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El diario dirigido por Juan Luis Cebrián comparó el criterio de Anson con el del ex presidente franquista Carrero Blanco

El presidente de la Agencia EFE, Luis Mª Anson, acusa al diario EL PAÍS de manipular su intervención sobre terrorismo en TVE

HECHOS

El editorial del diario EL PAÍS del 8.02.1979 provocó una réplica de D. Luis María Anson, Presidente de la Agencia EFE y Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid.

El año 1979 empezó ya con un enfrentamiento directo entre Luis María Anson y Juan Luis Cebrián, esta vez a cuenta del terrorismo.

A principios de enero de 1979 D. Luis María Anson sumó una segunda presidencia: es decir, que a su sillón de la agencia EFE sumó el de presidente de la Asociación de la Prensa, cargo que le daba gran poder institucional a parte del control del periódico LA HOJA DEL LUNES. Posteriormente añadiría un tercero, presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa en España (FAPE). Y de igual modo que se indica que no ha habido un presidente de EFE como el Sr. Anson, tampoco ha habido un presidente de la APM  o la FAPE al que se le atribuyera tanto poder como a él. Por ejemplo EL PERIÓDICO DE CATALUNYA informaba de su nombramiento el 17 de enero de 1979 con la expresión “Luis María Anson ya lo ha sido todo en la profesión periodística” (Y anda que no le quedaban cosas aún por hacer…).

Pero a un pez gordo se le mide también por sus enemigos, y que tu enemigo sea el periódico más fuerte, como era EL PAÍS, confirmaba esta fuerza. El siguiente episodio de esta guerra se dio, nuevamente por un programa Especial sobre Terrorismo de TVE emitido el 6 de febrero de 1979 en la única cadena de televisión de España que operaba en régimen de monopolio. En aquel programa estaba invitado D. Luis María Anson en su calidad de presidente de la Asociación de la Prensa y entre los otros tertulianos había figuras del prestigio de D. Rodolfo Martín Villa o D. Enrique Múgica.

El presidente de EFE sugirió que los medios de comunicación debían relegar los actos y los comunicados de ETA de los espacios preferentes de los medios de comunicación. Ciertamente el Sr. Anson mantendría idéntica postura en debates posteriores (Por ejemplo en el programa ‘El Primer Café’ de ANTENA 3 del año 2000 al día siguiente del asesinato de D. Ernest Lluch, el Sr. Anson volvería a defender idéntica opinión de que los medios deberían hablar menos de ETA’, cosa que se contradice con el hecho de que los medios que él ha controlado siempre han colocado los principales sucesos sobre terrorismo en portada).

Pero la intervención del Sr. Anson mereció que EL PAÍS publicara un texto contra él, pero no una columna de opinión, sino el propio editorial del 8 de febrero de 1979:

“El presidente de la Asociación de la Prensa ofreció su pócima mágica para combatir el terrorismo, tanto más extraña cuanto que procede de los alambiques de un veterano profesional de la información, para que una cosa deje de existir hay que dejar de hablar de ella.  Carrero Blanco no lo hubiera expresado mejor”.

Al ser un editorial, ese texto no podía obedecer a ningún Sr. Umbral o Sr. Sánchez Harguindey. Sólo D. Juan Luis Cebrián y D. Javier Pradera tenían responsabilidad en la publicación de los editoriales, por lo que aquel ataque, en el que ponían al Sr. Anson – al que le gustaba presumir de defensor de la democracia – al nivel del presidente del Gobierno franquista Carrero Blanco, era su identificación oficial como rivales del Sr. Anson.

En esta ocasión el Sr. Anson no hizo pública ninguna Tribuna ni ingeniosa réplica. Se limitó a mandar una breve carta a D. Juan Luis Cebrián con una idea bastante clara:

“Miente EL PAÍS, miente el editorial de EL PAÍS y lo hace burdamente ya que mis afirmaciones se hicieron ante millones de telespectadores”.

TV_Anson_Prensa_Debate D. Luis María Anson, presidente de la Agencia EFE, intervino ante las cámaras de TVE como representante de los periodistas, dado que era además presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa (FAPE).

08 Febrero 1979

El debate sobre terrorismo

Editorial (Director: Juan Luis Cebrián)

Anson ofreció su pócima mágica para combatir el terrorismo: para que una cosa deje de existir hay que dejar de hablar de ella. Carrero Blanco no lo hubiera expresado mejor.

Uno de los elementos que más se echa en falta en nuestra naciente democracia es la casi inexistencia de debates abiertos y en directo sobre las grandes cuestiones de la vida pública, y parece evidente que la Televisión tiene un papel decisivo en ese acercamiento a los ciudadanos. Ni que decir tiene que es condición para la veracidad de esos encuentros que se realicen en directo, única garantía de que las tijeras de los montadores y las repeticiones en la moviola no sirvan de maquillaje protector a los participantes. Un programa de la Segunda Cadena -‘La Clave’– ha deparado en ocasiones la oportunidad de presenciar interesantes debates en vivo sobre temas también de interés para el auditorio, como la célebre controversia sobre los errores judiciales, que le costó una sanción al fiscal Chamorro. En cambio, han sido poco frecuentes y han tenido aún peor fortuna los Cara a cara y las mesas redondas en directo con la intervención, como estrellas invitadas, de hombres públicos. El insulso y confuso debate entre los señores Abril Martorell, Camacho y Redondo de hace unas pocas semanas mostró cómo la falta de hábito, los acuerdos previos y el temor a entrar en harina pueden incluso hacer añorar aquellas inefables charlas domesticadas que se realizaban durante el franquismo.El programa especial sobre el terrorismo había despertado tanta o más expectación que el debate en el que el ministro de Economía y los líderes de CCOO y UGT decepcionaron a los espectadores. Si los problemas del paro, la inflación, la carestía de la vida y la conflictividad laboral nutren la vida cotidiana de la gran mayoría de nuestros compatriotas, la violencia de ETA, de los GRAPO y de la ultraderecha alimenta sus pesadillas nocturnas. Sin embargo, los cuatro invitados al programa frustraron la esperanza de que tan notables personalidades arrojaran alguna luz sobre esa sombría realidad. El ministro del Interior y candidato en León por UCD y el ex presidente de la Comisión de Defensa del Congreso y candidato en Guipúzcoa por el PSOE libraron una absurda y penosa batalla preelectoral a propósito de dotaciones de cartuchos, campos de tiro, parque móvil, programas docentes en la Escuela de Policía, amor a los cuerpos de seguridad, respeto a la democracia, rechazo del terrorismo y juicios sobre esa nueva variante de Ave Fénix que atiende por el nombre de comisario Conesa; batalla en la que, por lo demás, las muchas tablas, el buen entrenamiento ante los focos y una mayor confianza en su papel del señor Martín Villa le dieron una holgada victoria a los puntos sobre el señor Múgica. El presidente de la Asociación de la Prensa [Luis María Anson] ofreció su pócima mágica para combatir el terrorismo, tanto más extraña cuanto que procede de los alambiques de un veterano profesional de la información: para que una cosa deje de existir hay que dejar de hablar de ella. Carrero Blanco no lo hubiera expresado mejor. Finalmente, un catedrático de Derecho Penal escalofrió a los televidentes con su concepto de la ciencia que cultiva. Que el decreto-ley de 26 de enero sea o no anticonstitucional es, al parecer, asunto de menos importancia, pues lo único pertinente es saber -como si de una lavadora se tratara- si funciona; opinión que, en labios de un jurista, es simplemente estremecedora. El señor Stampa fue presentado, por lo demás, como «árbitro» del encuentro; pero su enérgica defensa del área del Gobierno a propósito del sospechoso decreto, cuyo ámbito desborda ampliamente el campo del terrorismo para invadir zonas tan alejadas del tema como los piquetes de huelgas, dejó pocas dudas sobre su condición de jugador y sobre el equipo que lo alineaba. Si a esto se añade la presentación en forma de encuesta de una caprichosa selección de respuestas recogidas en la calle sin la menor garantía de representatividad, se comprenderá fácilmente el fracaso del debate.

Y mientras tanto quedaron fuera de las contestaciones las principales interrogantes sobre un tema que tan justificadamente preocupa a los españoles. Y muy en especial sobre la manifestación más agresiva y menos suprimible mediante procedimientos puramente policíacos de la violencia en nuestro país: el terrorismo de ETA.

09 Febrero 1979

EL PAÍS miente

Luis María Anson

Miente el editorial de EL PAÍS, y lo hace burdamente, ya que mis afirmaciones se hicieron ante millones de espectadores.

EL PAÍS miente en su editorial «El debate sobre el terrorismo». Según su periódico, yo afirmé que «para que una cosa deje de existir hay que dejar de hablar de ella».Pues bien, lo que yo afirmé es que para no hacer el juego a los terroristas, conviene relegar sus actos y comunicados de los espacios preferentes de los medios de comunicación y que esta operación había que hacerla desde la libertad, es decir, por el acuerdo libre entre los directores de los periódicos y con respeto a aquellos directores que decidieran mantener otro criterio. Aludí, por cierto, a que esta fórmula se había utilizado en alguna ocasión en otro país democrático: Italia.

Miente, pues, el editorial de EL PAÍS, y lo hace burdamente, ya que mis afirmaciones se hicieron ante millones de espectadores.

Luis María Anson

Presidente de la Asociación de la Prensa y de la agencia EFE,

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