25 agosto 1982
Dirigió los periódicos ARRIBA, DIARIO SP e INFORMACIONES
Muere el mítico periodista Rodrigo Royo y su familia desmiente los rumores de suicidio
Hechos
El 25 de agosto de 1982 fallece D. Rodrigo Royo Masía.
Lecturas
Principales cargos de Rodrigo Royo
28 Agosto 1982
LOS PERIODISTAS SIEMPREMUEREN EN VERANO
Esta es la evocación de un periodista de excepción que ha fallecido en estos días de verano, carentes de noticias. Un periodista cuya labor es preciso salvar del olvido cruel en que fue relegado.
Una vez más, los calores agosteños han traído la noticia triste, agazapada entre gacetillas intrascendentes y crónicas de verano. Ha muerto un periodista, ha muerto Rodrigo Royo. Porque Rodrigo era, esencial y muy principalmente, un periodista, un informador de raza. Un pura sangre.
Ro-Ro como gustaban llamarle entonces los lobeznos jóvenes y discretamente airados – hasta lo que permitían las férreas normativas a la sazón vigentes – de las redacciones de SP era también falangista y (puede que en los tiempos que corren resulte inusual recordar a un falangista en los periódicos), aunque Rodrigo fue un falangista muy suigéneris por lo demás.
El presidente de EUROA PRESS, Pepe Mario Armero, solía decirle entre carcajadas: “Eres el único fascista que conozco que habla inglés…”.
Diez años como corresponsal de la prensa del Movimiento en Nueva York habían dejado un curioso sedimento de influencias en la personalidad de Rodrigo, unos singulares aires de flexibilidad y tolerancia que tan exóticos e inencontrable resultaban en aquellos años negros – década de los 60 – en la dictadura.
De Nueva York, Rodrigo regresó a España para fundar la revista SP y posteriormente el diario del mismo nombre. A sus pechos se criaría la más abultada y cualificada generación de periodistas jóvenes de la época que el fue agrupando con mimo en torno a sí y a su proyecto periodístico.
Por la redacción de SP pasaron decenas de jóvenes que discrepando ideológicamente de su maestro – muchos de ellos serían posteriores militantes o simpatizantes del PCE – aprendieron de él los primeros rudimentos de un periodismo moderno, brillante y sensato, tan lejano de las malolientes retóricas al uso en aquellos años estúpidos de grises y seiscientos.
Miguel Ángel Gozalo – recientemente nombrado director de TVE – Manolo Velasco, Enrique Vázquez, Antonio Iborra, el escritor y dibujante Máximo, son algunos de los nombres de la inacabable nómina de fogoso e ilusionados periodistas que en aquellos esperanzados años proyectaban sus ansias de libertad en los anchos y hospitalarios epígrafes de la revista SP.
Rodrigo fue, en el terreno del periodismo español, un pionero, un precursor. Su imaginación incontenible y levantina, su apasionamiento generaban un imparable torrente de ideas en el que convivían la ocurrencia estrafalaria, pero siempre ingeniosa con la intuición cabal o la simple genialidad. De la canción editorial- – remedo periodístico de la entonces novedosa canción protesta – al primer diario español editado en offset. De las estrambóticas fórmulas para incrementar el número de lectores y suscriptores al periodismo “TimeSyle”, serio y riguroso.
Y junto a ello, su cualidad más notoria: una irrefrenable tendencia hacia los entusiasmos y una capacidad cívica, casi epidémica, para contagiar a cuantos le rodeaban.
En los últimos años de su vida Rodrigo languidecía solo y olvidado como un testimonio de una época ya pasada, desaparecida. Josep Meliá, en cierta ocasión se lamentaba en su despacho de entonces, en la Moncloa: “Sólo un país tan duro y cruel como este se permite el lujo de prescindir y condenar al olvido a profesionales de la valía de Rodrigo Royo”.
En pleno mes de agosto ha muerto un periodista, Rodrigo Royo. Porque los viejos periodistas siempre mueren en verano, cuando las redacciones sestean, los periódicos adelgazan hasta lo inverosímil y los teletipos bostezan… descanse en paz.
José Luis Gutiérrez
El Análisis
Reducir a Rodrigo Royo a su radicalismo ideológico es marcadamente suficiente. Porque Royo era, como él mismo decía «franquista químicamente puro», pero no era como la mayoría de periodistas franquistas, que entendían como tal la sumisión al Gobierno franquista, sumisión de inercia que facilitó con el cambio a la democracia, pasaran de la sumisión a la franco a la sumisión a la UCD. Royo era diferente. Le gustaba innovar, le gustaba experimentar. Despreciaba el modelo político norteamericano, pero admiraba la prensa. Quería modernizar la prensa española: meter el color, cuando nadie lo metía. Meter prensa en relieve cuando nadie lo hacía. Meter fragmentos a boli en la linotipia. Se sentía revolucionaria, quería zurrar a la banca, y sentirse cerca de los jóvenes. Lo cuál no ayuda para que la banca te dé créditos.
Fue el primer periodista en pedir en portada la dimisión de un ministro, y lo hizo en plena dictadura (cuando el escándalo Matesa). Demostró que toda su línea fascistoide y anti-sionista, era compatible con un modelo liberal real con respecto a sus propios redactores al ser el primer propietario de un medio que permitía que un grupo de redactores escribiera una nota en su propio periódico discrepando de él, algo que no permitirían ninguno de los directores de prensa demócratas de los años venideros. Quizá por ello, era alguien muy respetado por la profesión independientemente de la ideología de cada uno.
En la última etapa de su vida mostró rasgos de paranoia, convencido de que era seguido y perseguido por los americanos. Al morir, se extendió el convencimiento entre muchos de sus compañeros de que se había suicidado, pero, consultada por LHDB, la familia de este lo negó, detallando la enfermedad que padecía desde hacía tiempo como causa de su final.
J. F. Lamata