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Se refuerza el papel de Soraya Sáenz de Santamaría como 'número 2' y encargada de relacionarse con Catalunya

Nuevo Gobierno Rajoy: Salen Fernández Díaz y García Margallo mientras que Dolores de Cospedal entra como ministra de Defensa

HECHOS

El 3.11.2016 D. Mariano Rajoy presentó la nueva composición del Consejo de Ministros

PRESIDENTE: D. Mariano Rajoy
VICEPRESIDENCIA, MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA Y PARA LAS ADMINISTRACIONES TERRITORIALES: D. Soraya Sáenz de Santamaría
MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES Y COOPERACIÓN: D. Alfonso Dastis Quecedo
MINISTERIO DE JUSTICIA: D. Rafael Catalá Polo
MINISTERIO DE DEFENSA: Dña. María Dolores de Cospedal García
MINISTERIO DE HACIENDA Y FUNCIÓN PÚBLICA: D. Cristóbal Montoro Romero
MINISTERIO DEL INTERIOR: D. Juan Ignacio Zoido Alvarez
MINISTERIO DE FOMENTO: D. Íñigo de la Serna Hernaiz
MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE Y PORTAVOZ DEL GOBIERNO: D. Íñigo Méndez de Vigo y Montojo
MINISTERIO DE EMPLEO Y SEGURIDAD SOCIAL: Dña. Fátima Báñez García
MINISTERIO DE ENERGÍA, TURISMO Y AGENDA DIGITAL: D. Álvaro Nadal Belda
MINISTERIO DE AGRICULTURA, PESCA Y ALIMENTACIÓN Y MEDIO AMBIENTE: Dña. Isabel García Tejerina
MINISTERIO DE ECONOMÍA, INDUSTRIA Y COMPETITIVIDAD: D. Luis de Gunidos Jurado
MINISTERIO DE SANIDAD, SERVICIOS SOCIALES E IGUALDAD: Dña. Dolors Montserrat Montserrrat

04 Noviembre 2016

Gobierno continuista

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

Rajoy decepciona con un equipo débil y poco adecuado para las reformas

Mariano Rajoy no ha dejado de ser Mariano Rajoy. Las esperanzas sobre un cambio profundo en la estructura o en la personas del nuevo Gobierno han quedado en nada. Tras diez meses en funciones y cinco días de reflexión, el presidente —que ni siquiera compareció personalmente para presentarlo— ha formado un Ejecutivo de continuidad, con algunas caras nuevas pero con los mismos responsables en los grandes asuntos políticos y económicos, y similares repartos de cuotas entre los distintos grupos del PP. Un Gobierno que permite dudar del espíritu reformista del presidente, que ha decepcionado las expectativas con un equipo inadecuado para afrontar los grandes retos que tiene España.

En su discurso de investidura del pasado sábado, Rajoy ya había anticipado que no estaba dispuesto a desandar el camino emprendido en 2011, ni a desautorizar las grandes reformas que, según él, han conseguido sacar a España de la crisis. Y si no se quiere rectificar, para qué cambiar a los pesos pesados de su Gobierno.

El presidente no tenía más remedio que rellenar tres huecos vacantes durante la interinidad del Ejecutivo: Sanidad, Fomento e Industria, que habían sido adscritos a otros ministerios. Tampoco podía evitar Rajoy la salida de los ministros más mayores y, además, los más contestados por el Parlamento: Jorge Fernández Díaz (Interior), José Manuel García Margallo (Exteriores) y Pedro Morenés (Defensa).

Pero faltaba conocer si iba a aprovechar esos seis cambios para crear nuevas carteras o desdoblarlas en varias; y, sobre todo, si el presidente iba a a introducir independientes en el nuevo Gobierno, o por lo menos, nuevas caras con un perfil poderoso y diferente a los elegidos en los últimos años: amigos o fieles colaboradores suyos o de sus lugartenientes en Génova, Moncloa o el llamado G-8, en un entramado de cuotas con las que cada grupo se sentía satisfecho.

Los asuntos políticos del Gobierno seguirán bajo el control de Soraya Sáenz de Santamaría que, aunque pierde la portavocía, gana la cartera de Administraciones Territoriales. El nombramiento en Defensa de su principal competidora en el partido, María Dolores de Cospedal, es una nueva demostración de que a Rajoy le gusta repartir el poder para debilitar a sus elegidos y asegurarse de que nada cambie.

Lo mismo sucede en el área económica, en la que Luis de Guindos se anexiona la cartera de Industria (no toda, porque Álvaro Nadal se queda con parte), pero no consigue una Vicepresidencia Económica, ni la salida de Cristóbal Montoro, que sigue a cargo de Hacienda. Permanecen también en sus cargos Íñigo Méndez de Vigo (Educación, Cultura y Deportes, además de portavoz del Gobierno), Fátima Báñez (Empleo) e Isabel García Tejerina (Agricultura). Las cinco nuevas caras son un ligero movimiento hacia posiciones más amables y moderadas, pero tienen un perfil político demasiado débil como para augurar cambios significativos.

Rajoy ha enviado un mensaje claro de continuidad al resto de los partidos —incluso a los que le han apoyado en el Parlamento— y a la sociedad. Las grandes reformas que requiere España tendrán que seguir esperando.

04 Noviembre 2016

Rajoy designa un Gobierno de continuidad y equilibrios

EL MUNDO (Director: Pedro G. Cuartango)

NO HAY grandes sorpresas en el Gabinete que presentó ayer Mariano Rajoy para esta legislatura, aunque sí algunos movimientos que indican muy claramente por dónde va a transcurrir la acción de Gobierno, con dos claros objetivos: afrontar el desafío independentista de Cataluña y consolidar la recuperación económica. Y estas dos metas vuelven a recaer en dos personas de la máxima confianza de Rajoy: Soraya Sáenz de Santamaría y Luis de Guindos. Son los máximos exponentes de la continuidad de la política del nuevo Ejecutivo respecto a la legislatura anterior.

Sáenz de Santamaría mantiene la vicepresidencia del Gobierno y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y pierde la portavocía del Gobierno. A cambio, asume las competencias sobre Administraciones Públicas. Será, pues, la interlocutora del Gobierno ante las comunidades autónomas, con Cataluña en el foco de su actividad. Rajoy ha delegado en su colaboradora más cercana el asunto político más espinoso de los próximos años, aunque le resta visibilidad.

El segundo mensaje del presidente del Gobierno es el mantenimiento de la política económica. Guindos no será vicepresidente económico como se había especulado, pero seguirá llevando el timón de la acción del Gobierno para consolidar la recuperación. Su ministerio asume las competencias de Industria y al área económica se incorpora Álvaro Nadal con la cartera de Energía, Turismo y Agenda Digital. Nadal es otro hombre próximo a Rajoy, con el que ha trabajado en Moncloa estos últimos cinco años. La permanencia en el Gabinete de Montoro al frente de Hacienda y de Báñez en Empleo refleja también una clara intención del presidente: ni un paso atrás en las reformas económicas que, a su juicio, han permitido a España salir de la recesión y empezar a generar empleo con fuerza.

Así, pues, y muy al estilo de Rajoy, no ha habido ningún gran cambio en los pesos pesados del nuevo Ejecutivo. En este sentido, nadie puede esperar otros rumbos en las líneas de acción del Gobierno en esta etapa que se abre.

Y, aunque del Gobierno salen cuatro ministros y entran seis, tampoco ese cambio de caras va suponer una revolución. Rajoy ha elegido a personas con experiencia de gestión, muy ligadas al partido -a las diferentes familias del mismo- y, sobre todo, todos con capacidad de diálogo y que no generan animadversión entre los partidos de la oposición.

Entre éstos se encuentran Íñigo de la Serna, alcalde de Santander y ex presidente de la FEMP, que tendrá la cartera de Fomento; el propio Íñigo Méndez de Vigo, que repite en Educación y asume la portavocía, Juan Ignacio Zoido, magistrado y ex delegado del Gobierno en Andalucía, que se encargará de Interior, y Dolors Montserrat, del PP catalán, que dirigirá Sanidad. Aunque el mayor guiño al partido es la incorporación de Mª Dolores de Cospedal al Ministerio de Defensa, cargo que podrá compaginar con la secretaría general del PP. Rajoy ha escogido para Asuntos Exteriores a Alfonso Dastis, diplomático que ha desarrollado la mayor parte de la cartera en Europa.

Hay que reconocer que el presidente del Gobierno no ha sido demasiado audazpara escoger a sus colaboradores en La Moncloa. Ha buscado contrapesos en el partido y equilibrios en el propio Gabinete y ha incorporado al mismo a tres de los negociadores del pacto con Ciudadanos: Báñez, Nadal y Montserrat

Aunque, como decimos, se trata de un Gobierno sin ministros polémicos, compuesto por políticos sin aristas y acostumbrados al diálogo, el nuevo Ejecutivo no da esa sensación de cambio de rumbo que necesita el país en esta nueva etapa política, en la que el PP va a necesitar negociar con uñas y dientes para sacar adelante sus proyectos en el Congreso y pactar las grandes reformas que faltan por acometer. Una vez más, Mariano Rajoy ha vuelto a ser Mariano Rajoy.

04 Noviembre 2016

Gobierno para el diálogo y refrendo del equipo económico

LA RAZÓN (Director: Francisco Marhuenda)

En el nuevo Gobierno de España destacan claramente dos ideas fuerza: que su presidente, Mariano Rajoy, está dispuesto a afrontar la legislatura, que por fin comienza, desde el compromiso de diálogo con el resto de las fuerzas políticas, y el refrendo a su equipo económico desde el convencimiento personal de que, si tanto el ministro de Economía, Luis de Gindos, como el titular de la cartera de Hacienda, Cristóbal Montoro, han hecho un buen trabajo cuando la situación era difícil, ahora podrán dar con el mismo éxito el empujón definitivo al crecimiento. Hay, tal vez, una sutil recompensa mayor en el caso de De Guindos, a quien se le encarga también el departamento de Industria y Competitividad –aunque sin llegar a atribuirle una vicepresidencia–, pero que tiene, asimismo, una lectura lógica en el hecho de que se trata de dos carteras muy vinculadas al nuevo modelo de crecimiento que busca Mariano Rajoy, basado en un tejido empresarial más fuerte, extenso, innovador y competitivo, y que cree empleo de calidad. Con De Guindos se garantiza continuidad e impulso expansivo, aprovechando un escenario presupuestario más favorable en el seno de la UE. En su labor europea, De Guindos contará con el refuerzo de un diplomático veterano como Alfonso Dastis Quecedo, que sustituye al frente de Exteriores a José Manuel García Margallo. Dastis es un profundo conocedor de los vericuetos de Bruselas, donde ha ejercido la representación de España ante la UE desde 2012. Pero nuestra política europea no prevé renunciar al cumplimiento de los objetivos de reducción del déficit y del techo de gasto acordados con Bruselas, aunque se puedan buscar fórmulas más flexibles. Mariano Rajoy está firmemente convencido de que el control del déficit es clave para unas cuentas saneadas y una economía eficiente. Ahí entra la figura de Cristóbal Montoro quien, si bien pierde una parte del departamento de Administraciones Públicas, conserva el fundamental control de los ingresos y gastos del Estado, que ha llevado a cabo con notable eficacia en la peor época de la crisis, y la gestión de la Función Pública, que es uno de los cuerpos del Estado pendientes de completar su reforma y modernización. Del resto del núcleo económico hay que destacar que se mantienen Fátima Báñez en la cartera de Empleo y Seguridad Social, con el mercado de trabajo ya en franca recuperación, lo que avala la reforma Laboral, e Isabel García Tejerina al frente de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. También que se incorporan Íñigo de la Serna Hernáiz al Ministerio de Fomento, en sustitución de Ana Pastor, ahora presidenta de las Cortes, y Álvaro Nadal Belda como titular del nuevo departamento de Energía, Turismo y Agenda Digital. El perfil de De la Serna, como el del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido Álvarez, ex alcalde de Sevilla y juez de carrera e, incluso, el de María Dolores de Cospedal, al frente de Defensa, responde a un guiño al municipalismo, tan caro al presidente del Gobierno, y a su preferencia por la gestión profesional, sin estridencias. Por el contrario, la elección de Álvaro Nadal, hasta ahora asesor económico en Moncloa y experto en Energía, da cuenta de la preocupación de Mariano Rajoy por el futuro de nuestro modelo energético, cuya transformación no ha podido culminar en su primera legislatura. En resumen, un equipo económico muy solvente y sólido que confirma la confianza que siempre ha mantenido Mariano Rajoy en su estrategia para el crecimiento. Pero esta legislatura, en minoría parlamentaria, exigía al mismo tiempo un equipo capaz de tender puentes con la oposición para garantizar en lo posible la gobernabilidad de la nación y, lo que es igual de importante, las dos reformas que necesita España con mayor urgencia: el modelo de financiación territorial y el pacto de Estado por la Educación. Las dos figuras clave en esta labor serán la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que incorpora al Ministerio de Presidencia las competencias de Administración Territorial, e Íñigo Méndez de Vigo, que repite en Educación, por supuesto, pero que será también el portavoz del Gobierno. Con ellos, Dolors Monserrat, ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, que ha formado parte destacada del equipo negociador en el pacto con Ciudadanos, y Rafael Catalá, en Justicia. En definitiva, un Gobierno para cumplir el doble propósito que se ha marcado el presidente: estabilidad y crecimiento.

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