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Estalla de cara al público la división interna en Podemos

Intercambio de cartas abiertas entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón por sus discrepancias ante el formato de la II Asamblea de Podemos

HECHOS

El 12.12.2016 D. Pablo Iglesias Turrión, secretario general de Podemos hizo pública una carta en réplica al secretario de Política de Podemos, Íñigo Errejón, después de que este firmara una  carta sobre las estrategias del partido.

MANIFIESTO ERREJONISTA

Sobre el debate de los proyectos para la Asamblea existen dos opciones: tener un debate previo sobre la estrategia política y el modelo organizativo para luego elegir a quienes deben llevarla a cabo; o bien votar a los cargos con los documentos en un mismo paquete. Optamos por la primera porque tras dos años de prisas merecemos un tiempo de reflexión alejado de concursos de popularidad que limitan la voz de la militancia. La Asamblea no debe ser un combate de boxeo, sino una contraposición de ideas. Queremos discutir cómo ganar un país, no retarnos entre nosotros. El futuro de Podemos es oscuro si sus dinámicas impiden que convivan diferentes modelos; la solución de las discrepancias se aleja mucho del sometimiento de uno ante otro. Vistalegre I tuvo muchos defectos, pero al menos respetó la separación entre ambos debates: no nos podemos permitir tal involución democrática. Si en el primer Vistalegre se discutió la votación por separado o no de los documentos Ético, Político y Organizativo, ahora sería un grave retroceso reducir el debate a si los documentos van tener o no un tiempo propio para ser discutidos.

28 Noviembre 2016

Podemos ganar

Íñigo Errejón

Mariano Rajoy es de nuevo presidente, pero esto no supone un cierre del ciclo de cambio político iniciado el 15-M de 2011. Es un gobierno débil: ha revalidado a costa de herir de muerte el bipartidismo, carece de propuestas para los grandes retos que arrastra nuestro país y, sin mayoría sólida, ha de recurrir por ello al chantaje de sus rehenes. No es la inauguración de una nueva etapa ni una restauración de la vieja: los gobernantes tradicionales solo han comprado tiempo. Por eso no debemos afrontar este tiempo como defensivo o de resistencia, sino a la ofensiva, para avanzar posiciones: ahora es cuando se puede fraguar el Podemos que gobierne España para hacer un país más democrático y más justo. Es verdad que ha cambiado la fase y el ritmo, a partir de ahora la disputa política se traslada en gran medida al terreno institucional y de creación cultural y social. Pero Podemos no es ni puede ser, como quieren nuestros adversarios, un resultado de la excepción que languidezca cuando pasen los tiempos agitados. Nacimos aprovechando una grieta, pero el Podemos que puede seguir haciendo historia es aquel capaz de poner en marcha un nuevo acuerdo de país que ponga en el centro las necesidades de la gente. Podemos no es ni puede ser un resultado de la excepción que languidezca cuando pasen los tiempos agitados Por eso defiendo que hemos de apostar por un Podemos que, lejos de cualquier repliegue a identidades del pasado, siga abriéndose y expandiéndose. Hay una amplia mayoría de nuestro país que ya nos reconoce el coraje y el acierto de señalar las injusticias y agitar la vida política. Puede que incluso simpatice, pero aún no confía suficientemente en nosotros. Los de arriba no han mantenido el poder tanto por méritos propios como por la capacidad de identificar a los partidarios del cambio con la incertidumbre o la demolición. No hay hoy, por tanto, proyecto más radical y transformador que construir una mayoría nueva capaz no solo de denunciar el desorden que generan los de arriba sino, fundamentalmente, de encarnar un orden alternativo y de generar confianza. Esa mayoría popular que le puede dar la vuelta a la tortilla es necesariamente transversal: incluye por supuesto a la izquierda tradicional, pero va mucho más allá y no puede tropezar en sus viejas piedras. El 15-M nos enseñó a no encerrarnos en etiquetas sino a unirnos en torno a ideas de sentido común y a un nuevo proyecto de país. Solo así se puede ganar a la oligarquía y equilibrar la balanza. Estoy convencido de que las élites tradicionales no tienen ningún proyecto para nuestro país que no implique la resignación, el retroceso social y el estrechamiento de la soberanía popular. Por eso Podemos no debe obsesionarse con las fuerzas políticas tradicionales, pero tampoco esperar que sus errores le hagan avanzar. Somos una fuerza de futuro y dependemos de nosotros mismos, de nuestra capacidad para articular sectores muy diferentes en torno a una nueva identidad política. De hecho, la mejor esperanza de los de arriba es que nos equivoquemos. Si no nos encerramos ni nos replegamos a ser una minoría ruidosa, si continuamos abriéndonos y tendiendo la mano, podemos ser el núcleo de un nuevo proyecto de país. Eso no se consigue en las elecciones, se siembra antes: para ello Podemos ha de volver a ser la fuerza que marque los debates políticos, las palabras, las propuestas que nadie puede ignorar. Un Podemos más plural, más inclusivo y descentralizado precisamente para ser más permeable, para hablar menos de sí mismo y más de la gente: un nuevo modelo laboral para sostener las pensiones y una salida justa de la crisis, de la transición energética, de un nuevo pacto territorial, de la repatriación de emigrados, de los servicios públicos de calidad. Un Podemos con prestigio incluso entre sus adversarios, capaz de escapar de todos los rincones en los que quieren encasillarlo. Hemos de demostrar a los más de cinco millones de españoles que nos han votado que les somos útiles ya, en el mientras tanto, cuando impulsamos una medida para subir el salario mínimo o derrotamos al Gobierno en el caso Fernández Díaz, cuando echamos raíces en el territorio sembrando apoyo mutuo o en la gestión de los Ayuntamientos del cambio. Y de demostrar a los que aún no nos votan, a los que faltan, que un proyecto patriótico se hace cargo de sus problemas y anhelos con independencia de lo que hayan votado y les ofrece un horizonte alternativo. Este es un inmenso trabajo territorial, cultural, militante, intelectual, al que nos hemos de aplicar. De esto hemos de discutir para recuperar el país para nuestro pueblo. A esto le llamo un Podemos ganador.

12 Diciembre 2016

Carta abierta a Íñigo

Pablo Iglesias

Si la gente leyera nuestros chats, sabría por las risas y las bromas que somos amigos. El otro día hablábamos de esos raperos que nos habían dedicado una ‘pelea de gallos’. Te decía que me preocupaba que nuestra relación se convirtiera en una telenovela en los medios. Me respondías, con razón, que eso formaba parte de la extraña cultura pop asociada a Podemos. Dándole muchas vueltas a eso y a todo en las últimas horas, me he decidido a escribirte esta carta abierta, para decirte lo mismo que te diría en uno de nuestros chats. Pocos saben que, muchos días, nada más levantarnos nos llamamos y nos contamos lo que vamos a decir cada uno en los medios. Y que nos echamos unas risas calculando que, sea lo que sea lo que digamos, se convertirá siempre, aunque hayamos planificado lo contrario, en que «Íñigo contesta a Pablo» o «Pablo contesta a Íñigo». Así que hoy he decidido «contestarte» escribiéndote desde un periódico (y que los demás titulen lo que quieran…). Creo que somos de los pocos que se pueden permitir algo así sonando creíbles y honestos. Como quizá eso no dure siempre, quiero aprovecharlo. Eso sí, como cuando chateamos o hablamos por teléfono, hoy no te escribe tu secretario general, te escribe tu compañero y tu amigo. Debemos subordinar nuestro trabajo parlamentario a una estrategia más amplia Los medios, bien lo sabes, nos ven como rivales desde hace tiempo. Es normal y predecible, pero me preocupa enormemente, Íñigo, que la militancia y los inscritos nos dejen de ver como compañeros. Me preocupa también que nuestros debates se banalicen. Pienso que en España está creciendo el espíritu constituyente de una mayoría trasversal que quiere cambios y que debemos alimentar ese espíritu desde la oposición social, no solo frente al Gobierno del PP y sus aliados, sino también frente a las élites que representan. Por eso creo que debemos subordinar nuestro trabajo parlamentario a una estrategia más amplia de construcción de contrapoderes e instituciones sociales alternativas, protegiendo y cuidando además el gran espacio político que compartimos con otros. Sé que tendrías muchos matices que hacer a estas ideas y que no compartirás algunas, pero pensar como pienso, amigo, no es empujar a Podemos a una deriva extremista. Del mismo modo que mienten o no comprenden nada aquellos que te atribuyen estar cerca del PSOE. Tú y yo nos entendemos bien y hasta nos complementamos a veces en este debate, aunque no compartamos todo, pero me preocupa que al final solo quede la caricatura. Creo, compañero, que es más sensato vincular cualquier lista a las ideas y al proyecto que defienden sus miembros. Creo que esas ideas y proyectos deben quedar plasmados en documentos y que esos documentos deben convertirse en contratos con la militancia y los inscritos e inscritas. Por eso me preocupa votar por separado los proyectos y las personas, pues creo que las personas no pueden desvincularse de sus ideas. Me enorgullece ser tu candidato a seguir liderando Podemos, aunque tengamos diferencias, y te aseguro que me voy a esforzar para lograr la mayor integración de todos los proyectos, pero no me puedes pedir que desvincule mi papel como secretario general de mis ideas. Sé que piensas diferente pero quiero que sepas que nuestra propuesta de votar a la vez las ideas y a las personas no es una invitación a un duelo en el ‘Ok Corral’, ni una pelea de gallos, ni una involución democrática, es una propuesta tan legítima como la que defiendes tú. Por eso me preocupa que prevalezca la idea del duelo antes que la del debate fraterno. Tú y yo no somos gallos de pelea, somos compañeros. Quiero un Podemos en el que tú puedas trabajar a mi lado y no frente a míMe preocupa, Íñigo, el papel de árbitro que puedan jugar ciertos intereses editoriales en nuestros debates. Sabes como yo que la visión editorial que comparten casi todos es que el «moderado errejonismo» representa el mal menor frente al «radical pablismo» (los entrecomillados merecerían unas risas en nuestros chats). Sabes como yo que esa visión no solo hace un flaco favor al prestigio de tu proyecto (ser el ‘preferido’ de ciertos poderes no genera credibilidad entre nuestra gente), sino que envilece los debates. Muchas veces me dices que no debemos decir siempre lo que pensamos de esos poderes y que debemos esperar a gobernar. Tácticamente seguro que tienes razón, pero creo que la gente agradece que digamos, al menos de vez en cuando, ciertas verdades como puños, por muchos que sean los golpes que recibimos por ello después. Íñigo, quiero que debatamos y te digo abiertamente que voy a trabajar para que las ideas que comparto con otros compañeros y compañeras tengan el mayor apoyo en la Asamblea Ciudadana. Igual que te ocurre a ti con tu proyecto, pienso que el nuestro nos acerca más y mejor a la construcción de una mayoría social de cambio en España. Sin embargo, quiero un Podemos en el que tus ideas y tu proyecto tengan espacio, del mismo modo que los de otros compañeros como Miguel o Teresa. Quiero un Podemos en el que tú, uno de los tipos con más talento y brillantez que he conocido, puedas trabajar a mi lado y no frente a mí.  Cuidemos el debate, Íñigo, para que, con acuerdo o sin acuerdo, podamos siempre decirnos amigo, hermano, compañero.

12 Diciembre 2016

Carta a Pablo Iglesias

Íñigo Errejón

Para la gente tratarte con familiaridad últimamente es llamarte por tu nombre. Pero entre nosotros siempre has sido Iglesias. Hoy, Iglesias, te he leído como entre nosotros, pero junto a todo nuestro país. Algunos “están en política”, para nosotros hacer política ha sido siempre militar a flor de piel, con todo. La diferencia es que ahora tenemos entre las manos la posibilidad y la responsabilidad histórica de ganar para que la tortilla se vuelva. Sólo viniendo de dónde venimos, mucho antes de comenzar a andar, se siente el peso y el orgullo de llevarlo. El orgullo del proyecto y el de levantarlo codo a codo, Iglesias. Como sabes que soy pudoroso, te contesto en abierto ma non troppo 😉 Cuando nos escribimos, le hablamos a millones de mujeres y hombres que han conocido por primera vez, o han recuperado de muy hondo, el orgullo de poner su granito de arena por la soberanía popular. Les hablamos también a menudo entre el ruido de quienes nos quieren encerrar en sus etiquetas, que hablemos con sus palabras, que elijamos entre sus dos salidas falsas: integración o marginalidad. Hemos llegado hasta aquí desafiándolas, inventando, pensando juntos que es como mejor pensamos. Estoy convencido de que ese es el camino para amargarles la fiesta a quienes nos quieren flor de un día, o tropezando o disolviéndonos en las piedras del pasado. A esos que nos llaman “extremistas” o “moderados”, para llevarnos a su terreno y derrotarnos por separado. Los dos sabemos que los poderosos sólo tienen una preferencia: neutralizarnos, arrinconarnos.
Lo que se ha logrado en España es impresionante, pero es mucho más lo que tenemos por delante: construir una mayoría transversal para un Gobierno al servicio de la gente. Y ambos sabemos que ese no es el fin del proceso de cambio sino el comienzo de la verdadera disputa frente a las resistencias de los privilegiados. Pero no pensamos exactamente igual sobre cómo hacerlo. Y hemos de estar a la altura del momento, encontrar la forma de que el debate llegue, con fraternidad, a toda la militancia y los inscritos. Que ese debate, organizativo y político, se pueda dar como deliberación entre compañeros para encontrar las mejores ideas y formas de seguir adelante. Era imposible llegar hasta aquí sin contradicciones, sin rasguños, intactos. Tras dos años y medio de correr y tomar decisiones a la carrera, muchas muy difíciles, nos debemos ese debate para adaptarnos a la nueva etapa. Un debate que nos saque de la lógica del todo o nada, que nos permita aprovechar lo mejor de cada propuesta; sin plebiscitos, sin retos, sin regalarle a nuestros adversarios la división.
En mi opinión, en lo organizativo necesitamos desconcentrar la organización. Hemos de construir más poder y más recursos en los ámbitos municipal, autonómico y de las diferentes naciones, para construir una verdadera fuerza patriótica y plurinacional. Hemos de feminizar la organización. Hemos de garantizar mayor proporcionalidad en la elección de los dirigentes, con listas abiertas y desbloqueadas, para una cultura del acuerdo que nos enseñe a solucionar mejor las diferencias. En otras formaciones políticas, donde las ideas están sorprendentemente ausentes, bastan el dedazo y las planchas. En la nuestra, felizmente, no nos queda otra que democratizar. Pasar, en palabras ya conocidas, de una “máquina de guerra electoral” –que nos ha permitido llegar tan lejos- a una fuerza política madura, más inserta en el territorio, más diversificada, más eficaz allí donde representa los anhelos de un país mejor, que sepa articular el caudal de sabiduría y generosidad de tanta gente que desea contribuir al cambio. Después de tanta carrera, toca potenciar el debate y entregárselo en primer lugar a la militancia y a la ciudadanía, sin enfrentar a la gente por caras. Es fundamental que nuestra próxima Asamblea Ciudadana no hable de Podemos sino de España, y sea un momento relevante para el rumbo político de nuestro país. Todo esto pasa por desandar el camino de los poderes especiales, la excepción y la verticalidad. También de la cultura del “conmigo o contra mí” que nadie ha sufrido más que tú. Necesitamos facilitar el debate y no estrecharlo. Creo que la mejor forma de construir la unidad, de seguir codo a codo, es abrir la discusión política y diferenciarla de la de los líderes: por eso defiendo que debatamos primero del rumbo. Porque nuestras diferencias políticas no son absolutas sino fraternas, porque no es la primera vez que las tenemos –recuerdo muchas tardes y algunas madrugadas-y porque del debate y la cooperación entre compañeros salimos más fortalecidos que de obligarnos a elegir entre quienes nos complementamos tan bien. Construimos Podemos soñando que un día nos superaría y eso ya ha sucedido. Por eso ahora estar juntos es saber gestionar la diversidad.
En lo que respecta a nuestras tareas políticas, creo sinceramente que corremos el riesgo de dar pasos atrás. Tenemos el reto de construir una amplia y gran fuerza política democrática, popular, feminista y patriótica, que sea el motor de un nuevo acuerdo de país en el momento en el que la oligarquía ha roto el contrato social. Para eso hemos de ser una fuerza capaz de convencer a quienes aún dudan –“los que faltan”, ya tú sabes- a los que hemos de demostrarles que somos útiles allí donde estamos, que avanzamos posiciones en la cultura y la batalla de ideas, en las instituciones, en la construcción de movimiento popular; que tenemos un proyecto de futuro para la próxima década, que nos abrimos a nuestra sociedad y marcamos un rumbo claro, que podemos ser garantes de un orden alternativo en el momento en el que los de arriba representan el desorden y el desprecio por nuestro pueblo. Hemos hablado muchas veces de la ridícula pretenciosidad de algunas izquierdas grandilocuentes y soberbias pero incapaces de hacerse cargo de su país. Nosotros nacimos diciendo que sólo es radical quien gana y construye poder para transformar su país. Esa fue la grandeza del Pablo de las Europeas cuando, en un gesto sin precedentes, en lugar de festejar el millón de votos salió a decir que “todavía no habíamos alcanzado nuestros objetivos”. Y para eso nos queda camino por recorrer.
No gobernaremos hasta que España se nos imagine gobernando. Primero ganar el imaginario colectivo y después las urnas. A esto le he llamado en otras ocasiones ser fuerza dirigente antes de gobernante. Creo que es justo lo que no quieren nuestros adversarios, que estarían encantados de enfrentarse a un Podemos que se cierra sobre sí mismo, más estrecho, siempre con armadura y más lejos de nuestro país, mirando más por el retrovisor a los viejos partidos que marcando el horizonte. Este es quizás el lugar donde estarían encantados de vernos también algunos sectores de la izquierda tradicional que quieren que les acompañemos al callejón de la melancolía y la resistencia. Hay por el contrario condiciones inéditas para construir hegemonía, una nueva voluntad general que reordene nuestro país al servicio de la gente. En lugar de replegarse, tenemos que redoblar la confianza en la hipótesis Podemos.
Estos días se cumple un año de aquella “Remontada!” con la que rozamos la victoria con la punta de los dedos. Quizás todo habría sido diferente si hubiésemos tenido tres días más de recta final de campaña. Ahora, que representamos a cinco millones de mujeres y hombres, que encarnamos la posibilidad de construir un país más justo y más democrático, tenemos la posibilidad de abrir un proceso para echar raíces fuertes. Tenemos también la obligación de no fallar. Y para eso nos necesitamos todos, pero sobre todo a todos con sus mejores ideas y proyecto de futuro. Ojalá se presenten muchos y tengamos una tormenta de proyectos de la que salgamos fortalecidos. Como militante, mi única forma de ser leal es decir la verdad incluso cuando no estemos de acuerdo; es defender las ideas en las que creo y que creo que más nos ayudan a hacer camino. Bien sabes que no han sido ni son incompatibles contigo, bien al contrario. Ni tú ni yo “estamos en política”. La llevamos años haciendo –en asambleas, con bengalas en andamios, en un G8 o en un seminario- a corazón abierto y con la cabeza alta porque así nos lo enseñaron los que fueron para que hoy seamos. La hacemos porque creemos, con Machado, que lo mejor de España es su pueblo. Encontrémonos en el debate, compañero, hermano, amigo. Sin renunciar a nada. Juntos multiplicamos. Sabes, porque te lo he escrito en alguna de nuestras cartas no públicas, que tu carta me ha hecho pensar y emocionado. Habrá sido pública pero soy su orgulloso destinatario. Y sabes cómo atesoro eso. Sabes que voy a seguir haciendo camino junto a ti, porque se lo debemos a nuestra gente pero sobretodo porque es un honor. Pero nosotros estamos de paso, habrá un día en el que demos un paso atrás y vengan otros y otras. En ‘El Cartero y Pablo Neruda’, Mario aprende de Don Pablo lo que son las metáforas y a utilizarlas. Y cuando Neruda le recrimina haber usado un poema suyo éste le responde que la poesía no es suya sino de quien la necesita. Así pasa con Podemos, que debe ser una metáfora del país que viene.
02 Enero 2017

Si cae Iglesias, cae Podemos (y tú te jodes)

Juan Carlos Monedero

Los ricos y los pobres no se han llevado por lo general bien.  Aunque los ricos también lloren y a algunos pobres les pueda tocar la lotería, que no deja de ser juntar el dinero de todos para dárselo a unos pocos. Los pobres viven de esperanzas y los ricos de los pobres.

La tradición liberal en Europa nació peleando contra los monarcas absolutos. Por eso sus señas de identidad son el pluralismo, la defensa de la propiedad privada (frente al robo legitimado de los reyes) y la división de poderes (frente a una justicia dictada por una monarquía que hablaba con Dios). Pero desde que el mundo es mundo, ha habido una tradición democrática que reclama la soberanía popular, la justicia y la igualdad.  Son los «pobres libres» de la Grecia clásica, molestos con los ricos que no trabajan y lo tenían todo. Estas dos tradiciones se han llevado siempre mal. Las grandes avenidas de las ciudades abiertas en el siglo XIX buscaban evitar las manifestaciones con apenas un par de cañones, algo inviable en la maraña estrecha de las ciudades medievales.

Durante el siglo XX, la tradición liberal se hizo democrática, y la tradición democrática se hizo liberal. La democracia liberal es la del constitucionalismo europeo después de la Segunda Guerra Mundial. El problema es que cuando hay crisis económica, el liberalismo se olvida de la democracia (el bolsillo es el bolsillo). Las soluciones son pocas. La primera, juntar a los actores del tongo bipartidista y ponerlos a trabajar juntos. Son las grandes coaliciones en cualquiera de sus formas (a lo grande en Alemania, mediocre en España). Otra solución es agitar las aguas de los excesos del sistema para obtener apoyo popular y calmar las aguas. Curiosamente, siempre lo hacen los jefes del sistema (Trump en EE UU, Macri en Argentina) o mandados del sistema (Le Pen, Farage, Petry o el chico de los recados del Ibex 35 Rivera).

El problema de estas mentiras maquilladas mediáticamente es que pronto demuestran sus patas cortas, de manera que, para defenderse, fracasan hacia adelante y endurecen sus gestos. No necesitan, de momento, llegar a la radicalidad de los años treinta, pero siempre endurecen la represión de las protestas, aumentan el ataque a las alternativas, crece la censura y el miedo cobra su peaje democrático. Porque la alternativa que queda es una política que supere esa democracia representativa que no representa y esa economía en manos de políticos y banqueros. Vamos, lo que recordó el 15-M.

No es extraño, por tanto, el intento impenitente del sistema por acabar como fuera con Podemos. Muy pronto empezaron los ataques personales a sus caras más conocidas, queriendo sembrar la idea de que «todos los políticos son iguales», algo que mucha gente estaba dispuesta a comprar porque así justificaban no hacer demasiado para cambiar las cosas. Arreciaron acusaciones de todo tipo, que llenaban las portadas de los periódicos cuando eran hechas y apenas aparecían publicadas cuando eran, invariablemente, archivadas por la justicia.

En un país donde todavía nos huelen los pies a franquismo (el Parlamento español aún no ha condenado en el pleno el golpe de estado del 18 de julio de 1936 culpable de la guerra civil), el régimen prefiere sembrar sospechas generalizadas sobre la política antes de cargar en las espaldas del bipartidismo y los socios nacionalistas las culpas de la democracia demediada que tenemos.

Ahí hay que entender la bronca de Podemos de estos días. Con el añadido de que hemos sido tan ingenuos y tan tontos de ayudarles a esa tarea de intentar cargarse a Pablo Iglesias, responsable de haber juntado cinco millones de votos en cinco años. Cae Iglesias, cae Podemos.

Por fortuna llegó la abuela Teresa y mandó callar. En Podemos ha habido un exceso de bisoñez. el 15-M juntó a clases medias y sectores populares, a jóvenes y yayoflautas, a precarios y parados. Y logró ese diálogo que siempre es la antesala de una revolución (hacer posible lo imposible). Podemos no puede cometer el error de ser su propio verdugo. Que hay un pueblo esperando. Y la alternativa es más Rajoy. Es decir, más pueblo sufriendo. 

Feliz 2017, al Parlamento rogando y con el mazo dando. Y escuchando la experiencia de los que han peleado antes.

09 Enero 1997

Por un Podemos en Movimiento

Miguel Urban (Anticapitalistas)

Podemos tiene un reto histórico: estar a la altura de la claudicación de la gestora del PSOE que lo convirtió en el único partido de oposición a la gran coalición neoliberal liderada por el PP y apoyada por Ciudadanos y el PSOE. Un reto que no podemos llevar solos sobre nuestras espaldas: necesitamos repartirlo y compartirlo con miles de personas que trabajan fuera de los focos, para que el cambio en nuestro país sea una realidad. Justamente por esto es tan importante la próxima Asamblea Ciudadana de Podemos, conocida popularmente como Vistalegre II, sin duda uno de los grandes acontecimientos políticos de este inicio de año.

El debate en Podemos es algo inédito en la cultura política española. Un debate público, abierto, en un sistema de partidos cuya principal característica es la opacidad representa una anomalía virtuosa que hay que cuidar y desarrollar. Por eso es importante que todas las que participemos en este proceso estemos a la altura. Nuestro reto durante el próximo mes es tener un debate riguroso, respetuoso, que ponga encima de la mesa los asuntos a tratar de forma comprensible, que aborde de forma clara los acuerdos y normalice los desacuerdos y nos permita, en definitiva, optimizar nuestro potencial no solo como oposición al gobierno de los recortes y del reparto de la miseria, sino también para poder pasar a la ofensiva como herramienta de cambio.

La propuesta Podemos en Movimiento, en la que participo junto a mucha otra gente que ha venido defendiendo un Podemos democrático y al servicio de la transformación social desde el principio, recoge y desarrolla una serie de ideas que nos parecen fundamentales para el próximo periodo. En primer lugar, la necesidad de componer un clima interno en Podemos en donde la pluralidad y el pluralismo no sean un problema, sino una virtud. En paralelo, avanzar en la democratización de la organización, radicalizando las medidas antiburocráticas y la participación desde abajo para que Podemos no termine convirtiéndose en un partido como los demás. Por otro lado, liderazgos compartidos frente a los hiperliderazgos, participación desde abajo frente al riego de la burocratización, ‘despatriarcalizar’ la vida interna y los órganos de dirección, depender de la gente en vez de depender de los bancos o de las subvenciones. Porque la cuestión de la organización no es una cuestión meramente administrativa: el objetivo es diseñar un espacio capaz de arraigarse en los barrios, fortalecer los lazos con los movimientos populares y sindicales, de construir contrapoderes independientes que lleven la política más allá de los parlamentos y de las redes sociales, de unir, ampliar y alimentar los conflictos sociales en un nuevo ciclo de movilizaciones. Queremos ganar en todos los frentes.

Es el momento de la política con mayúsculas. Toda la fuerza de Podemos debe ponerse al servicio de construir un gran movimiento popular con un programa basado en medidas económicas fuertes, como la renta básica, la auditoría de las deudas privadas y públicas que son consecuencia directa de la gran estafa a la que hemos sido sometidos, poner bajo control social sectores estratégicos de la economía necesarios para una vida digna para la mayoría, poner coto a los grandes oligopolios financieros, derogando todas las medidas lesivas contra la mayoría social y comenzando a plantear que la obligación de cualquier gobierno es ampliar los derechos, no recortarlos. Ese proyecto de sociedad alternativo tiene un nombre, «revolución democrática», y se traduce en una perspectiva constituyente donde podamos discutir sobre todo, incluyendo el derecho de los diferentes pueblos a decidir su futuro. En definitiva, es el momento de recuperar la capacidad de estar a la ofensiva, rearmarse para la nueva fase y ser capaces de que Podemos no solo persiga movilizar a millones de personas en momentos electorales puntuales, sino que esté dispuesto a construir comunidad como alternativa al avance de la miseria de las políticas neoliberales.

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