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La actitud del periódico de Pedro J. Ramírez se produce en sintonía con el Gobierno Aznar, cuyas antaño relaciones de amistad con el presidente de Telefónica parecen haber finalizado

El diario EL MUNDO inicia una campaña mediática contra el Presidente de Telefónica, Juan Villalonga

HECHOS

El 16.06.2000 el diario EL MUNDO inició un serial de publicaciones sobre distintos aspectos negativos de D. Juan Villalonga.

D. Javier Algarra (Director de ‘La Brújula’ de ONDA CERO en 1999) habla a J. F. Lamata sobre las relaciones de EL MUNDO con D. Juan Villalonga, presidente de Telefónica:

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El 9.04.2000 el periodista D. Jesús Cacho publicaba en el diario EL MUNDO: ‘Aznar haría bien resolver cuanto antes el problema del amigo desagradecido’. Y es que la cantidad de dinero que estaba ganando el Sr. Villalonga al frente de Telefónica empezaba a resultar molesta para el Gobierno Aznar, teniento en cuenta la imagen que daba que un ‘amigo del presidente’ en una empresa en la que había sido ‘puesto a dedo por el presidente’ se estuviera enriqueciendo aunque no fuera ilegalmente. Y encima que aquello ocurriera en medio de unas elecciones generales. El propio ex vicepresidente del Gobierno y diputado del PSOE había aprovechado una entrevista en ANTENA 3 TV  (medio del Sr. Villalonga) en febrero para echarle en cara sus ganancias económicas. Pese a todo, el PP de D. José María Aznar ganó aquellas elecciones de manera arrolladora y, tras aquella victoria daba la impresión de que el Sr. Aznar quería ajustar cuentas con su indiscreto amigo.

D. Juan Villalonga el poderoso presidente de Telefónica había logrado crear un imperio mediático: agrupando en su entorno ANTENA 3 TV, ONDA CERO, VÍA DIGITAL, EL MUNDO, EXPANSIÓN o el MARCA. También controlaba la productora de contenidos de televisión internacional Endemol: presenta en España con Gestmusic y Zeppelin. A esto había que añadir sus medios en Argentina: el canal Telefé (el más visto en aquel país) y la Radio Continental.

Ahora tenía las horas contadas por su pelea con el Gobierno del PP.

DISTANCIAMIENTO DE VILLALONGA CON LOS EL DUO  AZNAR-PEDRO J. RAMÍREZ

El episodio sobre el efímero “cese” del director de Informativos de ANTENA 3 TV, D. Ernesto Sáenz de Buruaga, que no llegó a trascender en su día a la opinión pública, demostraba el distanciamiento entre D. José María Aznar y D. Juan Villalonga, presidente de Telefónica y máximo responsable por tanto de ANTENA 3 TV y ONDA CERO.

La ruptura total quedó acentuado por la decisión del Sr. Villalonga de dejar a su señora por una mujer más joven, doña Adriana Abascal. Aquella clave de la que hablaba el libro de D. Luis Herrero del 96, “Poder Popular”, de que la estrecha amistad del matrimonio Aznar con el matrimonio Villalonga se había mantenido durante años gracias a la amistad de sus respectivas esposas, el presidente de Telefónica se la acababa de cargar. Una de las primeras personas a las que llamó el magnate para explicar la ruptura de su matrimonio fue al director de EL MUNDO, don Pedro J. Ramírez: “¿Crees que me esté jugando el puesto?»

Lo que el Sr. Villalonga no sabía es que la puntilla para derribarle se la iba a dar precísamente su “aliado” EL MUNDO. El 16 de junio de 2000 el periódico de D. Pedro J. Ramírez publicó irregularidades en el entorno del Sr. Villalonga que podían alcanzar la acusación de “información privilegiada”, cuatro días después la CNMV, dependiente del Gobierno Aznar, anunciaba que abriría una investigación (una investigación que no acabaría en nada, pero permitía en aquel momento mantener el ‘caso Villalonga’ en las portadas de los periódicos durante semanas, que era lo necesario para derribarle. Un día era por las Stoc Options, otro por contratos que ventajosos del entorno del Sr. Villalonga, incluida la Sra. Abascal, etc.

Llamaba la atención que fuera el diario EL MUNDO el que liderara la campaña contra el presidente de Telefónica, porque indirectamente Telefónica era accionista (era propietaria de Recoletos y Recoletos tenía el 30% de Unidad Editorial, es decir de EL MUNDO). Y algo mucho más importante, Telefónica, desde la llegada a la presidencia de D. Juan Villalonga, se había convertido en el principal anunciante del diario EL MUNDO, al que reportaba unos cuantos millones anualmente. Además del hecho de que el Sr. Villalonga y el Sr. Ramírez estaban considerados amigos personales, habían viajado juntos a la boda de la infanta, de hecho la supresión del programa de ANTENA 3 TV ‘La Sonrisa del Pelícano‘ del Sr. Pepe Navarro se había considerado un favor del Sr. Villalonga – propietario de ANTENA 3 – a D. Pedro J. Ramírez.

Una situación que, ante esa campaña mediática, estaba a punto de cambiar. D. Pedro J. Ramírez, a la hora de optar entre el Sr. Aznar o el Sr. Villalonga, se quedó con el primero.

Uno de los autores de los artículos de EL MUNDO sobre D. Juan Villalonga, D. Casimiro García Abadillo, consultado por LA HEMEROTECA DEL BUITRE declaró: “Nuestra investigación sobre Villalonga fue una muestra de nuestra independencia, Villalonga nos había tratado bien, pero nuestro compromiso era con los lectores”.

DIVISIÓN MEDIÁTICA EN TORNO A TELEFÓNICA

La investigación del “caso de las Stoc Options” contra el Sr. Villalonga podía bien ser, en efecto, una muestra del compromiso de los sabuesos de EL MUNDO ante cualquier olfateo sucio incluso entre sus teóricos aliados, aunque también podía ser la mano del Sr. Aznar en su guerra contra su ex amigo. “EL MUNDO estaba a las órdenes de Aznar y Aznar quiso cargarse a Villalonga porque en su entorno se habían hecho negocios millonarios que daban mala imagen” aseguró el periodista don Pablo Sebastián a La Hemeroteca del Buitre.

A la campaña de portadas de EL MUNDO contra el Sr. Villalonga se sumaron abiertamente los programas ‘La Mañana’ de la COPE de D. Luis Herrero (en el que D. Pedro J. Ramírez era tertuliano) y ‘La Linterna’ de D. Federico Jiménez Losantos (que era además columnista de EL MUNDO).

El presidente de Telefónica contó con varios aliados en su defensa: don Luis del Olmo desde los micrófonos de ONDA CERO (cadena propiedad de Telefónica, donde D. Casimiro García Abadillo sería apartado como tertuliano), don José María García desde la cadena COPE (que estaba a punto de fichar por ONDA CERO) y el diario LA RAZÓN de D. Luis María Anson (del que Telefónica era anunciante).

A pesar de estos apoyos mediáticos, pronto quedaría claro que el Sr. Villalonga no tenía nada que hacer frente al Gobierno Aznar y tendría que izar bandera blanca, dimitir como Presidente de Telefónica e irse a casa unas semanas después.

02 Julio 2000

¿UNO DE LOS VUESTROS?

Pedro J. Ramírez

Los hechos a los que se refiere la denuncia que, en términos estrictamente periodísticos, hemos venido realizando desde hace días han quedado ya lo bastante claros como para que haya conclusiones insoslayables. El 17 de diciembre de 1997, Juan Villalonga reitera ante el Consejo de Telefónica que, tal y como había anunciado ya el mes anterior, está negociando tanto con la norteamericana MCI como con la británica BT, para formalizar una gran alianza internacional. Puesto que tres días antes ha celebrado una reunión clave en Madrid, acompañado de tres altos cargos de Telefónica, en la que se han intercambiado detallados documentos con la cúpula de la operadora británica, Villalonga concreta ante sus consejeros un auténtico principio de acuerdo: «La Red Panamericana recibiría el tratamiento de `mercado doméstico », «se concedería a BT la facultad de adquirir hasta un 10% del capital de Telefónica Internacional» y «se procedería a la creación de una empresa conjunta para la explotación del negocio de los servicios móviles en todo el mundo».

La negociación está tan madura que en el acta queda constancia de esta frase demoledora: «En todo caso, concluye el señor Presidente, es preciso esperar el resultado de las reuniones que se van a mantener en las próximas semanas, confiando que las mismas concluyan durante la segunda semana del mes de enero de 1998».

¿Por qué está Villalonga tan seguro? Porque Telefónica no tiene una novia sino dos y ambas quieren consumar la boda. A primeros de ese mismo mes se ha entrevistado en el Four Seasons de Nueva York con el presidente de MCI y ha constatado que, pese a la OPA de WorldCom, sigue interesadísimo en el acuerdo con Telefónica. Tanto es así que los equipos técnicos ya han empezado a trabajar y todo queda a expensas de la reunión fijada precisamente para esa «segunda semana de enero» con el máximo ejecutivo de WorldCom. Esa reunión será tan fructífera que, ya en el consejo de enero, uno de los colaboradores de Villalonga podrá detallar el que será acuerdo definitivo, mantenido en secreto hasta marzo.

Al día siguiente del consejo de diciembre Villalonga sigue negociando en Londres con BT y a su vuelta a Madrid inicia las gestiones para que Argentaria les conceda a él y al «consejero independiente» de la compañía Alberto Cortina sendos créditos de 200 millones. La operación culmina el propio 29 de diciembre y el 2 de enero uno y otro compran lo que se denominan «opciones sintéticas», posiblemente el producto más especulativo del mercado financiero, aquel con el que la información privilegiada puede proporcionar mayores y más fulminantes ganancias a sus beneficiarios. Tan descarada es su relación con el juego ventajista en el mercado que muchas grandes compañías tienen estrictamente prohibido a sus ejecutivos adquirir «opciones sintéticas» sobre acciones de la propia empresa en ninguna circunstancia.

Por si quedara alguna duda sobre el ánimo de la operación, Villalonga se niega a comunicarla a la CNMV rechazando en términos desabridos tanto el requerimiento del banco prestamista como el del propio presidente de la Comisión. ¿Por qué deshacer la compra, conformándose con un lucro de 21 millones en trece días, si en ella no hubiera nada inmoral o ilegal? Es obvio que Villalonga ya sabía ese 15 de enero del 98 que la macroalianza estaba en el bote y que el macropelotazo que pretendía consumar en secreto se convertiría en un escándalo -además de un delito- si quedaba constancia del mismo en el registro de la CNMV.

Ninguna de las confusas notas de Telefónica ha podido cuestionar estos hechos. Como ha apuntado en su acertado análisis el economista Lorenzo Bernaldo de Quirós el problema no es que Villalonga tuviera esos datos, sino que los demás accionistas carecían de ellos. Una vez que se hacen constar en el acta del Consejo aseveraciones tan rotundas como las citadas, es obvio que Telefónica incumplió el deber de comunicar a la CNMV hechos tan relevantes como los que estaban en marcha y que eso proporcionó a su presidente un nicho de privilegio del que abusó de forma intolerable.

El artículo 81 de la Ley del Mercado de Valores es taxativo. Ni siquiera vincula la utilización de «información privilegiada» al lucro que se obtenga con ella, y menos aún a que los acuerdos en marcha se consumen o no. Se trata de una conducta estrictamente «prohibida» y punto. No sé si ahora «la CNMV ha de ser implacable» como requiere Bernaldo de Quirós, pero sí que tiene la obligación de dejar claro ante el mercado que no está dispuesta a consentir que los más fuertes se burlen de esta forma de los derechos de los más débiles. Sólo con un nítido mensaje en este sentido podrá borrar la sensación de lenidad que se desprende de su actuación de hace dos años. El acta de la inspección reproducida ayer por ABC demuestra que no se investigó a Villalonga sino a Argentaria -¿quizá porque alguien quería abrirle una vía de agua a Rodrigo Rato a cuenta de la presencia circunstancial de su cuñado en una lista maliciosamente elaborada?- y que, aún constatando que el caso de Villalonga era una «excepción» a la norma de que los contratantes de opciones «al menos directamente no se encuentran en situación de poseer información relevante», no se dio un solo paso para esclarecerlo de forma diferenciada.

Hay que reconocer que los medios de la CNMV son limitados y que Armesto desconocía hace dos años el alud de datos suministrado ahora por García-Abadillo. Esa es la función social de un periódico: averiguar los hechos que los poderosos tratan de mantener ocultos y revelarlos. Seguiremos cumpliéndola aunque como en este caso ello nos acarree una merma de más de mil millones al año en ingresos publicitarios, un campaña de difamación personal basada en una mezcla de majaderías e infamias que sólo el pánico a la vejez permite a algunos repetir sin pudor y un cerco mediático con el que se pretende dejar a nuestro periódico sin una sola voz amiga en el exterior.

La última semana de junio de este año 2000 quedará en todo caso marcada por el hecho de que Villalonga ha sido catalogado como un «chantajista detestable» por el portavoz parlamentario del partido que acaba de obtener la mayoría absoluta del voto popular. Un partido gracias a cuya esforzada labor de oposición y gobierno, gracias a cuya sangre, sudor y lágrimas -todo ello en sentido literal-, Villalonga ha podido encumbrarse a la montaña de oro de las «stock options» y los dos mil millones de sueldo anual. Alvarez Cascos acaba de decir en el plano de la ética la mitad de la mitad de lo que piensan de él y del equipo de gángsteres que le rodea la abrumadora mayoría de los diputados y altos cargos del PP. Casi todos han renunciado a horizontes profesionales bien remunerados y muchos de ellos han tenido que pagar -como nos ha ocurrido en este periódico- el duro precio de las campañas de desprestigio por defender la verdad y la libertad frente a los desmanes del felipismo. Es lógico que ahora se sientan avergonzados e indignados de que su propio espacio sociológico haya alumbrado una conducta tan inmoral y despótica como la de Villalonga.

Pero no está en sus manos decidir. El propio presidente del Gobierno se ha limitado a apelar al sentido de la responsabilidad del Consejo de Telefónica. Y la primera reacción de este órgano no ha podido ser más frustrante, como subrayaba el jueves el editorial del diario Expansión, desde la perspectiva del «buen gobierno» de las empresas españolas. Villalonga no sólo ha vulnerado la Ley del Mercado de Valores sino también el propio Código Etico de la compañía. Los hechos conocidos, al margen de su propia tipificación legal, son lo bastante expresivos como para que el órgano que representa al conjunto de los accionistas hubiera dicho si estaba o no conforme con ellos.

Como quien calla, otorga, es legítimo interpretar que se ha producido un aval tácito a esa conducta, así como a las brutales represalias contra un diario que se ha limitado a relatar hechos veraces. Ni Emilio Ybarra ni Vilarasau recurrieron nunca a esos métodos cuando nuestro periódico publicó en el pasado informaciones que les incomodaron, pero a juzgar por su actual aquiescencia cualquiera diría que se quedaron con las ganas. Todo indica que han hecho suya la tesis que Jesús Polanco va inoculándoles de manera directa e insistente: «Sería intolerable que un periódico pudiera cambiar al presidente de una compañía porque cualquiera de vosotros podría ser el siguiente».

Todos sabemos a que juega Polanco: a desvalijar al moribundo antes de que se produzca el óbito. Así lo hizo con Felipe González, convertido ahora por cierto -según conspicuos observadores de su propio partido- en el Gran Hermano de toda esta situación. Pero al llevar el agua de nuestros grandes banqueros al molino al que pretende encadenar a Villalonga, Polanco les está unciendo también a la misma noria infamante. De ahí que sea pertinente preguntar públicamente a los presidentes del BBVA y de la Caixa si se identifican con lo que Villalonga hizo en diciembre del 97 y con lo que está haciendo ahora contra nuestro periódico. En eso se resume todo: ¿lo consideráis ya uno de los vuestros?. Y conste que uno ha vivido las suficientes filesas y malesas como para ser consciente de que plantearle algo así a un gran banquero es la forma más estéril de clamar en el desierto.

Pedro J. Ramírez

22 Junio 2000

EL PENSAMIENTO LIBRE PROCLAMO EN ALTA VOZ Y MUERA QUIEN NO PIENSE IGUAL QUE PIENSO YO

Luis María Anson

Ha demostrado con hechos, en muchas ocasiones y en momentos especialmente difíciles para él, mi solidaridad con Pedro J. Ramírez, que es ya, en plena juventud, uno de los profesionales de más robusta musculatura en la Historia del Periodismo español.  He recibido del director de EL MUNDO elogio personal y apoyo generoso en momentos complicados para la vida de este periódico. Mi relación con él se encuentra por encima de los avatares políticos o periodísticos, porque los dos estaremos siempre en la defensa sin fisuras de la libertad de expresión.

He aprendido a conocer a Luis del Olmo en las tertulias de su programa. Y creo que dice la verdad, desde su veteranía y su prestigio, cuando afirma que ha sido una decisión personal suya la destitución del admirado Casimiro García-Abadillo. Y le creo porque no es la primera vez que lo hace y por razones similares. También destituyó a Raúl del Pozo, que es una de las mejores plumas de nuestro periodismo y un excelente novelista.

Coincido también con un sagaz tertuliano de la COPE en sus afirmaciones sobre Manuel García Durán, un hombre liberal de verdad, abierto, ocnstructivo y muy inteligente. Es un acierto su nombramiento para la dirección de Telefónica Media.

Sé que algunos de los colaboradores de Pedro J. deslizarán enseguida la insidia novicia de que afirmo todo esto porque Telefónica se anuncia de forma habitual de este periódico. Es cierto, pero mucho menos, y proporcionalmente, a la ayuda publicitaria y de patrocinio que ha prestado a EL MUNDO. De la misma forma que no voy a sumarme a los que denuncian la campaña actual de Pedro J. Ramírez contra Juan Villalonga como una rabieta personal o por la necesidad que tiene su periódico de escándalos, me gustaría que no se descalifique ácidamente a los que no comparten la nueva posición de EL MUNDO con relación a la gestión de Telefónica. Callan nuestros compañeros no porque otorguen, sino porque no quieren entrar al trapo y agrandar la campaña. Somos muchos los que no hemos cambiado de opinión y seguimos pensando que VIllalonga está haciendo una extraordinaria gestión al frente de Telefónica. Somos muchos los que nos mantenemos en la independencia y no aceptamos que se nos impongan criterios testarudos, incluso obsesivos: ‘El pensamiento libre proclamo en alta voz y muera quien no piense igual que pienso yo’, es una vieja cantinela que habría que extirpar de la vida española. Hay que defender lo que se piensa sin aceptar coacciones. Ciertamente, como decía  Adenauer, ‘la manera más segura de calmar a un tigre es dejar que te devore’. Pero si un político, un financiero, un intelectual no quiere terminar despedazado, deberá mantenerse, ante los depredadores, en la firmeza y la serenidad.

Luis María Anson

El Análisis

LA AVARICIA ROMPE EL SACO

JF Lamata

Desde el Gobierno Aznar se insistió una y otra vez a D. Juan Villalonga que se dejara de tantos pelotazos que, aún siendo legales, no podían dejar de ser chungos por una empresa que se acababa de privatizar y cuyo presupuesto, en gran medida, todavía venía heredado del presupuesto público. (¡72.000 millones se sacó con las ‘Stock Options’!). El hecho de que el Sr. Villalonga lograra su ‘pelotazo’ en plena campaña electoral del año 2000 y que hubiera abandonado a su santa, terminó de hartar al Sr. Aznar. Así pues, podemos mirar la campaña de EL MUNDO contra Telefónica como una mera ‘casualidad’, pero una casualidad en la que los intereses de D. Pedro J. Ramírez volvían a coincidir con los de D. José María Aznar. Aunque también es importante recordar que el hecho de que a la hora de analizarlo resulte evidente que se trataba de una ‘campaña’ en toda regla, eso no quita que todas las informaciones de EL MUNDO contra Telefónica, cargadas o no de oportunismo o exageración, se demostraron totalmente veraces.

Y si bien es cierto que el Sr. Ramírez se arriesgó lo suyo, por perder una publicidad tan golosa como la de Telefónica, estar del lado del Gobierno Aznar puede otorgar muchas otras golosinas. La golosina que, tal vez, buscaba en este momento EL MUNDO se llamaba ONDA CERO y, de ser así, no tardaría en estar en sus manos.

J. F. Lamata

 

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