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El informe absuelve de responsabilidad a Rosendo Naseiro, José María Aznar y Manuel Fraga

La investigación interna en el PP por el caso Naseiro deja en evidencia a Ángel Sanchís, Palop, Zaplana y el ‘clan de Valladolid’

HECHOS

  • El 20.05.1990 se hizo público el informe que el presidente del Comité de Coflictos del PP, D. Alberto Ruiz-Gallardón, elaboró a petición de la dirección del partido sobre los militantes implicados en el llamado ‘caso Naseiro’.

El informe del ‘caso Naseiro’:

Las conversaciones grabadas por casualidad por el juez Manglano mientras investigaba un caso de Narcotráfico de dirigentes del PP que incluían al tesorero del PP, D. Rosendo Naseiro relevaban la posibilidad de una financiación ilegal del Partido Popular pero también algo que podía inquietar a la cúpula del PP, en las conversaciones se hablaba de operaciones para controlar el Partido Popular por parte de un sector denominado ‘clan de Valladolid’. El presidente del PP, D. José María Aznar, encargo al responsable del comité de conflictos D. Alberto Ruiz-Gallardón un informe sobre las implicaciones del caso.

Conclusiones del Informe Gallardón: 

RosendoNaseiro D. Rosendo Naseiro. Exculpado (Tesorero del PP, imputado)

Aunque en las conversaciones del Sr. Palop y el Sr. Naseiro se hablaba de sus negociaciones con empresarios y constructores que querían dar donativos al PP, el informe del Sr. Gallardón consideraba que en la actitud del Sr. Naseiro a través de sus palabras: «No se demuestra que exista una actuación delictiva en sus comportamientos. A lo máximo se podría pensar que tiene ambición política, sin afán de lucro personal».

salvador_palop D. Salvador Palop (Concejal del PP en la Comunidad Valenciana, imputado)

Por contra en las intervenciones del Sr. Palop al hablar con esos empresarios a los que pedía dinero, para el Sr. Gallardón: «Queda clara su ambición político-personal y deja de atrever una modesta ambición de lucro. Demuestra clara intención de medrar»

Angel_Sanchis_2 D. Ángel Sanchís. Expulsión (Diputado del PP, imputado)

«Manifiesta una clara ambición político-personal y una más clara personal-lucrativa. Utiliza la figura de Fraga para presionar a Palop».

carlos_Aragones D. Carlos Aragonés (Secretario de Estudios y Programas del PP)

«Se le considera como miembro destacado del Grupo de Valladolid y de la empresa Futuro Financiero. Se aconseja su destitución como Secretario de Estudios y Programas».

Arturo_Moreno D. Arturo Moreno (Vicesecretario General del PP)

«No se puede probar que haya percibido o tuviera intención de percibir cantidad económica alguna, pero sí se deduce que tiene un afán de lucro político-personal». Ha sido la principal dimisión del PP por el ‘caso Naseiro’.

MiguelAngelCortes D. Miguel Ángel Cortés

«Forma parte del entramado de la empresa Futuro Financiero. Pertenece al llamado Grupo de Valladolid. Se aconseja su separación de cualquier cargo orgánico».

zaplana_benidorm D. Eduardo Zaplana

«De las conclusiones del sumario destaca su ambición de lucro económico-personal. En su conversación con Palop dice textualmente ‘Me voy a Sevilla a ver a un amigo que me va a dar trabajo en la Expo. Ahora que han echado a Juan Guerra voy a ver si cojo el puesto’. Ya que esa persona de Sevilla existe, aunque todo lo relacionado a Juan Guerra no pase de ser una guasa…, puede despertar sospechas»

11 Mayo 1990

Al borde del ataque de nervios

Juan Carlos Escudier

De Boro, no me lo puede creer. De cualquier otro, a lo mejor, pero de él, no». El dirigente del PP de Valencia apuraba su cigarro por el pasillo que da acceso al juzgado de instrucción número dos de Valencia haciendo cábalas sobre las causas de la detención de Salvador Palop. «No puede haber hecho nada. Imagínate, que al enterarse que le estaban investigando las cuentas me dijo: «Deben ser los de Hacienda. Pues que investiguen, no tengo nada que ocultar». Pero si es un chaval de lo más inocente…». En el interior del juzgado de instrucción, Salvador Palop consumía su segundo día de declaración ante el juez Manglano. Su padre, el médico Rafael Palop, esperaba afuera contando a diestro y siniestro la operación que había sufrido recientemente Salvador y que le impedía sentarse. «Mi hijo no ha hecho nada. Estoy seguro», decía.

Todos sus allegados estaban convencidos de que Palop no había hecho nada, incluida una periodista local que juraba y perjuraba que, conociendo al concejal del PP en el Ayuntamiento de Valencia, era imposible relacionarlo con algún asunto turbio. El sumario instruido por el juez Luis Manglano ha venido a demostrar, en cambio, que Palop era una de las piezas claves en la estructura de la financiación paralela del PP. De sus conversaciones con distintos dirigentes del partido y empresarios se deduce que «Boro» aspiraba a controlar la organización territorial de Valencia y que recurría a este tipo de actividades para ganar el aprecio de la cúpula del partido. «Tenemos que copar la financiación, tenemos que coparla» decía Palop en una de sus diálogos con el vicesecretario general, Arturo Moreno. Por ello, según se desprende de las cintas, unas de sus principales preocupaciones era que Aznar conociese sus éxitos en la tarea de recaudación «Por lo pronto, cuando puedas se lo comentas a José María lo que estamos consiguiendo» le pedía a Moreno en la misma conversación. Palop, considerado ya de por sí una persona nerviosa, ha vivido durantes estos días al borde del ataque. De la euforia con la que abandonó el juzgado, tras ser puesto en libertad provisional, -«no me ha sacado nada, no me ha sacado nada», contaba a su abogado y a los líderes regionales del PP que le esperaban a la puerta- ha pasado a un estado de casi absoluto desequilibrio. A ello ha contribuido no sólo la presión a la que estuvo sometido durante el interrogatorio, en donde realizó, según confesó a este periódico el fiscal de Valencia Miguel Angel Altés, un difícil ejercicio mental para dar respuestas que no le comprometieran a laspreguntas del juez, sino también el «secuestro» al que fue sometido por su propio partido para que diera cuenta de su declaración judicial. Nada más abandonar las dependencias judiciales, el pasado jueves santo, Palop fue trasladado a Madrid por orden directa de Alberto Ruiz Gallardón, encargado de la investigación interna del partido. El estado de Palop no era para excesos. Pasaba en segundos de la risa descontrolada al llanto más desconsolado. Y se hizo imprescindible que un psiquiatra, López Ibor, pagado por el partido, le atendiera en los primeros instantes. Si la carrera política de «Boro» ha quedado destrozada tras el escandalo -lo previsible es que sea obligado por el partido a dejar el cargo de concejal- su vida privada ha saltado hecha añicos.

De Palop se ha dicho prácticamente todo: desde su supuesta homosexualidad y sus relaciones íntimas con un diputado de su propio partido hasta su presunta dependencia de las drogas. Del prometedor joven, protegido en el Ayuntamiento de Valencia por el portavoz del partido, Martín Quirós, sólo queda ya un cadáver político. De poco le han servido a Palop, los consejos de su «compañero de viaje» Angel Sanchis: «En este negocio -le dice- hay que tener dos cosas para que funcione bien y sea duradero. Y haz caso a un tío que tiene experiencia en esto y en otras cosas ¿eh?. Dos cosas hay que hacer: uno, ser muy discreto, muy inteligente y saber dónde tienes que hablar y hablar poco, primera premisa; segunda premisa; no ser avaro, saber dar a ganar a otros algo, porque tanto en cuanto tu expandas el sistema por el cual puedes ganar, ganarás. más que si quieres hacerlo tu sólo». O este otro de Arturo Moreno: «En este tema hay que ser frío y que nadie tenga información de nada (…) Porque en el momento en que se enteren que estás ahí y que tal y que no se qué, o sea que no hay que comentar nada de las gestiones que estamos haciendo (…) Es un tema muy delicado, que los grandes escándalos de los partidos han sido por cosa de financiación (…) Y el tío que meta la pata ahí la pata acaba con su carrera política para toda su vida». A Palop le ha perdido precisamente eso: su indiscreción. ¿Cómo si no explicar que en una conversación con Sanchis en la que le, relata que su teléfono está intervenido pueda acabar de hablar diciendo «es una pena porque ahora había cosas»? ¿Cómo si no tratar estos temas, presuntamente ilegales, desde su teléfono particular sin tomar ningún tipo de precauciones? Desde que fuera puesto en libertad, Palop se ha instalado en el piso de unos amigos en el Parque de las Avenidas de Madrid y ha abandonado sus tareas como concejal. En Valencia, su familia apenas si se deja ver por la ciudad. «Ya está bien, ya está bien, hombre, ya está bien. No puedo aguantar más. Están atentando contra los derechos humanos. Pero lo aviso, voy a ganar el juicio de calle (…) Aquí lo que hay es urna mano negra». «Boro» se quitaba y se volvía a poner sus gafas de sol negras ante la cámara de Telemadrid que le sorprendió en las proximidades de su domicilio madrileño. Nuevamente, fue presa de los nervios.

23 Mayo 1990

Escándalos tácitos

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

EL INFORME interno sobre el caso Naseiro elaborado por Alberto Ruiz Gallardón a propuesta del presidente del Partido Popular (PP), José María Aznar, tiene en primer lugar el mérito de existir. Aznar demostró reflejos al realizar tal encargo, con la esperanza de que la opinión pública apreciase el contraste entre ese gesto y la resistencia de los socialistas a adoptar iniciativas similares respecto al escándalo de Juan Guerra. Dicho esto, esperar que el informe fuera más allá de lo que para la opinión pública son evidencias era probablemente demasiado. No era posible, en efecto, negar que algunos dirigentes señalados del PP recaudaron o intentaron recaudar fondos mediante el cobro de dinero a empresas que aspiraban a determinadas concesiones administrativas. Tampoco lo era ignorar el hecho de que, según se revela en las pruebas incluidas en el sumario, existía en el seno del PP un grupo de presión con fines poco claros. Pero la investigación no avanza un milímetro respecto a las consecuencias lógicas que se derivan de esas evidencias, limitándose a negar con energía cualquier conocimiento de los hechos por parte de Fraga y Aznar y a asegurar que las irregularidades observadas no formaban parte de la estructura de financiación del PP.Es posible que Aznar, recién llegado a la presidencia, desconociera las operaciones concretas en que andaban Palop, Naseiro y compañía. Pero resulta bastante increíble que operaciones similares, a las reveladas por la investigación no formasen parte del cuadro de acciones impulsadas o autorizadas por la cúpula del PP para su financiación. Al especificar que esas operaciones en concreto eran desconocidas y que, por tanto, no habían sido ordenadas o consentidas -pese a que Sanchís ha declarado que Fraga y Aznar estaban al tanto de sus gestiones-, el informe se sitúa en el terreno del tacitismo, tan apreciado por Enrique Tierno. No se afirma formalmente, pero se admite implícitamente, en un código de sobreentendidos, aquello que se infiere de lo que se dice: que el PP se financia como los demás. Y que desconocer estos casos no significa ignorar otros parecidos.

La ausencia de pruebas bastará probablemente para librar a Aznar de implicaciones procesales. Pero la responsabilidad política es más dificil de esquivar. Especialmente si se admite la argumentación de Francisco Alvárez Cascos en el debate parlamentario sobre el caso de Juan Guerra. En opinión del secretario general del PP, la dimisión de Alfonso Guerra era una exigencia inexcusable derivada de su responsabilidad en la desacertada elección de cargos de confianza (culpa in eligendo) y de su negligencia en la vigilancia de las actuaciones de esas personas (culpa in vigilando). En otras palabras: suponer que Aznar no estaba al tanto de los métodos utilizados por su recién confirmado responsable de finanzas y otros íntimos colaboradores suyos para captar fondos destinados a financiar al PP resulta tan increíble como pensar que Alfonso Guerra ignorara la relación entre el súbito enriquecimiento de su hermano y la utilización de un despacho oficial por él facilitado.

Ambos escándalos están produciendo un serio deterioro del sistema. En España hay al menos el mismo aprecio por la democracia que en cualquier otro país de Europa occidental, pero aquí -y ahora también en Francia- ese aprecio es compatible con un profundo descrédito de los partidos que vertebran el sistema. Y también como en Francia, el concubinato entre el dinero y la política, relacionado con la financiación de los partidos, es la causa fundamental de ese descrédito. Entre otras cosas, porque al amparo de esa financiación proliferan los aprovechados que se enriquecen en operaciones incontroladas pero tácitamente consentidas como pago a tan innoble tarea. Desde luego, no merece el mismo grado de consideración moral quien se mete el dinero al bolsillo que quien se limita a canalizarlo hacia su partido. Pero más discutible resulta que una distinción moral similar pueda establecerse entre quienes directamente se manchan las manos y quienes reciben, sin preguntar por su origen, los cheques.

Con todo, algunos efectos beneficiosos pudieran derivarse de estos escándalos. Que los conservadores españoles se hayan convertido en abanderados de la defensa de las garantías civiles y en impulsores de un código de comportamiento privado de los representantes públicos es algo de lo que felicitarse. Como lo es el que, merced a la difusión del mecanismo recaudador, se haya conseguido poner coto -al menos por una temporada- a esa forma de extorsión disfrazada de comisiones que encarece las obras públicas. Y sobre todo, que el desvelamiento de lo que todos sabían pero fingían ignorar haya suscitado razonables iniciativas orientadas a modificar a la baja los costes de las campañas electorales y, más genéricamente, los imponentes gastos, no fiscalizados por las bases, de los partidos políticos.

El Análisis

¿OPERACIÓN LIMPIEZA U OPERACIÓN AJUSTE DE CUENTAS?

JF Lamata

En teoría la investigación interna del PP para aclarar el ‘caso Naseiro’ debía dar una imagen blanqueadora del partido. Para que pareciera que el nuevo PP al contrario que el PSOE – que por aquellos días ya se enfrentaba al caso Juan Guerra – purgaba toda sombra de corrupción. El informe se filtró a la prensa (medios como EL MUNDO la difundieron con esa clara intención).

Pero, aunque D. Rosendo Naseiro dimitiera y D. Ángel Sanchís se diera de baja del partido, lo cierto es que el PP nunca dejó de apoyarles en el terreno legal hasta la resolución del Supremo. ¿Entonces de qué sirvió la investigación interna? Para frenar las aspiraciones del ‘clan de Valladolid’ cuyas conversaciones jactándose de que iban a controlar al PP habían sido pilladas de rebote. Luego todo sonaba más a un ajuste de cuentas – o si se prefiere un golpe en la mesa de Aznar – que a otra cosa.

En todo caso, si quisiéramos verlo como algo positivo el modus operandi de 1990 con el caso Naseiro con aquella ‘investigación interna’ supera con creces la actitud de 2009 con Gürtel o Bárcenas cuando el PP no intentó ni tan siquiera simular una.

J. F. Lamata

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