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40º Congreso del PSOE consolida el poder de Pedro Sánchez como Secretario General, manteniendo a Cristina Narbona como presidenta

HECHOS

Entre el 16 y el 18 de octubre de 2021 se celebró 40º Congreso del PSOE (XXXIX).

Presidencia
Cristina Narbona Ruiz

Secretario General
Pedro Sánchez Pérez-Castejón

Vicesecretaria General
Adriana Lastra Fernández

Secretario Área Organización
Santos Cerdán León

Secretaria de Igualdad
Andrea Fernandez Benitez

Secretario de Estrategia y Acción Electoral
Javier Izquierdo Roncero

Secretario de Política Municipal
Alfonso Rodríguez Gomez De Celis

Secretario de Política Autonómica
Guillermo Fernández Vara

Portavoz
Felipe Sicilia Alferez

Secretaria de Justicia, Relaciones Institucionales y Función Pública
Llanos Castellanos Garijo

Secretaria de Estudios y Programas
Idoia Mendía Cueva Garijo

Secretaria de Política Internacional y Cooperación al Desarrollo
Hana Jalloul Muro

Secretario de Transportes, Movilidad Sostenible y Agenda Urbana
Arcadi España García

Secretario de Memoria Democrática y Laicidad
Patxi López Álvarez

Secretaria Reto Demográfico
Maite Pérez Esteban

Secretaria Unión Europea
Iratxe García Pérez

Secretario de Transición Ecológica Justa y la Preservación de la Biodiversidad
Marc Pons Pons

Secretaria de Política Económica y Transformación Digital
Pedro Casares Hontañón

Secretaria de Cultura y Deportes
Manuela Villa Acosta

Secretaria para el Pacto de Toledo y la Inclusión Social
Juan Francisco Serrano Martínez

Secretaria de Industria, Comercio y Turismo
Patricia Blanquer Alcaraz

Secretaria de Trabajo, Economía Social y Trabajo Autónomo
Montse Mínguez García

Secretaria de Formación
María Márquez Romero

Secretaria de Educación, Formación Profesional
Mari Luz Martínez Seijo

Secretaria de Ciencia, Investigación y Universidades
Diana Morant Ripoll

Secretaria Movimientos Sociales, Diversidad y Mayores
Beatriz Carrillo de los Reyes

Secretaria de Transparencia y Regeneración Democrática
Francisco Lucas Ayala

Secretaria de Emprendimiento e Impacto Social
Amparo Marco Gual

Secretaria de Agricultura, Ganadería y Pesca
Ana María Obrero Romero

Secretario de Sanidad y Consumo
Carolina Darías San Sebastián

Secretario para la Reforma Constitucional y Nuevos Derechos
Félix Bolaños García

Secretario LGTB
Victor Gutierrez Santiago

Secretaria del PSOE Exterior
Pilar Cancela Rodríguez

Secretario de Políticas Migratorias Refugiados
Luc Andre Diouf

Vocales
Manuel García Salgado

Sabrina Moh Abdelkader

María Nieves Ramírez Moreno

María Jesús Montero Cuadrado

Pilar Alegría Continente

Isabel Rodríguez García

Elisa Garrido Jimenez

Álvaro Martínez Chana

16 Octubre 2021

El PSOE ya es el partido sanchista

ABC (Director: Julián Quirós)

El Congreso Federal del PSOE que comenzó ayer es solo la coartada de Pedro Sánchez para terminar de convertir al Partido Socialista en el ‘partido sanchista’. Esa, y no otra, es la única evolución que está experimentando desde que Sánchez ganó la secretaría general después de ser defenestrado por sus propios compañeros en 2016. De aquel trauma Sánchez extrajo una única conclusión: si volvía a ganar las primarias, convertiría el partido en un núcleo de poder omnímodo sin debate interno, diseñado a mayor gloria de su figura, y con férreos mecanismos de control para garantizarse el poder orgánico durante el tiempo que desee. Así, el congreso del PSOE se inauguró ayer como culminación de un proceso de transformación de tal calibre que destacados militantes y antiguos dirigentes ni siquiera reconocen ya la identidad de su propio partido.

El sanchista es hoy un partido de hechos consumados, en el que solo Sánchez y un reducidísimo grupo de fieles toman decisiones. Los críticos han sido arrinconados y carecen de pulso orgánico. Es significativo el dato de que el propio sistema de elección de compromisarios para el congreso ha sido a dedo, por lo que quedó viciado desde su origen destruyendo cualquier atisbo de democracia interna. Es cierto que Sánchez pretende que se visualice el final de una etapa de discordias con la ‘vieja guardia’. La presencia de Felipe González en la cita, después de años sin acudir a un congreso y tras haber mantenido serias discrepancias de fondo con Sánchez, es un éxito del propio secretario general. Todo su empeño es aparentar que aglutina a las voces más relevantes de esa ‘vieja guardia’, y la imagen de unidad será prácticamente lo único que se lleven de vuelta a casa todos los delegados. Y no es poca cosa porque si algo ha conseguido Sánchez, es un poder absoluto. Sin embargo, eso es lo habitual en los tiempos de vacas gordas en los partidos, cuando se está en el poder, se manejan los fondos autonómicos a capricho y se financia a conveniencia a cualquier ‘barón’ que levante la voz comprando voluntades orgánicas. Desde esta óptica, nada ha cambiado en el cinismo y sumisión de muchos de esos ‘barones’ con la vitola de contestatarios, que a la hora de la verdad aplauden el mesianismo de su secretario general.

El congreso servirá también para que Sánchez designe una nueva Ejecutiva, un órgano de dirección renovado pero sojuzgado a su mando. Ya lo tuvo antes con José Luis Ábalos o Carmen Calvo, y con Iván Redondo como asesor áulico en todo. La diferencia es que ahora utilizará a otros dirigentes diferentes, pero sin modificar su modelo de ‘usar y tirar’. En el PSOE ya saben que de respeto a las lealtades Sánchez sabe poco. Susana Díaz, Idoia Mendía o Miquel Iceta, por destacar tres destacados líderes territoriales defenestrados, son perfecto ejemplo de ello. Lo que no será el congreso es una plataforma para debatir sobre el modelo de partido, los indultos al separatismo, el precio de sus alianzas, o incluso sobre su apertura negociadora con Bildu. El PSOE sanchista no será socialdemócrata. Será podemita, soberanista, constitucionalista, españolista, moderado, radical, monárquico o republicano a conveniencia y a golpe improvisado de sondeo electoral. Es el manejo del poder y no lo la gestión lo que le interesa. Por eso su obsesión ahora es volver a engrasar al PSOE como un arma electoral frente a su desgaste y frente al impulso de la derecha que, de manera incomprensible, sigue negando el CIS.

18 Octubre 2021

Sánchez cierra el círculo

EL PAÍS (Directora: Pepa Bueno)

El secretario general del PSOE invoca el legado socialdemócrata frente al neoliberalismo, ineficiente contra la desigualdad y la injusticia social

El riesgo más grave que corren los navegantes en el mar en calma es que llegue la calma chicha y la nave no avance como debería, o quede incluso en aguas de nadie, templadas, neutras. La renovación de la Ejecutiva socialista emite un mensaje claro: baja en diez años la media de edad, aumenta el número de mujeres (hasta el 60%) y estuvo negociada sin agobios de último minuto. Es verdad que las juventudes socialistas esta vez no han podido dar la batalla por la estructura del Estado, no han acabado pidiendo el referéndum sobre monarquía o república, y se ha atenuado al máximo lo que en otras etapas fueron proclamas coherentes con la sensibilidad federal del PSOE, sobre todo cuando está en la oposición. Incluso algunos detalles preventivos parecen sobreactuados innecesariamente, como la reunión el jueves de la dirección con los secretarios territoriales para impedir cualquier posible fuga que enturbiase un congreso destinado a ratificar la unidad del partido.

Esta vez el principal objetivo era suturar la herida interna que se abrió dramáticamente en 2016 con la destitución del propio Pedro Sánchez y el conocido periplo posterior que, lejos de debilitarlo, lo fortaleció hasta llevar a su partido a La Moncloa y cerrar el círculo este fin de semana con todos los secretarios generales que le han precedido en el escenario, juntos, apoyándole. Abrazo de Felipe González incluido. Se trataba de escenificar el final del episodio que más ha desgarrado a los socialistas desde el final de la dictadura. El PSOE ha visto esta primavera cómo la derecha populista lo arrasaba en Madrid y necesitaba empezar a conjurar el desgaste de cualquier gobierno. La unidad no era una opción para ellos en este congreso, era una obligación.

Liquidada, al menos formalmente, la fractura interna, Sánchez se presentó una y otra vez en el discurso final como el continuador del proyecto político que ha gobernado este país durante 24 años de democracia, con referencias continuas a los gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Entre la juventud es posible que esa apelación al pasado resulte demasiado remota cuando buena parte de ella siente hoy la frustración de no disfrutar de sus logros o incluso siente la tentación de menospreciar una Transición que fue fundamentalmente satisfactoria. Esa reivindicación estuvo presente de forma visible a lo largo de un discurso que apeló numerosas veces a la gestión política socialista de los últimos cuarenta años.

Pedro Sánchez entró de lleno en la batalla ideológica que enciende el debate político no solo en España sino en todo el mundo con los populismos de derechas buscando el voto en caladeros tradicionales de la izquierda. En un contexto en el que la pandemia ha hecho evidente la necesidad de un Estado fuerte y los organismos internacionales promueven medidas keynesianas, la socialdemocracia ha salido fortalecida del último ciclo electoral en Europa. Sánchez ha ampliado el foco oponiendo las políticas de socialistas, socialdemócratas y laboristas con las políticas neoliberales que agravaron los efectos de la Gran Recesión de 2008 y aumentaron de forma dramática los indicadores de desigualdad social. El espectro va desde Joe Biden hasta Olaf Scholz pasando por los presidentes socialistas españoles.

El domingo asistimos en Valencia a la puesta de largo del discurso electoral con el que el PSOE defenderá su gestión en las próximas elecciones. Ese discurso acentuó que los socialistas son la izquierda posible y su referencia más insistente fue la defensa de la socialdemocracia como gestión de lo público. Esa izquierda descrita como la que navega entre la derecha, desnortada y hasta acomplejada, según Sánchez, y los socios, necesarios, pero más activistas que gestores. Para que esta ecuación sea creíble deberán poner en primer plano no solo el qué van a hacer sino el cómo se logran esos objetivos con valentía capaz de avanzarse a los cambios profundos que se avecinan, relacionados con el mercado laboral, con la gestión de la inmigración, con el cambio climático. Combatir la desigualdad en este momento exige cambios estructurales de un modelo de producción y energético agotado, o a punto de agotarse, y ya estamos viendo las dificultades que entrañan las políticas en esa dirección.

Del Congreso salen tres compromisos del secretario general: la nueva reforma laboral —Sánchez no parece querer que Yolanda Díaz ondee esa bandera en solitario—, la derogación de la ley mordaza y la abolición de la prostitución como esclavitud moderna. Un Sánchez más seguro de sí mismo que nunca envió recados a derecha e izquierda y dijo preferir la persuasión a la algarada, en alusión a su socio de gobierno. Tampoco ocultó su rechazo al talante inflexible de los populares en un conflicto gravísimo que creció con ellos en el poder, como es la situación en Cataluña, para la que volvió a defender el diálogo y la negociación política. En efecto, la socialdemocracia no está muerta, como tanto se ha profetizado desde un lado y desde otro, ahora le toca la actualización teórica y programática que atienda las necesidades de las mayorías sociales que solo cuentan con el Estado como espacio de amparo contra la adversidad, con pandemia y sin pandemia.

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