29 marzo 1999

La crisis en las listas del PSOE heredada desde las primarias lleva al borde de la renuncia también al candidato socialista en Cantabria, Ángel Duque

Crisis terminal en el PSOE valenciano: Joan Romero dimite como líder y cabeza de cartel a tres meses de las elecciones

Hechos

  • El 28.03.1999 D. Joan Romero anunció su renuncia a la candidatura del PSPV-PSOE a la presidencia de la Generalitat Valenciana y su dimisión como secretario general del PSPV-PSOE.

Lecturas

D. Joan Romero González era secretario general del PSPV desde julio de 1997 y ratificó su débil liderazgo en las primarias de junio de 1998.

El 27 de marzo de 1999 D. Joan Romero González anuncia su dimisión como secretario general del PSPV-PSOE y la renuncia de su candidatura de la Generalitat Valenciana a menos de tres meses de las elecciones.

Es el detonante de la elección de listas al ser aprobada por 115 votos frente a 101 uno una configuración diferente a la propuesta por el Sr. Romero González.

D. Joan Romero González está enfrentado a nivel nacional con los representantes valencianos en la ejecutiva federal del PSOE, D. Cipria Ciscar Casabán (secretario de Organización) y D. Joan Lerma Blasco y, a su vez, también está enfrentado a nivel autonómico con el sector de D. Antonio Asunción Hernández, por ello el Sr. Romero González ha optado por tirar la toalla.

El nuevo candidato del PSPV-PSOE para las elecciones del 13 de junio será D. Antonio Asunción Hernández, dado que quedó segundo en las pasadas primarias. El cargo de secretario general quedará vacante hasta el siguiente congreso.

A él ya no asistirá Joan Romero, que se dará de baja como militante del PSOE asqueado de las puñaladas internas en abril del año 2000. 

29 Marzo 1999

La prueba de las listas

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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La batalla por las listas de los próximos comicios municipales y autonómicos del 13 de junio tiene ya en las filas socialistas una víctima de relieve: Joan Romero, secretario general del Partit Socialista del Pais Valencià (PSPV-PSOE) y candidato a batirse con Eduardo Zaplana por la presidencia de la Generalitat valenciana. A menos de tres meses de esa importante cita electoral, Romero ha tirado la toalla como candidato autonómico del PSPV-PSOE y ha dimitido como secretario general de los socialistas valencianos. Zaplana, el actual presidente de la Generalitat Valenciana, tiene ahora mucho más fácil conservar el Gobierno de la Comunidad Valenciana en manos del Partido Popular.Era previsible que la crisis apenas larvada que aqueja al socialismo valenciano desde el congreso de julio de 1997 no superara la prueba de las listas electorales y que estallara abiertamente. Las razones inmediatas que han provocado el abandono de Romero se encuentran en el rechazo a su propuesta de candidaturas por parte del comité nacional de los socialistas valencianos, máximo órgano del partido entre congresos. Pero la confección de las listas sólo ha sido el desencadenante de una crisis que viene de mucho más lejos y que ha alcanzado, en ocasiones, tonos virulentos.

El socialismo valenciano ha vivido en un equilibrio inestable desde que Romero accediera a la secretaría general por una exigua mayoría de tres votos en el congreso del PSPV en 1997. Desde ese instante, el partido entró en una dinámica de guerra latente entre sus distintas familias, que Romero no fue capaz de sofocar. Sus intentos, escasamente afortunados, de configurar una mayoría estable tropezaron con la oposición berroqueña de los seguidores del secretario de organización del PSOE, Ciprià Ciscar, a los que se unieron el ex ministro del Interior Antoni Asunción e Izquierda Socialista, aliados iniciales de Romero, al que luego abandonaron. Tampoco la victoria de Romero en las primarias frente a Asunción, por un escaso margen, trajo la estabilidad al socialismo valenciano.

La confección de las listas electorales ha puesto de manifiesto la debilidad política de Romero. Ha carecido de fuerza para aglutinar en torno suyo una lista de candidatos independientes, más próximos a la sociedad que al aparato del partido, que diera credibilidad a la bandera de renovación que enarbolaba desde el congreso de 1997. Pero también ha sacado a relucir la falta de flexibilidad de los dirigentes más representativos del socialismo valenciano, incapaces de convenir con el candidato a la Generalitat unas candidaturas que respetaran a la vez la correlación de fuerzas internas en el PSPV y el mensaje de apertura a la sociedad que pretendía trasmitir el hasta ahora candidato.

Los socialistas valencianos se enfrentan a una crisis de difícil solución a corto plazo. Pero lo primero que tienen que hacer es nombrar un candidato que sustituya al dimitido. En teoría, esa designación debería ser el resultado de unas nuevas elecciones primarias. Pero la falta de tiempo hará inevitable que lo nombre la dirección del partido, lo cual no dejará de ser un golpe muy serio a los esfuerzos de renovación. Un golpe que, como la imagen de debilidad y enfrentamiento que está dando la segunda agrupación socialista más importante de España, no dejará de repercutir en el PSOE en su conjunto y que pone de manifiesto las dificultades de poner al día un partido que no acaba de superar los espasmos de 13 años en el poder.

28 Marzo 1999

Romero, el breve

María Consuelo Reyna

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Poco le ha durado a Romero la gloria de ser candidato a la Generalidad. Visto y no visto. Algo sin precedentes en un partido de la solera del PSOE: que el número 1, los deje plantados apenas tres meses antes de las elecciones ‘Romero, el breve’ como lo calificó, en excelente análisis político, J. A. Navarro hace un montón de meses.

De su efímero paso tan sólo le quedará la ilusión de unas vallas con un retrato y un slogan imposible: “Romero, un presidente para todos los valencianos”. Todas esas vallas de un ‘candidato’ que nunca lo será, son el más cruel recordatorio de las luchas del PSOE.

Si Romero no consiguió ser secretario (ganó por tres votos) y candidato (sólo logró 1/3 de los votos) de todos los socialistas ¿cómo pudo pasar por su imaginación el ser presidente de todos los valencianos? Era la historia de un fracaso anunciado.

Su enemigo, señor Romero, no era el presidente Zaplana, su enemigo, señor Romero, era su propio partido, que no se resignaba a ver cómo el candidato los sumía en un mar de independientes o cómo, gentes como Lapiedra, tenían más ascendiente sobre usted que el propio partido.

Y hubo quien supo aprovechar muy bien este descontento en beneficio propio. El que ha sido el vencedor interno de toda esta guerra: Antonio Asunción.

El fue quien manejó a Romero y el que le colocó como ariete para hundir a Lerma y lermistas. Y es él quien ha movido los hilos con más habilidad para cargarse a Romero, quitárselo de en medio cuando le ha convenido y, ahora presentarse como ‘el sacrificado’ que se hace cargo del partido en plena crisis. Veremos si le sale bien esta tercera jugada maestra. Listo es un rato largo, pero una pila de cadáveres políticos no son buenos cimientos.

Asunción, por lógica, debe ser ahora el nuevo candidato – quedó en segundo lugar en las primarias – y debe ser también el gestor del caos y la crispación que él mismo, desde su aparente retiro, fomentó. Sin dar la cara, ha manejado el partido. Ahora falta saber si tendrá el valor de hacerlo dando la cara. O si dejará que otro se queme en estas elecciones que dan por perdidas y él se reserve para las del 2003. ¿Será Carmen Alborch la nueva Juana de Arco de las piras que enciende Asunción?

María Consuelo Reyna

28 Marzo 1999

PSPV: Otra derrota socialista

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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El secretario general y candidato del PSPV-PSOE a las próximas elecciones autonómicas, Joan Romero, presentó ayer su dimisión irrevocable. Anunció que abandona la actividad política.

Culmina así un largo proceso de deterioro del socialismo valenciano, que es el segundo en peso cuantitativo en España, después del andaluz.

Los partidarios de José Borrell, que fueron muy claros vencedores en el proceso de las elecciones primarias (58,7%, frente al 41,01%), han estado siempre escindidos en dos tercios casi equivalentes -de un lado, los fieles a Romero; del otro, los seguidores del ex ministro Antoni Asunción-, frente al tercio que aglutinaban los jefes del viejo aparato del partido, en el que desempeñan un papel preponderante dos muy destacados miembros de la Ejecutiva Federal: Joan Lerma y Ciprià Ciscar. La votación de ayer del Comité Nacional del PSPV, que revocó la propuesta de listas electorales de la ejecutiva local, avalada por Romero, dejó a éste en una posición imposible, al perder el respaldo de los partidarios de Antoni Asunción, aliado para la ocasión con la ortodoxia felipista.

La crisis del socialismo valenciano no tiene nada de casual. Es reflejo del desgaste que está sufriendo el PSOE, en general, a resultas de la férrea resistencia del aparato del felipismo a abandonar los resortes del poder, y de la incapacidad de los presuntos renovadores para marcar un nuevo estilo. Algo semejante se ha visto en Madrid: los felipistas, que perdieron las primarias de modo realmente aplastante (obtuvieron sólo el 34,06% de los votos, frente al 65,4% de Borrell), han impuesto sus candidatos de manera arrolladora.

¿Conclusiones de lo sucedido en Valencia? La primera, local: el PSPV, dividido y desmoralizado, va hacia un batacazo electoral histórico. Segunda y para toda España: es obvio que Borrell y los supuestos renovadores del PSOE no avanzan, por mucho que venzan en las elecciones de base. Se desgastan en reyertas nimias.

El Análisis

NI PERDER EN PAZ LE DEJAN A UNO

JF Lamata

Joan Romero se sabía perdedor de las elecciones autonómicas valencianas de junio de 1999. El PP estaba al alza, estaba absorbiendo todo el voto de Unió Valenciana  y la imagen de Eduardo Zaplana aún era impecable, dado que no se conocían los chanchullos zaplanistas, en esos momentos su gestión aparecía como favorable.

Romero no había podido despertar mucha ilusión y tampoco le habían dejado con una federación del PSPV totalmente partida en tres, por un lado su sector, por otro lado el sector de Lema y por otro lado el de Asunción, y por encima de todos ellos, el todopoderoso secretario de Organización, Ciscar, convertido en el principal enemigo de Romero. Que Joan Romero ni siquiera pudiera decidir los principales puestos de su lista, en manos de afines Ciscar y de Asunción, que ya estaban haciendo planes para asumir la secretaria general del PSPV tras la derrota estrepitosa que se esperaba en las elecciones fue el remate para Romero, que veía como estaban repartiéndose sus pertenencias sin esperar a que hubiera muerto políticamente.

Ante eso decidió hacerse el harakiri y, de paso, saltar un patata caliente a uno de sus enemigos, Asunción, dado que sería él y no Romero, el que tendría que afrontar el estigma de «responsable de la derrota electoral de junio de 1999″.

J. F. Lamata