En el llamado 'congreso de la refundación' emerge como figura política del partido el democristiano Marcelino Oreja, que se perfila como candidato del partido

9º Congreso de AP – Fraga recupera el poder del partido y cambia su nombre por el de ‘Partido Popular’ tras apartar a Mancha

HECHOS

El IX congreso de Alianza Popular decidió cambiar la denominación del partido por la de ‘Partido Popular’ y eligió nuevo presidente a D. Manuel Fraga Iribarne, en sustitución de D. Antonio Hernández Mancha.

LOS CONSPIRADORES

RAtoTrillo1988 Dirigentes de Alianza Popular como D. Rodrigo Rato y D. Federico Trillo convencieron al Sr. Fraga, eurodiputado en Estrasburgo, de que debía volver a España para volver a ocupar la presidencia de Alianza Popular. Poco después de que el Sr. Fraga anunciara que presentaba dicha candidatura, el Sr. Hernández Mancha no tuvo otra que renunciar a presentarse a reelección al verse incapaz de competir con el fundador del partido.

EL GRAN DERROTADO

Fraga_Mancha_1988 Tras dos años al frente de Alianza Popular, D. Antonio Hernández Mancha tiraba la toalla sin haber llegado vivo a unas elecciones generales. Todos los analistas tenían claro que no tenía ninguna posibilidad frente al Sr. Fraga en una pugna interna en AP. Sus partidarios se limitaron a dar una pequeña batalla para evitar el cambio de nombre de AP por PP, en la que también fracasaron.

Sr. Hernández Mancha explica a J. F. Lamata porque renunció a competir con Fraga:

  • /
Update Required
To play the media you will need to either update your browser to a recent version or update your Flash plugin.

EL CAMBIO DE NOMBRE

Una de sus primeras propuestas para reasumir la presidencia fue cambiar la denominación del partido “Alianza Popular” por “Partido Popular”. Una denominación que fue usada en su día por los ex ministros franquistas D. Pío Cabanillas y D. José María de Areilza en 1976 para crear la formación que fue la matriz de lo que más tarde se convirtió en la ‘Unión de Centro Democrático’.

La votación del cambio de nombre del partido arrojó el siguiente resultado:

  • – A favor de cambiar el nombre de Alianza Popular por ‘Partido Popular’ – 491 delegados.
  • – En contra de cambiar el nombre de Alianza Popular por ‘Partido Popular’ – 111 delegados.

EL NUEVO COMITÉ EJECUTIVO DEL PP:

Presidente- D. Manuel Fraga Iribarne

Vicepresidentes- D. Marcelino Oreja, D. José María Aznar, D. Miguel Herrero Rodríguez de Miñón, D. Abel Matutes, D. Félix Pastor Ridruejo y Dña. Isabel Tocino.

Secretario General- D. Francisco Álvarez Cascos

Secretarios Generales Adjuntos- D. Federico Trillo, D. Juan José Lucas y D. Rodrigo Rato.

Tesorero- D. Rosendo Naseiro

Presidente del Comité Electoral- D. José Manuel Romay

Presidente del Comité de Conflictos- D. Alberto Ruiz Gallardón

Vocales- D. Rodolfo Martín Villa, D. José Luis Álvarez Álvarez, D. Manuel Renedo, D. Miguel Arias Cañete, Dña. Celia Villalobos, Dña. María Teresa Estevan, Doña. Loyola de Palacios, D. Ángel Sanchís, D. Gabriel Cañellas, D. Luis ramallos, D. Juan Tomás Esteo, D. Ramiro Rivera, D. Blas Rosales, D. Mariano Rajoy, D. Miguel Ramírez, D. Luis Guillermo Perinat – Marqués de Perinat, D. José Manuel Otero Novas, D. Alejandro Muñoz Alonso, D. José Manuel Molina, D. José Luis Beotas, D. Luis Eduardo Cortés y D. Jorge Fernández Díaz.

Miembros Natos – D. Gabriel Cañellas (presidente de Baleares), D. Joaquín Espert (presidente de La Rioja), D. Fernando Suárez (portavoz del PP en el Parlamento Europeo), D. Juan Ramón Calero (portavoz del PP en el Congreso), D: José Manuel Ortí Bordás (portavoz del PP en el Senado), D. Rafael Hernando (presidente de NNGG) y D. Alejandro Utrilla (secretario general de NNGG).

EL ASCENSO DE ÁLVAREZ CASCOS

1989_Cascos El diputado de Alianza Popular D. Francisco Álvarez Cascos, considerado el líder moral de AP en Asturias, es el elegido por D. Manuel Fraga como Secretario General, lo que, en la práctica, le da plenos poderes en la coordinación del partido por debajo del Sr. Fraga.

¿MARCELINO OREJA, CANDIDATO DEL PP A LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO?

oreja_fraga_1989 Al reasumir la presidencia del partido, el Sr. Fraga volvía a quedar a cargo del partido, pero desde el principio el político gallego dejó claro que no aspiraba a ser de nuevo candidato a la presidencia del Gobierno, al haber aceptado el resto de ser candidato a la Xunta de Galicia. Por tanto queda la duda de quién será el candidato del nuevo PP a la presidencia del Gobierno. La figura emergente en el 9º Congreso del PP ha sido D. Marcelino Oreja, el ex ministro de UCD aparece como nº2 del partido y en las proximidades del Sr. Fraga. De momento, se le ha encargado encabezar las listas del PP al Parlamento Europeo en las elecciones de ese año 1989.

RESTOS DEL FRANQUISMO EN LA EJECUTIVA DEL PP

Entre los dirigentes el nuevo PP continúa habiendo nombres ligados al régimen anterior (algo inevitable si se tiene en cuenta que aquel régimen fue sostenido, a fin de cuentas, por la derecha política de entonces). Junto al propio presidente del PP, D. Manuel Fraga, que fue ministro de aquel sistema, figura otro ex ministro del franquismo D. Fernando Suárez, que es miembro nato en la Ejecutiva del Partido Popular. También son de destacar los casos de D. Marcelino Oreja, D. Rodolfo Martín Villa o D. José Miguel Ortí Bordás, que fueron consejeros del Movimiento Nacional, el partido único del franquismo y son miembros destacados de la actual  ejecutiva del PP.

FRAGA PIDE ‘MARCHA’

EL PARTIDO LIBERAL SE INTEGRA EN EL PP

Jose_Antonio_segurado El 9º Congreso de AP/PP también significó la disolución del Partido Liberal (PL), la formación política nacida como Unión Liberal y rebautizada como ‘Partido Liberal’ a principios de 1985 bajo la batuta de D. José Antonio Segurado, anunció durante la celebración de aquel congreso que se disolvía y que todos sus militantes se integraban en el nuevo Partido Popular. D. José Antonio Segurado asumiría una de las vicepresidencias del PP, aunque la militante del PL que llegaría a puestos más destacados sería la concejala madrileña, Dña. Esperanza Aguirre.

19 - Enero - 1989

Razones de mi ingreso en AP

José Manuel Otero Novas

La conjunción de esfuerzos que ahora se nos ofrece, ya la hicimos con las mismas corrientes de pensamiento dentro de la UCD. Aunque entonces fracasamos por la presencia respetable, pero a mi juicio distorsionante de un sector socialdemócrata, cuyo sitio estaba, como ahora está, en el PSOE.

Aunque es censurable el oportunismo de quien muda sus posiciones políticas según soplen los vientos del Poder, hay que defender el derecho que toda persona tiene para cambiar de ideas a lo largo de su vida. Porque la misma vida nos va enseñando constantemente.

Pero, cuando yo entro ahora en Alianza Popular, no estoy en modo alguno transformando mmi trayectoria política. No lo digo como mérito es un hecho.

Siempre estuve vinculado a los movimientos de cultura cristiana. Cuando al reinstaurarse la Monarquía me designaron director general de Política Interior, encontré en los archivos un informe sobre mí donde se me definía como ‘democristiano actuando en el mismo límite de la legalidad’. Como miembro de los Gobiernos de UCD, creo que no se me niega haber intentado ejercer conforme a aquellos principios. Busqué sin éxito un Gobierno de coalición UCD-AP a partir de 1981, tras haber pilotado proyectos legislativos desde el Gobierno de UCD con el apoyo de AP y los partidos nacionalistas de centro derecha. Cofundé el PDP en 1982 para rescatar la posible operatividad política del humanismo cristiano, pero en coalición conseguida con AP y los liberales e intentada con todos los afines. Considerando que los partidos existen para servir ciertas ideas y no a la inversa, proclamé públicamente (así en ABC, 30-9-1984) que si algún día otra estructura garantizaba mejor el humanismo cristiano no dudaría en promover los cambios necesarios. Y cuando el PDP rompió la Coalición Popular, dimití como vicepresidente y fui expedientado con suspensión de militancia por ello.

Abierto el actual proceso renovador de AP, Fraga Iribarne, en profundas conversaciones me reiteró su oferta de que el humanismo cristiano pase a constituir uno de los componentes sustanciales del partido, y así se logre un ancho cauce político para quienes piensan como yo. Siempre hubo en AP notables personalidades de este campo de pensamiento. Pero ahora, entiendo que se nos brindan las garantías posibles de que estas presencias y con tal carácter puedan ser eficaces, y el humanismo cristiano tenga entonces una vía de pervivencia; abriéndose al mismo tiempo a la necesaria integración, o al menos colaboración, con todas las fuerzas políticas afines. Esas son mis coordenadas políticas permanentes. Y no puedo negar mi colaboración, aunque por razones de una profesión que pretendo mantener en plenitud, mi ayuda vaya a resultar muy modesta.

Se me ha planteado si es posible convivir en un mismo partido con el pensamiento conservador y con el liberal. Creo que el conservadurismo, entendido peyorativamente como mantenedor de lo establecido choca con el principio cristiano de búsqueda permanente de la perfección. Pero si lo conservador se concibe en su sentido original británico, de reformismo desde la realidad, como lo profesaron Cánovas y Maura o como lo define Fraga Iribarne, no tiene que impedir una confluencia de actuación con quienes postulan el humanismo cristiano, que en cuanto tales sólo pueden aceptar los cambios violentos o traumáticos en circunstancias excepcionales.

Y en cuanto al liberalismo, en sus orígenes surge como una radicalización del personalismo cristiano, a costa de sacrificar otros valores básicos de nuestro pensamiento como el de la solidaridad. Pero sería injusto ignorar que el pensamiento liberal de hoy repudia sus excesos iniciales y no niega las necesarias correcciones sociales. Por lo que tampoco cabe rechazar una coincidencia de actuación con los liberales, con quienes compartimos su profunda valoración de la persona humana y de la libertad individual.

En definitiva la conjunción de esfuerzos que ahora se nos ofrece, ya la hicimos con las mismas corrientes de pensamiento dentro de la UCD. Aunque entonces y tras el éxito inicial, fracasamos por el carácter coyuntural de la formación, concebida sólo para el establecimiento del sistema democrático, y por la presencia respetable, pero a mi juicio distorsionante de un sector socialdemócrata, cuyo sitio estaba, como ahora está, en el campo del PSOE. Si entonces consideramos justificado colaborar, ¿por qué no ahora que la unidad de acción es aún más necesaria?

Alguien me pregunta si así no me estoy derechizando. Yo soy muy escéptico con las calificaciones geométricas y siempre relativas del mapa político. Manteniendo siempre las mismas tesis básicas, en unas épocas fui tachado de izquierdista y en otros momentos de centro o de derechas. Las etiquetas son convencionales. Lo que importa son las ideas. Las mías propugnan la consecución de un progreso permanente, a través y simultáneamente de la justicia social y de la libertad personal. Sin subordinar la una a la otra. Y en ello me diferencio de quienes se califican de izquierdas, que consideran sacrificable porciones de libertad, mayores o menores, en aras de otro sfines que para ellos son predominantes. Comentaristas de las más distintas posiciones coinciden en reconocer que algo practican el recorte de libertad en muchos campos, excepto en el económico. Y yo, alabando su pragmatismo y moderación en lo económico, creo que también en este terreno están aplicando, y ello les honra por coherencia, recetas básicamente tendentes al socialismo. Pues por muchas que sean las medidas adoptadas que obtengan tanto el aplauso de banqueros como el rechazo de sindicalistas, si un Gobierno recibe unos Presupuestos del Estado que canalizan el 25 por cien del PIB y en seis años pasan a manejar el 45 por cien del mismo PIB, nadie podrá negar que están cumpliendo lo esencial de los postulados de un socialismo gradualista y democrático y haciendo justamente lo contrario de lo que patrocinan las políticas liberales.

Mi pensamiento, muy en síntesis es el expresado. Y si a esa manera de pensar queremos ponerla bajo la rúbrica de centro derecha, no repudiaré el calificativo. Ni me preocupará cualquier otro que convencionalmente se me quiera imputar. Siempre que no se me atribuyan unas ideas diferentes a las que profeso. Porque difícilmente se me puede superar en afecto a la libertad individual o en preocupación por los sectores menos favorecidos de la sociedad.

(…) Deseo, por último, manifestar mi expreso respeto por quienes con mis ideas y otras afines, consideren que deben abstenerse o participar en otros proyectos. Tengo amigos admirables en esa situación. Tengo amigos admirables en esa situación. A ellos les pido, como a mí mismo me exijo, que no hagamos ni digamos nada que dificulte nuestra futura coincidencia de acción. Porque estoy esperanzado en que se producirá antes o después. El pueblo español nos lo va a requerir imperiosamente. Por el triunfo de nuestras ideas comunes. Y porque ello será imprescindible para una supervivencia real y no sólo formal de la democracia.

José Manuel Otero Novas

06 - Enero - 1989

Acuerdo tácito en la derecha

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

Ya se sabe en qué consiste el proyecto de refundación de Alianza Popular (AP) empuñado por Manuel Fraga para dar un contenido político a su regreso a la dirección del partido. Fracasada la experiencia de Coalición Popular, federación electoral de diversas corrientes de la derecha, se trata ahora de aglutinar a esas mismas fuerzas en un solo partido. No se trata, por tanto, de ningún descubrimiento sensacional. Simplemente se intenta lo mismo desde un diferente punto de partida. Pero el modesto giro tiene al menos el mérito de dotar al partido de Fraga de una perspectiva que le permita salir de la parálisis en que se encontraba cuando el veterano político gallego decidió retomar las riendas. Para que el proyecto adquiera verosimilitud se hace preciso dotarle de factores de cohesión diferentes a los ensayados anteriormente. La recuperación de Marcelino Oreja como cabeza del cartel para las elecciones europeas de junio -y, si el ensayo resultase, para las legislativas- es de momento el principal aglutinante introducido en el plan. El siguiente paso será tratar de centrar el discurso ideológico y la oferta electoral, lo que al parecer va a intentarse sobre la base de subrayar los componentes democristianos del partido refundado.Algunos factores exteriores han favorecido la operación puesta en marcha: de un lado, la posibilidad de unas elecciones anticipadas ha entrado a formar parte del escenario verosímil en los próximos meses; de otro, y se refleje o no inmediatamente en los sondeos, la crisis del proyecto socialista derivada de la ruptura con UGT acabará reflejándose en las expectativas de voto del PSOE. Con Fraga a la cabeza, Alianza Popular aporta un partido con implantación nacional, recursos económicos y un mínimo de votos asegurado en cualquier circunstancia. Las incorporaciones personales e ideológicas previstas, simbolizadas de momento por la presencia de Oreja, deberán aportar una imagen diferente a la excesivamente conservadora proyectada por el fundador. Marcelino Oreja representa en cierto modo lo contrario que Fraga: no suscita grandes entusiasmos, pero tampoco recusaciones enconadas. Y si de lo que se trata es de hallar alguien capaz de aglutinar lo disperso, más importante que el mucho entusiasmo es el escaso rechazo.

Naturalmente, los problemas comienzan a partir del paso siguiente. De momento, el discurso sigue presentándose en negativo: hay que unir a todos los que se oponen a los socialistas. Pero dista de ser evidente que exista una identidad entre rechazar un Gobierno socialista y aceptar uno articulado en torno a AP. El éxito obtenido por los regionalistas, por ejemplo, en las locales y autonómicas de 1987 se apoyó en la existencia de un amplío sector del electorado que se sentía por igual ajeno a ambas opciones. Es preciso, por tanto, dotar al proyecto de unos perfiles que recojan en positivo los valores con los que se identifican esos sectores moderados que rechazan la polarización social y política. Pero no es tan fácil. El antiguo tácito Marcelino Oreja ha aceptado integrarse en el proyecto a cambio de que el movimiento hacía el centro discurra por la senda democristiana. Cuestiones como el eventual cambio de nombre del partido y su posible adscripción a la Internacional Democristiana permanecen abiertas porque, ciertamente, AP no se identifica mayoritariamente con esa corriente. E incluso suponiendo amplias tragaderas a quienes en una década han transitado -mientras reprochaban a los demás su incoherencia- sendas tan diversas como el continuismo franquista, el neoconservadurismo duro y el liberalismo à la page, resulta dudoso que puedan ahora convertirse en fervorosos democristianos sin más ni más. Fueron ellos precisamente quienes echaron a pique a la UCD en tiempos de Suárez -la cosa empezó con su oposición a la ley del divorcio- y los primeros en abandonar la fragata de Coalición Popular cuando se vio que su patrón tenía un techo.

Con todo, la vuelta de Fraga detiene la caída libre de AP. Si existía, el proyecto de renovación de Hernández Mancha estaba condenado al fracaso porque resultaba un contrasentido postularse como eje aglutinante del centro-derecha cuando se era incapaz de aglutinar las dispersas filas del propio partido, convertido en un espectáculo permanente. Mancha se arrojó a una piscina sin agua con su moción de censura, y allí mismo se perdió. No ha tenido suerte, pero su paso por la presidencia ha supuesto un avance en la credibilidad democrática de AP. Se pronunció contra la pena de muerte y contra la reforma restrictiva de la Constitución en materia autonómica, dos viejos temas de Fraga. Se negó a amparar las declaraciones pro Pinochet de Arespacochaga, lo que no hicieron otros. Y su retirada, negándose a aceptar los poco brillantes cargos que se le ofrecían, ha tenido dignidad.

22 - Enero - 1989

Sísifo en Génova

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

En apenas tres meses, la derecha española ha pasado del abatimiento sin remedio a la euforia desbordada. El congreso de refundación de Alianza Popular, que ha pasado a denominarse Partido Popular (PP), ha devuelto a los conservadores la perdida confianza en sí mismos. Manuel Fraga, empujando otra vez su gran peñasco de la mayoría natural, ha iniciado de nuevo, como el personaje mitológico Sísifo, la ascensión hacia el poder. Curtido por las derrotas y ligeramente apaciguado por la edad, este hijo del dios del viento que supo del poder en temprana edad y luego llegó siempre tarde a las citas con la historia, se apresta a ejercer el mando -su más persistente vocación- con unos guantes nuevos confeccionados para la ocasión. El riesgo de que vuelva a tropezar con las piedras previamente colocadas por él mismo en el camino y de que su cargamento vuelva a rodar por la pendiente se mantiene. Pero, con todo, esta refundación de la derecha constituye el ensayo más verosímil de construir una alternativa conservadora abordado en los últimos años.Esa verosimilitud deriva menos de la consistencia organizativa, política o ideológica del proyecto en sí que de su adecuación al escenario político general que parece estar configurándose. La refundación es lo de siempre: juntar en la misma barcaza a las distintas familias que, más allá de ideologías, se sienten vinculadas a la cultura tradicional de la derecha. 0 sea, lo que, tras el abandono de la embarcación de Coalición Popular por una parte de su tripulación, intentó el joven Mancha con el acuerdo tácito -nunca, mejor dicho- de Marcelino Oreja. El proyecto del PP se parece más a lo que quiso ser y no fue Coalición Popular que a la extinta UCD, con la diferencia de que toda la marinería deberá ahora vestir el mismo uniforme a fin de evitar deserciones programadas como la de Alzaga. Ese uniforme será, por imperativos coyunturales, el de la democracia cristiana, o inspirado en el humanismo cristiano, como se dice últimamente.

El paro general del pasado 14-D ha herido gravemente al proyecto que llevó al PSOE al poder, y todo parece indicar que, haya o no concertación, el próximo período estará marcado por la conflictividad social. Si las cosas funcionan como en otros países, esa conflictividad producirá la exasperación de sectores de las clases medias urbanas que, antes o después, acabarán volviendo la vista hacia quien ofrezca más disciplina social y menos inquietud ciudadana, especialmente si la oferta se completa con promesas de reducción de impuestos. Como el PSOE no está ni psicológica ni políticamente preparado para asumir ese papel, habrá llegado la hora de la derecha a condición de que ésta sepa combinar sensación de autoridad con moderación política. Hace dos años, Fraga asustaba más que tranquilizaba, pero la combinación entre un Fraga algo más patriarcal y un Marcelino Oreja ennoblecido con su paso por el Consejo de Europa puede conectar fácilmente con esos sectores.

Ello no significa necesariamente que el poder esté ya al alcance de la derecha, pero sí que seguramente está a punto de finalizar la fase de Gobiernos con mayoría absoluta. Si es así, el panorama político se abrirá considerablemente y habrá más oportunidades para la oposición. Cuando Fraga anunció su regreso, AP estaba a punto de perder no ya su opción a gobernar, sino incluso la primogenitura de la oposición, que podía heredar Suárez. La refundación, el cambio de uniforme y todo lo demás se orienta básicamente a detener ese proceso. Si tiene éxito, significará que el partido de los conservadores puede aspirar a convertirse en el eje de alianzas más amplias y no en el simple refuerzo de derechas a una opción encabezada por Suárez. La presencia de Oreja se explica también porque, llegado el caso, parece más capaz que Fraga para negociar acuerdos con ese centrismo radical. En resumen, pues, la conversión de Alianza Popular en un partido cristiano y humanista se explica por la necesidad de tomar posiciones que permitan a la derecha capitalizar a su favor el desconcierto social y político resultante de la batalla que enfrenta al Gobierno socialista con los sindicatos. Si así fuera, Sísifo habrá conseguido al fin llevar su peñasco desde el puerto de Génova a la cima de la montaña.

El Análisis

“NO SE OS PUEDE DEJAR SOLOS”

JF Lamata

 “¡Usted tranquilo, Don Manuel!”, dijo D. Antonio Hernández Mancha al hombre que le había defenestrado políticamente, D. Manuel Fraga Iribarne, en aquel IX Congreso de AP, en el que el partido pasó a llamarse ‘Partido Popular’ (PP). La operación para destruir al Sr. Hernández Mancha fue simple: un grupo de notables liderados por D. Federico Trillo, D. Rodrigo Rato y D. Juan José Lucas se fueron a Estrasburgo a convencer al Sr. Fraga de que tenía que regresar al liderazgo de la derecha ante un inminente debacle electoral en las urnas bajo el liderazgo del Sr. Hernández Mancha.

El ex ministro franquista se plantó en Madrid y anunció que presentaría candidatura para volver a ser presidente de AP. Al Sr. Hernández Mancha sólo le quedaban dos opciones o presentarse a reelección y disputar así su liderazgo con el fundador del partido, o sacrificarse, renunciar a la reelección y permitir que el Sr. Fraga volviera a la presidencia por aclamación. Optó por lo segundo. Cuando le pregunté por los motivos, el Sr. Mancha me aseguró que era porque no quería dividir más a la derecha, precisamente en un momento en que la izquierda experimentaba división con el 14-D (conflicto PSOE – UGT).

Así pues, el Sr. Fraga volvía, pero su objetivo no era volver a ser el candidato de la derecha a presidente del Gobierno, sino hacer lo que no hizo en 1987, tutelar su sucesión, al estilo de aquel slogan de ‘No se os puede dejar sólos’.  La persona que aparecía como mejor situada para liderar a la derecha tras el IX Congreso de AP, ahora PP, era D. Marcelino Oreja Aguirre. Las europeas serían su prueba de fuego, prueba de la que saldría chamuscado. El verdadero sucesor del Sr. Fraga no se conocería hasta septiembre, en aquel momento esperaba cómodamente su momento desde la presidencia de Castilla y León.

J. F. Lamata

by BeHappy Co.