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Los ex presidentes de la Comunidad Valenciana, Joan Lerma y Canarias, Jerónimo Saavedra, entran en el Gobierno

Dimiten el Vicepresidente Narcís Serra y el ministro de Defensa Vargas por el escándalo de las escuchas del CESID

HECHOS

En junio de 1995 dimitieron el Vicepresidente del Gobierno D. Narcís Serra y el ministro de Defensa, D. Julián García Vargas, forzando a D. Felipe González a un nuevo cambio de Gobierno.

  • Presidente- D. Felipe González Márquez
  • Exteriores- D. Javier Solana Madriaga
  • Interior Justicia- D. Juan Alberto Belloch
  • Defensa- D. Gustavo Suárez Pertierra
  • Economía Hacienda- D.  Pedro Solbes
  • Obras Pu, M. A., Transp- D. Josep Borrell
  • Educación Ciencia- D. Jerónimo Saavedra
  • Trabajo y S. S.- D.  José Antonio Griñán
  • Industria y Energía- D. Juan Manuel Eguiegaray
  • Agricultura- D. Luis Atienza Serna
  • Administraciones Púb.- D. Joan Lerma
  • Presidencia- D. Alfredo Pérez Rubalcaba
  • Cultura- D. Carmen Alborch Bataller
  • Sanidad y Consumo- D.  Ángeles Amador Millán
  • Asuntos Sociales- D. Cristina Alberdi
  • Comercio y Turismo- D. Javier Gómez Navarro
01 Julio 1995

El reajuste

Pablo Sebastián

El presidente González ha reducido la crisis de Gobierno, forzada por las escuchas del CESID, a un simple reajuste ministerial con la novedad de Joan Lerma en Administración Territorial y el traslado a otras carteras de Jerónimo Saavedra, a Educación, y Gustavo Suárez Pertierra, a Defensa. El presidente deja vacante la Vicepresidencia de Narcís Serra, lo que evitará especulaciones sobre el sucesor de González, que en el PSOE nadie sabe quién es, aunque en el Gobierno parece claro que será, tras las elecciones, José María Aznar.

De las fuerzas en presencia que presionaban a González sobre la remodelación, la Prensa, CiU y el guerrismo, sólo la Prensa ha tenido razón, porque forzó la salida de Serra y García Vargas al desvelar las escuchas del CESID. De no haber sido así, González habría continuado con el mismo Gobierno haciendo caso omiso de las presiones de Alfonso Guerra y de sus seguidores que reclamaban la presencia de su grupo en el Gabiente con el argumento de que hacen falta «ministros políticos» -por no decir guerristas- para reforzar el Gobierno y unir el PSOE.

Pero, como otras veces, González se mofó del guerrismo y de sus «sesenta diputados» que, tras la derrota electoral de las municipales, habían reclamado una crisis del Gobierno, en el Grupo Parlamentario y en la Ejecutiva del PSOE. Los Guerra, Múgica, Benegas, Fernández, Cosculluela, Vázquez, Rodríguez Ibarra y Marugán quedaron en el peor de los ridículos y obligados a callar y tragar. O ¿acaso son capaces los guerristas de romper lo que no se atreve a destruir Pujol?

González, a pesar de su debilidad, tensa la cuerda del poder al límite de su resistencia, convencido de que nunca se romperá. Ni por causa de Guerra ni por culpa de Pujol, cuyo portavoz Joaquim Molins, dijo el jueves en el Congreso que sería insuficiente la simple sustitución de Serra y García Vargas y que querían más cabezas y más relevos, citando incluso el deseado por ellos cese del ministro José Borrell, a quien los nacionalistas felipistas de PNV y CiU están convirtiendo, con sus críticas, en una estrella del PSOE que se resiste al chantaje inagotable de sus socios de coalición.

El presidente sabe muy bien con quién se juega los cuartos y cuáles son los puntos débiles y el valor de Guerra y Pujol, políticos a los que usa y desprecia aunque a veces los tenga que soportar. Aunque ya veremos si esta vez la crisis del Gobierno se queda ahí, si tiene una segunda secuencia o si sufre, antes de lo esperado, un nuevo descalabro. Porque, aunque el ministro portavoz del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando fue preguntado por el nombramiento de Suárez Pertierra en Defensa y su anterior relación con el CESID, dijo que «jamás el señor Suárez Pertierra ha tenido nada que ver con el CESID», la verdad es muy distinta.

Sobre todo cuando se ha dicho y publicado, en este diario y es conocido, que Suárez Pertierra conocía las escuchas ilegales del CESID y las ocultó. Y no sólo en razón de su anterior cargo en Defensa, sino porque le fueron reveladas por uno de los agentes -Navarro- que recientemente fue expulsado del CESID y que ocupaba uno de los cargos más importantes de la organización. Una historia enrevesada que puede reabrir el debate parlamentario sobre las escuchas del CESID y dejar en ridículo el último reajuste del Gobierno que se acaba de cerrar.

Cierre en falso por la implicación del nuevo ministro de Defensa en el caso del CESID y porque Guerra y Pujol, aunque callen y otorgen, esperarán su oportunidad para pasarle a González sus facturas respectivas. Aunque, si todo sigue como va, puede que al final queden pendientes de cobro si un nuevo escándalo, o chispa, cae sobre el polvorín en el que se asienta el régimen felipista y que en cualquier momento podría estallar.

29 Junio 1995

Acabar la crisis

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

La aceptación de las dimisiones presentadas por el vicepresidente Narcís Serra y el ministro de Defensa, Julián García Vargas, pone fin a una semana de especulaciones y no hace sino confirmar las consecuencias políticas que inevitablemente había de tener un escándalo como el de las escuchas del Cesid. González puede así acudir hoy al Parlamento con esta prueba de que ha entendido la gravedad de la situación creada. Por mucho que algunos portavoces del PP criticaran ayer mismo a González por, emnascarar con estos ceses su propia responsabilidad, en esta ocasión el precio político pagado por el escándalo parece adecuado.Pero González deberá llevar algo más al Congreso. El pasado día 20 prometió pruebas de la existencia de «un pulso al Estado», del que formaría parte la filtración de las escuchas. Los españoles están deseosos de conocerlas, si existen. En caso contrario, habría que recordar al presidente que hay cuestiones con las que no debe especularse desde una posición como la suya, por mucho que algunos adversarios hayan perdido todo escrúpulo en la lucha política.

Y además, deberá dar una versión aceptable de los hechos que están en la raíz de iodo el escándalo y de los delitos posteriores como la filtración de la documentación secreta. Urge también que el presidente ponga fin a la crisis de Gobierno cuanto antes. En una situación como la actual, la vicepresidencia y el Ministerio de Defensa no pueden estar bajo la dirección de dos dimisionarios. El país necesita el nuevo Gobierno cuanto antes.

29 Junio 1995

González en crisis

ABC (Director: Luis María Anson)

El afán de mantenerse en el poder de Felipe González se cobró ayer dos nuevas víctimas, los dos últimos cadáveres políticos del felipismo. La secretaría general del portavoz del Gobierno anunciaba en la tarde de ayer que Felipe González había aceptado la dimisión que le habían presentado el pasado día 13 el vicepresidente del Gobierno, Narciso Serra y el ministro de Defensa, Julián García Vargas, como consecuencia del conocimiento público de que los servicios de información, instigados por el Gobierno o con su complicidad pasiva, habían espiado a ciudadanos incluido el Rey, conducta tipificada como delito en nuestro Código penal y que viola derechos fundamentales reconocidos por la Constitución.

Lo que no resulta fácil de explicar es el esperpento que proyectó sobre la sede de la soberanía nacional el precedente del Gobierno al enviar a dar ‘explicaciones’ sobre el escándalo de las escuchas del CESID a quien a esas horas era poco más que un cadáver político, y que perpetró una de las más bochornosas intervenciones que se recuerdan en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo, mientras él observaba complacido, como el amo que mira las zalemas que le dedica su dócil perro amaestrado, el cúmulo de embustes, obviedades y patéticas alusiones a una paranoica campaña de desprestigio hacia su persona que el cadáver dimisionario de su vicepresidente urdía ante las indignadas protestas de la oposición. ¿Acaso ha cedido por fin González a esos turbios manejos desestabilizadores tan cacareados como no probados?

El presidente del Gobierno ha sido fiel a sí mismo, ha sido más felipistas que él mismo. Ha solucionado el problema a su tradicional y chulesca manera: soltando lastre, sembrando su carrera política de dos nuevos cadáveres, en un peculiar demostración de su sarcástica manera de entender la ‘gobernabilidad’ de España, que para él se identifica con su mantenimiento en el palacio de la Moncloa a costa del interés nacional, del futuro de su partido y de la cabeza de sus más próximos colaboradores.

Cuando algunos analistas dudan de la utilidad de la vicepresidencia del Gobierno tienen razón si se preguntan por la utilidad pública, pero no la tienen si se refieren a los intereses del felipismo. Serra se ha dedicado a espiar a ciudadanos relevantes, verosímilmente con la intención de utilizar esa información con fines intimidatorios, y además le sirve a González de ‘cordón sanitorio’ que le preserva del contagio del menor atisbo de responsabilidad política. ¿Qué tiene que pasar en España para que el responsable político sea Felipe González? Para que no haya respuesta a esa pregunta es precisamente para lo que existe un cargo como el que ha venido desempeñando hasta ayer Serra.

Con estos dos nuevos cadáveres del felipismo, la crisis está abierta pero no cerrada. Y no porque falte saber el nombre de los sustitutos o si los cambios se limitan a estas dos necesarias sustituciones o afectarán a otros miembros del Gabinete. No. La crisis no está cerrada porque la crisis se llama Felipe González. Pues si es cierto que Serra y García Vargas son, como mínimo, responsables políticos del espionaje del CESID, también lo es que el responsable último es Felipe González que tiene, por lo tanto, la obligación moral de dimitir. Mientras no lo haga, la grave crisis política no puede quedar cerrada por más cabezas que corte el presidente.

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