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Su objetivo de que el Conde de Barcelona liderara la oposición a la Dictadura y a su propio hijo fracasó

Santiago Carrillo y Rafael Calvo Serer fundan la Junta Democrática, que dice representar a ‘todos los demócratas’ de España

HECHOS

El 30 de julio de 1974 se presentó en Francia la Junta Democrática, que decía representar a todos los demócratas españoles.

jose_luis_vilallonga El aristócrata D. José Luis de Vilallonga (marqués de Castellbell i El Vilar y Castellmeià, barón de Ségur, Maldá y Maldanell con grandeza de España) fue uno de los principales portavoces de la Junta Democrática.

D. Antonio Fontán, el que fuera director del diario MADRID en la etapa en que lo controló el Sr. Calvo Serer, fue consultado por un periodista de LA HEMEROTECA DEL BUITRE sobre la alianza de este con el Sr. Carrillo, a lo que el Sr. Fontán explicó: “Calvo se marchó de España porque iban a detenerlo. Calvo buscaba a la izquierda y la izquierda buscaba a Calvo. Una vez le visité en Francia y me dijo que si me quedaba me presentaría a Carrillo, pero yo le dije que no, que prefería conocerle en el parlamento, como en efecto ocurrió”.

01 - Agosto - 1974

IMPRESIONES

Carlos Luis Álvarez 'Cándido'

El ataque de rabia democrática que le ha dado a Rafael Calvo Serer es explicable porque se trata de otro. No es el Rafael Calvo Serer que, siguiendo un ejemplo de Anatole France, se cayó una vez por las escaleras mientras leía a Menéndez y Pelayo, se dio un golpe en la cabeza y se convirtió en el famoso demócrata que todos conocemos. Extraigo el ejemplo, parodiándolo, de ‘La isla de los pingüinos’, para mayor coincidencia. Personalmente ni me va ni me vinee que pacte con Santiago Carrillo, con la CIA, con la UEFA o con el Sursumcorda, siempre y cuando no le dejen poner la mano en un periódico en el que yo trabaje. Se me dirá que soy un egoísta pero ya voy siendo mayor para correr riesgos. De todas las maneras stoy tranquilo, ya que, según digo, el Rafael Calvo Serer de la ‘junta democrática’, es otro. Como también creo que es otro el Santiago Carrillo que ha pactado con Rafael Calvo Serer. Solamente así se aclara un absurdo tan fenomenal.

Cándido

La Conspriación de París. Santiago Carrillo – Calvo Serer: Vuelve el Frente Popular. Moscú ha dado la consigna para derrotar a Europa.

José Luis Gómez Tello

La junta democrática, última denominación del contubernio permanente entre el comunismo y sus cómplices cuyo nacimiento ha sido anunciado en París por el secretario general del Partido Comunista llamado español, Santiago Carrillo y el demoliberal Calvo Serer, significa de hecho la repetición de la misma maniobra ordenada por el comunismo internacional, con sede en Moscú, en 1934,: creación de frentes populares. Como esta expresión ya no puede engañar más que a los que quieren engañarse para tranquilizar a los ingenuos y suicidas, se ha escogido la aparentemente más anodina de ‘Junta democrática’, que ni es junta, sino contubernio, ni es demócrata, sino caballo de Troya del comunismo.

Como en 1934 por la Komintern, ahora la consigna de los soviéticos ha sido dada para toda la Europa occidental, y también para España, esperando sin duda que hayamos olvidado la siniestra conspiración que en 1936 estuvo a punto de entregar a nuestro pueblo a la esclavitud y reduciéndonos a la condición de una colonia soviética. Toda la tenaz campaña que desde diversos puntos del horizonte se realiza contra nuestra Cruzada – que así se denomina, les guste o no a los comunistillas de sacristía, como les llamó el cardenal Otaviani – obedece a esto: a que el pueblo español hizo fracasar el asalto del comunismo internacional, no sólo en nuestra Península, sino en toda Europa, a la que la tragedia española sirvió de advertencia. El episodio protagonizado en París en estos días, el pacto infame entre Carrillo y Calvo Serer, nos da además la clave de la sistemática tarea de ‘lavado de cerebro’ a que se está sometiendo a las nuevas generaciones con el pretexto de la objetividad: se las quiere mantener en la ignorancia de que el Alzamiento Nacional fue en úlitma instancia, el desesperado gesto de los españoles contra ese contubernio entre la izuierda burguesa y el comunismo, con algunas gotas de demoliberalismo y hasta de un catolicismo de izquierda personificado por Bergamín, entre otros. El ataque contra las ideas y las instituciones nacidas de nuestra victoria de 1939, la apología directa o indirecta de los personajes y los episodios de aquel Frente Popular de 1936 – Azaña, Negrín, Besteiro, Carrillo, el separatismo catalán, etc. – hay que interpretarlos como lo que realmente son: operación de reblandecimiento de la conciencia nacional, con elobjetivo de abrir las puertas al pacto Carrillo-Calvo Serer.

Estos, naturalmente, no hablan ahora de ‘frentes populares’ como en 1936, sino de democratización. Es la misma expresión que manejan para adormecer a España hombres conocidos como amigos de Calvo Serer cuando éste se encontraba en nuesro país, una antología de los cuales puede encontrarse, por cierto, en el libro que el antigui propietario de MADRID escribió para la editorial Ruedo Ibérico de parís. La democratización de España, después de la demcoratización de Portugal y de Grecia, tan estrepitosamente jaleada que hasta la prensa extranjera se dio cuenta que el entusiasmo por lo sucedido en Lisboa y Atenas – y también por la democratización que se espera en Francia is hubiera ganado el tándem Mitterrand-Marchais – no era otra cosa que una cortina de humo con la que apenas se disimulaba la esperanza de que España fuera demcoratizada también.

Así, de hecho estaba preparándose la atmósfera para el gran asalto lanzado por Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista llamado español, primero con una conferencia de prensa en París, después con el llamamiento en común realizado, también en Francia, por el mismo Carrilloy el nuevo Kerensky a que aspira ser Calvo Serer. La pregunta que hay que hacerse es la de si estamos ante un contubernio nacido ahora o si entre los comunistas de Snatiago Carrillo y el antiguo miembro de las Brigades Internacionales de España, a las órdenes de Moscú, Calvo Serer, no exiían ya ‘puentes’ en la época del periódico MADRID, por ejemplo. Y sería interesante, muy interesante, el saberlo para sacar las consecuencias que se imponen.

El Análisis

¿A QUIÉN REPRESENTABAN?

JF Lamata

D. Santiago Carrillo y D. Rafael Calvo Serer aparecieron la televisión francesa como auto-proclamados portavoces de toda la oposición al franquismo. Y su hazaña es digna de admiración. El Sr. Carrillo al menos representaba a la estructura del Partido Comunista de España, prácticamente el único partido que había mantenido su estructura desde la II República. Pese a lo cual, y en contra de lo que deseaba el Sr. Carrillo su partido, como demostrarían posteriormente las elecciones, no era, electoralmente, el líder de la oposición. Sería un partido bisagra, pero a años luz del PSOE de D. Felipe González. Eso sí, si el Sr. Carrillo representaba poco, su colega sí que no representaba nada.

¿A quién representaba el Sr. Calvo Serer? No lideraba ningún partido político, tenía cierto renombre por haber sido propietario del diario MADRID que había dramatizado todo lo que pudo su cierre (auto-voladura incluida) para convertirse en mártir de la dictadura (aunque los mártires serían más los periodistas que se quedaron en paro que el propietario). Su presencia sólo era una forma en la que el PCE podía intentar hacer convencer a la gente de que la Junta no era sólo del PCE, sino que también había ‘demócratas de derecha’. De forma de que si esa hipotética ‘Junta Democrática’ tomaba el poder, colocaría de ministros al Sr. Calvo Serer o al Sr. García-Trevijano, aunque en la práctica todo el poder real hubiera quedado en el PCE. Pronto el escaso peso político real del Sr. Calvo Serer se evidenciaría y el malogrado político se apartaría de su intento de liderar la oposición. No así el Sr. García-Trevijano, que ocuparía el puesto de portavoz en Coordinación Democrática (‘La Platajunta’), donde se unía las plataformas de oposición de PSOE y del PCE y de la que saldría de una manera algo más escandalosa.

J. F. Lamata

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