sea ambicioso, que busque controlar el partido, que piense en su supervivencia personal, que haya tomado decisiones equivocadas o arbitrarias, que escuche más a los que le dan la razón que a los que se la quitan, que se apoye en las bases para resistir a sus rivales internos o en otros dirigentes para restar poder a sus críticos… Que sea entonces exactamente igual que la mayoría de los líderes políticos que conozco del PSOE o de todas las demás fuerzas políticas.

Nada de todo esto justifica que el primer secretario general de la historia del PSOE elegido directamente por los militantes caiga con un golpe de mano de 17 dimisiones. Es desproporcionado. Es indefendible. Es propio de otro siglo. Es una estrategia cortoplacista y suicida. Es no entender a tus votantes ni el país en el que vives ni la situación política a la que te enfrentas ni las causas del deterioro del PSOE en estos últimos años.

El PSOE, como todo partido, tiene el derecho y la obligación de cambiar de líder si considera que el que hay no les vale. Pero no de este modo: con un golpe interno donde hace falta mirar con lupa los estatutos y contar al fallecido Pedro Zerolo como dimisionario para ver si hay ejecutiva o no, si hay gestora o no, si los de Ferraz son aún la dirección del PSOE o unos okupas a los que hay que desahuciar con la ayuda de la policía y un cerrajero.

Si realmente los críticos están tan seguros del respaldo masivo del partido en contra de su secretario general, ¿por qué no matar a Sánchez sin recurrir a este método? ¿Por qué no esperar al menos hasta el comité federal del sábado y que allí se pronuncie en votación una representación más amplia?

Si realmente Pedro Sánchez es un líder tan nefasto, tan desastroso, tan lamentable como ahora lo retratan quienes antes le apoyaron, ¿por qué no quieren confrontarlo en unas primarias?

Asesinato en el Comité Central
Cartel de ‘Asesinato en el Comité Central’
P.D. Asesinato en el comité central es una famosa novela negra de Manuel Vázquez Montalban –transformada después en una película de Vicente Aranda– en la que el secretario general del Partido Comunista de España es acuchillado durante un apagón, rodeado por sus compañeros, durante una reunión de la dirección del partido. ¿Las grandes diferencias con la trama escrita por Montalbán? Que aquí la sangre es metafórica, pero el asesinato político ha sido a la vista de todos, a plena luz. Que no hay ningún misterio en conocer quiénes están detrás de este golpe palaciego, ni tampoco a quiénes beneficia.

29 Septiembre 2016

Rumbo a la escisión

Esther Palomera

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«Hay cementerios solos,

tumbas llenas de huesos sin sonido,

el corazón pasando un túnel

oscuro, oscuro, oscuro,

como un naufragio hacia adentro nos morimos,

como ahogarnos en el corazón,

como irnos cayendo desde la piel del alma (…)»

Así escribió Neruda de la muerte y así deben sentirla ya muchos socialistas. Náufragos hacia dentro, ahogados en el corazón y en medio de un cementerio, quizá no de tumbas, sino de ideales y recuerdos perdidos ya en la memoria de quienes no se reconocen ni en sus propias siglas.

Nunca un secretario general hizo tanto por la desaparición de un marca y nunca un líder se atrincheró de tan humillante forma a una silla. Si los resultados electorales fueran para un partido lo que la cuenta de resultados de una empresa a sus directivos, hace tiempo que a Pedro Sánchez le hubieran dado el finiquito. Pero este PSOE de nuevo cuño tiene más de táctico que de estratega y más de personas que de proyectos. Y quienes, en diciembre, aguardaron para mejor momento, están hoy tan atrapados como quien les ha llevado hasta este infierno.

Ni el peor de los escenarios dibujados, imaginó una degradación semejante. Guerra abierta, desgarro, fractura y una profundísima crisis de la que ni los más optimistas alcanzan a ver cómo saldrá la socialdemocracia española. Con daños irreversibles, seguro. Porque haya o no terceras elecciones, el PSOE ya no estará en condiciones óptimas de afrontar siquiera ni la investidura negociada con la derecha por la que apuestan algunos. De todo esto, quien gana, seguro, son PP y Podemos.

Pase lo que pase ya nada puede salir bien en el PSOE. Porque nunca un secretario general llegó tan lejos y nunca un sector crítico se atrevió a tanto. Hasta donde a algunos les alcanza la memoria, un antecedente igual de cruento fue el del congreso en el que la socialdemocracia española abjuró del marxismo. A otros la escena les recuerda más a la crisis que el PCE vivió en 1980.

¡Fuera caretas! El debate ya no es si abstención si o no, sino si Pedro Sánchez está capacitado para seguir al frente del PSOE o no. Unos, que sí, pese al hundimiento electoral; otros, que ni un minuto más. A medida que transcurren las horas, quedan pocos argumentos con entidad que justifiquen la permanencia de un secretario general que ha llevado la marca a su peor registro por dos veces consecutivas; ha perdido la confianza de sus cuadros; ha enfrentado a la militancia con los dirigentes, le ha dimitido la mitad más uno de su dirección y aún así ha decidido atrincherarse en la silla de la calle Ferraz.

Y todo como consecuencia de un conflicto entre legitimidades, la de un secretario general elegido por voto directo de los afiliados y la de los órganos de dirección cuyo mandato emanó de la voluntad de los delegados representados en un congreso. De aquellos polvos estos lodos.

España tiene ante sí a un Partido Socialista que se saca los ojos ante el respetable. Los antecedentes los conocen bien. La secuencia de las últimas 24 horas es digna de repaso y tendrá, seguro, consecuencias traumáticas para una marca centenaria.

Un ex presidente del Gobierno que declara sentirse engañado por su secretario general; un secretario general que pierde la confianza de los cuadros dirigentes del partido y ofende la memoria y la historia de sus mayores; 17 miembros de un órgano director que presentan su dimisión y dan por disuelta la Ejecutiva; una dirección que formalmente ya no existe, pero se atrinchera en los despachos; un secretario de Organización que impide la entrada en la sede a uno de los dimisionarios…

Luego, las interpretaciones estatutarias: que si dimitida la mitad más una de la Ejecutiva hay que crear una gestora; que si no hay un artículo de las normas que establezca semejante salida; que si el Comité Federal convocado para aprobar la fecha del congreso ya no se puede celebrar; que si la dirección no está disuelta; que si el secretorio general se pasa por el forro los estatutos del partido y el reglamento de su propia dirección…

Los socialistas han sacado lo peor de sí. Y aquí ya no hay más lectura que la política: un PSOE que pone rumbo a la escisión como consecuencia del atrincheramiento de un liderazgo jamás consolidado al que se debió reprobar en diciembre y, por un mal entendido sentido de la responsabilidad, se le permitió llegar donde ha llegado. Y donde ha llegado es a un callejón sin salida digna ni para él ni para el partido porque la batalla puede acabar en los tribunales de Justicia y con un juez que decida quién tiene o no la propiedad de las siglas.

El caso es que cuando Felipe González se declara engañado por Pedro Sánchez ante los micrófonos de la SER es porque el secretario general le garantizó una abstención a Rajoy en segunda vuelta y porque los pasos a seguir por los críticos liderados por Susana Díaz ya estaban todos medidos y decididos: dimisión de la mitad más uno de la Ejecutiva.

Sólo faltaba decidir si la renuncia se formalizaba antes del próximo sábado o el mismo día para el que estaba convocado el Comité Federal que debía aprobar la fecha del congreso federal. Había dudas. Hacerlo antes suponía que los 17 dimisionarios no podrían votar en el máximo órgano entre congresos. Pero, una entrevista de Sánchez con eldiario.es, en la que situó al otrora presidente en el «bando» de la abstención a Rajoy y emplazó a Susana Díaz a retratarse, precipitó toda la operación.

17 dimisiones y el PSOE se quedó sin dirección. No hay disquisiciones jurídicas que valgan. El reglamento de la Ejecutiva Federal lo deja claro en su artículo 5: «El pleno de la Comisión Ejecutiva Federal se entiende debidamente constituido cuando estén presentes la mitad más uno de sus miembros». Y la mitad más uno de sus miembros ya no están, por lo que no irán a la cita convocada por Sánchez con el propósito de convocar ahora un Congreso Extraordinario.

SI hubiera dudas, para eso está la Comisión de Garantías a la que Sánchez y Luena no le reconocen autoridad alguna en este conflicto. ¡Hasta dónde han llegado!

A primera hora de la tarde del 28 de septiembre de 2016 el secretario de política Federal de la ejecutiva del PSOE, D. Antonio Pradas Torres, presenta en la sede del PSOE la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva, incluyendo la suya propia y la de la presidenta del PSOE Dña. Micaela Navarro Garzón. Entre los que dimiten están los 8 andaluces, fieles a Dña. Susana Díaz Pacheco, los presidentes de la Comunidad Valenciana, D. Ximo Puig Ferrer y de Castilla la Mancha, D. Emiliano García-Page Sánchez, y los miembros que representaban al presidente de Extramdura, D. Guillermo Fernández Vara y de Aragón, D. Javier Lambán, evidenciando que todos estos ‘barones’ participan de la operación contra D. Pedro Sánchez. También han respaldado a los críticos dimitiendo viejos enemigos del Sr. Sánchez Pérez-Castejón: D. Tomás Gómez Franco y Dña. Carmen Chacón. Con la que de los 38 miembros iniciales, sólo 18 siguen en la dirección.

  • Miembros de la ejecutiva del PSOE que dimiten por discrepancias con Pedro Sánchez – Dña. Micaela Navarro Garzón, D. Antonio Pradas Torres, D. Joaquin Puig Ferrer (Ximo Puig), D. Emiliano García-Page Sánchez, Dña. Carme Chacón Piqueras (PSC), D. Tomás Gómez Franco, Dña. Mari Luz Rodríguez Fernández, Dña. María José Sánchez, D. José Miguel Pérez García, Dña. Estefanía Martín Palop, Dña. Noemí Cruz Martínez, Dña. Eva Matarín Rodríguez, Dña. Manuela Galiano López, D. Carlos Pérez Anadón, Dña. Ascensión Murillo Murillo, D. Francisco Pizarro Galçam y D. Juan Pablo Durán Sánchez.
  • Miembros de la ejecutiva del PSOE que continúan en la ejecutiva afines a Pedro Sánchez – Pedro Sánchez Pérez-Castejón, D. César Luena López, Dña. Carmen Montón Giménez, Dña. Adriana Lastra Fernández, Dña. Meritxell Batet Lamaña (PSC), D. Pere Navarro Morera (PSC), D. Manuel de la Rocha Vázquez, D. Patxi López Álvarez, Dña. María González Veracruz, Dña. Pilar Lucio Carrasco, Dña. Susana Sumelzo Jordán, D. Roberto Jiménez Allí, Dña. Iratxe García Pérez, Dña. María Luisa Faneca López, Dña. María Luisa Carcedo Roces, Dña. Iban García del Blanco, Dña. Rosa Eva Díaz Tezanos y Dña. Francina Armengol Socías.

El Análisis

Al borde del abismo

JF Lamata

El PSOE ha pasado del drama político al vodevil en apenas 48 horas. Pedro Sánchez, aferrado al timón como si no hubiera tormenta, ha decidido combatir a los barones críticos con una estrategia más propia de un guion de Hollywood que de un partido centenario: atrincherarse en Ferraz, cerrar las puertas a disidentes y medios, y declarar su propio estado de excepción. Mientras tanto, los 17 dimisionarios de la Ejecutiva, con Susana Díaz a la cabeza, han optado por una rebelión burocrática que deja a Sánchez en el aire… o en caída libre. Con un Comité de Garantías “secuestrado” y un Comité Federal convertido en campo de batalla, el PSOE ha demostrado que su peor enemigo no está fuera, sino dentro.

La negativa de Sánchez a facilitar la investidura de Rajoy y evitar unas terceras elecciones ha sido el detonante, pero el conflicto es mucho más profundo. Los barones temen un descalabro electoral que selle el sorpasso de Podemos, mientras Sánchez ha preferido inmolarse en nombre de la coherencia. El problema es que su resistencia se ha transformado en una performance política que deja al partido en una guerra de trincheras, literalmente. La imagen de la presidenta del Comité Federal, Verónica Pérez, clamando ser “la única autoridad” mientras se le impide la entrada a Ferraz, podría ser cómica si no fuera trágica.

Ahora, todas las miradas están puestas en el Comité Federal del 1 de octubre, donde la lucha se librará voto a voto. Mientras unos sueñan con devolver el control del PSOE a los aparatos tradicionales, otros ven en Sánchez el último baluarte contra la vieja guardia. Pero más allá de bandos, lo que queda claro es que el PSOE ha perdido el norte. Con un partido en descomposición interna y un país pendiente de su abstención, la batalla final puede dejar más heridos que vencedores. Y lo peor es que, gane quien gane, los ciudadanos seguirán esperando respuestas en lugar de espectáculos.